Economía
¿Por qué Galicia ha perdido la mitad de su marisco en solo diez años?
Las lonjas gallegas pasaron de 7,78 millones de kilos de bivalvos en 2015 a 3,74 millones en 2025, con fuertes caídas de almeja y berberecho.

Resumen
- Galicia vende un 51,9 % menos de bivalvos que hace una década
- La almeja fina, la babosa y el berberecho sufren los mayores desplomes
- Los temporales agravan una crisis que empezó mucho antes de 2026
Galicia vende en sus lonjas aproximadamente la mitad de los bivalvos que comercializaba hace una década. En 2015 fueron 7.776.585 kilos; en 2025, apenas 3.742.212. La diferencia supera los cuatro millones de kilos y supone una caída del 51,9 %, especialmente dura para especies tan vinculadas a las rías como la almeja babosa, la almeja fina y el berberecho.
No es una mala campaña aislada ni puede achacarse únicamente a los últimos temporales. La serie estadística muestra un deterioro que viene de años atrás y que las lluvias extremas, los bruscos descensos de salinidad y las mortandades registradas en distintos bancos han terminado por agravar. Conviene precisar algo: cuando se habla de que Galicia ha perdido la mitad de su marisco, el dato se refiere aquí a bivalvos comercializados en lonja como pesca fresca, no a toda la producción marisquera y acuícola gallega. El mejillón cultivado en batea, por ejemplo, pertenece a otra estadística y mueve volúmenes muchísimo mayores.
De 7,7 millones de kilos a solo 3,7 millones
La fotografía de diez años impresiona por su sencillez. En 2015 las lonjas gallegas comercializaron casi 7,78 millones de kilos de bivalvos y obtuvieron unos 64,05 millones de euros. Diez años después llegaron al mercado 3,74 millones de kilos, valorados en 47,75 millones.
El volumen, por tanto, cayó mucho más que los ingresos. La explicación está en el precio: el valor medio pasó aproximadamente de 8,24 euros por kilo en 2015 a 12,76 euros en 2025. El producto escasea, se paga más caro y esa subida amortigua parte del golpe económico. Pero solo parte. El precio puede disimular la caída en la facturación; no puede fabricar almejas donde antes las había.
De hecho, 2025 ofrece una paradoja bastante reveladora. Frente a 2024, la cantidad de bivalvos vendida apenas aumentó un 0,17 %, mientras que su valor económico creció un 8,09 %, desde 44,18 hasta 47,75 millones de euros. Hubo más dinero, sí, pero prácticamente el mismo marisco.
Almeja babosa, fina y berberecho: el gran desplome
Las cifras globales resultan preocupantes; las de algunas especies, bastante más. La almeja babosa pasó de 1.079.485 kilos comercializados en 2015 a 116.265 en 2025. Es una caída del 89,2 %. La almeja fina siguió un camino parecido: de 547.668 kilos a 69.819, un retroceso del 87,3 %.
El berberecho tampoco sale bien parado. Galicia comercializaba 2.649.192 kilos en 2015; diez años después fueron 507.015. En términos de volumen significa un descenso cercano al 81 %. Son especies que forman parte tanto del paisaje económico como del cultural de numerosas localidades costeras, de modo que detrás de cada tonelada desaparecida hay también jornadas de trabajo que dejan de existir o bancos que abren menos días.
No todas las especies han evolucionado igual. La almeja japonesa ha demostrado una resistencia relativa mucho mayor: pasó de alrededor de 1,83 millones de kilos en 2015 a 1,45 millones en 2025, un descenso aproximado del 21 %. La navaja perdió menos volumen todavía, al bajar de 459.080 a 418.594 kilos.
Eso está cambiando silenciosamente la cesta del marisco gallego. La almeja japonesa suponía cerca del 24 % de los bivalvos vendidos en 2015 y en 2025 rozó el 39 % del total. Mientras las especies tradicionales más sensibles retroceden con fuerza, otras ocupan una porción cada vez mayor del mercado.
El verdadero golpe llegó antes de 2026
Sería tentador explicar toda la crisis por los temporales de este año. Los números no dejan hacerlo. En 2023 todavía se comercializaron aproximadamente 5,10 millones de kilos de bivalvos. En 2024 la cifra se desplomó hasta unos 3,74 millones, un 26,8 % menos en apenas doce meses. En 2025 prácticamente no hubo recuperación en volumen. El suelo al que cayó el sector en 2024, por ahora, sigue ahí.
Uno de los antecedentes más graves se produjo tras las lluvias de finales de 2023. Los estudios realizados entonces en los Lombos do Ulla estimaron mortalidades del 76,5 % en berberecho, del 87,9 % en almeja babosa, del 44,2 % en fina y del 25,1 % en japonesa. La combinación fue especialmente dañina: mucha agua dulce entrando durante varios días en ecosistemas donde los moluscos necesitan determinados márgenes de salinidad.
Y 2026 volvió a golpear. Las precipitaciones intensas y prolongadas redujeron otra vez la salinidad en distintas rías y provocaron nuevas mortalidades de moluscos, hasta el punto de que la Xunta activó un programa extraordinario de recuperación de los bancos marisqueros.
Menos marisco y también menos personas en el sector
La crisis tiene otra estadística menos visible desde la pescadería: también hay menos gente trabajando en el marisqueo a pie. Galicia pasó de 3.826 permisos en 2015 a 3.179 en 2025, 647 menos en una década, lo que equivale a una reducción del 16,9 %. Los registros de 2025 muestran, además, que 2.232 permisos pertenecían a mujeres y 947 a hombres.
El descenso femenino es particularmente acusado. En 2015 había 2.980 mujeres con autorización para mariscar a pie; en 2025 eran 2.232. Son 748 mariscadoras menos, una cuarta parte de las que figuraban una década antes. En cambio, los permisos masculinos aumentaron desde 846 hasta 947 durante ese periodo.
También aparece el problema generacional. De los 3.179 permisos registrados en 2025, solo 68 correspondían a personas de entre 21 y 30 años. Más de 1.600 estaban en manos de profesionales mayores de 50. El marisqueo pierde recurso, pero también renovación humana; dos problemas que se alimentan entre sí.
Por qué la lluvia puede matar un banco marisquero
Que llueva sobre el mar parece, a primera vista, una explicación demasiado simple para semejante desastre. El problema no es la lluvia que cae directamente sobre la ría, sino la enorme descarga de agua dulce de los ríos después de episodios muy intensos y prolongados.
Cuando la salinidad desciende por debajo de los niveles que determinadas especies pueden tolerar y esa situación dura suficiente tiempo, los bivalvos sufren estrés fisiológico y pueden morir de forma masiva. La cercanía a las desembocaduras, la forma de cada ría, el estado de las mareas y la duración del episodio modifican mucho el impacto.
Las investigaciones desarrolladas sobre las Rías Baixas muestran precisamente ese fenómeno con berberecho y distintas especies de almeja. Los episodios extremos de descarga fluvial pueden generar zonas de mortalidad moderada o severa por baja salinidad, con la ría de Arousa especialmente expuesta por sus características y sus aportes fluviales. Los modelos apuntan, además, a que ese riesgo puede aumentar bajo escenarios de precipitaciones extremas más intensas.
No todo se reduce, de todos modos, al agua dulce. Temperatura, contaminación, sedimentos, depredadores, enfermedades, disponibilidad de semilla y especies invasoras pueden interactuar con la gestión de los bancos. El marisqueo funciona sobre un ecosistema vivo; rara vez acepta explicaciones de una sola línea.
22,7 millones para intentar reconstruir los bancos
Ante las mortandades de 2026, la Xunta anunció en marzo un paquete de 22,7 millones de euros destinado a recuperación y regeneración. De esa cantidad, 19,2 millones se reservaron para convenios con entidades del sector, 1,5 millones para repoblación de especies y otros dos millones para proyectos de conservación y restauración de la biodiversidad marina.
Noia se convirtió en una de las primeras intervenciones de gran escala. El convenio firmado con su cofradía ronda los 1,6 millones de euros y contempla movilizar hasta 200 profesionales, realizar trabajos sobre los fondos, controlar depredadores y sembrar diez millones de unidades de almeja entre 2026 y 2027.
La regeneración continuó durante el verano. A finales de agosto, el Centro de Investigacións Mariñas había distribuido más de 400.000 unidades de semilla de bivalvos para apoyar la recuperación de diferentes bancos. Solo entre el 21 y el 27 de agosto se entregaron 178.700 unidades.
Sembrar, sin embargo, no equivale a recuperar inmediatamente una producción. Hace falta que esa semilla sobreviva, crezca y alcance talla comercial en un hábitat adecuado. El calendario biológico tiene sus propias reglas, bastante menos impacientes que las administrativas.
Una crisis que ya no cabe en un solo temporal
Los temporales de 2026 explican la emergencia actual, pero no explican una década completa. El dato más incómodo está precisamente ahí: Galicia había comenzado a perder productividad mucho antes de las lluvias de este año.
En diez años, el volumen de bivalvos comercializado en lonja se ha reducido un 51,9 %, algunas de las especies más emblemáticas han caído alrededor del 80 % o incluso del 90 %, y el número de permisos de marisqueo a pie ha descendido casi un 17 %. Mientras tanto, el encarecimiento del producto ha conseguido sostener parte de la facturación y ocultar a simple vista la magnitud física de la pérdida.
Quedan bancos por regenerar, millones de ejemplares por sembrar y bastante ciencia por aplicar. Galicia sigue siendo una potencia marisquera, pero sus rías producen muchos menos bivalvos que hace diez años. Y esa es la cifra que pesa de verdad: no el precio de cada kilo, sino todos los kilos que ya no llegan a la lonja.












