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¿Qué islas canarias señala un influencer británico como “arruinadas”?

Max Jeffery incluye Tenerife y Lanzarote entre cinco destinos españoles que, a su juicio, el turismo británico ha deteriorado con sus excesos.

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Canarias vistas desde el espacio

Foto: Jacques Descloitres / MODIS Rapid Response Team, NASA/GSFC — dominio público — vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Tenerife y Lanzarote aparecen entre los destinos criticados por Max Jeffery
  • El británico culpa al turismo de excesos de deteriorar zonas muy visitadas
  • El debate coincide con el malestar canario por la presión del turismo masivo

Un creador de contenido británico ha colocado a Tenerife y Lanzarote entre los cinco destinos españoles que, según su particular diagnóstico, sus compatriotas han “arruinado” con una forma de hacer turismo demasiado vinculada al alcohol, la fiesta y los comportamientos molestos. Max Jeffery, seguido por más de 230.000 personas entre TikTok e Instagram, incluye a las dos islas canarias junto a Benidorm, Magaluf y Marbella.

No habla precisamente desde la diplomacia. Tenerife ocupa el tercer puesto de su clasificación y Lanzarote, el segundo. Marbella encabeza la lista, mientras Magaluf aparece cuarta y Benidorm, quinta. Jeffery resume el problema con una sentencia especialmente áspera dirigida a los propios británicos: la población local, sostiene, “no nos soporta”. Es su percepción, no una encuesta sociológica, pero el vídeo ha tocado una fibra conocida en Canarias.

Tenerife y Lanzarote, en el centro de la crítica

Jeffery presenta su ranking como una crítica interna al comportamiento de una parte del turismo de Reino Unido. No sostiene que los destinos hayan perdido literalmente su atractivo ni que todos los visitantes británicos actúen de la misma manera. Su diana es mucho más concreta: el modelo de vacaciones construido alrededor de fiesta barata, alcohol y ocio nocturno que termina identificando zonas enteras con ese tipo de turismo.

En Tenerife pone especialmente el foco en el sur de la isla y menciona Las Verónicas, uno de los núcleos históricos del ocio nocturno en Playa de las Américas. El influencer describe ese ambiente con términos muy duros y atribuye también parte del deterioro que percibe al turismo irlandés. Conviene subrayarlo: son valoraciones personales. Una zona de discotecas no es Tenerife, del mismo modo que Piccadilly Circus a las tres de la mañana tampoco sirve para redactar un tratado completo sobre Inglaterra.

El caso de Lanzarote le parece todavía más evidente. La coloca en segunda posición y dibuja determinadas áreas de la isla como lugares donde la presencia británica puede resultar abrumadora para quien espere unas vacaciones completamente alejadas del turismo de masas. Habla de grupos bebiendo y de visitantes sorprendidos al encontrarse con esa escena. Otra vez, una fotografía parcial, aunque reconocible.

El ranking completo de Max Jeffery

La clasificación tiene una geografía bastante clara. Marbella ocupa el primer lugar, seguida de Lanzarote, Tenerife, Magaluf y Benidorm. Son destinos distintos —una ciudad de la Costa del Sol poco tiene que ver con una isla volcánica—, pero comparten décadas de exposición al mercado turístico británico y zonas donde el ocio nocturno ha adquirido un peso considerable.

Ahí está también la trampa del vídeo. Decir que Lanzarote, Tenerife o Marbella han sido “arruinadas” funciona estupendamente en TikTok; describe bastante peor territorios donde viven cientos de miles de personas y donde el turismo adopta formas muy diferentes. El algoritmo, como es sabido, no suele premiar las notas al pie.

Por qué la frase sobre los canarios ha provocado tanto debate

La afirmación de que la población local no soporta a los británicos encaja demasiado bien con el clima de discusión que Canarias arrastra desde hace años, pero necesita contexto. Las movilizaciones contra la masificación turística han reclamado límites al crecimiento, regulación de la vivienda vacacional, protección del territorio y un reparto más equilibrado de la riqueza generada por el sector.

Eso no equivale a un rechazo generalizado al visitante extranjero, y mucho menos exclusivamente al británico. Las protestas de movimientos como Canarias Tiene un Límite han dirigido buena parte de sus críticas contra el modelo económico y territorial: saturación de determinadas zonas, dificultades de acceso a la vivienda, presión sobre infraestructuras, consumo de suelo y expansión de plazas turísticas.

Hay también datos que introducen un saludable jarro de agua fría sobre cualquier generalización. Un sociobarómetro de la UNED publicado a finales de 2025 indicaba que el 58% de los residentes consideraba adecuado el volumen de turistas que recibían las islas, mientras alrededor del 20,7% lo veía excesivo. Existe hartazgo, sí. Convertirlo en una especie de guerra entre canarios y británicos resulta bastante más rentable para las redes sociales que fiel a la realidad.

Reino Unido sigue siendo esencial para el turismo canario

La paradoja está servida con sombrilla y pinta de cerveza. Mientras se discute sobre los efectos del turismo británico, Reino Unido continúa siendo el principal mercado extranjero de Canarias.

En julio de 2026 llegaron al archipiélago alrededor de 1,5 millones de turistas, un 2,7% más que un año antes. De ellos, 576.338 procedían de las islas británicas, aproximadamente el 37% del total. Ningún otro mercado extranjero se acerca a ese peso.

Tenerife recibió ese mismo mes unos 600.339 visitantes, cuatro de cada 10 turistas que llegaron al archipiélago. Lanzarote, por su parte, registró en julio la mayor tasa de ocupación de los establecimientos hoteleros y extrahoteleros de Canarias. Es decir, las dos islas citadas por Jeffery no están precisamente atravesando una retirada británica en silencio.

Turismo récord, más gasto y una convivencia bajo presión

El problema canario tampoco puede reducirse a cuántos turistas llegan. Durante el segundo trimestre de 2026, los visitantes dejaron 4.851 millones de euros en las islas, un 10,2% más que en el mismo periodo del año anterior. El gasto medio alcanzó los 181 euros diarios. Reino Unido figura, junto con Alemania y España, entre los mercados que más dinero aportan al conjunto.

Ese enorme músculo económico explica por qué el debate es tan incómodo. El turismo sostiene empleo, empresas e ingresos públicos, pero su éxito también concentra presión sobre determinados barrios, carreteras, espacios naturales y mercados residenciales. Lo que para una estadística es una cama ocupada puede ser, para quien vive al lado, un apartamento que desapareció del alquiler tradicional. Dos realidades caben en la misma calle.

De ahí que el debate más serio vaya bastante más allá de prohibir turistas o repartir culpas por nacionalidades. Canarias lleva tiempo discutiendo sobre límites a nuevas plazas alojativas, vivienda vacacional y fórmulas para aumentar el retorno social del turismo. El propio Gobierno autonómico ha defendido la necesidad de colocar la sostenibilidad ambiental, económica y social en el centro de su política turística.

No todos los británicos son el turista de borrachera

La caricatura tiene un inconveniente elemental: suele llevarse por delante a la mayoría. Millones de británicos viajan a España para descansar, conocer pueblos, caminar, comer, visitar espacios naturales o pasar semanas sin protagonizar una sola escena digna de aparecer en TikTok. El turismo de excesos existe, pero convertirlo en una característica nacional sería tan absurdo como juzgar al turista español por el grupo que monta una despedida de soltero con megáfono.

Jeffery, de hecho, habla desde dentro de esa cultura turística y por eso su mensaje ha encontrado eco. No es un vecino canario protestando contra los extranjeros, sino un británico reprochando a otros británicos una conducta que considera dañina para la reputación de su país.

Ahí el vídeo resulta más interesante que su ranking. La cuestión no es quién tiene el pasaporte equivocado, sino qué clase de turismo termina imponiéndose en algunos lugares cuando el negocio se organiza alrededor del consumo rápido del destino: vuelos baratos, alcohol, apartamentos, ocio concentrado y escaso contacto con la vida local. El territorio acaba convertido en decorado. Y los decorados, a diferencia de los pueblos y las ciudades, no necesitan dormir.

Un espejo incómodo para el turismo británico

Tenerife y Lanzarote no están “arruinadas”. Siguen siendo dos de los principales destinos turísticos de España, reciben millones de visitantes y generan una enorme actividad económica. La expresión de Max Jeffery pertenece al lenguaje deliberadamente exagerado de las redes sociales.

Lo relevante es lo que queda debajo. Determinadas zonas turísticas sí soportan tensiones reales derivadas de la concentración de visitantes y de modelos de ocio que pueden deteriorar la convivencia y la imagen del destino. Canarias lleva años discutiéndolo, en la calle y en las instituciones.

Que esta vez la crítica proceda de un británico cambia el foco y explica buena parte del interés del vídeo. No es una confesión colectiva de Reino Unido ni demuestra que los canarios hayan dejado de querer turistas británicos. Es algo más sencillo y, quizá, más incómodo: un visitante mirando a los suyos y admitiendo que, cuando viajar significa comportarse como si el lugar no tuviera vecinos, hasta el paraíso acaba pasando factura.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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