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¿Quién ganó las elecciones de Colombia y qué pasará ahora con el país?

De la Espriella gana por menos de un punto en Colombia y abre una transición marcada por el escrutinio, el Congreso y una división política.

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Abelardo de la Espriella

Resumen

  • De la Espriella lidera el preconteo por menos de un punto sobre Cepeda
  • El escrutinio oficial decidirá la proclamación definitiva del presidente
  • El nuevo Gobierno afrontará un Congreso dividido y una oposición fuerte

Abelardo de la Espriella ganó la segunda vuelta presidencial de Colombia según el preconteo, con el 49,66 % de los votos, frente al 48,70 % obtenido por el senador de izquierdas Iván Cepeda. La diferencia, de alrededor de 250.000 sufragios, no llega a un punto porcentual y convierte estas elecciones en las más ajustadas desde la implantación de la segunda vuelta en 1994.

El vencedor ha celebrado el resultado y buena parte de la clase política colombiana lo trata ya como presidente electo. Aun así, falta una pieza que en democracia no es decorativa: el escrutinio oficial. Cepeda ha anunciado reclamaciones sobre unas 33.000 mesas y el presidente saliente, Gustavo Petro, ha pedido esperar a que las autoridades electorales terminen de revisar las actas. Después llegará la declaración formal, la transición de Gobierno y, salvo vuelco extraordinario, la toma de posesión el 7 de agosto de 2026.

Colombia ha votado un cambio hacia la derecha, sí, pero lo ha hecho con la respiración entrecortada. De la Espriella ronda los 12,94 millones de votos; Cepeda, los 12,69 millones. Casi dos Colombias de tamaño idéntico, enfrentadas ante la misma urna. Una celebró entre banderas y fuegos artificiales. La otra pidió lupas, actas y paciencia. Nada demasiado exótico cuando el margen electoral es tan fino que cabe en la población de una ciudad mediana.

De la Espriella se impone por menos de un punto

Con prácticamente todas las mesas incluidas en el preconteo, Abelardo de la Espriella aventajó a Iván Cepeda por 0,96 puntos. El abogado penalista, empresario y fundador del movimiento Defensores de la Patria culminó así una ascensión política fulgurante: no había ocupado antes un cargo de elección popular y construyó su candidatura alrededor de una imagen de fuerza, ruptura con el petrismo y mano dura frente a la delincuencia.

Su compañero de fórmula, el exministro José Manuel Restrepo, será vicepresidente si el resultado queda confirmado. La candidatura obtuvo un respaldo especialmente sólido entre votantes conservadores, clases urbanas preocupadas por la inseguridad y sectores que responsabilizan al Gobierno de Petro del deterioro económico y de la expansión de los grupos armados.

Cepeda, por su parte, logró movilizar a una izquierda que sale derrotada, pero ni mucho menos reducida a cenizas. Recibió cerca de 12,7 millones de votos, mejoró ampliamente su resultado de la primera vuelta y dejó al Pacto Histórico convertido en el principal bloque de oposición. No parece el paisaje de una restauración conservadora plácida. Más bien se parece a una casa con dos propietarios que discrepan hasta sobre dónde colocar el sofá.

La participación superó el 63 % del censo, una cifra excepcional para Colombia. Más de 26 millones de ciudadanos acudieron a votar, mientras los sufragios en blanco, nulos o no marcados sumaron una cantidad muy superior a la distancia entre ambos candidatos. El dato no cambia quién quedó primero, pero sirve como termómetro: el vencedor llega con una mayoría relativa enorme y, al mismo tiempo, sin superar el 50 % de los votos emitidos.

El resultado aún debe pasar por el escrutinio

El preconteo permite conocer con rapidez una fotografía muy precisa de la elección, pero no tiene valor jurídico vinculante. Las cifras oficiales nacen del escrutinio, durante el cual jueces, notarios y comisiones electorales revisan las actas firmadas en cada mesa, resuelven reclamaciones y corrigen posibles errores de transmisión o digitación.

Dicho de otro modo: el domingo por la noche revela casi siempre quién ha ganado, pero la credencial electoral no sale de una pantalla de televisión. Sale de las actas. Esta distinción, algo árida pero esencial, explica por qué De la Espriella puede celebrar una victoria políticamente clara mientras Cepeda conserva el derecho a discutir jurídicamente determinadas mesas.

Las 33.000 mesas cuestionadas por Cepeda

La campaña de Iván Cepeda ha anunciado reclamaciones sobre unas 33.000 mesas, aproximadamente una cuarta parte del total. Eso no significa que todos sus votos vayan a recontarse desde cero ni que esas mesas sean automáticamente inválidas. Cada objeción debe estar sustentada y será examinada según el procedimiento electoral, comparando formularios, firmas, sumas y documentos originales.

Petro ha denunciado posibles anomalías y ha pedido proteger el escrutinio, aunque hasta el momento no se han presentado pruebas públicas capaces de demostrar un fraude de magnitud suficiente para alterar el resultado nacional. Pedir revisión es legítimo. Dar por probada una manipulación antes de que las autoridades resuelvan, no.

Cuánto tendría que cambiar el recuento

Para que Cepeda adelantara a De la Espriella, el escrutinio tendría que mover alrededor de un cuarto de millón de votos netos. No bastaría con encontrar pequeñas diferencias repartidas entre formularios: las correcciones tendrían que acumularse casi siempre en una misma dirección y alcanzar cerca de nueve décimas del voto total.

Los antecedentes recientes apuntan a variaciones mucho menores entre preconteo y escrutinio. Eso no convierte el proceso en una ceremonia vacía, pero sí hace que un vuelco parezca poco probable. La formulación más rigurosa, por ahora, es sencilla: De la Espriella es el ganador proyectado y prácticamente seguro, aunque la proclamación definitiva corresponde a las autoridades electorales.

Qué ocurre hasta la toma de posesión

Terminado el escrutinio y resueltas las reclamaciones, el Consejo Nacional Electoral deberá formalizar la elección y expedir las credenciales correspondientes. Comenzará entonces una transición de unas siete semanas entre el Gobierno de Gustavo Petro y el nuevo equipo, antes de la posesión presidencial ante el Congreso el 7 de agosto.

Durante ese periodo, De la Espriella deberá anunciar ministros, repartir responsabilidades y convertir los eslóganes de campaña en un programa administrable. Es la fase en la que las campañas guardan los altavoces y aparecen las carpetas: presupuesto, deuda, seguridad, relaciones exteriores, contratos, nombramientos. La épica suele perder brillo cuando entra en una sala de reuniones con aire acondicionado.

El nuevo presidente también tendrá que decidir cuánto espacio concede a los partidos tradicionales y al centro político. Su movimiento carece de una mayoría parlamentaria propia, por lo que necesita alianzas para aprobar leyes, reformas tributarias, cambios en la estructura del Estado o modificaciones profundas de la política de seguridad.

Colombia no funciona mediante decretos ilimitados ni concede al presidente un mando sin contrapesos. El Congreso, los tribunales, los organismos de control y las autoridades territoriales seguirán marcando fronteras. La estrechez del resultado añade otra, menos jurídica pero igual de real: cualquier intento de gobernar como si la mitad derrotada no existiera encendería una oposición social y parlamentaria inmediata.

La agenda del nuevo Gobierno y sus primeros obstáculos

De la Espriella ha prometido romper con varias de las políticas centrales de Petro. En seguridad propone perseguir con mayor intensidad a las guerrillas, las bandas criminales y las redes del narcotráfico; construir grandes prisiones; reforzar a las Fuerzas Armadas y abandonar negociaciones que, a su juicio, han permitido crecer a los grupos armados.

Ese planteamiento supone un giro frente a la política de paz total, basada en combinar conversaciones, sometimiento a la justicia y operaciones militares. El cambio puede ser rápido en el discurso, pero sobre el terreno hay comunidades atrapadas entre guerrillas, disidencias, organizaciones narcotraficantes y fuerzas estatales. Allí las consignas suelen durar lo mismo que una bengala bajo la lluvia.

En economía, el vencedor ha defendido la reducción del tamaño del Estado, menos impuestos, estímulos a la inversión privada y una recuperación de la exploración petrolera y gasística. También ha dicho que mantendrá medidas sociales populares, incluida la subida del salario mínimo impulsada durante el mandato de Petro. Su desafío será cuadrar esas promesas: recortar el gasto, rebajar cargas y conservar prestaciones exige una aritmética bastante menos dócil que una multitud en campaña.

Un Congreso sin mayorías y una izquierda fortalecida

El Pacto Histórico conserva una presencia decisiva en el Senado y la Cámara de Representantes, mientras ninguna fuerza domina por sí sola el Legislativo. De la Espriella deberá negociar con conservadores, liberales, partidos regionales y sectores de centro. Podrá obtener acuerdos puntuales, pero difícilmente dispondrá de un cheque en blanco para ejecutar su programa completo.

Cepeda tampoco desaparece después de la derrota. Su elevada votación lo convierte en referente natural de una oposición con músculo electoral, capacidad de movilización y representación parlamentaria. La primera batalla política del nuevo periodo probablemente no será entre vencedores y vencidos, sino entre quienes acepten acuerdos institucionales y quienes prefieran mantener al país en campaña permanente.

La relación con Estados Unidos será otro frente inmediato. De la Espriella recibió el respaldo público de Donald Trump y promete una cooperación más estrecha contra el narcotráfico, después de años de choques entre Washington y Petro. Esa sintonía puede aliviar tensiones diplomáticas, aunque también abrirá preguntas sobre soberanía, política antidrogas y el margen de Colombia para mantener una voz propia.

Una victoria suficiente para llegar, no para imponer

El resultado de las elecciones presidenciales entrega a Abelardo de la Espriella la iniciativa política y, salvo una alteración inesperada durante el escrutinio, la Presidencia de Colombia para el periodo 2026-2030. Ha ganado. Conviene decirlo sin rodeos, pero también sin amputar la segunda mitad de la noticia: ha ganado por muy poco.

Su mandato nacerá entre dos fuerzas contrarias. Una reclama orden, seguridad y ruptura con el proyecto de Petro. La otra teme que la mano dura se convierta en revancha, que retrocedan las políticas sociales o que la paz quede enterrada bajo una retórica de guerra. Ambas reúnen millones de votos y ninguna puede ser tratada como una rareza marginal.

De la Espriella prometió gobernar para quienes le apoyaron y para quienes escogieron al adversario. Esa frase, habitual en las noches electorales, será su primera medida real de credibilidad democrática. Colombia no le ha entregado un país rendido a sus pies, sino una nación dividida con precisión casi matemática. Tendrá la banda presidencial. El poder para transformar el país, en cambio, tendrá que negociarlo cada día.

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