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Don Nelson muere a los 86 años: ¿quién fue el genio que cambió la NBA?
Don Nelson muere a los 86 años: cinco anillos, 1.335 victorias y una revolución táctica que cambió para siempre la forma de jugar en la NBA.

Don Nelson, uno de los entrenadores más influyentes de la historia de la NBA, ha muerto este domingo 9 de agosto de 2026 a los 86 años. Su familia confirmó el fallecimiento y explicó que murió rodeado de sus seres queridos. No se ha comunicado oficialmente una causa de la muerte. Se marcha una figura difícil de encerrar en una sola etiqueta: cinco veces campeón como jugador de los Boston Celtics, miembro del Salón de la Fama y, sobre todo, un técnico que empezó a jugar al baloncesto del futuro cuando buena parte de la liga todavía confiaba en las viejas certezas.
Nelson terminó su carrera con 1.335 victorias en temporada regular, una barbaridad que durante casi 12 años constituyó el récord absoluto de la NBA. Solo Gregg Popovich acabaría adelantándolo y Nelson continuaba en el segundo puesto de la clasificación histórica. Tres veces Entrenador del Año, 31 temporadas en los banquillos y 18 apariciones en playoffs ayudan a explicar el tamaño de su biografía. Pero los números, con él, cuentan solo media película.
1.335 victorias y una manera distinta de entender el baloncesto
Donald Arvid Nelson nació el 15 de mayo de 1940 en Muskegon, Michigan. Jugó 14 temporadas en la NBA después de salir de la Universidad de Iowa y encontró su sitio definitivo en Boston. Con los Celtics pasó 11 campañas y conquistó cinco campeonatos, integrado en una dinastía en la que convivió con la cultura competitiva de Red Auerbach. Su dorsal 19 acabaría retirado por la franquicia. Aquella etapa fue más que una colección de anillos: Nelson observó, absorbió y tomó notas mentales. Años después reconocería la influencia de Auerbach en su obsesión por correr y atacar antes de que la defensa pudiera acomodarse.
Nada más retirarse como jugador en 1976 entró en el cuerpo técnico de Milwaukee. Poco después asumió el banquillo de los Bucks y comenzó una carrera de entrenador que se prolongaría hasta 2010. Milwaukee ganó siete títulos divisionales consecutivos bajo su dirección y Nelson empezó a demostrar una incómoda costumbre: hacer cosas que parecían raras hasta que empezaban a funcionar. Entonces dejaban de ser rarezas y los demás las copiaban. El deporte profesional tiene bastante de eso.
Nellie Ball: jugar pequeño antes de que fuera moderno
A su baloncesto se le acabó llamando Nellie Ball. Ritmo alto, jugadores versátiles, espacios abiertos, exteriores tomando decisiones y quintetos capaces de prescindir durante largos tramos del pívot tradicional. En Milwaukee impulsó también la figura del point forward: un alero que inicia el ataque y organiza como un base. Paul Pressey fue uno de los grandes laboratorios de aquella idea. Décadas después, la NBA empezó a hablar con entusiasmo del juego sin posiciones como si alguien acabara de descubrir una habitación secreta. Nelson llevaba bastante tiempo dentro.
Su planteamiento no consistía simplemente en poner cinco jugadores bajos sobre la pista. Buscaba crear emparejamientos incómodos, sacar a los grandes rivales de la zona, acelerar las posesiones y utilizar el tiro exterior para fabricar espacios. Conceptos que ahora forman parte del paisaje habitual de la NBA, pero que entonces sonaban bastante menos ortodoxos.
De los Run TMC a Dallas: talento, velocidad y algún incendio
Golden State fue probablemente el lugar donde el carácter de Nelson encontró su escenario perfecto. En su primera etapa con los Warriors, entre 1988 y 1995, construyó los inolvidables Run TMC, con Tim Hardaway, Mitch Richmond y Chris Mullin. Corrían, lanzaban, atacaban sin demasiadas ceremonias y convertían los partidos en espectáculos que podían resultar fascinantes o directamente agotadores para el rival. El nombre jugaba con las iniciales del trío y con Run-DMC; el baloncesto, mientras tanto, se parecía mucho más al que veríamos muchos años después.
También hubo choques. Nelson nunca fue un entrenador de porcelana. Su relación con Chris Webber terminó deteriorándose tras la temporada de novato del ala-pívot, y Golden State acabó traspasándolo en 1994. Esa parte también pertenece al personaje: innovador, competitivo y testarudo, capaz de detectar tendencias antes que casi nadie y, al mismo tiempo, de provocar fricciones considerables. Convertir a un entrenador histórico en una estampita perfectamente pulida sería una forma bastante poco nelsoniana de recordarlo.
En Dallas volvió a construir. Llegó a unos Mavericks que llevaban años instalados en la irrelevancia y participó decisivamente en la transformación de la franquicia. La llegada de Dirk Nowitzki y Steve Nash terminó proporcionando una estructura sobre la que crecería uno de los equipos más atractivos de comienzos de siglo. Dallas encadenó temporadas de 50 victorias y alcanzó la final de la Conferencia Oeste en 2003.
Nelson entendió pronto algo que después parecería evidente: un jugador de siete pies como Nowitzki no tenía ninguna obligación divina de vivir de espaldas al aro. Podía botar, abrirse y lanzar desde lejos. Menos tradición, más ventajas. Esa manera de interpretar el talento por encima de las etiquetas acabaría extendiéndose por toda la liga.
Nowitzki, Nash y Curry: un ojo especial para el talento
Su legado no se reduce a sistemas ofensivos. Don y su hijo Donnie Nelson fueron importantes en la apuesta de Dallas por Nowitzki cuando el alemán tenía 20 años y el talento internacional todavía despertaba bastantes más recelos en Estados Unidos que después. También ayudó al desarrollo de Nash, que terminaría conquistando dos premios consecutivos como MVP con Phoenix.
Años más tarde apareció otro nombre: Stephen Curry. Nelson tuvo influencia en la decisión de Golden State de escoger al base con el número 7 del draft de 2009 y lo entrenó durante su temporada de novato. Curry recordaría después la libertad y la confianza que recibió de Nellie desde el principio. Vista la historia posterior de los Warriors, pocas apuestas tuvieron consecuencias tan gigantescas.
El “We Believe” de 2007, su gran travesura en los playoffs
Existe una ironía deliciosa en la carrera de Nelson. Había contribuido a reconstruir los Dallas Mavericks y, cuando regresó al banquillo de Golden State, acabó protagonizando contra ellos una de las mayores sorpresas de la historia de los playoffs.
Los Warriors de 2007, octavos de la Conferencia Oeste, eliminaron en primera ronda a Dallas, primer cabeza de serie y equipo de 67 victorias. Baron Davis, Stephen Jackson, Jason Richardson y compañía ejecutaron el baloncesto agresivo y poco ortodoxo de Nelson hasta derribar al gran favorito. Aquella plantilla pasó a la memoria colectiva como los We Believe Warriors.
Para Nelson tenía un ingrediente añadido: conocía a los Mavericks, a sus jugadores y a buena parte de su arquitectura casi como quien conoce los muebles de su propia casa. El resultado fue un 4-2 que todavía ocupa un lugar privilegiado entre las grandes sorpresas de la postemporada estadounidense.
Nunca ganó un campeonato como entrenador. Ni siquiera alcanzó unas Finales de la NBA desde el banquillo. Y ese dato podría parecer una mancha enorme en una carrera de 31 temporadas hasta que se observa lo demás: tres premios al Entrenador del Año, 1.335 victorias, múltiples reconstrucciones y una huella táctica que sobrevivió bastante mejor que algunos trofeos.
En 2012 ingresó en el Naismith Memorial Basketball Hall of Fame como entrenador. Su carrera ya pertenecía entonces, formalmente, a la historia grande de este deporte.
También campeón del mundo con Estados Unidos
La trayectoria de Nelson tuvo un capítulo internacional menos recordado. En 1994 dirigió a Estados Unidos en el Mundial de Toronto al frente del llamado Dream Team II, un equipo con Shaquille O’Neal, Reggie Miller, Dominique Wilkins, Shawn Kemp, Alonzo Mourning y otras estrellas de la NBA.
Estados Unidos ganó sus ocho partidos y se proclamó campeón después de aplastar a Rusia por 137-91 en la final. Aquel conjunto superó los 100 puntos en siete de sus ocho encuentros, bastante coherente con un entrenador que nunca mostró demasiado interés en convertir el baloncesto en una partida de ajedrez jugada con el freno de mano puesto.
Una NBA que terminó pareciéndose mucho a Don Nelson
Nelson se retiró en 2010 siendo entonces el entrenador con más victorias de la historia. Gregg Popovich acabaría superando su récord en 2022, dejando a Nellie en el segundo puesto de una clasificación que, por sí sola, ya mide la dimensión de su carrera.
Pero su influencia resulta bastante más difícil de ordenar en una tabla. Basta mirar un partido actual. Pívots lanzando triples. Aleros subiendo el balón. Quintetos intercambiables. Ataques que buscan espacio y velocidad. Equipos dispuestos a sacrificar centímetros para ganar tiro y movilidad. Nada de eso pertenece exclusivamente a Nelson, claro, pero muchas de esas ideas llevan sus huellas.
La NBA moderna acabó avanzando hacia territorios que él había explorado cuando todavía parecían extravagancias. Su mayor legado quizá esté ahí: en haber entendido antes que otros que las posiciones podían ser menos importantes que las habilidades y que un sistema debía adaptarse al talento disponible, no al revés.
El entrenador que convirtió sus rarezas en normalidad
Don Nelson murió a los 86 años después de haber sido jugador campeón, entrenador, ejecutivo, descubridor de talento y agitador táctico. Se marcha el segundo técnico con más victorias de la NBA, pero esa descripción resulta casi demasiado administrativa.
Los 1.335 triunfos cuentan cuánto ganó. Los cinco anillos explican de dónde venía. Los Warriors, Mavericks y Bucks muestran lo que construyó. Pero su legado más duradero es otro: buena parte del baloncesto que actualmente parece normal fue, alguna vez, una de las rarezas de Don Nelson.

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