Síguenos

Actualidad

¿Cómo combate Colombia los incendios forestales que azotan Tolima?

Colombia avanza contra los incendios en Tolima, con un gasoducto fuera de peligro y miles de hectáreas quemadas en plena emergencia forestal.

Publicado

el

el incendio de Fontainebleau

Colombia ha logrado contener algunos de los incendios forestales más preocupantes de los últimos días, pero la emergencia está lejos de darse por terminada. El avance más significativo se produjo este domingo, 23 de agosto, en Gualanday, en el municipio de Coello, donde bomberos y organismos de socorro consiguieron controlar un fuego que se aproximaba a un gasoducto. Las llamas no alcanzaron la infraestructura y la zona quedó sometida a vigilancia ante el riesgo de reactivación.

El balance nacional explica por qué las autoridades siguen en guardia. A las 8:00 de la mañana del domingo había 10 incendios forestales activos y otros siete controlados en Colombia. Siete de los focos que continuaban ardiendo estaban en Tolima, convertido en el centro de una crisis que durante agosto ha quemado bosques, cultivos y pastos, obligado a desplegar medios aéreos y terrestres y dejado a numerosos municipios viviendo con el humo casi pegado a las ventanas. En los últimos siete días, al menos 75 incendios fueron liquidados en distintas regiones del país.

No es, por tanto, un incendio aislado ni una sucesión de pequeñas quemas rurales. Es una emergencia extensa, móvil y difícil de cerrar: se apaga una ladera y aparece otro foco kilómetros más allá; se enfría un terreno y el viento vuelve a darle oxígeno. El fuego tiene esa desagradable costumbre de no leer los partes oficiales.

Tolima concentra siete de los diez incendios activos

El departamento del Tolima soporta la mayor presión. Según el balance de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), los incendios activos se localizaban este domingo en zonas de Suárez, San Luis, Armero Guayabal, Coello y Guamo. En algunos municipios existe más de un foco, de ahí que cinco localidades concentren siete emergencias distintas.

En Suárez, las llamas afectan al sector del Cerro Las Mercedes; en San Luis se han desarrollado operaciones alrededor de Campoalegre y de la Escuela Nacional de Entrenamiento Policial; Armero Guayabal mantiene actividad en la vereda Maracaibo, mientras que Coello acumula varios puntos sensibles en sectores como Potrerillo y Chaguala. En Guamo, otro fuego permanecía activo en el Cerro del Indio. Fuera de Tolima, las restantes emergencias se encontraban en Nariño y Caldas.

La geografía complica las labores de extinción. Hay zonas montañosas donde trasladar agua y equipos requiere horas, terrenos en los que resulta difícil introducir vehículos y laderas secas donde el viento puede transformar un frente relativamente pequeño en una lengua de fuego mucho más extensa. El viernes ya trabajaban en Tolima más de 150 bomberos llegados también de otros territorios, junto con fuerzas militares, Policía y personal especializado.

El incendio de Gualanday y el peligro para el gasoducto

Gualanday se convirtió durante el fin de semana en uno de los puntos más delicados. El incendio descendía por zonas próximas a la carretera entre Ibagué y Bogotá y llegó a amenazar un gasoducto, una circunstancia que podía haber multiplicado el alcance de la emergencia. El presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, confirmó el domingo que el fuego había sido controlado antes de alcanzar la infraestructura energética.

El trabajo no termina al desaparecer las llamas visibles. Los equipos mantienen vigilancia porque troncos, raíces y materia vegetal pueden conservar calor durante horas e incluso días. Con vegetación reseca y viento, una brasa escondida basta para devolver el incendio al mapa.

Medios aéreos y brigadas sobre el terreno

La respuesta combina aeronaves y trabajo terrestre. En San Luis operaban dos aviones AT-802 y dos helicópteros UH-60, mientras que en Suárez intervenía un helicóptero Huey de la Fuerza Aeroespacial Colombiana. Sobre el terreno se habían desplegado miembros de la Brigada de Atención y Prevención de Desastres, brigadistas forestales, unidades policiales especializadas y cuerpos de bomberos.

La dimensión humana de ese dispositivo suele quedar sepultada bajo las cifras. Bomberos de municipios afectados han relatado jornadas continuas, deterioro de mangueras, bombas y equipos de protección y problemas incluso para disponer de agua suficiente. En Venadillo, una comandante de bomberos explicó que los equipos tenían que enfriar repetidamente zonas ya atacadas porque el fuego volvía a aparecer. Apagar no siempre significa extinguir; esa diferencia, aparentemente semántica, sobre el terreno pesa toneladas.

Más de 20.000 hectáreas quemadas y un balance todavía abierto

Calcular la superficie afectada mientras la emergencia continúa es complicado y las cifras han ido creciendo conforme se revisan nuevas áreas. El viernes 21 de agosto, la Gobernación del Tolima situaba el daño por encima de 20.000 hectáreas de bosque y cultivos en al menos 13 municipios. Dos días después, nuevas estimaciones de la administración departamental apuntaban ya a más de 30.000 hectáreas afectadas.

La diferencia responde a un balance todavía en actualización, no a una superficie quemada que pueda medirse con una regla mientras las llamas avanzan. Los primeros recuentos oficiales de mediados de agosto hablaban todavía de unas 11.000 hectáreas. La progresión posterior muestra la velocidad con la que se deterioró la situación.

Y no arde solamente monte. Se han perdido cultivos de plátano, café, aguacate, limón y mango, mientras amplias superficies de pastos han quedado inutilizadas para la ganadería. El viernes las autoridades señalaban que más de 18.000 reses estaban afectadas por la desaparición de zonas de alimentación. El impacto económico comunicado posteriormente por el sector agropecuario del departamento superaba los 41.000 millones de pesos colombianos.

Eso cambia la naturaleza del desastre. Tras la extinción llegan las parcelas sin cosecha, los animales sin pasto y familias cuyo ingreso dependía precisamente de aquello que el fuego redujo a una superficie gris. El incendio dura días; la recuperación rural puede durar años.

Calor, sequedad y una temporada de riesgo elevado

Las condiciones meteorológicas han creado un escenario especialmente favorable a la propagación del fuego. Tolima ha registrado temperaturas que alcanzaron 40,8 grados Celsius en algunas de las zonas más castigadas y varios incendios llegaron a extenderse durante kilómetros. La combinación de altas temperaturas, vegetación seca y viento acelera los frentes y complica el trabajo de los equipos de extinción.

Colombia atraviesa, además, su segunda temporada del año con menores precipitaciones. La UNGRD ya había advertido a comienzos de agosto de una elevada incidencia de incendios: entre el 16 de junio y el 6 de agosto se registraron 438 fuegos forestales en 191 municipios de 19 departamentos. Tolima encabezaba entonces el recuento, con 140 eventos en 38 municipios.

El riesgo no desaparece porque llueva una tarde. El suelo puede humedecerse superficialmente mientras capas inferiores y restos vegetales continúan secos. De ahí la insistencia de las autoridades en enfriar perímetros, mantener la vigilancia y evitar nuevas quemas durante episodios de calor.

Las causas de los incendios están bajo investigación

La posible intervención humana ocupa ahora una parte importante de la investigación. La gobernadora del Tolima, Adriana Magali Matiz, trasladó a la Fiscalía información sobre denuncias que apuntan a que algunos incendios pudieron ser provocados deliberadamente. El presidente De la Espriella ordenó investigar esas sospechas y anunció actuaciones judiciales si se acredita una responsabilidad criminal. Por ahora son hipótesis bajo investigación, no hechos probados.

También existe un problema menos espectacular, pero mucho más cotidiano: las llamadas quemas controladas y determinadas prácticas rurales con fuego. La Secretaría de Ambiente y Gestión del Riesgo del Tolima ha advertido de que ciertas actuaciones realizadas sin preparación pueden escapar rápidamente de control. El Ministerio de Ambiente suspendió temporalmente las quemas abiertas controladas en áreas rurales mientras persistan las condiciones de alto riesgo.

Conviene separar ambos planos. Una cosa es investigar una acción deliberadamente criminal y otra, muy distinta, una quema agrícola que termina propagándose por negligencia o por un cambio repentino del viento. Meterlo todo en el cómodo cajón de los pirómanos puede producir titulares rotundos, pero explica poco. Las autoridades tendrán que determinar caso por caso qué ocurrió.

De la emergencia inmediata a la reconstrucción del territorio

Tolima declaró la calamidad pública a mediados de agosto, cuando llegó a registrar alrededor de 38 incendios activos en 16 municipios. Aquella cifra ha descendido de forma sustancial gracias a las operaciones de emergencia y a episodios puntuales de lluvia, aunque el repunte posterior demostró lo frágil que puede ser cualquier mejoría durante una temporada seca.

El control del incendio que amenazaba el gasoducto de Gualanday es una noticia importante: eliminó uno de los escenarios potencialmente más peligrosos de esta crisis. También lo es que 75 incendios hayan podido darse por liquidados en una semana en el conjunto de Colombia. Pero las cifras del domingo mantienen la cautela: quedan diez activos, siete de ellos en Tolima, y varios municipios continúan pendientes del cielo, del viento y de columnas de humo que pueden cambiar de dirección en minutos.

La siguiente batalla ya ha comenzado aunque todavía haya llamas. Recuperar suelo, cultivos, pastos y medios de vida será bastante menos vistoso que un helicóptero descargando agua sobre una montaña, pero seguramente más largo. Tras semanas de incendios y decenas de miles de hectáreas afectadas, Tolima empieza a controlar el fuego mientras descubre la verdadera dimensión de lo perdido.

El fuego retrocede, pero sus daños permanecerán

Colombia entra en una fase algo menos crítica de la emergencia, aunque hablar de normalidad sería prematuro. La reducción de focos y el control de puntos especialmente sensibles muestran que el dispositivo de extinción está dando resultados, mientras Tolima continúa concentrando la mayor parte de los incendios activos y una enorme superficie dañada.

Detrás del humo quedan explotaciones agrícolas, pastos destruidos, ecosistemas castigados y municipios obligados a reconstruir lo perdido. Que las llamas cedan es la primera victoria. Recuperar el territorio afectado será una historia bastante más larga.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído