Síguenos

Actualidad

¿Cómo ocurrió el incendio escolar de Bukavu que dejó 27 niños muertos?

El fuego que alcanzó una escuela de Bukavu durante las clases dejó al menos 27 niños muertos, numerosos heridos y unas 300 viviendas destruidas.

Publicado

el

el incendio de Bukavu

Resumen

  • Al menos 27 niños murieron tras un incendio que alcanzó una escuela de Bukavu
  • El fuego sorprendió a los alumnos en clase y provocó una evacuación caótica
  • Las llamas también arrasaron unas 300 viviendas y dejaron numerosos heridos

Al menos 27 niños han muerto en Bukavu, en el este de la República Democrática del Congo, después de que un incendio alcanzara un complejo de educación primaria cuando los alumnos se encontraban en clase. El fuego se declaró durante la mañana del jueves 10 de septiembre y se propagó con rapidez desde viviendas próximas hasta la zona escolar, situada en la comuna de Kadutu.

El balance aumentó este viernes de 15 a 27 estudiantes fallecidos después de que los equipos que inspeccionaban los restos localizaran otros doce cuerpos. La cifra continúa siendo provisional. Las tareas de búsqueda siguen abiertas y existe cierta disparidad entre los recuentos divulgados por autoridades locales y por la administración rebelde que controla Bukavu.

El incendio de Bukavu deja 27 niños muertos

La tragedia se produjo en el sector de Cimpunda, en Kadutu, una zona densamente construida donde las casas se levantan muy próximas unas de otras. El fuego habría comenzado en viviendas cercanas y terminó alcanzando el complejo escolar conocido localmente como Kwa Mogo, donde funcionan centros de primaria como Furaha y Ujamaa.

Los alumnos estaban dentro cuando las llamas se acercaron. En pocos minutos, el incendio desencadenó una evacuación caótica. Testimonios recogidos sobre el terreno describen estudiantes intentando escapar precipitadamente, algunos por las ventanas, mientras el humo y el fuego avanzaban entre edificios y viviendas.

El alcalde de Kadutu, Théo Ruremesha, comunicó el viernes que doce nuevos cadáveres de menores habían sido encontrados entre los restos, elevando a 27 el número conocido de víctimas infantiles. El presidente de la sociedad civil de Bukavu, Hypocrate Marume, confirmó también ese balance y explicó que varios cuerpos fueron trasladados al hospital de referencia de Kadutu y otros a diferentes centros sanitarios.

La dimensión exacta de la tragedia, con todo, todavía se está reconstruyendo. En las primeras horas circularon balances de 15, 17, 24 y 26 fallecidos. No es una contradicción menor, pero responde a un escenario en el que los cadáveres fueron recuperándose progresivamente y los heridos quedaron repartidos entre distintos hospitales.

Qué se sabe sobre la causa del fuego

La causa del incendio todavía no ha sido determinada. Las autoridades han abierto investigaciones para establecer dónde comenzó exactamente el fuego y por qué alcanzó con tanta rapidez la escuela y las casas del entorno.

Las primeras informaciones apuntan a que las llamas se originaron fuera de los centros educativos, en una zona residencial cercana. La combinación de construcciones muy juntas, materiales fácilmente combustibles y una estación seca especialmente propicia para la propagación del fuego convirtió el barrio en una ratonera.

No hay, por ahora, elementos verificados que permitan hablar de un incendio provocado. Algunas voces locales han expresado sospechas ante la sucesión de fuegos registrada en Bukavu durante los últimos meses, pero el origen de este siniestro sigue sin estar aclarado. Convertir una sospecha en certeza sería añadir ruido precisamente cuando faltan respuestas.

Una evacuación marcada por el pánico

Los relatos conocidos dibujan una escena especialmente dura dentro de los colegios. Las llamas sorprendieron a los estudiantes durante la jornada escolar y la salida se produjo en medio de una fuerte aglomeración.

Algunos testimonios señalan que hubo menores que trataron de escapar por las ventanas y que una salida estrecha complicó la evacuación. También se han descrito episodios de aplastamiento y asfixia durante la huida. Las autoridades todavía deberán determinar cuánto pesaron el fuego, el humo y la estampida en la muerte de cada víctima.

El problema no terminó en las puertas del colegio. El acceso al área afectada resultó complicado para los servicios de emergencia, una circunstancia que obligó a numerosos vecinos a convertirse, de repente, en bomberos, rescatistas y camilleros improvisados.

En una ciudad bien preparada, una emergencia ya es difícil. Allí había callejones estrechos, viviendas ardiendo al mismo tiempo y recursos limitados. El margen de reacción era mínimo.

Decenas de heridos y hospitales bajo presión

El número definitivo de heridos tampoco está cerrado. El M23, el grupo armado que controla Bukavu desde 2025, informó de 29 personas atendidas en centros médicos y señaló que 21 permanecían en unidades de cuidados intensivos.

Otras informaciones procedentes de hospitales locales apuntaron a una llegada todavía mayor de estudiantes heridos. La dispersión de las víctimas entre varios centros sanitarios ayuda a entender por qué los balances fueron cambiando durante horas.

El hospital de referencia de Kadutu llegó a verse desbordado, según representantes de la sociedad civil. Algunos pacientes y cadáveres tuvieron que ser derivados a otras instalaciones de la ciudad.

La presión sobre los servicios médicos se suma al drama de las familias que siguen buscando información sobre sus hijos. En estos incendios, el balance no aparece de golpe como una cifra limpia en una pantalla: se forma lentamente, hospital a hospital, aula a aula, entre llamadas que no encuentran respuesta y nombres que tardan en aparecer.

El fuego también arrasó cientos de viviendas

La escuela no fue el único espacio alcanzado. Las llamas se extendieron por el vecindario y los primeros recuentos situaban en torno a 300 las viviendas destruidas o gravemente afectadas.

Eso deja a cientos de personas sin casa y, en muchos casos, sin prácticamente ninguna pertenencia. En barrios donde buena parte de las viviendas están construidas con madera, chapas y materiales vulnerables al fuego, las llamas pueden saltar de una parcela a otra con una velocidad brutal.

Los propios residentes participaron en los trabajos para frenar el incendio, evacuar personas y ofrecer alojamiento a quienes acababan de perderlo todo. No por romanticismo comunitario, sino porque las capacidades públicas de respuesta eran insuficientes. Cuando el vecino termina haciendo de bombero es difícil presentar el asunto como una simple fatalidad.

Bukavu arrastra una larga sucesión de incendios

El contexto agrava todavía más lo ocurrido. Bukavu viene sufriendo incendios recurrentes durante la estación seca y las autoridades provinciales habían advertido de que más de 2.500 viviendas habían quedado destruidas entre julio, agosto y los primeros días de septiembre.

Pocos días antes del desastre escolar, otro incendio en Kadutu había dejado a numerosas familias sin techo y había destruido viviendas, comercios y almacenes. En agosto, otro fuego había arrasado alrededor de 200 casas en el barrio de Nkafu.

La sucesión ha llevado a reclamar una investigación independiente que permita documentar las causas de estos episodios y determinar por qué la ciudad continúa mostrando una vulnerabilidad tan extrema frente al fuego.

Detrás aparecen problemas bastante menos espectaculares que una columna de humo, pero mucho más persistentes: urbanización desordenada, accesos estrechos, construcciones inflamables y falta de medios contra incendios. Una combinación que convierte un fuego doméstico en una catástrofe colectiva.

Bukavu vuelve a contar sus muertos entre las cenizas

Bukavu es la capital de Kivu del Sur y se encuentra bajo el control del Movimiento 23 de Marzo (M23) desde febrero de 2025, después de la ofensiva rebelde en el este congoleño.

Ese contexto político y militar importa. La presencia de estructuras administrativas rivales complica la coordinación institucional y ayuda a explicar que diferentes autoridades hayan publicado balances distintos del mismo incendio. Mientras responsables locales elevaban la cifra de escolares muertos a 27, la administración vinculada al M23 seguía comunicando un balance inferior.

La región lleva años soportando conflictos armados y desplazamientos de población, además de un deterioro acusado de los servicios esenciales. Nada de eso explica por sí solo por qué comenzó el fuego del jueves. Sí explica, en cambio, por qué una emergencia puede crecer con tanta rapidez y encontrar tan pocas barreras antes de convertirse en desastre.

El balance conocido este 11 de septiembre deja al menos 27 niños muertos, numerosos heridos, cientos de viviendas afectadas y una investigación que todavía debe aclarar el origen exacto del incendio. La búsqueda entre los escombros continúa y el número final de víctimas podría cambiar.

Por ahora, lo más sólido es también lo más terrible: los alumnos estaban en clase cuando un incendio procedente del entorno alcanzó sus escuelas y una evacuación desesperada terminó multiplicando el desastre.

Bukavu lleva meses viendo desaparecer barrios enteros bajo el fuego. Esta vez ardieron también unas aulas. Y ahí la estadística deja de ser una sucesión de casas quemadas: son pupitres vacíos, familias esperando fuera de hospitales y una ciudad obligada, otra vez, a preguntarse por qué un incendio ordinario puede acabar convertido en una tragedia extraordinaria.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído