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Salud

Más ingresos por gripe en Euskadi pese a una incidencia estable

Las hospitalizaciones crecieron en Euskadi aunque la tasa de gripe apenas cambió: las cifras miden fenómenos distintos.

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por qué suben los ingresos por gripe

En la última semana de 2024, los hospitales de Euskadi registraron más ingresos por complicaciones de la gripe, aunque la incidencia del virus apenas varió. La tasa de hospitalización subió de 1,9 a 3,2 casos por cada 100.000 habitantes, mientras que la incidencia gripal pasó de 33,7 a 33,8. No hay contradicción: una cifra refleja la circulación de la infección y la otra, sus consecuencias más graves.

El informe de vigilancia de Osakidetza corresponde al periodo entre el 23 y el 29 de diciembre y advierte de que un día festivo pudo alterar de forma significativa los datos, sobre todo los de atención primaria. En ese mismo balance descendieron las infecciones respiratorias agudas atendidas en consultas, bajó la bronquiolitis en menores de dos años y la covid permaneció estable. El panorama, por tanto, no apunta a un aumento generalizado de todos los virus, sino a un repunte concreto de los cuadros gripales que necesitaron hospitalización.

Dos indicadores que describen fases distintas de la gripe

La incidencia cuenta los casos detectados en una población y un periodo determinados; los ingresos hospitalarios reflejan cuántas personas desarrollan una enfermedad lo bastante grave como para requerir atención en el hospital. Son medidas relacionadas, pero no equivalentes. La primera ayuda a seguir la actividad del virus; la segunda muestra el impacto clínico de la infección y sus complicaciones. Por eso pueden moverse en direcciones distintas durante una misma semana, sin que una de ellas invalide a la otra.

En Euskadi, la tasa de gripe se mantuvo prácticamente igual, con 33,8 casos por cada 100.000 habitantes frente a los 33,7 de la semana anterior. En cambio, la tasa de ingresos por complicaciones gripales avanzó hasta 3,2, desde 1,9. El aumento hospitalario no significa por sí solo que se hayan multiplicado los contagios: indica que, en ese periodo, se registraron más casos graves en relación con el tamaño de la población.

También importa qué personas enferman y cómo evoluciona cada infección. La gripe puede causar síntomas de intensidad muy diferente; algunas personas se recuperan sin acudir al hospital, mientras que otras presentan complicaciones o un empeoramiento de problemas de salud previos. Los informes sanitarios citados por profesionales de urgencias señalan especialmente a las personas mayores y a quienes tienen enfermedades cardiovasculares o respiratorias crónicas, cánceres de la sangre o inmunodepresión. La composición de los casos puede cambiar la presión hospitalaria incluso cuando la actividad global parece estable.

El aumento de ingresos no mide todos los contagios

La cifra de hospitalizaciones es un indicador de gravedad, no un recuento completo de las infecciones. Quienes pasan la gripe en casa no aparecen como ingresos, y no todos los cuadros que llegan a atención primaria terminan en una prueba diagnóstica o en una hospitalización. Por eso, una tasa de ingresos no permite deducir directamente cuántas personas se han contagiado ni determinar, por sí sola, el ritmo de transmisión comunitaria. Para interpretar la evolución hace falta observar varios indicadores a la vez.

En el balance vasco, la incidencia de infecciones respiratorias agudas en atención primaria fue de 461,4 casos por cada 100.000 habitantes, por debajo de los 530,3 de la semana precedente. Esa tasa engloba infecciones respiratorias y no equivale exclusivamente a gripe. Puede bajar el conjunto de consultas por estos cuadros mientras aumenta la proporción de pacientes gripales que sufren complicaciones, o mientras se registran más ingresos por la evolución de casos detectados antes. La atención primaria y los hospitales son ventanas distintas sobre una misma temporada respiratoria.

El dato semanal tampoco describe necesariamente una tendencia consolidada. Una subida entre dos periodos puede ser relevante para vigilar la situación, pero necesita compararse con las semanas siguientes y con otros indicadores. En este caso, además, Osakidetza introdujo una cautela expresa sobre la semana festiva. Los cambios en la actividad habitual pueden afectar a cuándo se consulta, a cómo se registran los casos y a la cantidad de información disponible. La advertencia no borra el aumento de ingresos, pero aconseja evitar conclusiones tajantes a partir de una sola semana.

Las fiestas pueden alterar la lectura de los registros

El periodo analizado incluyó un día festivo, una circunstancia que el propio informe consideró capaz de influir de forma significativa en la validez de los datos, en especial en los procedentes de atención primaria. Las consultas pueden distribuirse de otra manera cuando cambia la actividad ordinaria: algunas personas posponen la visita, otras acuden a servicios distintos y los circuitos de registro pueden no funcionar igual que en una semana completa de rutina. No significa que los síntomas o los ingresos sean imaginarios, sino que la comparación entre semanas requiere tener en cuenta cómo se recogieron los datos.

Esta cautela resulta particularmente importante al contraponer la cifra de consultas con la hospitalaria. Una tasa de atención primaria más baja no demuestra que la gripe haya remitido en todos los grupos, del mismo modo que un aumento de ingresos no acredita por sí solo una ola de contagios. Cada registro tiene sus límites y su población observada. La lectura más sólida surge al reunir la incidencia, la actividad asistencial, las hospitalizaciones y la evolución de otros virus, y comprobar si las señales se mantienen en los siguientes informes.

En otras palabras, el informe semanal funciona como una fotografía, no como una película completa. Permite detectar movimientos que merecen seguimiento, pero no reconstruye por sí solo la trayectoria de cada paciente ni anticipa con certeza lo que ocurrirá después. La fecha, el calendario y el ámbito donde se recogen los casos forman parte del significado de las cifras, no son detalles accesorios que puedan separarse de ellas.

Gripe, bronquiolitis y covid siguieron caminos distintos

La comparación entre virus ayuda a entender por qué el balance no describe una subida uniforme de las infecciones respiratorias. La bronquiolitis en menores de dos años descendió hasta 694,7 casos por cada 100.000 habitantes, frente a 1.061,7 registrados entre el 16 y el 22 de diciembre. La incidencia de covid se mantuvo en 1,3, igual que la semana anterior. Mientras tanto, la tasa de gripe apenas cambió y los ingresos por complicaciones gripales aumentaron. Cada infección presenta una evolución propia y afecta de manera diferente a la demanda sanitaria.

La bronquiolitis es especialmente relevante en edades muy tempranas, y el informe vasco acota expresamente su dato a los menores de dos años. Por ello, su descenso describe la evolución en ese grupo, no la situación de toda la población ni la carga de gripe en adultos. Del mismo modo, una tasa baja de covid en ese periodo no permite inferir que la presión hospitalaria asociada a la gripe vaya a ser también baja. Son indicadores que conviven en el mismo sistema sanitario, pero no se sustituyen unos a otros.

El conjunto de infecciones respiratorias agudas atendidas en primaria fue mayor en Gipuzkoa, con 486,2 casos por cada 100.000 habitantes, seguido de Bizkaia, con 474,4, y Álava, con 363,2. Esas cifras territoriales corresponden a las infecciones respiratorias, no a los ingresos por gripe. Separar ambas categorías evita atribuir a la gripe todos los casos de una tasa que incluye otros cuadros. Un mismo informe reúne fenómenos conectados, pero cada número responde a una pregunta diferente.

La gravedad se concentra de forma desigual

La gripe no tiene el mismo efecto en todas las personas. Los informes de la temporada citados por especialistas en urgencias describen más complicaciones en mayores de 65 años y en pacientes con enfermedades cardiovasculares, problemas respiratorios crónicos, procesos oncohematológicos o inmunodepresión. También señalan que los niños pequeños y los bebés pueden concentrar una parte importante de la actividad por infecciones respiratorias, aunque el riesgo y el tipo de complicación no sean iguales en cada grupo. La edad y el estado de salud ayudan a explicar por qué no todos los contagios generan la misma necesidad de atención.

Cuando una infección agrava una enfermedad que ya existía, el ingreso puede responder tanto al cuadro respiratorio como al deterioro general que desencadena. Esa interacción aumenta la complejidad de la atención: un paciente puede necesitar vigilancia y tratamiento hospitalario aunque el número total de casos detectados en la comunidad no esté creciendo al mismo ritmo. Los datos disponibles no detallan la causa individual de cada ingreso vasco, así que no permiten afirmar qué complicación concreta explica el repunte. Sí permiten distinguir entre la circulación del virus y el peso clínico de los casos que requieren hospitalización.

La presión sobre los hospitales tampoco depende únicamente de cuántas personas ingresan en un día. También influyen la duración de las estancias, las altas, la disponibilidad de camas y la demanda por otras enfermedades. Por eso, una tasa creciente merece vigilancia, pero no equivale automáticamente a un colapso del sistema ni permite anticipar cuántas camas se ocuparán. En el balance analizado, Osakidetza señaló que tenía preparado un plan de contingencia para la campaña, precisamente porque la demanda puede cambiar conforme avanza la temporada.

Qué anticipaba el plan sanitario para enero

Osakidetza esperaba que el pico de infecciones llegara en la segunda semana de enero y contemplaba que, si la situación lo exigía, podrían habilitarse hasta 508 camas adicionales a las existentes en los hospitales. Se trata de una capacidad prevista dentro de un plan de contingencia, no de camas que ya estuvieran ocupadas ni de una previsión de ingresos confirmados. La posibilidad de ampliar recursos muestra preparación ante un escenario de mayor demanda, no la certeza de que ese escenario vaya a producirse.

La previsión del pico también debe leerse como una expectativa formulada en el contexto de aquella campaña, no como una descripción de lo que ocurrió después. Un pronóstico sanitario orienta la preparación de los servicios, pero la evolución real depende de cómo cambie la circulación de los virus y de la gravedad de los casos. En un artículo basado en el informe de la última semana de diciembre de 2024, no corresponde mezclar sin aclaración cifras de temporadas posteriores: los informes de otras campañas describen otros periodos y no actualizan automáticamente este balance.

La señal principal de aquella semana fue, por tanto, más concreta que una alarma general: los ingresos por complicaciones de gripe crecieron en Euskadi, aunque la incidencia gripal casi no se movió; las consultas por infecciones respiratorias agudas descendieron, la bronquiolitis en menores de dos años retrocedió con fuerza y la covid continuó en un nivel bajo y estable. La aparente paradoja se resuelve al recordar que contagios, consultas y hospitalizaciones miden partes distintas de la temporada. Seguir su evolución conjunta, y no una cifra aislada, es lo que permite comprender si un repunte puntual se mantiene o forma parte de un cambio más amplio.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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