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¿Por qué Sostres llama «cretinos» a quienes quieren ver el eclipse?

Sostres llama «cretinos» a quienes quieren ver el eclipse y desata polémica mientras España se prepara para un eclipse astronómico histórico.

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Salvador Sostres
Salvador Sostres / WIKIPEDIA

Salvador Sostres ha convertido el eclipse total de Sol del 12 de agosto en materia prima para una de esas columnas que no necesitan lupa para encontrar la provocación. En un artículo publicado el 8 de agosto en ABC, titulado Sois una banda de cretinos, el columnista se dirige a las personas que pretenden contemplar el fenómeno y las presenta como una masa fácilmente manipulable, con vidas vacías y escaso criterio. La propia cuenta del periódico difundió la columna con ese título.

El blanco no es una institución, un dirigente político ni una campaña pública concreta. Son, directamente, quienes piensan salir a mirar el cielo este miércoles. Sostres los define como «banda de cretinos», habla de una «masa amorfa» y una «deprimente turba» y convierte la expectación por el eclipse en prueba de una supuesta decadencia colectiva. El contraste es curioso, por decirlo suavemente: mientras el articulista despacha el acontecimiento como una bobada para multitudes extraviadas, organismos científicos y de protección civil llevan meses preparando un fenómeno astronómico que la Península no veía en estas condiciones desde hace más de un siglo.

Una columna de siete párrafos contra quienes mirarán al cielo

La pieza de Sostres mantiene prácticamente desde la primera línea hasta la última el mismo destinatario y el mismo tono. Los siete párrafos están dedicados a desacreditar a quienes muestran interés por el eclipse. No se trata de una crítica concreta a la gestión del dispositivo, al gasto público o a una determinada política científica. El argumento va bastante más lejos: la fascinación ciudadana por el fenómeno sería, para el columnista, el reflejo de una «sociedad idiotizada».

En esa construcción mezcla la astronomía con consideraciones políticas, religiosas y sociales. El interés por el eclipse aparece asociado a una ciudadanía que, a juicio del autor, habría perdido propósito, voluntad y sentido trascendente. Después enlaza esa supuesta credulidad con asuntos como el cambio climático o el Estado palestino. El Sol y la Luna acaban así compartiendo párrafo con algunos de los grandes debates ideológicos contemporáneos. Una órbita bastante más excéntrica que la lunar.

La columna culmina elevando el reproche varios grados: presenta a esas personas como una población vulnerable a líderes totalitarios. El salto argumental es considerable. Querer observar un eclipse, en ese planteamiento, deja de ser una afición científica, una curiosidad familiar o simplemente una forma bastante humana de maravillarse ante algo infrecuente y pasa a funcionar como síntoma político y moral.

El eclipse que Sostres considera menor es excepcional en España

El contexto astronómico resulta bastante menos trivial. El 12 de agosto de 2026 tendrá lugar un eclipse total de Sol cuya franja de totalidad atravesará España durante el atardecer. Será el primer eclipse total visible desde la Península Ibérica en más de un siglo: hay que remontarse a 1912, hace 114 años, para encontrar el anterior.

La sombra lunar recorrerá el territorio de oeste a este y la totalidad será observable en zonas de 13 comunidades autónomas, desde Galicia y Asturias hasta Baleares, pasando por Castilla y León, Cantabria, País Vasco, Navarra, La Rioja, Aragón, partes de Madrid y Castilla-La Mancha, Cataluña y la Comunitat Valenciana. En otros lugares el eclipse será parcial, aunque con porcentajes de ocultación solar muy elevados.

En A Coruña, por ejemplo, el comienzo de la fase parcial se producirá alrededor de las 19:31 y el máximo llegará hacia las 20:28. Todo ocurrirá con el Sol muy bajo, cerca del horizonte, una circunstancia que hace especialmente importante disponer de una vista despejada hacia el oeste. No será simplemente que «se haga de noche antes». Durante la totalidad pueden apreciarse la corona solar y cambios bruscos en la luminosidad, la temperatura y el paisaje.

Precisamente esa combinación —breve, visualmente extraña y muy poco frecuente desde un mismo territorio— explica buena parte del interés popular. No hace falta pertenecer a una asociación astronómica para sentir curiosidad cuando el día parece apagarse durante unos instantes. A veces basta con levantar la cabeza.

Las gafas de cartón tienen bastante más ciencia de la que parece

Uno de los elementos que Sostres utiliza para construir su crítica son las gafas especiales distribuidas para observar el eclipse. El Gobierno y el Grupo Social ONCE anunciaron el reparto gratuito de dos millones de gafas seguras, mientras las recomendaciones de seguridad insisten en que deben cumplir la norma ISO 12312-2.

La recomendación no nace de considerar infantil a la población. Mirar directamente al Sol durante las fases parciales puede provocar lesiones oculares graves, y unas gafas de sol normales no sirven. Tampoco funcionan negativos fotográficos, cristales ahumados ni otros inventos domésticos de sobremesa. Observar el disco solar con prismáticos, cámaras o telescopios sin filtros específicos añade todavía más riesgo.

Aquí la retórica de la columna choca con algo bastante prosaico: la prevención sanitaria. Una montura de cartón puede parecer poca cosa, sí, pero el filtro que incorpora es precisamente lo relevante. El cartón sostiene; el filtro protege la retina. Confundir el aspecto rudimentario del objeto con su función sería más o menos como despreciar un cinturón de seguridad porque está hecho de tela.

Millones de miradas implican también tráfico, incendios y emergencias

El despliegue institucional tampoco responde únicamente a la observación del Sol. La DGT ha clasificado el eclipse como un acontecimiento de alta afectación al tráfico y calcula entre 400.000 y 1,5 millones de desplazamientos adicionales hacia la franja de totalidad. El riesgo evidente no está en la Luna: está en miles de coches intentando llegar al mismo mirador, en vehículos detenidos sobre arcenes, en carreteras secundarias saturadas y en conductores distraídos mirando hacia arriba cuando deberían mirar al asfalto.

Otro problema especialmente delicado en agosto es el riesgo de incendios forestales. Las recomendaciones pasan por extremar las precauciones en espacios naturales, evitar estacionar sobre vegetación seca, mantener libres los accesos de emergencia y no saturar áreas ambientalmente frágiles. Más que custodiar a ciudadanos fascinados por una «piruleta», como sugiere la columna, el dispositivo intenta gestionar las consecuencias perfectamente previsibles de concentrar a muchísima gente en los mismos lugares durante unas pocas horas.

La magnitud del operativo también ayuda a entender por qué el eclipse ha escapado hace tiempo del pequeño círculo de aficionados a la astronomía. Habrá observaciones científicas, retransmisiones, actividades de divulgación y puntos preparados para recibir público. El Observatorio de Yebes, en Guadalajara, será uno de los centros destacados del seguimiento institucional y RTVE ofrecerá imágenes del fenómeno desde allí.

España inaugura, además, una secuencia astronómica poco corriente: otro eclipse total llegará en agosto de 2027 y uno anular, en enero de 2028. Un pequeño festival cósmico que, con toda probabilidad, sobrevivirá a la polémica de cualquier columna.

Libertad de opinión, también para escribir una columna incómoda

La dureza del texto de Sostres no convierte su publicación en algo ajeno a la libertad de expresión. Una columna de opinión puede ser áspera, desagradable, exagerada, elitista o directamente ofensiva para parte de quienes la leen. La libertad de prensa incluye la libertad de provocar, y cualquier análisis serio del episodio conviene que parta de ahí.

Otra cuestión es la consistencia del argumento. La curiosidad colectiva ante un acontecimiento natural no demuestra por sí misma obediencia, vacío existencial ni predisposición al totalitarismo. La historia está llena, precisamente, de sociedades que miraban los eclipses mucho antes de que existieran ministerios, redes sociales, gafas homologadas o campañas institucionales. Los observaron babilonios, chinos, griegos, navegantes y astrónomos durante siglos. A veces con miedo; otras, tomando notas.

Hay además una pequeña paradoja cultural. Despreciar a millones de ciudadanos por mostrar curiosidad ante un fenómeno astronómico supone tratar la curiosidad popular casi como un defecto. Y pocas cosas han sido tan humanas como levantar la cabeza cuando el cielo hace algo extraño. La ciencia moderna nació, en buena medida, de gente que cometía exactamente esa extravagancia: mirar arriba y preguntarse qué estaba pasando.

Cuando mirar un eclipse termina convertido en batalla cultural

La polémica alrededor de Sostres dice al final bastante menos sobre astronomía que sobre el modo en que cualquier acontecimiento multitudinario puede convertirse en material para la guerra cultural. Hasta un eclipse, fenómeno bastante indiferente a gobiernos, partidos y tertulias, termina absorbido por las trincheras ideológicas.

Este miércoles la Luna se interpondrá entre la Tierra y el Sol con absoluta indiferencia hacia esa discusión. Habrá quien viaje cientos de kilómetros, quien salga a una terraza, quien lo contemple junto a sus hijos y quien pase de largo porque tiene cosas mejores que hacer. Ninguna de esas decisiones necesita una teoría sobre la decadencia de Occidente.

Lo verificable es bastante más sencillo: España afronta un eclipse total excepcional, las administraciones esperan enormes desplazamientos y los especialistas recomiendan proteger correctamente los ojos. Y Salvador Sostres ha decidido que quienes quieran contemplarlo son una «banda de cretinos». A partir de ahí, el lector puede juzgar qué resulta más extraordinario: que durante unos instantes desaparezca el Sol o que mirar al cielo haya terminado necesitando también una declaración ideológica.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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