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Hamás entrega a todos los rehenes en Gaza: ¿quienes son?
La tarde del 13 de octubre trajo un dato rotundo: Hamás entregó a la Cruz Roja a los últimos 13 rehenes con vida que quedaban en Gaza, después de que por la mañana hubiese transferido un primer grupo de siete.

Claves del canje en Gaza: puntos de entrega, rutas seguras y recepción en Reim, horarios, protocolos médicos y el papel del CICR y mediación.
La tarde del 13 de octubre trajo un dato rotundo: Hamás entregó a la Cruz Roja a los últimos 13 rehenes con vida que quedaban en Gaza, después de que por la mañana hubiese transferido un primer grupo de siete. Con ese movimiento, la organización islamista asegura que ya no conserva cautivos vivos en su poder. La operación se ejecutó en dos tandas, sobre rutas previamente despejadas y con luz diurna, y activó el engranaje humanitario y sanitario que Israel tiene desplegado desde hace días para esta fase del canje. El cómputo del día asciende a 20 personas liberadas, un hito que cambia por completo la fotografía del conflicto y el estado de las familias que han aguardado, en muchos casos, casi dos años.
El foco informativo se desplaza ahora hacia dos planos: quiénes son los liberados y cómo se encaja su salida en el dispositivo logístico de la Cruz Roja (CICR) y de las Fuerzas de Defensa de Israel. Hay nombres propios, edades, lugares de secuestro y trayectorias vitales diferentes, pero un patrón compartido: festival Nova, kibutz del área fronteriza y posiciones militares cercanas a la franja. Sobre ellos, a continuación, el detalle que permite entender el día y poner rostro a una noticia que, por fin, habla de regresos.
Qué ha ocurrido: la secuencia del día y el marco del canje
La jornada arrancó con un primer convoy del CICR. Siete rehenes fueron transferidos a primera hora y, a las 9.30 en Israel, cruzaron la frontera para quedar bajo custodia militar. Por la tarde, un segundo movimiento llevó a la entrega del grupo de 13, que completó el total previsto para esta fase. Se trata de un diseño deliberado: entregas escalonadas, en franjas horarias con visibilidad y por itinerarios que el Ejército israelí ha asegurado con antelación. El cruce de información entre equipos de mediación, Cruz Roja y mandos militares sostenía, en tiempo real, la sincronización de cada paso: salida del punto pactado, traslado en vehículos blancos, verificación de identidad, traspaso a personal israelí y desvío inmediato hacia la base de Reim, al norte de la frontera con Gaza.
El canje se enmarca en un alto el fuego con mecanismos propios. Mientras estos 20 cautivos con vida regresan, Israel ha comenzado la excarcelación de presos palestinos según listas acordadas, y queda pendiente el capítulo de los 28 cuerpos de personas fallecidas en cautiverio. La logística de restos mortales discurre en paralelo, con un protocolo forense específico y la previsión —reconocida ya por las autoridades— de que no todos puedan localizarse y entregarse de forma inmediata. Es un proceso técnico, sin foco, pero imprescindible para que también quienes no sobrevivieron vuelvan con dignidad.
Los 13 entregados por la tarde: identidades y contexto
El segundo tramo del día reunió a trece jóvenes y adultos con perfiles distintos y un origen común: fueron capturados el 7 de octubre de 2023 en escenarios que hoy forman parte de la geografía íntima del conflicto. Nimrod Cohen (20) fue sacado de un tanque cerca de la frontera con Gaza; su caso representa el de los soldados sorprendidos en posiciones avanzadas o caminos de acceso en la primera hora de la incursión. Rom Braslavski (21) y Bar Kupershtein (23) trabajaban en el festival de música Nova, el evento que se convirtió en una trampa masiva con decenas de secuestros. Junto a ellos aparecen Evyatar David (24), Maxim Herkin (37), Elkana Bohbot (36), Segev Kalfon (27) y Yosef Haim Ohana (24), todos capturados en el entorno del festival o en desplazamientos asociados a esa cita.
El grupo incluye también a Matan Zangauker (25), secuestrado en su casa de Nir Oz, kibutz que quedó grabado en la memoria colectiva por la saña de los ataques y el número de personas arrastradas a Gaza. La lista la completan los hermanos Ariel (28) y David Cunio (35), con una circunstancia peculiar: Ariel fue capturado en el kibutz Nir Oz junto a su pareja, mientras David lo fue en su propia vivienda, ante su esposa y sus hijas gemelas. Aparecen también Avinatan Or (32), cuya novia fue secuestrada y posteriormente rescatada en junio de 2024, y Eitan Horn (38), argentino, apresado durante una visita a su hermano mayor. Sus nombres apuntalan el cruce de historias familiares y nacionalidades que ha caracterizado este episodio: jóvenes en su primer trabajo, adultos con niños, dualidades de pasaporte y, por desgracia, parejas separadas en minutos.
En esta nómina se mezcla el mundo civil —festival, viviendas, carretera— con el entorno militar —tanque, puestos de observación, accesos a bases—. No hay una única narrativa, pero sí consecuencias comunes: meses de cautiverio, traslados dentro de Gaza, condiciones cambiantes y un retorno que, por diseño, no incluye exposición pública innecesaria. La Cruz Roja protege ese tránsito con su mandato de neutralidad, y la transferencia posterior a manos israelíes se realiza con un protocolo de baja visibilidad: verificación, evaluación somera y salida.
Los siete liberados a primera hora: del punto de entrega a Reim
La primera tanda de la mañana —Matan Angrest, Gali Berman, Ziv Berman, Alon Ahel, Eitan Mor, Guy Gilboa Dalal y Omri Miran— siguió la pauta que ya se daba por descontada. En cuestión de minutos, los siete cruzaron a territorio israelí y fueron derivados a la base de Reim, convertida en centro de recepción con carpas de triaje y espacios reservados. En este grupo se concentran historias que han marcado la cobertura del último año: Gali y Ziv Berman (27), hermanos secuestrados en su casa del kibutz Kfar Aza; Eitan Mor (25), capturado mientras trabajaba como guardia en el festival Nova; Matan Angrest (22), soldado atrapado tras el asalto a un tanque en Nahal Oz; Alon Ahel (24), otro asistente del festival; Guy Gilboa Dalal (24), secuestrado también en la zona del evento; y Omri Miran (48), apresado en su vehículo frente a su familia.
La entrada de este primer grupo a las 9.30 hora local sirvió de confirmación de que la mecánica acordada funcionaba: itinerarios cortos, control en los cruces y reserva informativa hasta que la seguridad quedase despejada. En Reim, el triaje prioriza constantes vitales, hidratación, control del dolor y cribado de riesgos inmediatos (infecciones activas, sangrado, descompensaciones). Si la valoración es buena, se produce un encuentro breve con familiares en espacios cerrados; si no, el protocolo marca traslado inmediato a centros hospitalarios con capacidad para trauma y salud mental.
El recorrido sanitario: base de Reim, hospitales y seguimiento
Una vez concluido el primer paso en Reim, el plan sanitario despliega un puente aéreo y terrestre hacia tres hospitales del área de Tel Aviv con capacidad reforzada: el Sheba (Tel HaShomer), el Beilinson (Petaj Tikva) y el Ichilov (Sourasky, en la capital). El reparto comunicado para la tarde asumía una distribución 10-5-5, con margen para ajustes en función de la complejidad clínica de cada caso. En estos centros, los equipos han preparado circuitos de atención para cautiverio prolongado: valoración nutricional y síndrome de realimentación, análisis de deficiencias vitamínicas, estudio de posibles lesiones osteomusculares, revisión odontológica y evaluación de estrés postraumático con intervención psicológica temprana.
La intimidad es una pieza esencial. No habrá paseos frente a cámaras ni declaraciones ante prensa; las autoridades sanitarias insisten en proteger la privacidad de quienes pasan de un entorno de control forzado a otro donde las rutinas —comer a horas fijas, dormir sin ruido, abrir una puerta sin vigilancia— vuelven a tener sentido. El trabajo con familias también forma parte de la pauta: se recomienda dosificar los reencuentros, ajustar expectativas y evitar la hiperexposición. La primera semana define gran parte del tono del proceso de recuperación.
Qué pasa con los cuerpos y qué dice el acuerdo
El capítulo de los 28 rehenes fallecidos sigue su propio compás. La Cruz Roja entregará los restos a las fuerzas israelíes en Gaza, con una ceremonia breve y rezo judío dentro del enclave antes de la repatriación. Se prioriza la cadena de custodia, la conservación de muestras y la identificación genética en laboratorios forenses. Está sobre la mesa la posibilidad —admitida por el Gobierno— de que no todos los cuerpos estén localizados de inmediato, bien por destrucción de escenarios, por enterramientos de emergencia o por traslados que no han quedado documentados. Ante esa contingencia, el alto el fuego establece la participación de un organismo internacional para apoyar la localización y recuperación.
No es una rutina corta. La identificación puede requerir ADN familiar, cruces de registros dentales, análisis antropométricos y un trabajo paciente en zonas de difícil acceso. En paralelo, Israel procede a notificar a las familias bajo protocolos de acompañamiento y confidencialidad. Aquí no hay tiempos de telediario ni puntos de directo: hay técnicos, bolsas negras y silencio. Y, detrás, una promesa que se repite con cuidado: devolver con dignidad a quienes no sobrevivieron.
Mediación, seguridad y lo que permitió que el día saliera bien
El éxito de una jornada como esta no se explica sin el triángulo de mediación que han sostenido Qatar y Egipto, con Estados Unidos como arquitecto político del marco. La neutralidad del CICR es la otra mitad del puente. Es esa doble vía —política y humanitaria— la que habilita rutas, listas y verificaciones cruzadas. En el terreno, el Ejército israelí ha garantizado la seguridad de los pasillos, y la resistencia palestina ha mantenido un nivel de coordinación suficiente para que los puntos de entrega no quedaran expuestos a incidentes o interferencias de terceros. Se trata de capas de protección a las que se suman rutas alternas, códigos de confirmación y pausas tácticas si algún tramo ofrecía dudas.
Hay un segundo factor, menos visible pero determinante: la geografía física de Gaza tras meses de guerra. Carreteras rotas, escombros, puentes dañados, cruces bajo control y barrios enteros desfigurados obligan a recorridos cortos y muy curados. De ahí la elección de dos puntos de entrega y la consigna de no publicar rutas con antelación. Cualquier despiste podía arruinar un día que, por primera vez en mucho tiempo, estaba diseñado para salvar y no para resistir.
Perfiles e historias: un mosaico de procedencias y vidas interrumpidas
Los nombres que hoy regresan componen un mosaico generacional. Hay veinteañeros que estrenaban trabajo, treintañeros con hijos pequeños, cuarentones con oficio y rutina. Entre los trece entregados por la tarde, el festival Nova —símbolo trágico de un 7 de octubre que partió en dos la vida de miles de personas— concentra buena parte de los secuestros. Rom Braslavski, Bar Kupershtein, Evyatar David, Maxim Herkin, Elkana Bohbot, Segev Kalfon y Yosef Haim Ohana se mueven en esa órbita: trabajadores, asistentes, jóvenes que esa mañana solo pensaban en música y amigos. Sus trayectorias hablan de normalidad rota, de trayectos en carretera, de mensajes no enviados.
El otro eje es el mundo del kibutz. Nir Oz aparece una y otra vez en los partes, porque ahí fueron capturados Matan Zangauker, Ariel Cunio y David Cunio. Casas abiertas, comunidades pequeñas, rutinas compartidas: el secuestro en estos espacios añade un grado de violencia íntima que las familias han tratado de hacer visible en los últimos meses, con cartas, campañas y vigilias. También está el eslabón militar, con Nimrod Cohen y el tanque cerca de la frontera como escenario; y la paradoja de Avinatan Or, cuyo regreso se produce tras un año marcado por el rescate de su pareja, lo que convirtió su nombre en un recordatorio cotidiano de que aún quedaban personas dentro.
La primera tanda de la mañana reúne historias con idéntica fuerza. Gali y Ziv Berman, hermanos capturados en Kfar Aza, son también el retrato de una generación hecha de vínculos más que de eslóganes. Eitan Mor y Alon Ahel, jóvenes ligados al festival, amplían el mapa del Nova. Matan Angrest encarna al soldado sorprendido en un escenario móvil —un tanque, una ruta—; Guy Gilboa Dalal sirve de puente entre ambas realidades —evento masivo, territorio rural—; y Omri Miran ancla el papel del adulto con responsabilidades familiares que se ve de pronto arrancado del coche frente a los suyos.
Qué cambia desde hoy en el terreno político y humanitario
Que no queden rehenes vivos en manos de Hamás modifica la agenda inmediata. El peso operativo pasa a la gestión de restos, al seguimiento médico y psicológico de los liberados y a la verificación del canje de presos pactado. En lo político, la tregua dispone de un activo tangible: la liberación de personas tiene un efecto descompresor en sociedades agotadas y facilita movimientos diplomáticos que, sin ese gesto, no tendrían aire. La ayuda humanitaria debería intensificar su flujo durante las próximas jornadas, con más camiones y mejores garantías de acceso dentro de la franja.
Quedan, eso sí, preguntas abiertas que no admiten atajos: ¿cuánto durará la calma relativa que permite operar a la Cruz Roja y a los equipos médicos? ¿hasta dónde llegará la cooperación para localizar e identificar a los 28 fallecidos? ¿se cumplirá sin incidencias el capítulo de la excarcelación? No son dudas menores. Definen si el alto el fuego consolidará una física del día a día distinta a la de los últimos meses o si, por el contrario, volverán los sobresaltos que tanto han lastrado intentos previos.
Nombres propios y lo que sigue en la tregua
La noticia del día —20 rehenes con vida liberados, 13 de ellos por la tarde, ninguno ya en poder de Hamás— se sostiene en nombres concretos y en una logística que, esta vez, funcionó como estaba diseñada. Nimrod Cohen, Rom Braslavski, Bar Kupershtein, Evyatar David, Maxim Herkin, Elkana Bohbot, Segev Kalfon, Yosef Haim Ohana, Matan Zangauker, Ariel Cunio, David Cunio, Avinatan Or y Eitan Horn ya van camino de hospitales o de casa. Antes lo hicieron Matan Angrest, Gali Berman, Ziv Berman, Alon Ahel, Eitan Mor, Guy Gilboa Dalal y Omri Miran. La Cruz Roja los recogió, los trasladó y los entregó; Reim los recibió; Sheba, Beilinson e Ichilov los están tratando. Lo esencial, hoy, es que el mapa de cautivos vivos en Gaza se ha quedado vacío.
A partir de aquí, el trabajo se vuelve más lento y, quizá, más silencioso: identificar cuerpos, completar intercambios, documentar hechos y acompañar a quienes necesitan volver a aprender rutinas simples —dormir en calma, abrir una ventana, sentarse a comer sin urgencia—. En paralelo, la política explorará el margen que deja la tregua para discutir pasos siguientes. Hoy, al menos, la lista de rehenes con vida ya no existe. Y ese dato, por sí solo, explica por qué en tantas casas se han mezclado llantos y abrazos con una palabra corta, repetida en voz baja, como si pudiera romperse: “por fin”.

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