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¿Por qué los famosos de Estados Unidos se rinden al Mundial 2026?
Jay-Z, Travis Scott y Hollywood convierten el Mundial 2026 en fenómeno de cultura pop, fútbol, espectáculo y celebridades en Estados Unidos.

El Mundial de 2026 ha logrado algo que durante décadas parecía remoto en Estados Unidos: colocar el fútbol masculino en el centro de la conversación popular, junto al cine, el hiphop y las grandes ligas profesionales. Jay-Z, Travis Scott, Tom Cruise, David Beckham, Patrick Mahomes y Colin Farrell son algunos de los rostros que han aparecido alrededor de los primeros partidos, aunque no todos han acudido por la misma razón ni con idéntico grado de entusiasmo.
La explicación combina calendario, espectáculo y negocio. La temporada de la NBA acaba de bajar el telón, la NFL no regresa hasta septiembre y el béisbol atraviesa ese largo tramo de su competición regular en el que cada partido todavía parece uno más entre ciento sesenta. En ese hueco ha irrumpido un Mundial disputado en casa, con estadios gigantes, ciudades convertidas en escaparates y futbolistas que comparten seguidores, marcas y amistades con las estrellas de la música estadounidense.
Los famosos de EE. UU. se rinden al Mundial
El estreno de Estados Unidos ante Paraguay en Los Ángeles ofreció la imagen más clara de este cambio cultural. David y Victoria Beckham siguieron el partido desde la zona VIP junto a Tom Cruise, amigo de la familia desde la etapa del exfutbolista inglés en Los Angeles Galaxy. Estados Unidos ganó 4-1 y Beckham celebró los goles de la selección dirigida por Mauricio Pochettino, una escena que provocó alguna ceja levantada en la prensa británica. Los patriotismos deportivos, ya se sabe, soportan mal los cambios de domicilio.
La presencia de Beckham tenía un contexto añadido. Horas antes había recibido su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, convertido en el primer futbolista reconocido con ese emblema de la industria cinematográfica. La ceremonia, con alfombra verde en lugar de roja, reunió a Victoria Beckham, Tom Cruise y otros amigos del exjugador. Después llegó el partido. Hollywood Boulevard por la mañana; Mundial por la tarde. Pocas jornadas explican mejor la mezcla entre fútbol y entretenimiento que pretende explotar esta edición.
Beckham tampoco es un invitado accidental. Su llegada a Los Angeles Galaxy en 2007 ayudó a sacar la liga estadounidense de ciertos márgenes culturales y comerciales. Más tarde impulsó el Inter de Miami, el club que fichó a Lionel Messi y convirtió un proyecto deportivo local en una marca reconocible en medio planeta. El inglés lleva casi veinte años tendiendo el mismo puente: de Europa a Estados Unidos, del césped al escaparate.
El palco angelino reunió también a actores, músicos y figuras televisivas. Ya no se trataba del famoso que aparece diez minutos, posa con una bufanda y pregunta discretamente cuántos tiempos tiene el partido. Cruise aplaudía; Beckham sufría y celebraba; el público reconocía a ambos. El fútbol había dejado de ser simple decorado.
Travis Scott convierte la grada en un videoclip
Travis Scott llevó esa implicación bastante más lejos durante el estreno de Brasil. El rapero de Houston saltó, gritó y festejó uno de los goles de Vinícius Júnior con una intensidad que habría resultado excesiva en una entrega de premios, pero encajaba perfectamente entre miles de camisetas amarillas. La secuencia circuló rápidamente por las redes sociales: un concierto improvisado sin escenario, con el delantero brasileño como cabeza de cartel.
La relación entre ambos ayuda a entender el entusiasmo. Vinícius y Travis Scott mantienen una amistad conocida y el jugador del Real Madrid le había regalado una camiseta firmada con una dedicatoria personal. No era, por tanto, el rutinario intercambio promocional entre dos celebridades emparejadas por un patrocinador. Había afecto, complicidad y una conexión entre dos mundos que hace tiempo dejaron de caminar por carriles separados.
Vinícius, Neymar y Tom Brady: el puente con Brasil
Antes del encuentro, Travis Scott se reunió también con Neymar, apartado del once por lesión, y coincidió con Tom Brady, uno de los grandes iconos históricos de la NFL. La fotografía juntaba a un rapero, a dos estrellas brasileñas y al quarterback más célebre del fútbol americano. Todo parecía calculado por una agencia de publicidad, aunque había surgido alrededor de un partido.
La escena revela cómo circula actualmente la fama. Los futbolistas escuchan a los mismos artistas que sus seguidores; los músicos visten camisetas de clubes europeos; los deportistas estadounidenses invierten en equipos, producen documentales y buscan presencia internacional. El Mundial aporta un escenario común, enorme y bastante menos rígido que una alfombra roja.
Travis Scott no fue el único representante de esa nueva grada digital. El creador de contenido IShowSpeed coincidió con él durante el partido y sus vídeos multiplicaron el alcance de la jornada. El acontecimiento ya no termina cuando el árbitro pita. Se fragmenta en clips, reacciones, bromas y fotografías que viajan durante días. El verdadero palco VIP cabe ahora en una pantalla vertical.
Música, cine y deporte sin fronteras
Patrick Mahomes, quarterback de los Kansas City Chiefs, asistió al Argentina-Argelia apoyando a Lionel Messi y a la Albiceleste. Para Mahomes, acostumbrado a dominar los estadios durante la temporada de la NFL, la experiencia tuvo algo de cambio de papeles: esta vez el dueño simbólico del espectáculo era otro número 10.
También apareció Tom Brady alrededor del torneo y otras figuras del deporte estadounidense han ocupado las tribunas durante los primeros días. No es un detalle menor. Durante años, el fútbol intentó ganarse un sitio en Estados Unidos imitando la presentación de sus ligas tradicionales. En este Mundial ocurre casi lo contrario: son las estrellas de esas competiciones las que se acercan al balón, fotografían el trofeo y celebran a Messi, Vinícius o Neymar.
Jay-Z cambia la NBA por Costa de Marfil
Jay-Z ofreció el ejemplo más revelador. El rapero y empresario de Brooklyn renunció a acudir a la final de la NBA en San Antonio y viajó a Filadelfia para presenciar el Costa de Marfil-Ecuador. Sobre el césped saludó a Yan Diomande, joven atacante marfileño representado por Roc Nation Sports, la agencia fundada por el propio artista.
La visita tenía, por tanto, una dimensión profesional. Diomande no era una figura elegida al azar para posar ante las cámaras, sino uno de los talentos de la cartera deportiva de Jay-Z. La Federación Marfileña le entregó una camiseta personalizada y, como dicta el ceremonial contemporáneo, las imágenes se propagaron de inmediato por las redes sociales.
El gesto muestra la parte menos romántica y quizá más importante de esta fiebre. El fútbol concentra audiencias globales difíciles de encontrar en otros sectores y los grandes nombres del entretenimiento lo saben. Representación de jugadores, producción audiovisual, moda, patrocinios, inversiones en clubes: alrededor del balón se mueve una industria gigantesca. El entusiasmo puede ser sincero y, al mismo tiempo, tener una hoja de cálculo detrás. Una cosa no cancela la otra.
Colin Farrell mira a África y vuelve a Italia 90
Colin Farrell aportó una mirada distinta. Durante la presentación de la segunda temporada de la serie Sugar, el actor irlandés explicó que no apoya a una selección concreta y que disfruta observando cómo se construye el drama dentro del campo. Su atención se ha dirigido especialmente hacia las selecciones africanas, cuya energía y entrega le han impresionado en los primeros partidos.
Farrell destacó la actuación de la República Democrática del Congo frente a Portugal: atacantes retrocediendo para defender, defensores lanzándose hacia delante y jugadores corriendo hasta vaciarse. No habló de sistemas tácticos sofisticados ni de estadísticas avanzadas. Habló de pasión, resistencia y movimiento, esa impresión física que a veces explica mejor un partido que una pizarra llena de flechas.
Roger Milla, un recuerdo que sigue corriendo
Aquella intensidad le devolvió a su infancia y al Mundial de Italia 90, cuando Camerún alcanzó los cuartos de final y Roger Milla se convirtió en uno de los símbolos del torneo. El delantero regresó a la selección con 38 años, marcó cuatro goles y celebró bailando junto al banderín de córner. Una imagen sencilla, casi doméstica comparada con las coreografías comerciales actuales, que terminó instalada en la memoria colectiva.
Farrell tenía catorce años. Su recuerdo ilustra una de las fuerzas más persistentes del Mundial: cada edición dialoga con las anteriores. Messi puede conmover a Mahomes en Kansas City; Roger Milla sigue apareciendo, treinta y seis años después, en una conversación sobre las selecciones africanas. El torneo fabrica recuerdos antes incluso de que sepamos cuáles sobrevivirán.
El “soccer” deja de pedir permiso
Estados Unidos ha tardado décadas en asumir que el planeta ya tenía un deporte global. Lo ha hecho, naturalmente, a su manera: estadios monumentales, ceremonias de gran formato, zonas VIP y una constelación de rostros conocidos. Sería fácil reducirlo todo a una operación de marketing, pero las imágenes muestran algo más. Travis Scott no fingía sus saltos. Mahomes quería ver a Messi. Colin Farrell seguía hablando de Roger Milla como quien rescata una tarde remota de su adolescencia.
El término soccer continúa marcando una diferencia cultural, aunque cada vez pesa menos. Las nuevas generaciones estadounidenses han crecido jugando a videojuegos de fútbol, siguiendo clubes europeos, viendo resúmenes en redes y llevando camisetas que antes solo aparecían en barrios de inmigrantes. El Mundial no está creando esa afición desde cero; está haciendo visible una cultura futbolística que ya existía bajo la superficie.
Las celebridades funcionan aquí como termómetro. Cuando Jay-Z cambia una final de la NBA por Costa de Marfil, Travis Scott pierde la voz celebrando a Brasil y Hollywood ocupa los palcos de Los Ángeles, el fútbol ya no está llamando a la puerta de la cultura popular estadounidense. Ha entrado, ha encontrado asiento y conoce a media grada.

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