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Naturaleza

Previsión meteorológica Semana Santa: ¿llega el frío polar?

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Semana Santa

Frío, lluvias y nieve marcan la víspera de Semana Santa en España mientras una masa de aire polar enfría el mapa y complica bastantes planes.

España entra en la semana previa a Semana Santa con un cambio de tiempo bastante más serio de lo que parecía hace solo unos días. La idea principal, la que sostiene toda la noticia, es clara: a partir del jueves 26 y del viernes 27 de marzo se espera una entrada de aire más frío que dejará un ambiente más invernal en buena parte del país, con descenso de temperaturas, mayor probabilidad de lluvias en varias zonas y nieve en montaña, sobre todo en el norte y el nordeste. No se trata de un gran temporal uniforme de punta a punta del mapa, pero sí de un giro nítido en la atmósfera justo cuando España empieza a mirar de reojo las procesiones, las reservas y las escapadas del puente. En paralelo, Canarias sigue arrastrando los efectos de la borrasca Therese, con un arranque de semana marcado por avisos, chubascos intensos y tormentas.

Ese es el dato firme. El segundo, igual de importante, obliga a bajar el volumen del alarmismo: la previsión para la Semana Santa de 2026, que va del 29 de marzo al 5 de abril, sigue teniendo bastante incertidumbre. La señal más consistente que maneja la previsión oficial no habla de una España entera pasada por agua, sino de un escenario más seco en el oeste y en el sur peninsular, con opciones de lluvias en el norte, el este y ambos archipiélagos, y temperaturas más bien normales o algo por debajo de lo habitual en la mitad norte y oriental. En otras palabras, el enfriamiento de finales de marzo parece sólido; lo que ocurra después, ya dentro de la semana grande, todavía necesita margen y prudencia.

Un cambio de guion justo antes del Domingo de Ramos

La atmósfera llevaba varios días dejando una sensación engañosa, esa tregua que en marzo dura lo que tarda el mapa en girarse. En el inicio de esta semana todavía domina un tiempo relativamente seco en la mayor parte de la Península, salvo en el extremo norte, mientras Canarias continúa bajo una inestabilidad más marcada por la presencia de Therese. Pero a medida que avance la semana ese equilibrio se rompe: entra aire más frío, el norte gana protagonismo, el viento aprieta en algunas zonas y reaparece una palabra que a finales de marzo nunca termina de irse del todo, heladas, aunque sean débiles y restringidas a áreas de montaña. La previsión semanal dibuja además una marcada amplitud térmica, con madrugadas frescas, primeras horas ásperas y tardes algo más templadas, especialmente donde el sol consiga abrirse paso. Eso, en términos prácticos, significa días de muchas capas y pocas certezas: abrigo temprano, sol engañoso al mediodía, bajón de temperatura al caer la tarde. Muy marzo. Muy España.

La expresión “masa de aire polar” se ha instalado en los titulares porque resume bien la naturaleza del cambio, aunque conviene no usarla como si bastara para explicar todo el episodio. Lo que de verdad importa es el efecto: vientos del norte, entrada de aire más frío para la época, nieve bajando de cota en cordilleras del norte y un final de semana con sensación claramente más desapacible en la mitad septentrional y oriental. El portavoz de AEMET, Rubén del Campo, ya ha adelantado que el enfriamiento empezará a notarse desde el martes y se consolidará en la segunda mitad de la semana, con una caída térmica que en algunos puntos puede dejar valores hasta ocho grados por debajo de los de días anteriores. No es poca cosa. De hecho, ese contraste será casi más importante que el valor absoluto del termómetro: no hará falta una ola de frío de manual para que la calle, las carreteras y los planes empiecen a funcionar como si el invierno hubiera decidido volver a sentarse a la mesa.

El descenso térmico se cocina entre el jueves y el viernes

La franja clave del episodio está situada entre el jueves 26 y el viernes 27 de marzo. Hasta entonces, el tiempo seguirá siendo relativamente contenido en muchas zonas peninsulares, con cielos poco nubosos o despejados en amplias áreas y una mayor inestabilidad concentrada en Canarias, el extremo norte y, de forma más débil, el nordeste peninsular. Pero a partir de ahí la previsión cambia de color. La propia tendencia semanal de AEMET admite que desde el jueves o el viernes podrían extenderse las precipitaciones a otras zonas del territorio, todavía con incertidumbre en el detalle fino, y al mismo tiempo insiste en que el nordeste peninsular será la zona más claramente expuesta a temperaturas por debajo de lo normal. Esa asimetría importa mucho, porque rompe la idea de un episodio homogéneo: no va a hacer el mismo frío en Zaragoza que en Huelva, ni va a llover igual en Girona que en Badajoz. El país entra, más bien, en un escenario de contrastes.

El lunes 23 ya da pistas de ese reparto desigual. Mientras en el sur y el suroeste peninsular las máximas pueden moverse en valores suaves, incluso agradables en ciudades andaluzas, el norte y el este empiezan a notar un descenso; en el valle del Ebro aparece además ese viento seco y frío que afila la sensación térmica sin necesidad de cifras espectaculares. Sevilla puede rondar temperaturas propias de una tarde templada, y al mismo tiempo el Pirineo recibe nieve por encima de 1.400 o 1.600 metros. Esa es la fotografía real del arranque de semana: un sur con respiración suave y un norte que empieza a arrugar el gesto. Después, el aire frío irá ganando terreno y la segunda mitad de la semana se parecerá mucho menos a una primavera estable y bastante más a un final de marzo de los que obligan a revisar el armario deprisa.

El norte y el nordeste, donde el golpe se nota antes

Si hay una franja donde el episodio tiene más consistencia es la que forman Pirineos, Cantábrico oriental, valle del Ebro y buena parte del nordeste peninsular. La previsión oficial de montaña de AEMET ya muestra cómo la cota de nieve puede ir bajando con claridad en el Pirineo catalán, hasta situarse el miércoles en un descenso muy acusado, desde unos 1.800 metros hasta cerca de 800. Esa evolución no es un detalle técnico para iniciados; tiene consecuencias directas en puertos, accesos de montaña, estaciones, refugios, excursiones y carreteras secundarias. También deja una imagen muy reconocible para finales de marzo: nieve otra vez en cotas medias, viento norte y madrugadas con heladas débiles en áreas altas. En el Cantábrico y en el entorno pirenaico, la llegada de la masa fría durante el miércoles y el jueves puede endurecer de verdad el ambiente, no tanto por un desplome brutal de las máximas como por la suma de aire frío, nubosidad y viento. El resultado suele ser el mismo: jornadas más cortantes y sensación de invierno fuera de temporada.

El sur y el oeste juegan otra partida

En el otro extremo del mapa, Andalucía y buena parte del oeste peninsular parten con un dibujo bastante menos agresivo. Aquí aparece otro nombre importante en esta historia: Juan de Dios del Pino, portavoz de AEMET en Andalucía, que ha explicado que los modelos colocan un potente anticiclón al oeste de la Península y que esa pieza, al menos en el arranque de la Semana Santa, favorece un escenario más estable, con menos opciones de entrada de borrascas atlánticas. El mensaje, dicho sin adornos, es que la Semana Santa pinta mejor en Sevilla y en buena parte de Andalucía, sobre todo en su inicio, aunque no haya carta blanca para cantar victoria. Del Pino no niega cierta inestabilidad en el Mediterráneo y en el norte de África, y de hecho deja abierta la puerta a precipitaciones débiles y localizadas por la zona de Alborán. Pero el núcleo de su previsión es otro: más días secos que días con lluvia, cielos despejados suficientes para que el sol caliente y temperaturas moderadas, sin calor claro y sin un frío serio. Es una diferencia notable respecto al norte, y explica por qué la conversación meteorológica de esta Semana Santa va a ser tan territorial.

Lo que sí puede decirse de Semana Santa y lo que todavía no

La Semana Santa de 2026 empieza el domingo 29 de marzo, con el Domingo de Ramos, y termina el domingo 5 de abril, con el Domingo de Resurrección. Es decir, llega justo después de este cambio de patrón, en un momento en el que la atmósfera todavía puede reorganizarse bastante. Por eso conviene separar dos planos. Uno, el inmediato, está razonablemente claro: la última semana de marzo va a enfriarse y el tiempo se volverá más inestable en varias zonas. El otro, el festivo, sigue siendo provisional: AEMET habla de precipitaciones escasas en gran parte del oeste y del sur peninsular, sin descartar lluvias en los tercios norte y este y en Canarias y Baleares, con temperaturas alrededor de la media o algo por debajo en el norte y el este. Todo eso, además, sujeto a cambios en futuras actualizaciones. Dicho de una forma menos burocrática: hay base para hablar de un arranque frío y de una Semana Santa muy desigual, pero no la hay para decretar una semana arruinada en toda España.

Ese matiz importa especialmente en un país donde el tiempo de Semana Santa mueve mucho más que paraguas. Mueve hoteles, trenes, bares, comercios, cofradías, cuadrillas, ensayos, planes familiares, escapadas improvisadas y un tráfico que cambia de tono en cuanto se acerca el Jueves Santo. Cuando la previsión oficial insiste en que el oeste y el sur podrían quedar relativamente más protegidos, y que el riesgo de lluvia se concentra más en el norte, el este y ambos archipiélagos, lo que está diciendo de fondo es que no habrá una fotografía única. Habrá varias Españas meteorológicas compartiendo calendario. Una con tardes estables y margen para las procesiones; otra con cielo más incierto, temperaturas contenidas y posibilidad de agua. El error sería resumirlo con una frase total. El país, esta vez, va por barrios y por comunidades.

También conviene no confundir frío con temporal severo. Hay episodios que entran en los mapas con mucho ruido y luego se traducen en una realidad bastante más sobria: ambiente desapacible, sí; abrigo, sí; nieve en montaña, sí; pero sin que eso implique una situación extraordinaria en todo el territorio. La propia previsión semanal oficial deja claro que la segunda mitad de marzo se moverá, en conjunto, en temperaturas propias de la época, con desvíos por debajo en el nordeste y por encima en el suroeste, y con esa amplitud térmica tan típica de estas fechas. Eso coloca el episodio en su sitio: es una vuelta del tiempo frío para la época, no un colapso meteorológico nacional. Lo bastante relevante como para condicionar los planes. No tanto como para vender una España entera bajo la misma nube.

Canarias sigue en otro capítulo: Therese aprieta antes de la mejoría

Mientras la Península se prepara para el enfriamiento de finales de semana, Canarias vive una historia paralela y más inmediata. Therese mantiene este lunes 23 un escenario de avisos por lluvias intensas, tormentas y episodios localmente fuertes, sobre todo en La Gomera, El Hierro y Tenerife, con avisos también por tormenta en La Palma. La noticia relevante no es solo que siga lloviendo con fuerza, sino que la borrasca ha colocado al archipiélago en una situación de inestabilidad sostenida, con acumulados importantes, viento y una sensación de final de invierno que contrasta con la imagen estereotipada de las islas como refugio permanente del buen tiempo. Incluso el Teide ha vuelto a aparecer en la conversación meteorológica por la nieve. En el contexto general del artículo, este frente canario explica dos cosas: que el mapa nacional ya viene agitado antes del nuevo episodio frío peninsular y que Semana Santa arranca con un archipiélago pendiente de una evolución distinta, aunque la previsión apunte a cierta mejoría de cara al fin de semana.

La diferencia con la Península es clara. Allí, el inicio de semana todavía reparte estabilidad relativa en muchas zonas; en Canarias, la inestabilidad ya está encima de la mesa. Eso ayuda a entender por qué la previsión nacional mezcla realidades tan distintas y por qué AEMET incluye a ambos archipiélagos entre las áreas donde no se descartan lluvias durante la semana festiva. No es una coletilla menor. En un pronóstico a medio plazo, la persistencia previa de un patrón inestable en las islas hace que cualquier mejora tenga que leerse con cautela, más aún después de jornadas de avisos por precipitación fuerte y tormentas. El archipiélago sale de este episodio, sí, pero no lo hace de un plumazo. Y esa continuidad también pesa en la foto de conjunto.

Procesiones, carreteras y un país pendiente del cielo

El impacto más visible de este cambio de tiempo se va a notar en la calle antes que en los partes largos. Las cofradías, que en estas fechas viven casi pegadas a la previsión horaria, empiezan la cuenta atrás con un escenario menos lineal del que les habría gustado. En el sur, especialmente en Andalucía occidental, el pronóstico inicial ofrece un margen razonable para el optimismo; en el norte y en parte del este, no tanto. Eso no significa que vayan a multiplicarse las suspensiones ni que cada tarde traiga lluvia segura, pero sí que el contexto meteorológico deja de ser un mero decorado y vuelve a convertirse en factor decisivo. En cuanto entra aire frío del nordeste, el cielo cambia menos de lo que cambia el ambiente: más abrigo en las calles, más incertidumbre sobre la tarde y menos sensación de primavera estable. En ciudades donde la Semana Santa es un gran acontecimiento urbano, ese detalle cuenta mucho.

En carreteras y zonas de montaña, el episodio puede resultar más tangible que en las capitales. La bajada de la cota de nieve en Pirineos y la posibilidad de heladas débiles en áreas altas del norte exigen mirar la previsión con algo más de seriedad que la habitual en un final de marzo. No porque se espere una gran nevada histórica, sino porque estos episodios de nieve moderada y cota a la baja suelen complicar justo lo suficiente como para alterar una escapada, una ruta o un puerto de paso. El frío, además, no llega solo: se mezcla con viento, con chubascos en zonas concretas y con oscilaciones térmicas que vuelven traicionero el día entero. Se puede salir con sensación de tregua y volver con nieve en las cumbres y el parabrisas helado en el interior. Eso, para miles de desplazamientos previstos entre el último fin de semana de marzo y el comienzo de abril, no es un matiz.

Hay también una consecuencia menos espectacular pero más amplia: la percepción pública de la Semana Santa cambia en cuanto el tiempo se enfría. Una tarde suave y seca llena hoteles, bares y calles con más facilidad que un arranque con viento norte y termómetros contenidos. Por eso la primera previsión favorable para Sevilla y parte de Andalucía tiene tanta lectura económica y social, y por eso el norte y el este miran con más prevención lo que venga. La meteorología, en estas fechas, no solo organiza paraguas; organiza consumo, movilidad y estado de ánimo colectivo. No hace falta que llueva todos los días. Basta con que haya frío, incertidumbre y nubes para que la conversación del país cambie de registro.

La primavera entra con abrigo

Lo más serio, a estas horas, no es tanto la palabra polar como el verbo bajar. Bajan las temperaturas, baja la cota de nieve, baja la confianza en una primavera ya instalada y baja también la posibilidad de seguir hablando de finales de marzo como si el invierno fuera una carpeta cerrada. Ese es el corazón de la noticia. España llega a las puertas de Semana Santa con un enfriamiento claro desde la segunda mitad de esta semana, con Canarias aún bajo el eco de Therese y con un mapa festivo que, de momento, apunta a más estabilidad en el oeste y el sur que en el norte, el este y los archipiélagos. Todo lo demás, incluido el detalle fino de cada jornada procesional, sigue abierto a revisión.

La foto final, por ahora, tiene bastante menos de catástrofe que de corrección atmosférica. Marzo recuerda que sigue siendo marzo, AEMET pide prudencia con los pronósticos largos, Rubén del Campo pone fecha al enfriamiento y Juan de Dios del Pino rebaja el dramatismo en Andalucía con un mensaje de estabilidad relativa al comienzo de la semana grande. Entre esas dos orillas se mueve la previsión española: frío más claro en el norte y el este, mejor arranque en el sur, nieve en montaña y una Semana Santa que no será igual en todas partes. No hay una frase total para resumirlo mejor. Hay un país partido en varios tiempos meteorológicos, y eso, en vísperas del Domingo de Ramos, ya lo explica casi todo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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