Síguenos

Actualidad

Crimen de Tauste: ¿qué papel tuvieron Carlota y su novio en el crimen?

El crimen de Tauste centra el foco en Carlota y su novio: los indicios que analiza la Guardia Civil y las incógnitas abiertas del asesinato.

Publicado

el

pruebas y pistas de un crimen

El doble crimen de Tauste entra en su fase más delicada. Carlota, la hija mayor de Javier Sánchez y Esther Latorre, y su pareja, Luis Carlos R., continúan detenidos como presuntos responsables del asesinato a cuchilladas del matrimonio, mientras la Guardia Civil intenta determinar qué hizo exactamente cada uno, cómo llegaron aquella madrugada a la vivienda familiar y de qué manera regresaron después a Zaragoza. Los dos se han acogido a su derecho a no declarar y la investigación permanece bajo secreto.

La previsión es que los investigadores agoten prácticamente las 72 horas de detención antes de que Carlota y Luis Carlos sean puestos a disposición del Tribunal de Instancia de Ejea de los Caballeros. No existe todavía una confesión conocida ni se ha establecido públicamente quién habría atacado a Javier, quién a Esther o si ambos detenidos participaron directamente. Ese matiz importa: hay indicios que han llevado a dos arrestos, pero la reconstrucción judicial del crimen aún está por hacer.

El caso ha dado varios giros desde que los cuerpos fueron encontrados el sábado 8 de agosto. Primero se investigó una muerte violenta sin autor conocido; después, las pesquisas estrecharon el círculo alrededor de personas próximas al matrimonio y acabaron desembocando en la detención de Carlota y de su novio. El impacto en Tauste ha sido doble: Javier y Esther eran figuras conocidas del sindicalismo agrario aragonés y, casi sin tiempo para asimilar sus muertes, una hija del matrimonio quedó situada en el centro de la investigación.

Qué se sabe de la madrugada en la que murieron Javier y Esther

Javier Sánchez y Esther Latorre habían pasado la noche del viernes fuera de casa. Cenaron con amigos en Tauste y regresaron posteriormente a su vivienda, situada en la zona de Val de Volví, a las afueras del municipio. Los investigadores sitúan el asesinato durante la madrugada del sábado. Una de las referencias temporales más precisas conocidas es la última conexión de Javier a WhatsApp, registrada alrededor de las 2.54 horas. Poco después, hacia las 3.27, un vecino escuchó gritos procedentes de la vivienda.

Sus cuerpos no aparecieron hasta muchas horas más tarde. Javier y Esther habían quedado para comer y dejaron de responder a las llamadas. Al caer la tarde, familiares acudieron a buscarlos. Los dos coches estaban delante de la casa y había una luz encendida. Dentro encontraron la escena que cambió la historia reciente de este pueblo zaragozano: Javier estaba muerto en la zona del dormitorio y Esther en las escaleras, ambos con heridas de arma blanca.

El doble crimen desconcertó inicialmente por algo casi tan importante como lo que había en la vivienda: lo que no había. No aparecieron signos de entrada forzada ni un escenario compatible con un robo convencional. Tampoco faltaban, según las informaciones conocidas, objetos de valor que permitieran explicar el ataque como un asalto patrimonial. Aquello fue estrechando las posibilidades y acercó la investigación al círculo de personas que podían acceder a la casa sin levantar sospechas.

Las pistas que llevaron a la Guardia Civil hasta Carlota y Luis Carlos

La detención no se produjo únicamente porque Carlota fuera hija de las víctimas. La Guardia Civil había trabajado previamente con otras hipótesis, incluido un antiguo inquilino que había tenido problemas con Javier meses antes. Esa vía perdió fuerza al no encontrarse indicios que situaran a ese hombre en el escenario del homicidio. El foco se desplazó entonces hacia el entorno familiar.

Entre los elementos que manejan los investigadores aparece la geolocalización de los teléfonos móviles. El posicionamiento de los terminales de Carlota y Luis Carlos habría resultado relevante para reconstruir sus movimientos durante las horas críticas. Cuando familiares fueron a comunicar a Carlota la muerte de sus padres también observaron en ella algunas heridas y rojeces, otro dato que fue incorporado a las pesquisas. Por sí solo ninguno de esos elementos determina una autoría; juntos, sin embargo, ayudan a entender por qué la investigación terminó concentrándose sobre la pareja.

Los especialistas de Criminalística han seguido trabajando estos días dentro de la casa. Inspección ocular, teléfonos y cámaras de seguridad forman parte del puzle. La vivienda permanecía todavía bajo vigilancia mientras se recogían y analizaban indicios que puedan fijar movimientos, horarios y secuencias. En una investigación de estas características, la diferencia entre una sospecha poderosa y una acusación sostenible suele esconderse precisamente ahí: unos minutos, una cámara, una ubicación digital, una huella.

El extraño viaje entre Zaragoza y Tauste

Hay una incógnita especialmente llamativa: Carlota y Luis Carlos residían en Zaragoza y ninguno de los dos disponía de coche, mientras los vehículos de Javier y Esther permanecieron aparcados frente a la vivienda. Eso obliga a reconstruir cómo pudieron desplazarse entre ambas localidades, siempre bajo la hipótesis investigada de que efectivamente estuvieran en Tauste durante el crimen.

Las pesquisas han puesto la mirada en la parada de autobuses de Tauste. Una de las posibilidades estudiadas es que utilizasen transporte público al menos para parte del trayecto, especialmente para regresar a Zaragoza. De confirmarse, horarios, cámaras de seguridad y eventuales testigos podrían adquirir bastante peso. También está por aclarar si alguien los llevó, si utilizaron otro vehículo o si hubo algún movimiento que hasta este momento no ha trascendido.

Es un detalle aparentemente pequeño, casi doméstico —cómo volver a casa—, pero puede terminar cosiendo buena parte de la investigación. Un doble homicidio deja una escena; desplazarse hasta ella y abandonarla deja otra clase de rastros.

La discusión familiar que ocurrió semanas antes del crimen

La relación de Carlota con sus padres también está siendo examinada. Dos semanas antes de las muertes, Carlota y Luis Carlos cenaron con Javier y Esther en un restaurante del centro de Tauste. Según testimonios difundidos posteriormente, durante aquella cena se produjo una fuerte discusión y se escucharon palabras duras entre los integrantes de la familia. El motivo concreto de aquel enfrentamiento no ha trascendido.

Ese episodio ha ganado relevancia después de los arrestos, aunque conviene no convertirlo automáticamente en el móvil del asesinato. Miles de familias discuten sin que ocurra después un delito; una discusión previa solo adquiere valor penal si puede conectarse mediante pruebas con lo sucedido posteriormente. La investigación maneja la posibilidad de que la pareja acudiese a la casa de Javier y Esther para abordar un asunto personal, pero hasta este momento no se ha hecho público cuál era exactamente ni si fue realmente el detonante del ataque.

La imagen que algunas personas tenían de Carlota choca, además, con la gravedad de las sospechas. Personas de su entorno han expresado sorpresa ante la detención y alguna llegó a describirla como “un amor de chica”. Otros testimonios hablan de una relación familiar más complicada. No es una contradicción excepcional: la percepción de vecinos, conocidos o amigos pertenece a la esfera social; la responsabilidad penal se decide con pruebas. El pueblo puede estar desconcertado. Un juzgado no trabaja con desconciertos.

Qué se sabe de Luis Carlos y de su relación con la familia

Luis Carlos R., de 31 años y origen colombiano, llevaba solo unos meses de relación con Carlota. Ambos vivían en Zaragoza en un piso propiedad de Javier y Esther, y el matrimonio había prestado ayuda al joven en distintas cuestiones relacionadas con su situación en España. Javier también acostumbraba, según personas próximas a la familia, a desplazarse hasta Zaragoza para recoger a la pareja y llevarla a Tauste.

En las últimas horas ha trascendido que Luis Carlos había intentado acogerse al proceso extraordinario de regularización de extranjeros y que existirían antecedentes en su historial. La Delegación del Gobierno en Aragón ha señalado que no consta públicamente en qué punto se encuentra su solicitud y recuerda que la ausencia de antecedentes es uno de los requisitos para que un procedimiento de ese tipo pueda culminar favorablemente.

El dato puede explicar parte de su situación administrativa, pero no demuestra absolutamente nada sobre el asesinato. Mezclar automáticamente inmigración, antecedentes y autoría penal sería tan tentador como intelectualmente barato. La Guardia Civil tiene un problema bastante más concreto entre manos: establecer qué hizo Luis Carlos durante las horas del crimen, qué relación tuvo con el escenario y cuál fue su conducta antes y después de las muertes.

Hasta ahora ni él ni Carlota han querido declarar ante los investigadores. Ejercer ese derecho no equivale a admitir los hechos. Su silencio obliga, simplemente, a que la acusación se sostenga sobre pruebas independientes: rastros físicos, comunicaciones, imágenes, posicionamiento de dispositivos, testigos y conclusiones forenses.

Una reconstrucción que todavía tiene demasiados huecos

La Guardia Civil necesita determinar no solo quién estaba allí, sino quién hizo qué. La disposición de los cadáveres apunta a dos escenarios distintos dentro de la vivienda. Javier habría sido atacado en el dormitorio, mientras Esther fue encontrada en las escaleras. Eso abre varias posibilidades sobre la secuencia del ataque, pero ninguna ha sido confirmada oficialmente y el secreto de las actuaciones impide conocer buena parte de los informes forenses y criminalísticos.

Tampoco se ha comunicado oficialmente que haya aparecido el arma utilizada en el crimen. Los agentes han registrado tanto la vivienda de las víctimas como espacios vinculados a los detenidos, mientras el análisis de la casa se prolongaba durante varios días. Está igualmente pendiente conocer si habrá reconstrucción de los hechos con Carlota y Luis Carlos y en qué condiciones se realizaría en caso de acordarse.

Mientras tanto, Tauste termina sus jornadas de luto con una conmoción difícil de disipar. Más de un millar de personas despidieron a Javier Sánchez y Esther Latorre, dos figuras profundamente vinculadas al mundo agrario, al activismo social y a la política local. Javier había ocupado durante años la secretaría general de UAGA; Esther había trabajado especialmente por los derechos de las mujeres del campo y había participado en la vida política municipal. Su asesinato ha dejado un vacío enorme en el municipio. La detención de una hija ha añadido una dimensión todavía más dolorosa.

Entre los indicios y la prueba que todavía falta

El crimen de Tauste tiene ya dos detenidos y una hipótesis de investigación muy avanzada, pero todavía no tiene públicamente una explicación completa. Falta conocer el móvil, precisar la participación de Carlota y Luis Carlos, reconstruir sus desplazamientos entre Zaragoza y Tauste, determinar la secuencia exacta de las dos muertes y saber qué pruebas materiales puede presentar la Guardia Civil ante el juez.

Ese será el verdadero salto del caso. Hasta entonces, las frases de vecinos sorprendidos, las discusiones familiares conocidas a posteriori, los antecedentes o cualquier retrato personal resultan secundarios frente a lo que pueda acreditarse. Dos personas han sido asesinadas y otras dos están detenidas como sospechosas, no condenadas. Entre ambas realidades hay todavía un espacio que solo pueden llenar las pruebas. Y en Tauste, detrás del ruido inevitable que acompaña a un crimen así, eso es precisamente lo que se está buscando.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído