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Recuperan otro cadáver frente a Ceuta: el balance sube a 142 muertos

Ceuta eleva a 142 el balance de migrantes muertos tras la crisis del 30 de julio, con 83 víctimas contabilizadas en España y 59 en Marruecos.

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vallas en el Tarajal de Ceuta

El balance de la crisis migratoria que golpeó Ceuta a finales de julio se eleva a 142 fallecidos, según el recuento conocido este 9 de agosto. La cifra resulta de los 83 muertos contabilizados en el lado español tras la entrada masiva del 30 de julio y de otros 59 cuerpos recuperados en el litoral marroquí y comunicados por la Asociación Marroquí de Derechos Humanos. No se trata, por tanto, de 142 cadáveres bajo custodia española ni de una estadística definitivamente cerrada: es la suma de los recuentos efectuados a ambos lados de una frontera donde todavía quedan desaparecidos por localizar e identidades por establecer.

El último cadáver fue recuperado este domingo por la Guardia Civil en aguas de Ceuta. Era un hombre y se encontraba en avanzado estado de descomposición. Efectivos del Servicio Marítimo y de los GEAS, los especialistas en actividades subacuáticas del cuerpo, lo localizaron aproximadamente a media milla de la zona de Juan XXIII. Después fue trasladado al puerto pesquero para iniciar las diligencias encaminadas a identificarlo y determinar las circunstancias exactas de su muerte.

Ceuta eleva a 83 las víctimas contabilizadas en España

Con este nuevo hallazgo son 83 las personas fallecidas relacionadas con la entrada masiva del pasado 30 de julio que han sido contabilizadas por las autoridades españolas. El número ha seguido creciendo varios días después de aquella jornada porque el mar continúa devolviendo cuerpos. Una realidad bastante menos instantánea que los titulares: la tragedia no termina cuando desaparecen las imágenes de las playas.

Dos días antes habían sido encontrados otros dos cadáveres en el litoral ceutí. Uno correspondía a un joven subsahariano que murió después de caer al mar cuando intentaba alcanzar Ceuta desde Marruecos en parapente. El otro era un hombre magrebí localizado en bañador en la zona de la Almadraba. Son episodios distintos dentro de la misma emergencia fronteriza y ayudan a explicar por qué el balance ha ido modificándose prácticamente jornada tras jornada.

Los datos conocidos sobre las víctimas muestran además una composición muy marcada: entre los 83 fallecidos contabilizados en España, todos son hombres salvo una mujer. Pero conocer el sexo de una persona es bastante más sencillo que devolverle un nombre, una familia y una historia. Ahí empieza una segunda tarea, silenciosa y mucho más lenta.

Por qué el balance total alcanza los 142 muertos

La cifra de 142 fallecidos exige una precisión importante. Los 83 corresponden al recuento español vinculado a la entrada masiva del 30 de julio. A ellos se añaden otros 59 cuerpos recuperados en el lado marroquí, según los datos difundidos por organizaciones de derechos humanos. La suma arroja el balance de 142 muertos comunicado este 9 de agosto.

Ese número debe leerse como un balance provisional, no como una estadística definitiva y perfectamente homogénea. La propia evolución de las cifras durante los últimos días refleja diferencias entre organismos, momentos del recuento y territorios. El 7 de agosto, por ejemplo, el balance se situaba en 141 fallecidos relacionados con los episodios registrados en las fronteras marroquíes con Ceuta y Melilla. La recuperación de otro cadáver en aguas españolas volvió a elevar la cifra.

Esa cautela no reduce la magnitud de lo ocurrido. Al contrario. Evita convertir una catástrofe humana en una mera sucesión de números donde un muerto arriba o abajo parece una corrección administrativa. Detrás del baile estadístico hay cadáveres pendientes de identificar y familias que todavía buscan noticias.

Solo seis víctimas habían sido identificadas

El trabajo forense permite entender la dificultad. Hasta este domingo, el Instituto de Medicina Legal había conseguido identificar únicamente a seis de los fallecidos contabilizados en España. Tres identificaciones se realizaron mediante huellas dactilares y otras tres mediante estudios biológicos. Los seis eran hombres adultos de nacionalidad marroquí. Otros tres cuerpos permanecían pendientes de confirmación a través de análisis biológicos.

Los especialistas están tomando muestras de ADN y huellas de los cadáveres recuperados. Cuando las huellas pueden utilizarse, se digitalizan y se remiten al Servicio de Criminalística de la Guardia Civil. Si esa vía no ofrece resultados, se recurre al cotejo genético con familiares o al intercambio de información dactilar con Marruecos. El procedimiento requiere tiempo, documentación y, en muchos casos, que una familia pueda proporcionar una muestra con la que comparar.

Diecinueve denuncias por personas desaparecidas

La Guardia Civil ha abierto además una oficina ante mortem para recibir a familiares de personas desaparecidas, recoger denuncias y obtener muestras biológicas. Hasta el 9 de agosto constaban 19 denuncias de desaparición, junto a otras comprobaciones e investigaciones relacionadas con personas cuya identidad o paradero todavía no había podido aclararse.

Toda esta información se concentra en el Centro Integrado de Datos, el mecanismo previsto para coordinar actuaciones médico-forenses y policiales cuando se produce un suceso con numerosas víctimas. También se ha reforzado el juzgado de guardia de Ceuta con un segundo juez. Por cada cadáver recuperado se abre un procedimiento independiente al que se incorpora el informe preliminar de la autopsia. Solo después de la identificación judicial puede avanzarse en la entrega del cuerpo o, cuando nadie lo reclama, en la autorización del enterramiento.

Qué ocurrió durante la entrada masiva del 30 de julio

El origen inmediato de esta cadena de muertes se encuentra en la entrada masiva procedente de Marruecos que desbordó Ceuta a finales de julio. Las primeras estimaciones manejadas por las fuerzas de seguridad apuntaron a decenas de miles de entradas irregulares, aunque durante las primeras horas las propias autoridades advertían de que no existía todavía una cifra oficial completamente cerrada. Miles de personas alcanzaron territorio español a nado o a través del área fronteriza.

El Ministerio del Interior sostuvo que redes de tráfico de personas estaban instrumentalizando la situación para fomentar el desplazamiento de migrantes indocumentados, mayoritariamente jóvenes. El departamento dirigido por Fernando Grande-Marlaska destacó al mismo tiempo la cooperación mantenida con Marruecos en materia migratoria. Esa es la explicación institucional ofrecida por Interior; entender por qué miles de personas terminaron avanzando hacia la frontera exige observar también la presión social, económica y migratoria acumulada en la zona.

No todo puede reducirse, por tanto, a una imagen de una frontera desbordada. Ceuta quedó sometida a una fuerte presión sobre alojamientos, servicios públicos, fuerzas de seguridad y recursos de atención humanitaria. A la vez, Marruecos afrontaba su propio dispositivo en el lado sur de la frontera. Entre medias, el Estrecho y las aguas ceutíes se convirtieron de nuevo en un espacio donde una decisión desesperada puede terminar en cuestión de minutos.

La identificación de los muertos, el problema que permanece

Las cifras de fallecidos concentran inevitablemente la atención, pero el siguiente problema aparece cuando llega el silencio: poner nombre a los cuerpos. Muchos migrantes viajan sin documentación fiable, otros pierden sus pertenencias durante la travesía y algunos permanecen durante días o semanas sin que ningún familiar pueda presentarse ante las autoridades españolas.

Ahí entran en juego las huellas, las fotografías, los datos médicos, las muestras genéticas y la cooperación entre administraciones. Un tatuaje, una antigua fractura o una característica dental pueden resultar decisivos cuando no existe ningún documento. Es un trabajo casi artesanal dentro de una maquinaria forense muy técnica. Y lento, inevitablemente.

Las familias también forman parte del proceso. Una muestra genética tomada a un padre, un hermano o un hijo puede permitir establecer una identidad que de otra forma permanecería desconocida. Los 19 casos denunciados como desapariciones muestran que el balance oficial de cadáveres no responde por sí solo a todas las preguntas abiertas tras la crisis del 30 de julio.

Una frontera donde contar muertos todavía no basta

La emergencia de Ceuta ha mezclado seguridad fronteriza, política migratoria y una tragedia humana que continúa dejando consecuencias después del 30 de julio. Es fácil que el debate público termine atrapado entre palabras como control, retorno, frontera o efecto llamada. Son conceptos políticos legítimos y necesarios. Pero existe otro plano mucho menos abstracto: 83 cuerpos contabilizados en España, decenas más recuperados en Marruecos y familias tratando de averiguar si alguno lleva el nombre que buscan.

Las cifras pueden seguir modificándose mientras continúen las búsquedas, aparezcan nuevos cadáveres o se depuren los distintos recuentos realizados en España y Marruecos. Por eso, los 142 muertos deben entenderse como el balance disponible este 9 de agosto, no como la última palabra sobre la tragedia.

Y queda la parte más elemental, quizá también la más difícil: identificar a quienes murieron. Porque una estadística puede cerrarse con una suma. Una ausencia, no.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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