Síguenos

Actualidad

Estrenos de cine del 26 al 28 de junio: diez películas para elegir

Acción galáctica, historias íntimas y comedia negra convivieron en una cartelera muy distinta a primera vista.

Publicado

el

Qué ver en el cine este finde

La cartelera española del 26 al 28 de junio de 2026 combinó diez estrenos de tonos muy distintos: una aventura de superhéroes para pantalla grande, terror psicológico, dramas de memoria y migración, comedia negra y cine musical. Supergirl fue la apuesta comercial más visible; Obsession, la opción de género más inquietante, y Nino, la película íntima que podía dejar una impresión más duradera. Toy Story 5, estrenada la semana anterior, seguía siendo la alternativa familiar con mayor presencia.

La variedad no garantizaba que todos los títulos llegaran a todas las salas ni con el mismo número de sesiones. Las películas pequeñas dependían más de la programación de cada ciudad, mientras que los grandes estrenos ocupaban buena parte de los multicines. La elección, por tanto, no consistía solo en escoger una novedad: también importaban el tono buscado, la disponibilidad local y cuánto espacio se quería dejar para el espectáculo o la contemplación.

Supergirl lleva el espectáculo al primer plano

El estreno de mayor despliegue fue Supergirl, dirigida por Craig Gillespie y protagonizada por Milly Alcock. La acompañan Eve Ridley, Matthias Schoenaerts, David Corenswet y Jason Momoa, que vuelve al universo DC como Lobo. La película sigue a Kara Zor-El, marcada por la destrucción de Krypton, y la une a Ruthye, una joven que quiere vengar el asesinato de su padre. Juntas emprenden una persecución interestelar contra un criminal despiadado, entre planetas remotos, criaturas, peleas y la presencia de Krypto.

El personaje se distancia de la serenidad luminosa asociada a Superman. Esta Kara es irritable, vulnerable y más salvaje; una heroína que no parece empeñada en convertirse en modelo de conducta. La película encuentra su impulso cuando se permite funcionar como una road movie galáctica, con Alcock dando carácter a una protagonista que no es simplemente una versión femenina de su primo. La acción y el humor descansan así en alguien menos pulido que el héroe tradicional.

Las primeras valoraciones destacaron el entretenimiento y la ambición visual, aunque también señalaron un guion previsible, efectos desiguales y un antagonista menos interesante que la propia Kara. Sus aproximadamente 107 minutos ofrecen una duración contenida para el género y no exigen seguir una larga cadena de series y películas para entender la historia. Era la opción más clara para quien buscara acción y sonido envolvente, especialmente en una sala grande, aunque el tamaño de la pantalla no cambia las limitaciones del guion.

Obsession convierte el deseo en amenaza

El terror del fin de semana tenía su principal representante en Obsession, de Curry Barker, con Michael Johnston e Inde Navarrette. La historia parte de un deseo aparentemente sencillo: un joven recurre a un objeto misterioso para lograr que la persona que le gusta se enamore de él. Lo consigue, pero el resultado no es una relación romántica, sino una presencia obsesiva e invasiva que transforma la fantasía en una pesadilla.

La premisa permite que la película trabaje con algo más incómodo que el susto: la idea de que el afecto no puede imponerse sin borrar la libertad de la otra persona. La trama aborda posesión, consentimiento y cosificación, y no limita la responsabilidad a quien sufre la situación. El foco recae también sobre quien intenta manipular los sentimientos ajenos y luego debe afrontar las consecuencias de haber convertido a otra persona en objeto de su deseo.

La película recibió en el Festival de Sitges el Premio Especial del Jurado, el Gran Premio del Público y el Premio Carnet Jove al mejor largometraje. Esa acogida no implica que su desarrollo convenciera por igual a toda la crítica, pero su premisa y su atmósfera malsana la situaron entre los títulos más comentables de la semana. Dura alrededor de 100 minutos y gana si se llega con poca información: conocer de antemano los giros puede quitarle fuerza a una historia que se apoya precisamente en la incertidumbre.

Nino encuentra emoción en lo cotidiano

Frente a las persecuciones y los sobresaltos, Nino avanzaba con discreción. La ópera prima de Pauline Loquès sigue a un joven parisino que recibe un diagnóstico de cáncer poco antes de cumplir 30 años. Antes de empezar el tratamiento debe resolver dos asuntos médicos y personales durante un fin de semana, mientras intenta asimilar una noticia que todavía no sabe cómo comunicar a quienes le rodean.

La película evita convertir ese recorrido en una sucesión de discursos edificantes o de sueños pendientes cumplidos a toda prisa. Nino pasa por encuentros con amigos, familiares, antiguas relaciones y desconocidos mientras la ciudad sigue con su rutina: el metro, las terrazas y las conversaciones que no salen como se esperaba. La vida diaria no se detiene para subrayar el drama, y esa continuidad vuelve más creíble la desconexión del protagonista.

Théodore Pellerin sostiene el relato con una interpretación contenida, la de alguien que aún no encuentra una forma de expresar su miedo. La película fue una de las revelaciones de la Semana de la Crítica de Cannes y guarda un parentesco con Cléo de 5 a 7, de Agnès Varda, en su paseo urbano y en la importancia que concede al tiempo de espera. Su distribución era menor que la de los grandes títulos, pero podía ser la propuesta más delicada y humana para quienes prefirieran una emoción sin subrayados.

Memoria, identidad y encierro en tres dramas

Pálida luz en las colinas adapta la primera novela de Kazuo Ishiguro y enlaza la Inglaterra de 1982 con el Nagasaki de la posguerra. Etsuko recuerda su juventud mientras su hija trata de comprender el pasado familiar, incluido el suicidio de su hermana mayor. A medida que avanza el relato, los recuerdos muestran grietas y la versión de los hechos deja de parecer estable. La película convierte esa incertidumbre en parte de su asunto: recordar también puede ser una forma de reconstruir o deformar el pasado.

Kei Ishikawa dirige a Suzu Hirose, Fumi Nikaido, Yoh Yoshida y Camilla Aiko en un drama de culpa, trauma y silencios heredados. La fotografía cálida contrasta con las pérdidas que se esconden bajo conversaciones aparentemente tranquilas. Sus 123 minutos y su narración contemplativa exigen atención; no es un relato pensado para entrar tarde o seguirlo a ratos. Algunas críticas elogiaron su belleza visual y su atmósfera inquietante, mientras otras vieron una ambigüedad confusa y diálogos demasiado explicativos. Para quienes disfrutan de Ishiguro y de las historias históricas abiertas a interpretación, ofrecía más que una intriga convencional.

La mujer sin nombre, de Haifaa Al-Mansour, propone otro tipo de misterio. La directora de La bicicleta verde sitúa el relato en Arabia Saudí, donde aparece en el desierto el cadáver de una adolescente que nadie reclama. El miedo al estigma social contribuye al silencio de la familia. Nawal, una investigadora novata aficionada a las historias criminales, se obsesiona con averiguar quién era la joven y por qué su identidad parece importar menos que el deseo de ocultarla.

La investigación policial sirve para observar una sociedad en la que muchas mujeres han aprendido a pasar inadvertidas como forma de protección. El suspense importa, pero el núcleo es la identidad borrada de la víctima. Con 99 minutos, la película ofrecía una alternativa adulta para quien buscara intriga sin depender de persecuciones espectaculares. Los últimos días de María Antonieta, en cambio, traslada el encierro a la Francia revolucionaria: Gianluca Jodice sitúa la acción en 1792, cuando Luis XVI, María Antonieta y sus hijos son recluidos en la Torre del Temple.

Guillaume Canet y Mélanie Laurent interpretan a los monarcas una vez despojados del ceremonial, los criados y la distancia que los separaba del pueblo. El interés no está en reescribir los hechos, sino en mirar el poder cuando deja de controlar el espacio que lo rodea. La caída se vuelve doméstica y física: una familia confinada, obligada a convivir con la pérdida de sus privilegios y con un futuro que ya no puede dirigir.

Viaje al país de los blancos pone rostro a la migración

Entre las producciones españolas, Viaje al país de los blancos era la propuesta de mayor carga social. El primer largometraje de ficción de Dani Sancho adapta el libro autobiográfico de Ousman Umar y reconstruye el viaje del joven ghanés que abandonó su aldea atraído por una Europa imaginada como lugar de prosperidad. En el trayecto se enfrenta a violencia, explotación y pérdidas, lejos de la promesa sencilla que había alimentado su partida.

La historia no termina con la llegada, una frontera narrativa que a menudo convierte el destino en final feliz automático. Barcelona tampoco es un paraíso: la supervivencia continúa siendo precaria hasta que Ousman conoce a Montse, interpretada por Emma Vilarasau, que lo acoge y le permite comenzar otra vida. El propio Umar aparece en pantalla en su etapa adulta. La película intenta equilibrar la dureza del recorrido con la posibilidad de transformación, sin borrar las dificultades posteriores.

Su principal aportación consiste en devolver nombre y trayectoria a una experiencia que con frecuencia se reduce a cifras y titulares. Durante sus 110 minutos, aborda migración, acogida, desigualdad y oportunidades reales desde una historia personal. Esa mirada permite observar no solo el viaje, sino también lo que viene después: la reconstrucción de los vínculos, la adaptación y el papel que puede tener una red de apoyo en una vida que no empieza de cero al cruzar una frontera.

Una comedia negra entre deudas y cadáveres

Morir no siempre sale bien cambiaba por completo de registro. Claudia Pinto dirige esta comedia negra con Tamara Casellas, Ana Wagener, Juan Carlos Vellido y Pau Durà. Dos hombres despedidos y ahogados por las deudas secuestran el cadáver de su antiguo jefe para pedir un rescate. La familia del fallecido no reacciona como ellos esperan: también tiene intereses propios y la operación se convierte en un choque entre personas que intentan sacar partido de una situación cada vez más absurda.

El intercambio del cadáver enfrenta a dos familias de clases sociales opuestas y mezcla desesperación económica con esperpento y guerra doméstica. La premisa deliberadamente gruesa sostiene un humor que nace de la diferencia entre el plan de los secuestradores y la realidad que encuentran. La comedia no disimula la precariedad que pone en marcha el disparate, aunque el absurdo sea el motor de la trama.

Con 95 minutos, se presentaba como una opción para quien quisiera humor negro español en lugar de una comedia romántica o familiar. Su propuesta no busca realismo estricto: parte de una situación imposible para poner a prueba las lealtades y los intereses de quienes rodean al muerto. El tono puede atraer a espectadores dispuestos a aceptar el exceso como parte del juego, pero no a quien espere una intriga sobria o un retrato naturalista de las dificultades económicas.

Música, acrobacias y una aventura para toda la familia

John Carney, responsable de Once, Begin Again y Sing Street, regresaba al territorio musical con Letras robadas. Paul Rudd interpreta a Rick, un compositor que se gana la vida tocando en bodas; Nick Jonas es Danny, una estrella del pop. Después de conocerse, Danny publica una canción que se convierte en un fenómeno mundial y Rick afirma que la escribió él. A partir de esa disputa, la película explora autoría, fracaso y fama desde los extremos opuestos de la industria musical.

La música organiza el conflicto en lugar de funcionar como mero acompañamiento. Uno de los protagonistas actúa ante estadios llenos; el otro intenta hacerse oír entre las conversaciones de una boda. Con 98 minutos y Havana Rose Liu en el reparto, era una alternativa ligera para quienes prefirieran salir tarareando una canción antes que comentando una escena de terror. Carney conoce bien este registro, algo que también puede hacer previsibles algunas de sus notas habituales.

Jackass: Lo mejor para el final se situaba en el extremo opuesto. Johnny Knoxville, Steve-O, Chris Pontius y otros miembros de la pandilla regresaban con pruebas nuevas, golpes y una mirada nostálgica a más de 25 años de insensatez física. Jeff Tremaine dirige una despedida de 92 minutos que mezcla material inédito con la celebración de una saga construida sobre el dolor propio como espectáculo colectivo.

La película no depende de un argumento complejo: su atractivo está en la camaradería y en ver hasta dónde llega un grupo de adultos empeñados en poner a prueba su anatomía y su sentido común. Quien nunca haya conectado con Jackass difícilmente encontrará aquí un drama escondido; para sus seguidores, en cambio, el humor físico y la memoria compartida forman parte del mismo paquete. Toy Story 5, estrenada el 19 de junio, mantenía una presencia importante en las salas durante su segundo fin de semana.

La quinta entrega seguía a Woody, Buzz, Jessie y los demás juguetes frente a la tecnología y las pantallas, que han cambiado la forma de jugar de los niños. Entre el 19 y el 21 de junio había recaudado alrededor de 3,3 millones de euros en España, según los datos recogidos para aquella cartelera. Era la elección más evidente para familias y también para adultos vinculados sentimentalmente a Pixar. La recepción crítica fue menos unánime que la de las mejores entregas de la saga, pero su potencia visual y el choque entre juguetes y dispositivos conservaban interés.

Una cartelera amplia, pero no idéntica en cada ciudad

Además de las novedades, en algunas carteleras seguían figurando Backrooms, Scary Movie, El día de la revelación y He-Man y los Masters del Universo. La llegada de Supergirl podía reducir sus horarios, pero la programación concreta dependía de cada cine. Por eso, una película anunciada como estreno nacional podía tener pocas sesiones en una ciudad pequeña, mientras que un título comercial concentraba varios pases en los complejos con más pantallas.

Esa diferencia también afectaba al cine de autor. Nino o Pálida luz en las colinas podían estar disponibles solo en determinadas salas y franjas, no necesariamente en todos los municipios. La cartelera nacional no equivale a una oferta idéntica en cada localidad: distribución, número de pantallas y demanda condicionan qué se proyecta y durante cuánto tiempo. Revisar la programación de cada cine era especialmente relevante para las películas con un lanzamiento más limitado.

La elección dependía, en suma, menos del tamaño de los carteles que del ánimo con el que se entraba en la sala. Supergirl concentraba el espectáculo; Obsession ofrecía terror y una premisa moral incómoda; Toy Story 5 mantenía el atractivo familiar, y Nino apostaba por una emoción contenida. Pálida luz en las colinas pedía paciencia, La mujer sin nombre combinaba suspense y crítica social, y Viaje al país de los blancos llevaba una historia autobiográfica a un debate presente en España.

Letras robadas permitía cambiar tensión por música; Morir no siempre sale bien apostaba por el disparate, y Jackass seguía fiel a su humor físico. No había un título perfecto para todos, pero sí una combinación poco habitual de géneros y escalas. Aquel fin de semana de junio mostró que una cartelera puede ser amplia sin que sus películas se parezcan: entre la pantalla llena de efectos y una caminata silenciosa por París cabía casi cualquier estado de ánimo, siempre que la sala local ofreciera la sesión.

El calendario importa tanto como la recomendación: estos estrenos corresponden al fin de semana del 26 al 28 de junio de 2026, no a la programación actual. En aquel momento, la abundancia convivía con una desigualdad habitual en la distribución: las grandes producciones dominaban los multicines y las historias más pequeñas dependían de encontrar espacio. Esa diferencia explica por qué elegir película también era elegir entre el ruido del espectáculo y relatos que pedían algo más de atención.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído