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¿Cómo viajó un menor bajo el autobús del Real Valladolid desde Ceuta?

Un menor marroquí de 17 años cruzó desde Ceuta oculto bajo el autobús del Real Valladolid y fue localizado tras más de 100 kilómetros de viaje

Publicado

el

el autobús del Real Valladolid

Imagen: Real Valladolid CF

Resumen

  • Un menor de 17 años cruzó desde Ceuta bajo un autobús del Real Valladolid
  • Fue hallado exhausto tras más de 100 kilómetros por carretera
  • Quería llegar a un centro de menores de Algeciras

Un menor marroquí de 17 años consiguió viajar desde Ceuta hasta la Península oculto en los bajos del autobús del Real Valladolid. El joven permaneció agarrado en la zona del eje de las ruedas traseras, cruzó el Estrecho en ferry hasta Algeciras y continuó allí durante más de 100 kilómetros por carretera, hasta que sus gritos y golpes alertaron a la expedición blanquivioleta.

El chico fue descubierto ya de noche, después del partido que el Valladolid había disputado el domingo 20 de septiembre de 2026 contra la AD Ceuta en el estadio Alfonso Murube. El encuentro terminó 1-1. Lo realmente extraordinario ocurrió después: el autobús salió de Ceuta en barco, desembarcó en Algeciras y tomó la carretera hacia Valladolid sin que nadie advirtiera que una persona viajaba literalmente bajo el vehículo.

Más de 100 kilómetros agarrado a los bajos del autobús

La expedición del Real Valladolid regresaba a casa en dos autobuses. En uno de ellos viajaban los futbolistas y buena parte del personal del club; el segundo servía de refuerzo para otros miembros de la entidad desplazados hasta Ceuta.

Ya en la Península, aproximadamente una hora y media después de abandonar Algeciras, varios ocupantes empezaron a escuchar golpes y gritos procedentes de la parte inferior del primer autocar. Al principio resultaba difícil saber de dónde venían. Se pidió silencio dentro del vehículo y los sonidos se hicieron más claros. Había alguien pidiendo auxilio bajo el autobús.

El conductor se detuvo en un área de servicio durante el trayecto entre Cádiz y Sevilla. Las informaciones publicadas sitúan la parada a la altura de Jerez de la Frontera. El vehículo había recorrido para entonces algo más de 100 kilómetros desde Algeciras. Fue allí donde apareció el menor.

No viajaba en un compartimento de equipajes ni escondido cómodamente dentro de la carrocería. Se encontraba en uno de los lugares más peligrosos imaginables: junto al eje trasero y las ruedas, encajado bajo la estructura del autocar.

El joven estaba agotado y apenas podía moverse

Cuando los integrantes de la expedición consiguieron localizarlo, el muchacho estaba exhausto. Según explicó posteriormente uno de los vicepresidentes del Real Valladolid, Jorge Santiago, los propios futbolistas colaboraron para ayudarle a salir porque apenas tenía fuerzas para moverse.

Presentaba algunas magulladuras, aunque inicialmente no se apreciaron lesiones de gravedad. Recibió agua y comida mientras el club avisaba a los servicios de emergencia y a la Guardia Civil. La escena cuesta poco imaginarla: carretera, noche cerrada, un autobús detenido y, debajo, un adolescente que acababa de pasar horas a centímetros del asfalto y de unas ruedas en movimiento.

Viajar en esa posición supone un peligro extremo. Una maniobra brusca, una irregularidad del firme, el movimiento de los componentes mecánicos o simplemente perder la fuerza necesaria para seguir agarrado podía haber terminado de una manera muy distinta.

El autobús había cruzado en ferry desde Ceuta

El recorrido explica hasta qué punto fue excepcional el episodio. El Real Valladolid había desplazado hasta Ceuta sus propios autocares. Tras el encuentro en el Alfonso Murube, los vehículos fueron conducidos al puerto e introducidos en el ferry con destino a Algeciras.

El menor cruzó también el Estrecho escondido bajo uno de ellos. Una vez desembarcado el autocar, permaneció en los bajos durante el comienzo del largo viaje por carretera hacia Valladolid.

Las primeras reconstrucciones apuntan a que el chico pudo acceder al vehículo en el puerto de Ceuta. Sin embargo, desde el propio club no se ha podido precisar con certeza el momento exacto en el que logró introducirse bajo el autocar. Esa diferencia importa: está confirmado cómo y dónde fue encontrado, pero no existe una reconstrucción definitiva de cada minuto anterior.

Sí consta otro detalle llamativo. Antes de abandonar Ceuta, responsables de la expedición habían detectado a otros dos jóvenes intentando colocarse debajo del autobús en la zona del estadio y lograron impedirlo. El menor localizado posteriormente consiguió pasar inadvertido.

El viaje de Ceuta a Algeciras sin ser descubierto

El joven permaneció oculto durante el embarque, la travesía marítima y el desembarco. Después soportó más de un centenar de kilómetros de autovía.

No salió de su escondite voluntariamente al alcanzar la Península. Fueron sus gritos de socorro los que finalmente revelaron su presencia. Para entonces estaba tan cansado que necesitó ayuda para abandonar el espacio en el que había viajado.

El episodio permite entender también por qué este tipo de intentos resulta tan peligroso. Los bajos de un autocar no son un compartimento cerrado donde alguien pueda simplemente esconderse: hay ruedas, ejes, suspensiones y piezas móviles, vibraciones constantes y apenas margen para mantener el cuerpo apartado del asfalto. Un refugio, en apariencia; en realidad, una trampa mecánica.

Quería llegar a un centro de menores de Algeciras

Una vez fuera del autobús apareció otro problema, mucho más cotidiano: cómo comunicarse con él.

El joven apenas hablaba castellano y la comunicación en francés tampoco resultó suficiente. Los integrantes de la expedición recurrieron al traductor de un teléfono móvil y a ayuda externa para poder hablar con él en árabe.

Así explicó que era marroquí, que tenía 17 años y que quería llegar a un centro de menores de Algeciras. Era, según relató a quienes le atendieron, el destino que buscaba al introducirse bajo el vehículo.

Los miembros del equipo permanecieron junto a él mientras llegaban los servicios de emergencia. Una ambulancia examinó su estado y la Guardia Civil acudió al lugar para hacerse cargo del menor. Solo después de completar esa intervención el Real Valladolid pudo reanudar su viaje hacia Castilla y León.

La parada prolongó alrededor de una hora un desplazamiento que ya era especialmente largo. A esas alturas, claro, el retraso era lo de menos.

De un partido de Segunda a una historia muy distinta

Horas antes, el centro de atención estaba en el césped. El Real Valladolid había empatado 1-1 ante la AD Ceuta en la sexta jornada de LaLiga Hypermotion. Juanmi Latasa adelantó a los pucelanos en el minuto 53 y Carlos Hernández igualó para el conjunto ceutí en el larguísimo tiempo añadido, en el minuto 101.

El viaje de vuelta convirtió, sin embargo, aquel resultado deportivo en una nota casi secundaria.

El caso del menor encontrado bajo el autobús del Real Valladolid muestra una forma de desplazamiento clandestino conocida en las rutas hacia la Península, pero pocas veces queda expuesta de una manera tan gráfica. Los intentos de viajar ocultos en camiones, autocares y otros vehículos suponen un riesgo evidente, especialmente cuando el escondite se encuentra junto a elementos mecánicos en movimiento.

Aquí concurrió una circunstancia particularmente insólita: el vehículo pertenecía a un equipo de fútbol profesional, había cruzado en ferry con toda la expedición y llevaba ya decenas de minutos circulando por Andalucía cuando se descubrió al adolescente.

Un trayecto que pudo acabar mucho peor

El menor sobrevivió al cruce desde Ceuta y a más de 100 kilómetros bajo el autobús. Fue encontrado consciente, recibió asistencia sanitaria y quedó bajo la custodia de las autoridades. Eso es lo que permite que el episodio se cuente como un rescate y no como una tragedia.

Más allá de lo insólito —un equipo vuelve de un partido y descubre a un adolescente entre los ejes de su autocar—, queda el dato desnudo: un chico de 17 años consideró asumible pasar horas aferrado bajo un vehículo para alcanzar la Península.

El ruido que escucharon los jugadores terminó siendo una petición de ayuda. Frenaron. Miraron debajo. Y allí estaba el menor, después de haber cruzado el Estrecho escondido a unos centímetros de las ruedas. Una distancia mínima que, durante buena parte de aquella noche, también fue la que lo separó de un desenlace fatal.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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