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¿Qué equipos ganaron dos Mundiales seguidos y puede repetir Argentina?

Argentina busca repetir el Mundial ante España: sus opciones reales, los números de la final y los únicos campeones que lograron el doblete.

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Guía al Mundial 2026

Resumen

  • Argentina afronta la final ante España con cerca del 40 % de opciones
  • Solo Italia y Brasil lograron ganar dos Mundiales consecutivos
  • Messi lidera al mejor ataque frente a la defensa más sólida del torneo

Argentina está a un partido de entrar en un club que lleva más de seis décadas cerrado. La selección de Lionel Scaloni disputará contra España la final del Mundial el domingo 19 de julio, a las 21:00, hora peninsular española, en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Una victoria convertiría a la Albiceleste en la tercera nación capaz de ganar dos Copas del Mundo consecutivas, después de Italia y Brasil.

La posibilidad es real, aunque España parte por delante. Las cuotas para levantar el trofeo conceden a Argentina alrededor de un 40% de probabilidades, una vez eliminado el margen comercial de las casas de apuestas, frente a cerca del 60% de la selección española. No es una moneda al aire, pero tampoco una excursión al Himalaya en chanclas: Argentina llega como aspirante, no como víctima.

Los datos dibujan una final casi demasiado ordenada para un deporte tan poco obediente. Argentina presenta el mejor ataque del torneo, con 19 goles en siete partidos; España ha construido la defensa más sólida, con un solo tanto encajado. La campeona del mundo ha ganado todos sus encuentros. La campeona de Europa suma seis victorias y un empate y aterriza en Nueva Jersey después de 37 partidos invicta.

Argentina está a 90 minutos de una rareza histórica

Revalidar un Mundial es una de esas proezas que parecen sencillas cuando se contemplan desde una fotografía en sepia. En directo es otra cosa. El campeón debe conservar su hambre durante cuatro años, renovar una plantilla sin romperla, soportar que cada rival juegue contra él como si estuviera disputando una final y, desde esta edición, superar un torneo ampliado a 48 selecciones que exige ocho partidos para conquistar el título.

Argentina ya ha recorrido siete. Ganó su grupo con pleno de puntos tras derrotar a Argelia por 3-0, Austria por 2-0 y Jordania por 3-1. Después comenzó una fase eliminatoria bastante menos pulcra: 3-2 contra Cabo Verde en la prórroga, 3-2 frente a Egipto tras levantar un 0-2, 3-1 ante Suiza también después de los 90 minutos y 2-1 contra Inglaterra con dos goles tardíos. Siete victorias, aunque varias llegaron con el agua rozándole el cuello.

La semifinal fue una pequeña pieza de teatro argentino. Inglaterra se adelantó en el minuto 55 mediante Anthony Gordon y empezó a cerrar puertas, ventanas y cualquier rendija razonable. Enzo Fernández empató en el 85 y Lautaro Martínez marcó el 2-1 en el tiempo añadido. Messi no anotó, pero intervino en ambos tantos. A los 39 años sigue encontrando espacios que para los demás parecen paredes.

La remontada contra Egipto había sido todavía más improbable. Argentina perdía por dos goles a poco más de diez minutos del final y su probabilidad de clasificarse había caído hasta aproximadamente el 0,6%, según el modelo en directo de Opta. Terminó venciendo sin necesidad de prórroga, algo que ninguna selección había conseguido tan tarde en un partido mundialista después de ir dos tantos por debajo. Las matemáticas quedaron estupendas. El resultado, algo menos.

Los números explican por qué España parte por delante

España ha atravesado el Mundial con una sobriedad casi ofensiva para quienes identifican el fútbol con el sobresalto. Empató 0-0 contra Cabo Verde en su estreno y luego enlazó victorias sobre Arabia Saudí, Uruguay, Austria, Portugal, Bélgica y la favoritísima Francia de Mbappé, Dembelé y compañeros. Ha marcado 13 goles y solo ha recibido uno. En semifinales desactivó a la selección francesa por 2-0, sin concederle el partido caótico que necesitaba.

Argentina ofrece la imagen contraria. Ha producido más goles, pero también ha encajado siete, todos ellos desde el último encuentro de la fase de grupos. Cabo Verde y Egipto le marcaron dos veces; Suiza e Inglaterra encontraron también grietas. Su defensa no ha sido hermética y su recorrido por las eliminatorias ha requerido dos prórrogas y varias remontadas. España controla mejor los partidos; Argentina sobrevive mejor al descontrol.

Las cuotas para ser campeón reflejan esa diferencia. España se mueve cerca de 8/13 para levantar la copa, mientras Argentina ronda el 11/8. Al transformar esas cuotas y descontar el margen de la casa, la estimación queda aproximadamente en un 60% para España y un 40% para Argentina. Traducido al idioma corriente: la Roja es favorita, pero la Albiceleste dispone de cuatro opciones de cada diez. No es fe. Es una candidatura estadísticamente seria.

El mercado, claro, no es un oráculo. Absorbe lesiones, resultados, modelos matemáticos y volumen de apuestas, pero no sabe cuánto pesa una camiseta cuando el reloj llega al minuto 85. Tampoco mide del todo bien la experiencia de una plantilla que ganó la Copa América, levantó el Mundial anterior y ahora ha alcanzado otra final después de pasar buena parte del torneo jugando junto al precipicio.

El dato que sostiene a la Albiceleste

Argentina permanece invicta en sus últimos 13 partidos mundialistas, con 11 victorias y dos empates desde la derrota inicial ante Arabia Saudí en Catar. Ninguna selección ha marcado más goles en este torneo y ninguna ha ganado más encuentros. Esa regularidad no equivale siempre a dominio, pero sí revela una resistencia competitiva poco frecuente.

Messi vuelve a ser el centro gravitatorio. Llega a la final con ocho goles y cuatro asistencias, cifras que lo mantienen en la pelea por la Bota de Oro y explican por qué Scaloni continúa organizando el ataque a su alrededor. Ya no recorre el campo como hace diez años; lo lee. Camina durante largos tramos, ahorra carreras y aparece cuando la jugada ha madurado. Un ahorro energético con aspecto de paseo dominical, hasta que deja de serlo.

La otra fortaleza argentina está en su repertorio. Julián Álvarez ofrece presión y movilidad; Lautaro Martínez, remate; Enzo Fernández y Alexis Mac Allister pueden acelerar desde segunda línea; Emiliano Martínez transforma las tandas de penaltis en una representación psicológica de dudoso buen gusto, pero indudable eficacia. Argentina dispone de varias maneras de ganar, incluso cuando no encuentra una forma convincente de jugar.

Italia, el primer doblete mundialista

Italia fue la primera selección que enlazó dos títulos. Ganó el Mundial de 1934, organizado en su propio territorio, después de derrotar por 2-1 a Checoslovaquia en una final resuelta durante la prórroga. Cuatro años más tarde, en Francia, venció por 4-2 a Hungría y conservó la corona bajo la dirección de Vittorio Pozzo.

Pozzo continúa siendo el único seleccionador que ha ganado dos Mundiales masculinos. Su equipo mezclaba rigor táctico, fortaleza física y una idea bastante moderna de las transiciones. Giuseppe Meazza era la gran figura, aunque el segundo título tuvo también como protagonista goleador a Silvio Piola, autor de dos tantos en la final.

Aquel doblete no puede aislarse del régimen fascista de Benito Mussolini, que convirtió el torneo disputado en Italia en una gigantesca operación propagandística. El mérito deportivo existió; la vitrina política también. El fútbol nunca ha vivido en una urna sellada, por mucho que sus dirigentes ensayen a veces esa expresión de inocencia administrativa.

La Segunda Guerra Mundial impidió disputar las ediciones posteriores previstas durante la década siguiente. Cuando el campeonato regresó, habían pasado doce años, varias fronteras y un mundo entero desde la segunda victoria italiana. El primer campeón consecutivo quedó así suspendido entre dos épocas.

Brasil, el último campeón que consiguió repetir

Brasil conquistó su primer Mundial en Suecia y no se conformó con descubrir a Pelé. Tenía 17 años y marcó dos goles en la final ganada por 5-2 ante la anfitriona, pero aquel equipo reunía también a Garrincha, Didí, Vavá, Zagallo y Nilton Santos. No era un adolescente iluminado acompañado por figurantes; era una constelación futbolística.

Cuatro años después, en Chile, Brasil defendió el título tras vencer por 3-1 a Checoslovaquia. Pelé se lesionó durante la fase de grupos y no volvió a jugar. Entonces apareció Garrincha, extremo de piernas torcidas y regates aún más torcidos, para conducir al equipo. Brasil ganó sin depender de una sola genialidad, quizá la enseñanza más útil para la Argentina actual.

Desde aquella final ningún campeón ha conseguido repetir. Han transcurrido más de seis décadas y numerosas selecciones extraordinarias se han quedado por el camino. El fútbol se hizo más global, las diferencias se estrecharon y conservar una generación dominante durante un ciclo completo se volvió casi imposible. Los rivales estudian al campeón hasta desgastarle las costuras.

Argentina comparte algunos rasgos con aquel Brasil. Mantiene el núcleo que levantó la copa anterior, conserva al mismo entrenador y posee una estrella veterana capaz de decidir partidos sin monopolizar cada jugada. La comparación termina ahí: España no es la Checoslovaquia de Garrincha y la nostalgia, conviene recordarlo, defiende bastante mal.

Los campeones que rozaron el bis y perdieron la final

Argentina ya conoce el lado desagradable de esta historia. Después de ganar en México llegó a la final del Mundial siguiente con un equipo castigado por las lesiones y sostenido por Diego Maradona y el portero Sergio Goycochea. Alemania Federal venció por 1-0 con un penalti de Andreas Brehme en los últimos minutos. El doblete argentino se deshizo a pocos pasos de la copa.

Brasil sufrió algo parecido tras proclamarse campeón en Estados Unidos. Alcanzó la siguiente final con Ronaldo como gran figura, pero la selección anfitriona francesa ganó por 3-0 en París, con dos cabezazos de Zinedine Zidane. Brasil se rehízo y conquistó otro título cuatro años después, completando tres finales consecutivas, aunque no pudo unir dos coronas seguidas.

Francia fue quien más cerca estuvo de romper la espera. Campeona en Rusia, regresó a la final de Catar y empató 3-3 contra Argentina tras una actuación descomunal de Kylian Mbappé. Perdió en los penaltis. Un lanzamiento separó a los franceses de igualar a Italia y Brasil; esa es la distancia real que a veces existe entre una dinastía y una derrota.

La Argentina de Scaloni se convierte así en el sexto campeón vigente que alcanza la final de la edición siguiente. Italia y Brasil ganaron; Argentina, Brasil y Francia perdieron en sus respectivos intentos posteriores. El balance previo es exacto y cruel: de las cinco oportunidades anteriores, solo dos terminaron con el trofeo otra vez en las mismas manos.

La historia espera en Nueva Jersey

La final enfrenta a las dos primeras selecciones del mundo al comenzar el torneo, a la campeona de Europa contra la campeona de América y del mundo, a la mejor defensa contra el ataque más productivo. España llega más equilibrada, menos castigada y con una estructura colectiva que apenas concede ocasiones. Argentina trae cicatrices, goles y una capacidad casi insolente para negarse a perder.

El precedente mundialista entre ambas es remoto. Se enfrentaron una sola vez en una Copa del Mundo y Argentina ganó por 2-1. Muchas décadas después no queda demasiado de aquel partido, salvo el resultado y ese hábito del fútbol de desempolvar coincidencias cuando necesita decorar una final.

Los números sitúan a la Albiceleste por debajo de España, pero muy lejos de una sorpresa imposible. Cuatro opciones de cada diez para levantar el trofeo representan una amenaza auténtica. Si logra contener la circulación española, proteger mejor su área y llevar el encuentro hacia los minutos donde la experiencia empieza a pesar, el doblete estará al alcance.

Italia lo hizo primero. Brasil fue el último. Argentina dispone ahora de 90 minutos, quizá 120 y quizá unos cuantos penaltis para escribir el tercer nombre. La historia lleva más de seis décadas esperando. Tiene paciencia; Messi, bastante menos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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