Historia
Murió Chiche Gelblung: ¿qué le pasó al histórico periodista argentino?
Samuel “Chiche” Gelblung murió a los 82 años tras una internación por problemas respiratorios. Sus últimas horas y el legado de una carrera única.

Créditos: Chiche / Instagram.
Resumen
- Chiche Gelblung murió a los 82 años tras sufrir problemas respiratorios
- Había sido internado de urgencia y seguía activo hasta pocos días antes
- Dejó más de cinco décadas de carrera en prensa, radio y televisión
Samuel “Chiche” Gelblung murió este miércoles 9 de septiembre de 2026 a los 82 años, después de haber sido hospitalizado por un cuadro respiratorio que obligó a mantenerlo bajo atención médica. El histórico periodista y conductor argentino llevaba meses atravesando distintos problemas de salud, aunque continuó trabajando prácticamente hasta sus últimos días.
Gelblung había sido ingresado de urgencia por dificultades para respirar relacionadas, según había trascendido desde su entorno, con una patología de base que ya arrastraba. Su estado terminó deteriorándose durante la internación. No se ha comunicado una causa médica final más específica, de modo que el dato confirmado es el cuadro respiratorio que motivó su hospitalización y precedió a su fallecimiento.
Qué se sabe de la muerte de Chiche Gelblung
La muerte se conoció a primera hora de este miércoles y fue confirmada por su familia. La noticia comenzó a difundirse alrededor de las 7.30 de la mañana, cuando Crónica TV, uno de los medios a los que Gelblung había estado estrechamente vinculado, anunció el fallecimiento de su histórico periodista.
No era la primera alarma reciente. Durante 2026 Gelblung pasó varias veces por centros médicos y llegó a permanecer en terapia intensiva. Había sufrido problemas vasculares, una trombosis y distintas descompensaciones que requirieron intervenciones y la colocación de stents. También atravesó episodios respiratorios.
Uno de los momentos más delicados llegó tras una trombosis en un tobillo que derivó en problemas vasculares importantes. Los médicos tuvieron que intervenir y colocarle stents, mientras el periodista permanecía ingresado durante varias semanas. Él mismo reconocería después que la situación había llegado a ser seria.
La última internación se produjo después de que volviera a tener problemas para respirar. Su entorno había explicado que se trataba de una complicación relacionada con una afección previa y no de una patología completamente nueva. El cuadro terminó agravándose.
Incluso con la salud muy castigada, su relación con el trabajo seguía siendo casi física. Gelblung había regresado a estudios de radio y televisión después de anteriores altas médicas y llegó a presentar el trabajo como algo prácticamente terapéutico. Una manera bastante literal de llevar aquello de morir con las botas puestas: en su caso, probablemente con papeles sobre la mesa y un micrófono demasiado cerca.
Una vida entera dentro de las redacciones
Samuel Gelblung había nacido el 7 de febrero de 1944 en Buenos Aires y creció en Villa Devoto. Su carrera periodística comenzó mucho antes de que su rostro se convirtiera en uno de los más reconocibles de la televisión argentina.
Entró en la revista Gente en 1966, dentro de Editorial Atlántida, y allí aprendió el oficio desde abajo, en una época en la que una redacción todavía olía a tinta, tabaco y fotografías recién reveladas. Fue reportero, editor y enviado especial antes de alcanzar puestos de dirección.
Su curiosidad lo llevó también fuera de Argentina. Participó en grandes coberturas internacionales y desarrolló una parte de su carrera como corresponsal y enviado especial, experiencia que terminaría marcando aquella mezcla tan suya de reportero clásico y buscador compulsivo de historias.
De la revista Gente al poder de la televisión
En 1976, con apenas 32 años, asumió la dirección de Gente, una de las revistas de mayor influencia popular del país. Aquella etapa coincidió con los primeros años de la última dictadura militar argentina y, con el tiempo, se convirtió también en uno de los capítulos más discutidos de su biografía.
El papel de la revista durante aquella época ha sido objeto de críticas y debates sobre la relación entre prensa, poder y dictadura. Gelblung rechazó en distintas ocasiones las acusaciones generales contra su trabajo y defendió su actuación al frente de la publicación. Es imposible separar completamente esa controversia de su trayectoria; tampoco reducir más de medio siglo de carrera a ella. Ambas cosas caben en la misma biografía, aunque incomoden.
Después pasó por otros proyectos editoriales y medios escritos. Sin embargo, cuando llegó la década de los noventa ocurrió algo decisivo: el hombre de revista encontró en la televisión un escaparate hecho casi a su medida.
“Memoria” cambió su manera de hacer televisión periodística
En 1994 apareció “Memoria”, el programa que convirtió definitivamente a Chiche Gelblung en una figura de masas. La televisión argentina descubrió a un conductor que podía pasar en pocos minutos de una investigación policial a una historia extravagante, una entrevista incómoda o una escena casi surrealista.
El formato mezclaba actualidad, archivo, crónica negra, personajes populares y espectáculo. Hoy parte de aquello parece normal. Entonces no tanto. Su influencia terminó viéndose en numerosos programas posteriores que reprodujeron aquella combinación de ritmo rápido, informes contundentes e impacto visual.
Gelblung entendió muy pronto algo que la televisión comercial convertiría después en dogma: una historia no solo debía ser importante; tenía que conseguir que el espectador no cambiara de canal.
Detectores de mentiras, alienígenas y televisión sin complejos
Algunos momentos terminaron entrando directamente en el folclore televisivo argentino. Utilizó el detector de mentiras con invitados de todo tipo y convirtió el recurso en una marca reconocible de sus programas.
También protagonizó en 1995 aquella célebre recreación de una autopsia a un supuesto extraterrestre, una escena tan desmesurada que décadas después continuaba circulando por internet. Gelblung podía colocarse allí donde el periodismo se encontraba con el espectáculo y quedarse tan tranquilo.
Hubo excesos, sí. Y críticas a la búsqueda del impacto por encima del rigor. Pero también una enorme capacidad para detectar aquello que interesaba al público antes de que las métricas, los algoritmos y los departamentos de audiencia llenaran las redacciones de pantallas con gráficos de colores.
Brillante, provocador y activo casi hasta el final
Definir a Chiche Gelblung únicamente como periodista televisivo sería quedarse bastante corto. Trabajó en prensa escrita, radio y televisión, dirigió medios, entrevistó a presidentes, cubrió conflictos internacionales y se movió durante décadas entre la actualidad política y el periodismo popular.
Su estilo podía resultar fascinante o irritante, a veces las dos cosas durante el mismo programa. Era incisivo, desconfiado y muy poco aficionado a las reverencias. Defendía una idea bastante sencilla: un periodista puede respetar a un presidente, pero no debe convertirse en su amigo.
Esa independencia convivía con otra faceta mucho más discutible: su gusto por el espectáculo, las hipótesis arriesgadas y las historias colocadas deliberadamente al borde del precipicio. De ahí buena parte de su éxito. También de sus polémicas.
No tenía demasiado interés en parecer neutral, aséptico ni perfectamente previsible. En una televisión que con los años fue llenándose de formatos repetidos, su figura pertenecía a una especie difícil de fabricar en serie.
Los problemas de salud habían reducido su movilidad durante los últimos meses, pero no consiguieron apartarlo completamente de los medios. Tras algunas de sus hospitalizaciones, Gelblung regresó al trabajo antes de lo esperado, incluso cuando necesitaba todavía recuperarse físicamente.
Mantenía actividad en radio y televisión y había seguido pensando en nuevos proyectos. Poco antes de su última hospitalización continuaba trabajando e incluso preparaba un nuevo programa de streaming, una curiosa última adaptación para alguien que había empezado su carrera cuando las revistas de papel podían vender cientos de miles de ejemplares.
No deja de ser una imagen peculiar de su trayectoria: un periodista formado entre linotipias, fotógrafos y grandes redacciones terminando sus días interesado por el lenguaje de las plataformas digitales. El soporte cambiaba; su obsesión no demasiado.
La despedida de Gelblung comenzó este miércoles en Buenos Aires, con familiares, amigos y compañeros del mundo de la comunicación reuniéndose en la sala velatoria de la AMIA, en Villa Crespo. El cortejo fue organizado con destino al cementerio de La Tablada.
Una figura inseparable de medio siglo de periodismo argentino
La muerte de Chiche Gelblung elimina de la escena a uno de esos periodistas que resultan difíciles de sustituir porque, para bien y para mal, habían construido un personaje propio. No era simplemente un presentador colocado delante de una cámara. Su nombre acabó convirtiéndose en una manera de entender el oficio.
Durante más de cinco décadas vio cambiar las revistas, la radio, la televisión, internet y finalmente el streaming. Se adaptó casi siempre. A veces con elegancia; otras, entrando por la puerta haciendo ruido.
Quedan sus entrevistas, las grandes coberturas, las polémicas, los programas que marcaron época y también episodios que hoy se observan con una mirada bastante distinta. Esa mezcla forma parte de su legado. Chiche Gelblung murió a los 82 años, después de una última etapa atravesada por problemas de salud y dificultades respiratorias, pero permaneció vinculado al periodismo hasta el final. Pocos verbos lo describen mejor que ese: trabajar.












