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Historia

¿Qué esconde el mayor mosaico mural de Roma y su fresco de 2.000 años?

Un mosaico mural gigantesco y un fresco urbano de hace 2.000 años vuelven a verse en Roma tras nuevas excavaciones y trabajos de restauración.

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mayor mosaico mural de la antigua Roma

Resumen

  • Roma recupera un enorme mosaico mural y un fresco de hace 2.000 años
  • La Città Dipinta muestra una ciudad con profundidad mucho antes del Renacimiento
  • Las obras podrán visitarse de forma limitada en las Termas de Trajano

Roma acaba de devolver a la luz pública dos obras excepcionales que llevaban siglos atrapadas bajo las Termas de Trajano, en el Colle Oppio: un gigantesco mosaico mural y la llamada Città Dipinta, un fresco de unos diez metros cuadrados en el que aparece una ciudad amurallada vista casi desde el aire. Ambos conjuntos pertenecen al siglo I d.C., es decir, son anteriores incluso a las termas que terminaron cubriéndolos.

La magnitud del hallazgo —o, más exactamente, de su recuperación y apertura al público— está en los detalles. El mosaico conserva una compleja arquitectura teatral, figuras humanas y una ciudad marítima; el fresco representa edificios, murallas y torres creando sensación de profundidad muchos siglos antes de que el Renacimiento convirtiera la perspectiva en ciencia. Y hay una precisión importante: no se trata de piezas descubiertas ahora desde cero. La Città Dipinta apareció durante investigaciones realizadas en 1998 y posteriormente se localizaron otras decoraciones. Lo nuevo es el resultado de las excavaciones, restauraciones y trabajos de acondicionamiento que permiten comprenderlas mejor y, por primera vez, acercarlas de forma controlada al público.

El gigantesco mosaico que sobrevivió bajo las Termas de Trajano

El Grande Mosaico no estaba pensado para ser pisado. Esa diferencia importa. Se trata de una decoración mural de dimensiones monumentales perteneciente a una gran estancia a la que se abría un ninfeo, una construcción relacionada con el agua que podía funcionar como fuente monumental o espacio escenográfico.

Los arqueólogos han sacado a la luz alrededor de cinco metros de altura de la superficie decorada. Sobre ella aparece una estructura arquitectónica interpretada como una scaenae frons, la monumental fachada que cerraba el fondo de los escenarios de los teatros romanos. Está organizada en dos niveles y poblada por estatuas y personajes representados con rasgos realistas. No es un sencillo adorno geométrico colocado para rellenar una pared: intenta levantar una arquitectura imaginaria delante de los ojos.

El alcalde de Roma, Roberto Gualtieri, lo ha presentado como el mayor mosaico mural de la antigua Roma. La precisión «mural» resulta esencial, porque el mundo romano produjo mosaicos de suelo enormes en villas, palacios y edificios públicos. Aquí la singularidad está precisamente en su escala vertical, su estado de conservación y la riqueza de una decoración concebida para cubrir unas paredes gigantescas.

Las nuevas excavaciones han añadido otra sorpresa. Bajo las zonas conocidas apareció una nueva franja de mosaico en la que se distingue una ciudad portuaria, compuesta por edificios probablemente situados junto al mar y relacionados con el motivo de las llamadas villas marítimas. Un paisaje arquitectónico hecho con pequeñas teselas, piedra a piedra, hasta fabricar la ilusión de una costa.

La Città Dipinta, una ciudad de hace casi 2.000 años

A pocos metros está la otra protagonista. La Città Dipinta ocupa aproximadamente diez metros cuadrados y representa una ciudad encerrada entre murallas y torres, con construcciones observadas desde una posición elevada. El edificio al que pertenecía es anterior a las Termas de Trajano y probablemente corresponde a la segunda mitad del siglo I d.C., durante la época neroniano-flavia.

La sensación resulta curiosamente moderna. No porque un pintor romano hubiera inventado de repente el dibujo arquitectónico contemporáneo, claro, sino porque trató de introducir profundidad y distancia en una superficie plana. Hay edificios que parecen retroceder, volúmenes que se ordenan unos detrás de otros y una vista general de la ciudad que recuerda a una observación a vuelo de pájaro.

La perspectiva romana no era todavía la de Brunelleschi

Aquí conviene colocar una pequeña piedra en el engranaje de algunos titulares. El fresco ha sido presentado como una representación en perspectiva realizada «700 años antes de Brunelleschi», pero las fechas no cuadran: una obra del siglo I d.C. precede los experimentos perspectivos de Filippo Brunelleschi, realizados alrededor de 1420, en más de 1.300 años.

Tampoco significa que los artistas romanos utilizaran necesariamente la perspectiva lineal matemática que conocemos desde el Renacimiento. La pintura romana ya empleaba sistemas de convergencia, paralelas y arquitecturas fingidas para generar profundidad, pero existe debate académico sobre hasta qué punto esos procedimientos equivalían a una perspectiva lineal propiamente dicha. Brunelleschi sistematizó una representación construida desde un punto de vista preciso, con líneas que convergen geométricamente; el arte romano jugaba con recursos perspectivos de forma más flexible.

Y, en realidad, eso vuelve el fresco más interesante, no menos. El pintor antiguo no necesitaba conocer las reglas formuladas muchos siglos después para engañar al ojo. Le bastaban observación, oficio y una pared enorme.

Las excavaciones han revelado una sala de dimensiones colosales

La investigación arqueológica descendió todavía más. Por debajo del mosaico aparecieron restos de un revestimiento realizado con grandes placas de mármol y, aproximadamente en el centro de la pared, una hornacina también revestida de mármol de unos 2,20 metros de altura.

Con estas evidencias se ha podido reconstruir mejor la escala del espacio original. Sus paredes, intensamente decoradas, debían alcanzar aproximadamente doce metros de altura. Es la altura aproximada de un edificio moderno de cuatro plantas. Una comparación quizá poco romana, pero bastante eficaz para entender qué veía alguien al entrar allí hace casi dos milenios.

El conjunto está fechado en la segunda mitad del siglo I d.C. Esto significa que tampoco nació como parte del establecimiento termal de Trajano. Las termas llegaron después, aprovechando, incorporando y en algunos casos enterrando estructuras anteriores. Roma haciendo lo que mejor sabe hacer: construir una época encima de otra hasta convertir el subsuelo en una especie de archivo sin estanterías.

Qué había antes de las Termas de Trajano

Las Termas de Trajano fueron inauguradas el 22 de junio del año 109 d.C. y se atribuyen al proyecto de Apolodoro de Damasco, uno de los grandes arquitectos del imperio. El complejo se extendía por unos 60.000 metros cuadrados en el Colle Oppio y aprovechó construcciones preexistentes, incluidos sectores relacionados con la Domus Aurea de Nerón.

No era simplemente un lugar donde los romanos iban a bañarse. Las grandes termas imperiales funcionaban también como espacios sociales y culturales, con jardines, zonas deportivas, salas de reunión y ámbitos destinados a la lectura y al estudio.

La enorme exedra suroccidental ahora rehabilitada mide unos treinta metros de diámetro. Dos hileras de nichos pudieron albergar armarios para guardar libros y documentos, mientras que unas gradas habrían servido para acomodar al público durante lecturas y reuniones. Bajo aquel espacio discurría precisamente la galería que ha conservado el fresco y el mosaico.

La paradoja es bonita: aquello que ocultó las obras también contribuyó a preservarlas. Las sucesivas construcciones las apartaron de la vista durante siglos, pero dejaron bajo tierra fragmentos de una Roma anterior a la propia Roma monumental de Trajano.

Un descubrimiento antiguo que ahora puede entenderse mejor

La historia arqueológica de estas piezas tiene varias etapas. La Città Dipinta fue localizada en 1998, cuando apareció una estructura de ladrillo con una orientación distinta a la de las construcciones traianeas. Aquello indicaba de inmediato que el edificio era anterior.

En 2004 se exploró parte del enorme espacio situado tras aquella fachada y apareció un tramo de mosaico con escenas relacionadas con la vendimia. Las investigaciones posteriores fueron completando un rompecabezas que estaba lejos de agotarse. No había una caja enterrada esperando que alguien levantase la tapa; había metros de tierra, paredes superpuestas y construcciones transformadas durante generaciones.

Las últimas intervenciones han permitido limpiar, consolidar y proteger las superficies mediante tratamientos específicos, eliminar depósitos acumulados y rellenar las zonas que necesitaban estabilización. También se ha ampliado la excavación, lo que explica la aparición de nuevas partes del mosaico y la posibilidad de reconstruir con más precisión el tamaño original de la estancia.

Cuándo se podrá visitar el mosaico en Roma

La apertura comienza de manera experimental el sábado 12 y el domingo 13 de septiembre de 2026, con visitas guiadas gratuitas en italiano y previa reserva. La entrada se mantiene deliberadamente restringida: se trata de comprobar cómo afecta la presencia continuada de visitantes a unas superficies arqueológicas especialmente delicadas.

A partir del 2 de octubre, el recorrido estará disponible de viernes a domingo. Se han previsto seis turnos diarios, a las 10.00, 11.00, 12.00, 13.00, 14.00 y 15.00 horas, con un máximo de 15 personas por turno. La reserva se gestiona mediante el servicio municipal 060608.

El itinerario no se limita a colocar al visitante delante de las piezas. La rehabilitación ha incorporado nuevas pasarelas, iluminación y espacios explicativos, además de conexiones entre la galería subterránea y la exedra superior. Incluso se conservan las antiguas fistulae, tuberías de plomo que formaban parte del sistema de abastecimiento hidráulico de las termas.

Dos paredes que cambian la imagen de la Roma antigua

Hay descubrimientos arqueológicos espectaculares porque aparece oro. Otros, porque emerge una estatua intacta. Aquí el atractivo es diferente: una ciudad romana dibujó otra ciudad romana sobre una pared, jugando con profundidad y arquitectura, mientras a su lado miles de pequeñas teselas levantaban teatros, figuras, villas y un puerto imaginado.

Las obras permiten asomarse a una Roma del siglo I que no estaba hecha únicamente de mármol blanco y edificios solemnes. También había paredes cubiertas de color, perspectivas ilusorias, decoraciones gigantescas y espacios culturales de una sofisticación considerable. La piedra que ha llegado desnuda hasta nosotros engaña un poco; aquella ciudad debió de ser mucho más cromática, teatral y exuberante.

Y después está el tamaño. Diez metros cuadrados de fresco, paredes que pudieron alcanzar doce metros, un mosaico monumental extendiéndose verticalmente y, encima, las posteriores Termas de Trajano. Casi veinte siglos comprimidos en unos cuantos metros de subsuelo.

Roma suele presumir de eternidad. De vez en cuando excava unos centímetros y aporta pruebas.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.