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Economía

¿Por qué la huelga amenaza con vaciar los súper de toda A Coruña?

La huelga de alimentación golpea a Gadis y Froiz en A Coruña: salarios, horarios, paros y riesgo de estantes sin reponer en San Juan coruñés.

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mujer comprando en supermercado

Resumen

  • La huelga frena almacenes y supermercados de A Coruña
  • Los sindicatos reclaman más salario, menos jornada y mejores horarios
  • Gadis y Froiz afrontan retrasos de reposición durante San Juan

La huelga del comercio de alimentación ha entrado de lleno en los almacenes y supermercados de la provincia de A Coruña, con una incidencia especialmente visible en Gadis y Froiz. Los paros, convocados del 21 al 24 de junio, afectan tanto a las tiendas como a las plataformas logísticas y han llegado en la víspera de San Juan, uno de los momentos de mayor consumo del año. Mala semana para que se detenga una cadena de suministro; excelente, claro, para que una protesta laboral deje de ser invisible.

Las plantillas reclaman una subida salarial más fuerte, protección frente a la inflación, reducción de jornada y mejoras en horarios, contratos parciales, bajas laborales, antigüedad y trabajo dominical. La patronal, agrupada en ASAC, sostiene que ha presentado una propuesta cercana al 10 % acumulado en cuatro años, con medidas de conciliación y revisión frente al IPC. Tras ocho reuniones, sin embargo, las posiciones siguen lejos. Y cuando el almacén no expide, la discusión acaba apareciendo en el lugar más tangible: el estante.

No hay por ahora elementos suficientes para hablar de un desabastecimiento generalizado en toda la provincia. Sí existe un riesgo real de que determinados establecimientos sufran una reposición irregular, sobre todo en pescado, frescos, refrigerados y otros productos de rotación rápida. Un supermercado puede abrir con pocos trabajadores; otra cosa es que tenga detrás los camiones, preparadores de pedidos y plataformas funcionando con normalidad.

Cuatro días de huelga en el momento más sensible

La convocatoria corresponde a CIG, CCOO, UGT y USO, las cuatro organizaciones sindicales presentes en la negociación del convenio provincial del comercio de alimentación. Aunque Gadis y Froiz concentran buena parte de la atención por su peso empresarial y laboral, el conflicto no se limita jurídicamente a dos marcas: afecta a las empresas incluidas en ese convenio colectivo dentro de la provincia.

Los primeros días ya dejaron incidencias. Un supermercado Gadis de Melide no pudo abrir el domingo por falta de personal, el almacén de Piadela trabajó bajo mínimos y la plataforma de distribución de pescado de Gadis quedó paralizada. Son episodios que permiten entender dónde pretende hacer presión la huelga: no solo ante la caja registradora, también varios kilómetros antes, allí donde se prepara cada pedido.

Las organizaciones sindicales han denunciado igualmente supuestos intentos de reducir el efecto del paro mediante horas extraordinarias, adelanto de pedidos, cambios de rutas o traslados de personal desde otras provincias. También han llevado estas prácticas a la Inspección de Trabajo. Hasta que exista una resolución oficial, se trata de acusaciones sindicales, no de infracciones acreditadas.

Qué exigen los trabajadores de los supermercados

El conflicto nace de la negociación del nuevo convenio, no de una avería repentina en la distribución. Las centrales sostienen que los salarios del sector apenas se han separado del mínimo legal mientras aumentaban la carga laboral, los horarios fragmentados y el número de contratos parciales. En muchas tiendas, señalan, la jornada se reparte entre mañanas, tardes, sábados, domingos y festivos, una especie de puzle donde la conciliación suele ser la pieza que nunca encaja.

También alegan que la inflación ha erosionado el poder adquisitivo acumulado. La alimentación subió con fuerza durante los últimos años, mientras quienes colocaban, cobraban y reponían esos productos veían cómo el sueldo compraba menos. Esa contradicción —trabajar rodeado de comida cada vez más cara y cobrar casi lo mismo— ha alimentado el malestar.

La batalla salarial separa las dos propuestas

La plataforma sindical planteó inicialmente una subida del 10 % para 2026, del 4,5 % para 2027 y del 4 % para 2028, acompañada de una cláusula que permita revisar las nóminas según la evolución real del IPC. El primer incremento es el corazón de la disputa: pretende recuperar de golpe una parte importante del terreno perdido, mientras las empresas prefieren distribuir las mejoras durante más ejercicios.

No se discute, por tanto, únicamente si los salarios deben aumentar. Ambas partes aceptan ese principio. Se discute cuánto, con qué velocidad y quién debe asumir el coste. Los sindicatos miran los resultados de los grandes grupos de distribución; la patronal introduce en la ecuación a supermercados pequeños y negocios familiares con márgenes mucho más estrechos. Bajo un mismo convenio caben compañías enormes y tiendas que cuentan los céntimos al bajar la persiana. Ahí está parte del nudo.

Horarios, parcialidad y trabajo en domingo

Las reivindicaciones van más allá de la nómina. Las centrales reclaman una reducción de la jornada anual, mejoras económicas durante las bajas por incapacidad temporal, complementos de antigüedad y pluses para quienes trabajan habitualmente los domingos. También piden limitar el abuso de la contratación parcial y ordenar mejor los calendarios.

La expresión fines de semana de calidad, repetida durante la negociación, alude a descansos completos y previsibles. No parece una revolución bolchevique: saber con cierta antelación cuándo se podrá comer con la familia. En un sector abierto durante franjas cada vez más amplias, sin embargo, organizar esos descansos implica contratar, redistribuir turnos o reducir horarios, decisiones que las empresas traducen inmediatamente en costes.

Qué ofrece la patronal y por qué no hay acuerdo

ASAC asegura que su propuesta contempla incrementos salariales acumulados cercanos al 10 % durante los próximos cuatro años, mecanismos de protección ante desviaciones del IPC y mejoras relacionadas con permisos retribuidos, lactancia, horarios y conciliación. También incorpora fines de semana de calidad y cambios organizativos, aunque sindicatos y empresas discrepan sobre su alcance real.

La patronal afirma, además, que las compañías incluidas en el convenio provincial pagan actualmente entre un 6 % y un 11 % más que buena parte de sus competidores. Su argumento es que cualquier mejora debe ser sostenible para todas las empresas afectadas, no únicamente para las cadenas con mayor facturación. Aceptar de forma íntegra la plataforma sindical, advierte, podría poner en dificultades a negocios pequeños e incluso provocar cierres.

Otro frente es la mediación. ASAC acusa a las organizaciones sindicales de haber rechazado cuatro propuestas para acudir al Consello Galego de Relacións Laborais. Las centrales, mientras tanto, insisten en que ocho reuniones han servido para muy poco y describen la oferta empresarial como insuficiente. La escena tiene algo de atasco circular: cada parte acusa a la otra de no querer avanzar mientras ambas permanecen, efectivamente, en el mismo lugar.

La distancia económica explica buena parte del bloqueo. No es equivalente una subida del 10 % concentrada en el primer año, seguida de otros incrementos, que un aumento cercano al 10 % repartido durante cuatro ejercicios. Tampoco tienen el mismo valor una cláusula vinculada al IPC sin límites claros y otra sometida a topes o condiciones. En negociación colectiva, el adjetivo «acumulado» puede ser una pequeña alfombra bajo la que caben bastantes diferencias.

Cómo puede afectar la huelga a tiendas y consumidores

La distribución alimentaria trabaja con un ritmo continuo. Los almacenes reciben mercancía, preparan pedidos y organizan rutas que deben llegar a cientos de establecimientos en pocas horas. Cuando ese circuito se ralentiza durante varios días, la primera consecuencia no suele ser una tienda completamente vacía, sino huecos concretos que tardan más en cubrirse.

El pescado fresco, la carne refrigerada, los lácteos, la fruta, la verdura y los productos de panadería son especialmente sensibles porque se mueven con rapidez y admiten poco almacenamiento. Los artículos secos, conservas o bebidas pueden resistir mejor si las tiendas habían reforzado existencias. De hecho, los sindicatos denuncian que algunas empresas adelantaron pedidos precisamente para amortiguar los paros laborales.

La situación será desigual. Un establecimiento puede haber recibido mercancía antes de la huelga y conservar una oferta casi normal; otro, con menos almacén propio o mayor volumen de ventas, puede mostrar lineales más despejados. También influye el seguimiento de la protesta en cada centro, la disponibilidad de transportistas y la capacidad de las cadenas para reorganizar rutas desde otras plataformas.

Conviene evitar dos extremos. Ni está acreditado que toda A Coruña vaya a quedarse sin alimentos ni la paralización logística es puramente simbólica. Comprar de forma compulsiva puede crear el problema que se pretende evitar: una concentración anormal de demanda vacía más rápido los estantes y dificulta distinguir entre el efecto real de la huelga y el provocado por el miedo.

Después de las hogueras, el convenio seguirá sobre la mesa

La coincidencia con San Juan no es casual. La noche del 23 de junio dispara la venta de bebidas, carne, pescado, hielo, pan, aperitivos y productos preparados. Los sindicatos han elegido el punto del calendario donde una interrupción resulta más visible y económicamente incómoda. Esa es, al fin y al cabo, la lógica de una huelga laboral: suspender la normalidad para obligar a negociar, no organizar una protesta que nadie note.

Las movilizaciones recorren A Coruña, Santiago de Compostela, Ferrol y Ribeira, mientras el paro continuará hasta el miércoles 24. Gadis y Froiz aparecen en el centro del conflicto por su influencia dentro de la patronal y por el tamaño de sus plantillas, aunque el resultado deberá traducirse en un convenio aplicable al conjunto del sector.

Cuando terminen las hogueras quedará lo difícil: acercar una demanda salarial ambiciosa y una oferta empresarial mucho más gradual, ordenar los horarios y decidir cuánto vale realmente la conciliación laboral de quienes mantienen abiertos los supermercados. Los lineales volverán a llenarse antes o después. La mesa negociadora, en cambio, lleva meses esperando reposición.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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