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¿Por qué sube el paro si España crea 97.000 empleos?

España rozó los 22 millones de afiliados en febrero, pero el paro subió. Datos, sectores clave y la letra pequeña del mercado laboral español
España cerró febrero con una imagen laboral que parece contradictoria, pero que encaja cuando se mira con lupa. La Seguridad Social ganó 97.004 afiliados y elevó el total hasta 21.670.636 ocupados, dejando al país muy cerca de la barrera simbólica de los 22 millones de trabajadores. En paralelo, el paro registrado subió en 3.584 personas y situó el total en 2.442.646 desempleados. A la vez, sí. Y no es trampa: es que afiliación y paro no miden exactamente lo mismo, ni capturan a la misma gente, ni reaccionan igual cuando entra una oleada de demandantes de empleo.
Lo que dejó febrero fue más gente trabajando pero también más personas apuntadas como paradas, sobre todo en un punto concreto: el colectivo sin empleo anterior, además de un tramo del sector servicios. Ahí está el nudo. No hubo un frenazo general del empleo, ni un derrumbe escondido bajo el titular. De hecho, en el último año el mercado laboral sumó 474.482 trabajadores, un avance del 2,24 %, mientras el desempleo se redujo en 150.803 personas, un 5,81 % menos. Y el total de parados queda en su nivel más bajo en un mes de febrero desde 2008. La tendencia de fondo no se rompe por un repunte leve; lo que ocurre es que el mercado, aunque crece, no absorbe a todos al mismo ritmo y deja ruido en los márgenes.
Por qué pueden subir empleo y paro a la vez
La afiliación cuenta a quien está dado de alta y cotiza. El paro registrado refleja a quien figura como demandante en los servicios públicos de empleo. Son dos retratos distintos: uno es la sala principal, el otro es el pasillo donde se acumulan entradas, salidas, esperas, gente que vuelve y gente que llega por primera vez. Por eso febrero puede dibujar esa escena curiosa, casi de doble exposición: sube el empleo con fuerza y aun así repunta el paro, aunque sea un movimiento pequeño, del 0,15 %.
La explicación más potente está en la composición del aumento. El paro subió sobre todo entre quienes no habían trabajado antes, con 6.263 personas más. Ese grupo suele concentrar a quienes terminan estudios, se incorporan a la búsqueda activa, vuelven al mercado tras un paréntesis o intentan enganchar su primer contrato. Es una puerta giratoria: cuando gira rápido, el registro del paro puede subir aunque el empleo crezca. Esto no convierte el dato en “bueno” por arte de magia; simplemente evita la lectura equivocada de “sube el paro, luego se destruye empleo”. En febrero, el mercado contrató y, al mismo tiempo, recibió más presión de entrada.
También pesa el calendario, aunque sin necesidad de convertirlo en excusa automática. Febrero es un mes bisagra, a medio camino entre el ajuste posterior a enero y la activación de ramas que empiezan a moverse de cara a la primavera. No tiene el pico del verano ni el golpe navideño, y suele combinar reenganches con recolocaciones. Por eso la serie desestacionalizada ayuda a ordenar el ruido: corregido el efecto del calendario, la afiliación avanzó y el sistema quedó rozando los 22 millones, con más de 45.220 ocupados en esa lectura. La tendencia subyacente no apunta a un parón; apunta a continuidad, aunque con asperezas.
La entrada al mercado, el punto más frágil del mes
El dato que explica mejor el “por qué” del titular está donde más duele: en la entrada. El aumento de 6.263 personas en el colectivo sin empleo anterior marca la pauta y pone nombre a una realidad persistente: el primer trabajo sigue siendo una frontera. Febrero no muestra una economía sin empleo; muestra una economía con empleo creciendo y, al mismo tiempo, con un flujo notable de gente que llega a buscarlo, especialmente quienes todavía no han tenido una oportunidad estable o sencillamente una oportunidad.
Esa tensión se notó con claridad en el paro juvenil. El desempleo entre menores de 25 años subió en 8.516 personas, hasta 189.408. El dato tiene doble cara y conviene decirlo sin maquillaje: la subida mensual existe y es relevante, pero el nivel total sigue siendo el más bajo en un mes de febrero de toda la serie histórica. Febrero deja esa mezcla tan española: mejora estructural, pero costuras a la vista cuando se mira la puerta de entrada. En otras palabras, el mercado corre, pero no a todos les abre la puerta igual de rápido.
La fotografía por sectores refuerza esa idea de “ruido concentrado”. Mientras el paro bajó en construcción, industria y agricultura, el aumento se localizó en servicios y en ese colectivo sin experiencia laboral previa. No es un repunte homogéneo: es un repunte con dirección, y esa dirección señala a quienes se incorporan al mercado y a parte de las actividades más sensibles a rotación, estacionalidad y cambios de ritmo.
Tres motores del empleo: aulas, hostelería y obra
El crecimiento de la afiliación en febrero tuvo nombres propios y son bastante claros. La educación aportó 30.142 afiliados más, la hostelería sumó 22.932 y la construcción añadió 17.478 empleos. Son tres mundos distintos empujando a la vez, y eso le da consistencia al dato. Educación se mueve con dinámicas ligadas al curso, sustituciones, refuerzos y estructura pública o concertada; hostelería es termómetro del consumo y del movimiento, contrata rápido y se ajusta rápido; construcción respira con otra cadencia, más asociada a inversión, obra en marcha, rehabilitación y proyectos que se cocinan a fuego lento.
La misma economía que mete gasolina por ahí, muestra otra cara por el lado del paro sectorial. En febrero, el desempleo bajó en construcción con 2.140 parados menos, cayó en industria con 1.122 menos y también en agricultura con 575 menos. En cambio, subió en servicios en 1.158 personas. Es un contraste que encaja con la realidad cotidiana del mercado español: el gran sector empleador se activa por partes, a veces contrata en unas ramas y expulsa o deja fuera en otras. El resultado final no es una línea recta, sino una curva irregular: empleo al alza, pero con rotación y con bolsas que no terminan de drenarse.
Al Gobierno le interesó subrayar el carácter “fuerte” del mes, y no solo por motivos políticos. Elma Saiz, ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, destacó que febrero arrojó resultados “muy positivos” para la afiliación y recordó que desde 2007 solo hay dos febreros con incrementos mayores, además de remarcar el máximo de ocupados para este mes. Esa lectura se sostiene en el dato bruto: casi cien mil afiliados más no es una oscilación menor. Pero la noticia completa exige añadir la segunda parte: el mercado crece con empuje, sí, y aun así deja zonas donde el empleo no llega a la misma velocidad.
Mujeres, paro y el retrato que no cabe en un titular
En la foto por sexo hay una mezcla similar: récord y contraste. El empleo creció algo más entre los hombres, con 51.022 afiliados más hasta 11,4 millones, mientras las mujeres sumaron 45.983 afiliadas y alcanzaron 10,2 millones, el mayor volumen registrado. El dato es importante porque confirma una transformación de fondo: nunca había habido tantas mujeres trabajando. Eso cambia la composición del mercado laboral y, con el tiempo, cambia también la estructura de cotizaciones, carreras laborales y peso del empleo en distintos sectores.
La otra cara aparece en el paro registrado. El desempleo aumentó entre las mujeres en 4.130 personas, hasta 1.473.413, mientras que entre los hombres se redujo en 546, hasta 969.233. No es una contradicción matemática; es una señal de que la mejora general convive con una distribución del desempleo que sigue penalizando más a las mujeres, especialmente en ramas de servicios donde la rotación y la temporalidad (aunque haya mejorado) siguen jugando un papel muy visible. El récord de empleo femenino es real, y también lo es la persistencia de desigualdades y exposiciones distintas al paro.
Aquí encaja otra de las frases políticas del día, pronunciada por Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, al valorar el dato: pese a la leve subida del paro, recalcó que es la cifra más baja en 18 años para un febrero y defendió que España tiene “un mercado de trabajo fuerte, seguro y con derechos”. El mensaje oficial apunta a la solidez del conjunto. La realidad del registro enseña, además, que esa solidez no se reparte de forma idéntica en todos los colectivos.
Contratos, autónomos y la lectura que deja febrero
La contratación ayuda a completar el cuadro. En febrero se registraron 1.118.996 contratos, 20.505 más que en el mismo mes del año anterior. Del total, 494.001 fueron indefinidos, el 44,15 %, mientras 624.995 fueron temporales. El dato permite una lectura doble y honesta: por un lado, casi la mitad de los contratos fueron indefinidos, una proporción impensable en la España previa a los cambios laborales de los últimos años; por otro, la temporalidad sigue ocupando más de la mitad del total, lo que revela que el sistema continúa dependiendo de relaciones laborales cortas en una parte relevante de su actividad, especialmente en servicios.
La afiliación de autónomos también subió, con 7.868 trabajadores por cuenta propia más hasta 3.414.614. En España, el autónomo es a la vez músculo y termómetro: si la actividad se encoge, suele notarlo antes; si el consumo se enfría, también. Su crecimiento en febrero no prueba una bonanza uniforme, pero sí sugiere un mercado que no está en retirada y un tejido de actividad que sigue vivo, con todo lo que eso implica: resiliencia, sí, pero también exposición a costes y a ciclos.
Y luego está la perspectiva que evita el sobresalto de un solo mes. Febrero dejó 3.584 parados más, pero también dejó 150.803 menos que hace un año y un total de desempleados en el nivel más bajo para estas fechas desde 2008. La afiliación suma 474.482 ocupados más en doce meses. Mirado así, el dato mensual deja de parecer un giro dramático y se convierte en lo que fue: un mes fuerte de creación de empleo, con un aumento del paro muy localizado y muy explicado por entradas al sistema, especialmente en el colectivo sin experiencia previa.
Febrero cierra con récords y un aviso
La fotografía final es más compleja que el titular fácil. España creó casi 100.000 empleos en febrero, consolidó una afiliación que roza la cifra redonda de 22 millones, mantuvo un avance interanual robusto y reforzó el máximo histórico de empleo femenino. A la vez, el paro subió levemente, con un incremento muy marcado en personas sin empleo anterior, con un repunte visible en jóvenes y con una diferencia por sexo que recuerda que el mercado no reparte estabilidad de manera uniforme.
Así queda el mensaje real de febrero: un mercado laboral que acelera, con motores claros en educación, hostelería y construcción, y con una contratación donde el indefinido sigue sosteniendo una parte relevante del total, pero sin borrar del todo la temporalidad. Y, sobre todo, un aviso persistente en el punto de entrada: el empleo crece, sí, pero el sistema todavía muestra resistencia a absorber con rapidez a quienes llegan por primera vez o vuelven a llamar a la puerta. Es una mejora con músculo… y con cicatrices.

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