Actualidad
La remontada del Levante en Vigo aprieta la lucha por la permanencia
El Levante remontó dos veces en Vigo y transformó una victoria en un vuelco anímico para la zona baja.

El Levante ganó 2-3 al Celta en Balaídos después de ir dos veces por detrás y convirtió una noche de supervivencia en un giro para la pelea por la permanencia. Kervin Arriaga, Dela y Brugui firmaron los goles de una remontada que permitió al conjunto granota salir provisionalmente de los puestos de descenso y trasladar presión a sus rivales directos.
El resultado llegó después de otra reacción ante Osasuna, a quien el Levante remontó un 0-2 con un tanto de Etta Eyong en el minuto 90. En los últimos ocho partidos, el equipo había sumado 16 puntos: una racha que no borra sus problemas, pero sí cambia la lectura de su temporada. Ya no se trata solo de resistir; el Levante ha vuelto a competir con opciones reales de decidir partidos que empiezan mal.
Una remontada que alteró el pulso de Balaídos
Ferran Jutglà adelantó al Celta en los primeros minutos tras una acción combinada con Hugo Álvarez. El gol confirmó el buen comienzo local y dejó al Levante ante el escenario que más castiga a un equipo de la zona baja: tener que rehacerse antes de haber encontrado ritmo. Sin embargo, los visitantes no se desordenaron ni convirtieron el golpe inicial en una cadena de errores. Poco a poco, prolongaron más sus posesiones y empezaron a ganar terreno.
Víctor García dio energía por la banda, Kareem Tunde encontró espacios y Adrián de la Fuente probó desde lejos. El Celta mantuvo tramos de mayor control, pero dejó de sentirse cómodo cada vez que el Levante avanzaba. Cerca del descanso, Arriaga, de regreso tras cumplir sanción, sacó un disparo potente que Andrei Radu no pudo blocar. El empate no fue una jugada elaborada hasta el último detalle, sino un gol de insistencia que devolvió al Levante al partido justo antes del descanso.
La segunda parte volvió a empezar con un golpe celeste. Jutglà aprovechó un centro de Javi Rueda desde la derecha para poner el 2-1 y completar su doblete. El partido parecía encaminarse otra vez hacia el guion más difícil para el visitante: remar contra el marcador y contra la sensación de que cada intento podía quedar en nada. Pero el equipo granota no se rompió. Esa reacción, más que una cuestión de ánimo, fue una diferencia concreta con versiones anteriores del Levante: encajar ya no significaba dejar de competir.
El empate de Dela, con un disparo que se coló en la escuadra, llegó cerca de la hora de juego y cambió el tono de la noche. Hasta entonces, el Celta había podido apoyarse en sus ventajas; con el 2-2, tuvo que volver a empezar. El Levante, en cambio, dejó de jugar solo para evitar la derrota y comenzó a buscar el triunfo. El cambio se notó en la intención de sus ataques y en la forma de ocupar el campo: el marcador igualado trasladó la incertidumbre al equipo local.
Brugui aprovechó el momento que abrió el partido
El cuerpo técnico del Levante recurrió al banquillo y dio entrada a Raghouber y Brugui. El delantero necesitó poco para dejar su huella: en su primera intervención, atacó un espacio dentro del área y cabeceó para el 2-3 tras una acción a balón parado. La defensa del Celta no logró cerrar la marca y el visitante encontró el gol que había empezado a insinuar desde el empate. En una jugada breve se concentró una idea decisiva: en partidos tan tensos, llegar antes al espacio puede valer más que dominar largos tramos.
El tanto también tuvo un valor particular porque el Levante llegaba de remontar a Osasuna. En aquel encuentro, pasó de perder 0-2 a ganar con un gol de Etta Eyong en el minuto 90, después de que Víctor García contribuyera a la reacción. En Vigo volvió a recibir primero y a encontrar recursos para responder. No fueron partidos idénticos, pero sí compartieron un patrón: el equipo mantuvo la posibilidad de volver incluso cuando el marcador y el tiempo empezaban a apretarlo.
El Celta reaccionó con cambios ofensivos para perseguir el empate. Borja Iglesias, Pablo Durán y Swedberg estuvieron entre las alternativas que entraron para dar más presencia arriba. Los locales encontraron empuje, pero el Levante resistió con Mathew Ryan atento cuando hizo falta. Brugui rozó incluso el cuarto gol con un remate al poste. El tramo final condensó el desgaste de una pelea por la permanencia: piernas pesadas, banquillos en pie y cada balón dividido tratado como si pudiera inclinar la temporada. La victoria no fue cómoda ni limpia, pero sí resistida hasta el final.
Por qué el Levante ha encontrado otra manera de competir
La mejoría granota no se explica por una transformación milagrosa ni por una sola figura. El equipo ha sumado puntos al combinar más orden emocional, respuestas desde distintos sectores del campo y una capacidad mayor para sostenerse cuando el partido se tuerce. Sigue concediendo ocasiones y no controla todos los encuentros, pero ya no parece una suma de urgencias que espera el siguiente error. La diferencia está en haber recuperado una estructura colectiva capaz de aguantar los golpes.
La primera señal es la reacción tras encajar. Ante el Celta, el Levante tuvo que volver dos veces desde atrás; frente a Osasuna también había empezado con dos goles en contra. Esa fortaleza no garantiza que los próximos partidos sigan el mismo curso, pero ayuda a entender los 16 puntos logrados en los últimos ocho encuentros. No son necesariamente el reflejo de un equipo que impone su fútbol durante noventa minutos, sino de uno que ha aprendido a mantenerse dentro de partidos imperfectos y a encontrar una ocasión cuando todavía queda tiempo.
También se ha ampliado el reparto de responsabilidades ofensivas. Carlos Espí había ganado peso en semanas anteriores, Víctor García se había convertido en una fuente de desborde y Etta Eyong apareció en un momento decisivo contra Osasuna. En Balaídos marcaron Arriaga, Dela y Brugui, jugadores con perfiles distintos. Para un equipo en apuros, depender de una sola vía de gol puede convertir cualquier baja o mala tarde en un apagón. Repartir el peligro hace al Levante menos previsible y le ofrece más caminos para volver.
La evolución se percibe asimismo en la forma de gestionar los minutos difíciles. El Levante todavía puede cometer errores, dejar espacios o sufrir cuando el rival carga el área. No hace falta presentar la remontada como prueba de que esos problemas han desaparecido. Lo que sí cambió es la respuesta: hay más presencia en campo contrario, más voluntad de atacar los rechaces y menos señales de pánico cuando el resultado se pone en contra. Esa seguridad no es una garantía de permanencia, pero sí una condición para disputarla hasta el final.
La tabla se estrechó y salir del descenso no significó salvarse
El triunfo dejó al Levante fuera de la zona de descenso de forma provisional y comprimió la pelea de la parte baja. Sevilla, Mallorca, Elche, Girona, Espanyol y el conjunto granota quedaron implicados en una franja muy estrecha, mientras el Alavés aparecía cerca de esa disputa. El valor de la clasificación no estaba solo en el puesto que ocupaba el Levante tras jugar, sino en el efecto sobre los demás: cada rival debía responder sabiendo que los granotas habían ganado fuera y no pensaban abandonar la lucha.
La palabra provisional importa. El Levante ya había disputado su encuentro de la jornada y los resultados de sus competidores directos podían modificar de nuevo la tabla. Por eso, salir del descenso no equivalía a asegurar la permanencia ni a resolver las cuentas. Significaba respirar durante un momento y, al mismo tiempo, poner la presión en quienes todavía tenían que jugar. Un cambio de puesto puede ser temporal y aun así alterar el ánimo de toda la zona baja.
Además, una clasificación apretada obliga a leer cada resultado en relación con el calendario y los partidos pendientes. Cuando varios clubes llegan a las últimas jornadas con poco margen, una victoria no solo suma puntos: también cambia el peso psicológico del siguiente compromiso. El Levante pasó de ser un equipo al que se podía dar por descartado a convertirse en un rival capaz de remontar dos veces en una semana decisiva. No es una salvación anticipada; es una advertencia para quienes contaban con que los granotas se quedaran atrás.
El Espanyol, que había disfrutado de una distancia más cómoda respecto al descenso al comienzo del año, llegó a esta fase en una situación mucho más delicada tras una mala racha. Girona, Mallorca y Elche tampoco podían sentirse al margen, y el Sevilla conservaba una ventaja insuficiente para dejar de mirar hacia abajo. La parte baja se transformó así en una disputa de nervios, donde los puntos de un equipo repercuten en todos los demás. Nadie podía tratar la permanencia como un asunto resuelto.
El Celta dejó escapar dos ventajas en casa
Para el Celta, el 2-3 fue una derrota especialmente amarga porque había estado dos veces por delante en Balaídos. Jutglà encontró el gol en los primeros compases de cada mitad y ofreció a su equipo una ruta clara hacia la victoria. El delantero fue uno de los nombres más destacados del partido, pero su doblete no bastó para sostener una ventaja que el Levante fue desmontando con paciencia y eficacia. El problema celeste no fue crear peligro, sino cerrar el encuentro.
El equipo de Claudio Giráldez tuvo fases de buen fútbol y logró castigar pronto los espacios. Sin embargo, cuando el Levante empezó a disputar más segundas jugadas y a cargar el área, el partido dejó de responder al ritmo que preferían los locales. Se volvió más físico, más fragmentado y menos previsible. En ese escenario, conservar la ventaja exigía concentración en cada acción, especialmente en las jugadas a balón parado. El gol de Brugui mostró cuánto puede costar una marca mal resuelta cuando el margen es mínimo.
El Celta peleaba por cerrar su presencia europea y perdió una oportunidad valiosa ante su público. Eso no convierte la derrota en un derrumbe de su temporada, pero sí deja una señal que el equipo debía atender: conceder dos remontadas en el mismo partido habla de dificultades para administrar la ventaja. Radu no pudo rechazar el disparo que terminó en el gol de Arriaga y la defensa no evitó que Brugui rematara en el área pequeña. Los errores decisivos llegaron en momentos en que el Celta necesitaba recuperar el control.
La diferencia entre los dos equipos se hizo más visible después del empate de Dela. El Celta necesitaba recomponer el partido y protegerse, mientras el Levante empezó a atacar con la convicción de que podía llevarse los tres puntos. No se trata de que el visitante dominara cada fase ni de que el local dejara de jugar bien; el cambio fue más fino. El Celta perdió comodidad y el Levante ganó confianza. En partidos de final de temporada, esa oscilación mental puede convertir una ventaja en una carga.
Arriaga, Dela y Brugui dieron forma a la remontada
Arriaga aportó energía en el centro del campo y marcó el empate antes del descanso. Su disparo tuvo potencia y encontró una intervención defectuosa de Radu, una combinación de mérito y circunstancia que suele aparecer en encuentros tensos. No fue un gol de elaboración larga, pero sí tuvo un efecto claro: impidió que el Celta se marchara al vestuario con la ventaja y permitió al Levante empezar la segunda parte todavía dentro de la pelea. Su tanto sostuvo al equipo cuando el partido amenazaba con escaparse.
Dela firmó el gol más espectacular de los visitantes. El remate a la escuadra para el 2-2 no solo igualó el marcador; puso en duda la seguridad que el Celta había recuperado tras marcar por segunda vez. La reacción del Levante dejó de parecer una defensa desesperada y pasó a ser una amenaza. De ahí en adelante, los granotas buscaron el área con más decisión y los locales tuvieron que calcular el riesgo de cada avance. El empate cambió el partido porque también cambió quién parecía tener más que perder.
Brugui completó el giro con un cabezazo oportuno en su primera intervención. Su aportación muestra por qué los cambios pueden tener un efecto inmediato en un encuentro que se ha abierto: el recién entrado puede aportar piernas, frescura y una lectura distinta de los espacios. El gol no dependió de una larga secuencia de pases, sino de atacar el lugar que la defensa dejó libre. En una lucha tan cerrada, esa atención puede pesar tanto como la calidad técnica.
Los tres tantos llegaron de futbolistas diferentes y describieron un equipo con más alternativas que un grupo pendiente de una única figura. Un centrocampista pudo igualar antes del descanso, un disparo de Dela devolvió la igualdad y un jugador de refresco culminó la remontada. El resultado fue colectivo, aunque cada intervención tuviera su protagonista. Para un Levante que necesitaba puntos, la variedad de goleadores fue una señal tan útil como los tres puntos.
La permanencia cambió de tono, no quedó decidida
La victoria en Vigo no borró las carencias del Levante ni convirtió la salvación en un desenlace seguro. El equipo seguía obligado a competir, a evitar desconexiones y a mirar qué hacían sus rivales. Pero el 2-3 sí modificó la conversación alrededor de su temporada. Antes de estas reacciones, el temor era que el margen se agotara sin que el equipo pudiera responder. Después de remontar ante Osasuna y el Celta, la pregunta deportiva pasó a ser quién aguantaría mejor el tramo final.
Los 16 puntos en ocho partidos explicaban la mejora con más claridad que cualquier gesto de celebración. La cifra no aseguraba que la racha continuara, pero mostraba que el Levante había reunido resultados en una fase determinante. El triunfo en Balaídos sumó algo más que una posición provisional en la tabla: aportó una prueba fuera de casa, ante un rival con objetivos europeos, y confirmó que el equipo podía sostenerse incluso cuando el marcador se le volvía en contra. La permanencia seguía abierta, pero ya no parecía una posibilidad remota.
También cambió la presión sobre los demás. Un rival que gana así obliga a reconsiderar cualquier pronóstico cómodo y hace que cada partido de la zona baja se juegue bajo una amenaza más concreta. El Levante no tenía derecho a relajarse, pero sí había ganado el de depender un poco más de su propia respuesta. En una competición donde los márgenes se estrechan al final, esa diferencia no es menor: cada punto cuenta en la tabla y cada remontada modifica la confianza con la que un equipo afronta la siguiente jornada.
Balaídos dejó la imagen de un conjunto que se cayó dos veces y encontró la manera de levantarse. El Celta perdió una oportunidad para acercarse a sus objetivos y el Levante ganó una victoria de enorme valor competitivo, aunque todavía necesitara confirmar la reacción. La pelea por seguir en Primera no estaba resuelta, pero el partido cambió su tono: los granotas dejaron de esperar el desenlace y empezaron a empujar para decidirlo.

Actualidad¿Qué se sabe hoy de los terremotos de Venezuela y cómo sigue el país?
Salud¿Por qué me duelen las piernas por dentro? Causas, síntomas y alertas
Naturaleza¿Dónde siguen activos los incendios en España este 28 de septiembre?
Actualidad¿Qué pasó con el terremoto de Colombia? Balance, víctimas y réplicas
Economía¿Cómo funciona la nueva cuenta de Revolut al 3,51% TAE en España?
ActualidadSan Miguel 2026: fecha, día de la semana y santoral
Actualidad¿Cuánto cuesta el desfile de la Fiesta Nacional en Madrid en 2026?
Economía¿Cuándo llega Kaufland a España y qué ciudades tendrán compra online?
Ocio¿Cuándo es Halloween 2026 en España y qué día se celebra este año?
ActualidadCalendario laboral 2026: ¿cuántos días festivos tendrás en España?
Salud¿Por qué mi sudor huele mal y antes no? Causas y cuándo preocuparse
Ocio¿Cómo queda la Liga Endesa? Fichajes, bajas y renovaciones 2026-27









