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¿Quién atacó con perdigones a un niño migrante de 8 años en Ceuta?
Un niño migrante de 8 años fue herido con un perdigón en Ceuta. La Policía investiga el ataque y cuatro detenciones registradas esa madrugada.

Resumen
- Ali, de 8 años, recibió un perdigón en la cabeza muy cerca del ojo
- La Policía investiga el ataque y la detención de cuatro menores
- Uno de los detenidos llevaba un arma de aire comprimido
Ali tiene 8 años, es marroquí y vive con sus padres y su hermano pequeño en un asentamiento improvisado de Ceuta. Durante la madrugada de este martes, varios individuos con el rostro cubierto pasaron por la zona y dispararon perdigones. Uno alcanzó al niño en la cabeza, en la parte frontal derecha y muy cerca del ojo. Fue trasladado a urgencias, donde recibió asistencia por una herida abierta. Los responsables del ataque no han sido identificados.
La Policía Nacional mantiene abierta una investigación y trata de aclarar si existe relación entre este episodio y la detención esa misma madrugada de cuatro menores en el entorno del Tarajal por robo con violencia, lesiones y tenencia de un arma de aire comprimido. A uno de ellos se le intervino una pistola de este tipo. La coincidencia de lugar, horario y arma ha despertado las sospechas, pero no permite convertirlas en una certeza: por el momento, no está acreditado que los detenidos dispararan contra Ali.
Un disparo en plena madrugada y una herida junto al ojo
La familia dormía en una pequeña tienda de campaña cuando comenzó el altercado. Según los testimonios recogidos tras el suceso, varios jóvenes con el rostro tapado irrumpieron en la zona entre gritos, lanzamiento de piedras y disparos con armas de perdigones. Ali trataba de alejarse junto a sus padres cuando recibió el impacto.
El golpe le abrió una brecha en la región frontal derecha, una zona especialmente delicada por su proximidad al ojo. El parte hospitalario confirma que el menor llegó al servicio de urgencias acompañado por su madre y escoltado por agentes de la Policía Nacional después de sufrir una agresión con un perdigón. La herida fue tratada en el hospital. Horas después, su madre explicó que el pequeño seguía afectado por lo ocurrido.
No hablamos, por tanto, de una pelea entre adultos que terminó mal ni de un perdigón perdido durante una gamberrada. La víctima es un niño de 8 años que estaba viviendo en un campamento precario con su familia. Ese dato cambia bastante el paisaje moral del asunto.
La familia había llegado a Ceuta a nado
Ali cruzó desde Marruecos a Ceuta junto a sus padres y su hermano de 3 años durante la entrada masiva de finales de julio. Desde entonces, la familia ha permanecido en condiciones muy precarias, primero alrededor del polígono del Tarajal y después en las inmediaciones de El Príncipe, cerca del CEIP Príncipe Felipe.
Sus padres aseguran que han evitado integrarse en determinados recursos de acogida por temor a que los separen de sus hijos. También explicaron que no habían presentado personalmente una denuncia por el disparo debido a ese miedo. La ausencia de una denuncia familiar, sin embargo, no ha dejado el episodio fuera del radar policial: el propio hospital comunicó el caso a la Policía.
La escena resulta difícil de maquillar. Una familia con dos niños duerme entre tiendas, vehículos deteriorados, basura y asentamientos improvisados, a pocos metros de un colegio. La administración intenta ordenar el terreno, la Policía mueve personas de un lugar a otro y, entre una cosa y otra, una criatura acaba en urgencias con una herida de perdigón. La normalidad, palabra muy utilizada estos días en Ceuta, tiene aquí una elasticidad casi olímpica.
La Policía investiga si hay relación con cuatro detenidos
La principal incógnita es quién disparó. La Policía Nacional detuvo durante la misma madrugada a cuatro menores en la zona del Tarajal por distintos delitos, entre ellos lesiones y tenencia de un arma de aire comprimido. Uno de ellos llevaba una pistola susceptible de disparar perdigones.
La proximidad temporal y geográfica ha abierto una línea de investigación evidente. No mucho más. Las autoridades no han confirmado que esos cuatro jóvenes sean los autores del ataque a Ali ni han precisado públicamente su origen, precisamente por tratarse de menores. Presentarlos como culpables antes de que la investigación lo determine sería adelantarse varios kilómetros a los hechos. La autoría continúa sin esclarecerse.
Un arma parecida no identifica por sí sola al agresor
Las armas de aire comprimido utilizan la expansión de un gas para impulsar pequeños proyectiles. Aunque a veces se las considere objetos recreativos, un impacto a corta distancia puede provocar lesiones graves, especialmente cuando alcanza el rostro o los ojos.
En este caso, la posesión de una pistola de aire comprimido por uno de los detenidos constituye un elemento relevante para los investigadores, pero hace falta establecer quién estaba en el lugar exacto del ataque, quién manejó el arma y si el proyectil recibido por el menor puede vincularse con ella. Entre una sospecha razonable y una autoría demostrada hay un trecho. Conviene no saltárselo.
No sería el primer ataque con perdigones registrado
El episodio tampoco aparece completamente aislado. Antes del ataque contra Ali se habían presentado dos denuncias por hechos similares en Ceuta. La primera, el 1 de septiembre, correspondía a una persona migrante que denunció haber recibido disparos en una zona próxima. La segunda se registró al día siguiente en Loma Colmenar y afectó a un ceutí de origen marroquí.
En esos casos también se describió a personas encapuchadas desplazándose en motocicleta y utilizando pistolas de aire comprimido. La Policía investiga si existe alguna conexión entre esos episodios y el ocurrido esta madrugada. De momento, hablar de una misma autoría o de una campaña organizada sería ir más allá de lo confirmado.
Ese matiz importa. También porque Ceuta atraviesa semanas en las que cada incidente encuentra enseguida una bandera política que agitar, a menudo antes de que terminen de enfriarse las diligencias policiales. Investigar un posible patrón es imprescindible; inventarlo antes de tiempo, bastante menos.
El Príncipe soporta una presión extraordinaria desde julio
El ataque se produce en una ciudad sometida desde finales de julio a una presión social poco habitual. Miles de personas llegaron desde Marruecos y muchas terminaron concentrándose precisamente en el entorno del Tarajal y del barrio del Príncipe, uno de los sectores más vulnerables de Ceuta. Semanas después, todavía hay migrantes durmiendo en calles, instalaciones improvisadas, vehículos abandonados o pequeñas tiendas de campaña.
El Príncipe ya arrastraba problemas de pobreza, desempleo y exclusión social mucho antes de esta crisis. A la vez, sus asociaciones vecinales han participado durante estas semanas en la acogida y alimentación de mujeres y menores cuando los dispositivos institucionales estaban desbordados. Reducir el barrio a un escenario de violencia sería tan inexacto como fingir que la convivencia no atraviesa enormes tensiones. Las dos cosas existen a la vez.
Y existe también el cansancio. Vecinos que llevan semanas ayudando, familias ceutíes preocupadas por la seguridad, migrantes atrapados en un limbo material y administraciones intentando recuperar el control de espacios saturados. Esa mezcla es combustible. Precisamente por eso, proteger a los menores y perseguir cualquier agresión contra ellos no admite demasiados matices administrativos.
Una investigación abierta y un niño en medio
Por ahora, lo comprobado es bastante concreto: Ali, de 8 años, recibió un perdigón en la cabeza, fue atendido en urgencias y la Policía investiga quién efectuó el disparo. Cuatro menores fueron detenidos esa misma madrugada en las proximidades y uno llevaba un arma de aire comprimido, pero su eventual participación en esta agresión sigue sin estar demostrada.
También se investigan anteriores ataques con características parecidas. Será la investigación policial la que determine si detrás de esos disparos existe una conexión o si se trata de episodios diferentes dentro de una ciudad tensionada hasta límites incómodos.
Entre tanto queda una imagen bastante menos abstracta que cualquier debate sobre fronteras: un niño que llegó nadando a Ceuta, duerme bajo una lona y termina en un hospital porque alguien decidió disparar hacia donde estaba su familia. Ocho años. A veces, toda una crisis cabe en un dato así.












