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¿Cuántos soldados de EE.UU. han muerto realmente en la guerra de Irán?

El Pentágono registra 18 militares de EE.UU. muertos en la guerra de Irán, mientras fuentes internas citadas por el Post elevan el balance a 22 o 23.

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Resumen

  • El Pentágono reconoce 18 militares de EEUU muertos en la guerra de Irán
  • Cinco fuentes internas elevan el balance a al menos 22 fallecidos
  • Una sexta fuente eleva el balance a 23, con muertes no ligadas al combate

La cifra pública del Pentágono habla de 18 militares estadounidenses fallecidos desde el comienzo de la guerra con Irán, pero una investigación de The Washington Post sostiene que el balance real es mayor. Cinco funcionarios de Estados Unidos familiarizados con los registros internos del Departamento de Defensa sitúan el número en al menos 22 muertos, cuatro más de los que aparecen en la base pública de bajas militares.

Un sexto funcionario eleva el recuento hasta 23 fallecidos desde el 28 de febrero, fecha en la que comenzaron los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán. Hay, sin embargo, un matiz decisivo: no todas esas muertes estarían directamente causadas por acciones de combate. Algunas corresponden a personal destinado en Oriente Próximo durante las hostilidades, pero asignado formalmente a otras operaciones militares.

La diferencia, por tanto, no se reduce a una pelea de calculadora entre 18, 22 y 23. La cuestión está también en qué muertes contabiliza Washington como parte de la guerra, bajo qué operación las registra y cuáles quedan adscritas a otras misiones. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha negado la información y calificó públicamente el artículo del Post de mentira, mientras el Pentágono no ofreció al periódico una explicación detallada sobre la discrepancia entre sus datos internos y el registro público.

El Pentágono reconoce 18 muertos y fuentes internas hablan de 22

La investigación publicada el 18 de septiembre parte del testimonio de seis funcionarios estadounidenses conocedores de la contabilidad interna de bajas. Cinco aseguran que desde el inicio del conflicto han muerto al menos 22 miembros de las Fuerzas Armadas, frente a los 18 que figuraban públicamente en el Defense Casualty Analysis System, el sistema oficial conocido como DCAS.

La sexta fuente consultada sitúa el balance en 23 militares fallecidos. Ese mismo funcionario introduce una cautela importante: algunas de esas muertes no pueden atribuirse directamente a ataques iraníes ni a otras acciones hostiles, aunque afectaron a personal estadounidense desplegado en Oriente Próximo durante el periodo de guerra. También indicó que tres contratistas estadounidenses destinados en la región han muerto desde el comienzo de las operaciones.

Ese matiz impide afirmar que 23 soldados estadounidenses hayan sido muertos por Irán. No es eso lo que se conoce. El dato más sólido es otro: funcionarios con acceso a la contabilidad interna describen un número de fallecimientos superior al publicado, mientras siguen sin conocerse la identidad, la fecha, el lugar y las circunstancias exactas de todas las muertes adicionales.

Por qué aparecen 14 muertos en una operación y otros cuatro aparte

Parte del embrollo procede de la propia clasificación administrativa utilizada por el Departamento de Defensa. De los 18 fallecimientos reconocidos públicamente, 14 aparecen vinculados a Operation Epic Fury, el nombre dado por Estados Unidos a la operación militar contra Irán. Otros cuatro fueron situados posteriormente en una categoría diferente denominada Overseas Operations.

Esos cuatro militares murieron durante la reanudación de los enfrentamientos en julio. Tres fallecieron tras el ataque iraní contra una base aérea en Jordania, mientras otro perdió la vida en Irak durante la detonación controlada de munición procedente de un dron iraní derribado. Durante varios días, aquellas bajas dejaron de figurar dentro del cómputo de Epic Fury y aparecieron después bajo la categoría de operaciones en el extranjero.

El Pentágono defendió entonces que el cambio respondía a criterios administrativos relacionados con la clasificación de las operaciones y no a un intento de reducir el balance de muertos. La suma pública, una vez incorporadas ambas categorías, seguía siendo 18. La nueva información va más allá: incluso contando esos cuatro fallecimientos, las fuentes internas sostienen que faltarían al menos otros cuatro en el registro accesible al público.

Dos muertes muestran por qué el recuento no es tan sencillo

Hay casos que explican bien esa zona gris. El sargento Devin Seibel murió el 31 de mayo en Erbil, Irak, durante un accidente de entrenamiento. Se encontraba desplegado en Oriente Próximo, pero estaba adscrito a Operation Inherent Resolve, la misión estadounidense contra Estado Islámico, y no formalmente a la operación contra Irán.

El mayor Sorffly Davius falleció el 6 de marzo en Kuwait después de sufrir una emergencia médica. Su despliegue correspondía a Operation Spartan Shield, otra misión estadounidense en la región. No se ha establecido públicamente que su muerte estuviera provocada por un ataque iraní.

Ahí está una de las dificultades del recuento. Un militar puede encontrarse en una base situada en plena zona de hostilidades y, sin embargo, pertenecer sobre el papel a una operación distinta. También puede morir durante la guerra sin que su fallecimiento sea consecuencia directa del combate. Meter todos los casos en el mismo saco deformaría el dato; excluirlos sin explicar el criterio tampoco permite comprender del todo el coste humano del despliegue.

Morir durante la guerra no significa necesariamente morir en combate

No es una sutileza semántica. El Departamento de Defensa distingue entre fallecimientos por acción hostil, accidentes, enfermedades y otras causas. También tiene en cuenta la operación militar a la que estaba asignada cada persona. Una base puede ser atacada por Irán mientras en ella trabajan unidades vinculadas a misiones completamente diferentes.

Por eso el dato de 22 o 23 necesita contexto. Las fuentes hablan de muertes registradas internamente desde el comienzo de las hostilidades, pero una de ellas reconoce expresamente que no todas están ligadas de forma directa al conflicto. Hasta que se conozcan los casos restantes, no puede establecerse cuántos corresponden a ataques iraníes, accidentes, enfermedades u otros episodios producidos durante el despliegue.

Más de 820 militares heridos y una factura de miles de millones

La discusión sobre los fallecidos llega mientras el número de heridos muestra otra dimensión del conflicto. Los datos públicos sitúan en más de 820 los militares estadounidenses heridos en combate desde febrero, con numerosos casos de traumatismos cerebrales relacionados con ataques de misiles y drones contra instalaciones estadounidenses repartidas por Oriente Próximo.

La cifra ayuda a entender una guerra que se libra en buena medida a distancia. No hacen falta columnas de infantería cruzando una frontera para que aparezcan víctimas. Misiles balísticos, drones y ataques contra bases situadas a cientos de kilómetros de Irán han convertido instalaciones de Jordania, Irak y otros países de la región en escenarios directamente expuestos.

Los daños materiales tampoco son menores. Evaluaciones oficiales han contabilizado cientos de edificios dañados o destruidos en instalaciones estadounidenses de Oriente Próximo, además de pérdidas de aeronaves, drones y otros equipos. Una guerra aérea parece limpia vista desde una pantalla; sobre el terreno, el hormigón roto y las pistas agujereadas suelen contar una historia bastante menos pulcra.

El coste de la guerra asciende a unos 43.600 millones de dólares

Una estimación del Mando Central de Estados Unidos calculó en 43.600 millones de dólares el coste acumulado del conflicto hasta comienzos de septiembre. De esa cantidad, alrededor de 28.000 millones corresponden a municiones utilizadas o que deberán ser reemplazadas, una factura especialmente pesada por el consumo de sistemas de precisión y defensa aérea.

El cálculo no incluye necesariamente todos los gastos derivados de la reparación de instalaciones atacadas. La Oficina de Presupuesto del Congreso estimó por su parte unos 38.000 millones de dólares hasta el 1 de agosto y calculó que prolongar las operaciones podría añadir entre 2.000 y 3.000 millones mensuales, dependiendo de la intensidad de los combates. Las dos cifras utilizan periodos y metodologías diferentes, por lo que no deben leerse como si una desmintiera a la otra.

A la factura presupuestaria se suma el desgaste de los arsenales. El conflicto ha disparado el consumo de misiles de precisión e interceptores antiaéreos, sistemas caros y lentos de fabricar. El coste de una guerra, al final, no cabe en una sola columna contable: están los muertos y heridos, pero también la munición gastada, las bases dañadas y la capacidad militar que debe reconstruirse después.

La disputa por las bajas alcanza también a Washington

La forma de contabilizar las víctimas se ha convertido también en un asunto político. El republicano Thomas Massie impulsó una iniciativa contra Pete Hegseth vinculada, entre otras cuestiones, a la conducción de la guerra y a la Resolución de Poderes de Guerra de 1973. La Administración rechaza esas acusaciones y defiende la legalidad de su actuación militar.

El debate sobre las cifras venía de antes. Cuando los cuatro militares muertos durante los combates de julio dejaron de aparecer dentro de Operation Epic Fury y pasaron a Overseas Operations, surgieron críticas sobre la transparencia del registro de bajas. El Departamento de Defensa sostuvo que el cambio obedecía a la organización administrativa de las operaciones y que los fallecidos seguían constando en su sistema.

La clasificación oficial tampoco es una cuestión puramente estadística. Las circunstancias de una muerte militar pueden influir en investigaciones internas y en determinados derechos, reconocimientos y prestaciones para las familias. Detrás de cada casilla del registro hay un expediente y, sobre todo, una persona. Por eso una diferencia de cuatro o cinco nombres no es precisamente una nota al pie.

Entre 18, 22 y 23: qué cifra puede darse por válida

A fecha de 19 de septiembre de 2026, la cifra pública del Pentágono es de 18 militares estadounidenses fallecidos repartidos entre las categorías utilizadas para Operation Epic Fury y otras operaciones en el extranjero. Cinco funcionarios conocedores de los datos internos sitúan el balance en al menos 22.

Una sexta fuente eleva la cifra hasta 23 fallecidos desde el 28 de febrero, aunque advierte de que no todos tendrían una relación directa con las hostilidades. Pete Hegseth ha negado la información, mientras siguen sin hacerse públicos los detalles que permitirían identificar y explicar los cuatro o cinco casos que separan ambos recuentos.

Así queda la fotografía disponible: 18 muertos reconocidos públicamente, al menos 22 según cinco funcionarios y 23 según una sexta fuente. Lo que todavía falta es saber quiénes son los militares adicionales, dónde murieron y por qué no figuran en el mismo recuento público. Hasta que esos datos aparezcan, la cifra oficial seguirá siendo clara sobre el papel y bastante menos nítida cuando se mira detrás de la hoja de cálculo.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.