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¿Qué pasó en Grecia? Dos pilotos mueren durante el enorme incendio

Dos pilotos mueren al chocar dos helicópteros durante el gran incendio de Grecia, que obliga a evacuar pueblos y castiga el oeste de Atenas.

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un helicóptero de bomberos apaga fuego

Dos tripulantes han muerto este domingo, 2 de agosto de 2026, después de que dos helicópteros contraincendios chocaran en pleno vuelo mientras combatían el enorme incendio forestal que avanza por el oeste de Atenas. El accidente ocurrió sobre la zona de Psatha, en el Ática occidental: uno de los aparatos cayó al suelo y sus dos ocupantes fueron trasladados inconscientes al hospital, donde se confirmó su fallecimiento.

Las víctimas son un coordinador aéreo griego y un piloto danés. En el otro helicóptero viajaban un ciudadano griego y otro británico, rescatados con heridas leves. Los cuatro integrantes de las tripulaciones participaban en una operación marcada por las ráfagas violentas, el humo espeso y una línea de fuego que lleva tres días atravesando bosques, urbanizaciones y carreteras costeras.

Dos helicópteros chocaron sobre el frente de Psatha

Los aparatos eran helicópteros Bell que habían despegado de la base aérea de Elefsina, situada al oeste de la capital griega. Cada uno transportaba a dos personas. Según la información difundida por el Servicio de Bomberos, la colisión se produjo mientras ambos realizaban maniobras de extinción sobre Psatha, una pequeña localidad costera situada a unos 60 kilómetros de Atenas.

Los equipos de rescate localizaron primero a los dos ocupantes de uno de los helicópteros, conscientes y capaces de comunicarse. Los otros dos fueron extraídos sin conocimiento y trasladados en ambulancia al Hospital General de la Fuerza Aérea de Atenas. Allí se certificaron las muertes.

La investigación deberá aclarar la trayectoria seguida por cada aeronave, las comunicaciones entre las tripulaciones y las condiciones exactas del espacio aéreo durante los segundos anteriores al impacto. Por ahora, no existe una causa oficial del siniestro.

Tras el accidente, las autoridades ordenaron dejar en tierra todos los helicópteros Bell que trabajaban en ese sector. Es el protocolo habitual después de un incidente aéreo grave: primero se asegura la zona, se recuperan los restos y se reconstruye la secuencia; después se decide cuándo pueden volver a volar aparatos semejantes.

La medida redujo temporalmente la capacidad de ataque desde el aire, aunque continuaron operando ocho helicópteros Erickson, dos aviones Canadair y dos Chinook. Un despliegue considerable, aunque el fuego llevaba horas demostrando que las cifras impresionan menos cuando el viento empieza a mandar.

El riesgo era extremo. Los helicópteros volaban a baja altura, próximos entre sí y dentro de una atmósfera sucia, con humo, ceniza y turbulencias generadas por el propio incendio. A eso se sumaban los cambios repentinos del viento.

La extinción aérea parece una coreografía precisa contemplada desde la playa; dentro de la cabina es otra cosa: ruido, visibilidad quebrada y decisiones tomadas en segundos.

Un incendio que cruzó de Beocia al oeste de Atenas

El gran fuego comenzó el viernes 31 de julio cerca de Agios Vasileios y Xeronomi, en el sur de Beocia. Empujado hacia el este por el viento, descendió sobre zonas forestales y acabó penetrando en la región del Ática, donde alcanzó Porto Germeno y abrió varios frentes alrededor de los montes Citerón y Pateras.

Las llamas atravesaron pinares densos y avanzaron hacia Psatha, Veniza, Vilia y Megara. En algunos puntos se observaron columnas de fuego de hasta 20 metros.

La prioridad de los equipos pasó a ser impedir que el frente llegara a Vilia y que cruzara la carretera entre Megara y Alepochori, detrás de la cual se encuentra una importante zona industrial. Allí se abrieron cortafuegos de emergencia mientras voluntarios y Protección Civil intentaban ganar unos metros a una pared de fuego que corría mucho más deprisa.

El incendio no se comportó como una línea única y dócil, algo que los grandes fuegos rara vez hacen. Surgieron focos separados por kilómetros, algunos provocados por pavesas y piñas encendidas que el viento lanzaba por encima de carreteras y franjas ya quemadas.

Una vivienda podía parecer a salvo y, pocos minutos después, recibir una lluvia incandescente en el tejado o el jardín. Así se perdieron casas en Porto Germeno, Veniza, Kryo Pigadi y las laderas del monte Pateras.

Un frente alimentado por bosque seco y ráfagas violentas

Cerca de 500 bomberos, unidades forestales especializadas y más de una veintena de medios aéreos han participado en el dispositivo. También se incorporaron equipos desplazados desde Francia y Rumanía.

La dimensión del operativo explica la gravedad del fuego, pero no garantiza su control. Cuando las rachas cambian de dirección, los medios terrestres deben retirarse y los pilotos pierden los corredores seguros de entrada y salida.

En ciertos momentos, las turbulencias impidieron que algunos aparatos se aproximaran al mar para cargar agua o que realizaran las descargas con la precisión necesaria. Las gotas se dispersaban antes de alcanzar el frente. El agua caía, sí, pero el viento decidía dónde.

Una superficie quemada todavía provisional

La huella definitiva no podrá medirse hasta que el perímetro quede estabilizado. Las estimaciones disponibles tampoco describen exactamente la misma superficie.

El Observatorio Nacional de Atenas calculó que el incendio próximo a Porto Germeno había afectado entre 40 y 50 kilómetros cuadrados, equivalentes a entre 4.000 y 5.000 hectáreas. Otros balances que abarcan el conjunto de frentes de Beocia y el Ática occidental elevan el terreno afectado por encima de las 10.000 hectáreas.

Los primeros análisis de imágenes de Copernicus ya identificaban el sábado decenas de kilómetros cuadrados quemados en Beocia y Porto Germeno, cuando el incendio seguía avanzando.

Son cifras abiertas, no un marcador deportivo. El perímetro puede aumentar incluso después de que desaparezcan las grandes llamas, porque quedan focos ocultos bajo raíces, troncos y capas de materia orgánica.

Evacuaciones por carretera y rescates desde el mar

El sistema de emergencias 112 envió sucesivos avisos para evacuar Agia Paraskevi, Kryo Pigadi, Agios Nektarios, Alepochori, Psatha, Veniza, Loumpa y Zachouli.

Unos residentes fueron dirigidos hacia Vilia; otros, hacia Megara. Las órdenes variaban conforme el fuego cambiaba de dirección, una situación desconcertante para quien abandona su casa con una mochila, el animal doméstico en brazos y el retrovisor lleno de humo.

La costa se convirtió en una vía de escape. El viernes fueron evacuadas 254 personas por mar y otras 12 durante el sábado, cuando las llamas y el humo bloquearon parte de los accesos terrestres.

Embarcaciones de la Guardia Costera, bomberos y pescadores recogieron a residentes y veraneantes en las playas de Porto Germeno y los trasladaron hacia puntos seguros.

Hay viviendas completamente destruidas y otras dañadas, aunque el recuento continúa. Las primeras evaluaciones locales, que hablaban de una decena de casas, fueron revisadas rápidamente al alza.

Los balances más elevados apuntan a más de un centenar de viviendas destruidas en el área afectada al noroeste de Atenas. La cifra deberá concretarse cuando los técnicos puedan entrar en todas las urbanizaciones, algo todavía difícil por los cortes de carreteras, los árboles inestables y los rescoldos.

El impacto no se limita a los edificios. Han ardido pinares, olivares, colmenas, pequeñas explotaciones agrícolas y zonas de monte que servían de barrera natural frente a la erosión.

Después del fuego llega la tierra desnuda; después, si llueve con fuerza, el agua arrastra ceniza y suelo pendiente abajo. La factura ecológica tarda años en conocerse y décadas en desaparecer.

El viento cedió algo, pero la emergencia continúa

Durante buena parte del domingo soplaron vientos del norte y noroeste de entre 30 y 40 kilómetros por hora, con ráfagas de 60 a 70. La previsión indicaba una disminución parcial durante la tarde y la noche, hasta intensidades medias de 20 a 30 kilómetros por hora.

Esa tregua puede permitir ataques más directos sobre los focos, pero no equivale a dar el incendio por controlado.

Para el lunes se espera un nuevo aumento del viento en el área, acompañado por temperaturas que podrían alcanzar los 35 o 37 grados en el interior. La humedad de la vegetación muerta seguirá siendo muy baja.

Basta una brasa protegida bajo un tronco para que el frente vuelva a levantarse cuando regrese el aire. En los incendios forestales, la calma aparente suele ser apenas un paréntesis.

Tampoco es el único incendio activo en Grecia. Las autoridades han combatido en los últimos días fuegos en Cefalonia, Creta, Fócida y Halkidiki.

En Cefalonia se ordenaron evacuaciones y fue detenido un hombre de 44 años acusado de provocar deliberadamente un incendio que había quemado más de 600 hectáreas. Ese caso, sin embargo, no demuestra el origen del fuego de Beocia y el Ática occidental, que continúa bajo investigación. Mezclar ambos episodios sería cómodo, también falso.

Grecia vuelve a mirar a Mati

La colisión de Psatha añade dos muertes a una semana especialmente dura para los servicios de emergencia griegos. Otros tres bomberos habían fallecido combatiendo incendios en Creta y el Peloponeso.

Cada verano deja nombres nuevos en una lista demasiado antigua; la solemnidad institucional llega después, cuando el humo ya ha hecho su trabajo.

En el Ática permanece inevitable el recuerdo de Mati, donde 104 personas murieron en 2018 atrapadas entre el fuego, el mar y unas carreteras incapaces de absorber la evacuación.

El incendio actual no ha causado una tragedia civil comparable, en buena medida porque las alertas y los desalojos comenzaron pronto. Pero vuelve a mostrar la fragilidad de las poblaciones construidas entre pinares, pendientes abruptas y pocos accesos.

La causa inmediata del fuego todavía debe esclarecerse. Las altas temperaturas y el viento no encienden por sí solos una llama, aunque sí convierten una chispa, una avería eléctrica o una negligencia en una catástrofe.

Grecia necesita conocer qué inició este incendio; también qué permitió que recorriera tantos kilómetros. Son preguntas distintas y ambas importan.

Europa se calienta a más del doble de la media mundial desde la década de 1980. Ese calentamiento prolonga las sequías, seca la vegetación y amplía los periodos en los que un incendio puede adquirir un comportamiento extremo.

No elimina la responsabilidad humana ni excusa los fallos de prevención. Al contrario: hace más caro cada retraso y más peligroso cada descuido.

Una batalla abierta entre humo, viento y ceniza

En el oeste de Atenas, la batalla continúa entre laderas negras, humo suspendido y casas vacías. El viento ha aflojado, no el incendio.

Después de la muerte de los dos tripulantes, cada nueva descarga de agua lleva también el peso de una evidencia incómoda: combatir estos fuegos ya no es una campaña estacional rutinaria, sino una operación de alto riesgo en un territorio cada vez más inflamable.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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