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Economía

¿Por qué la Fed sube 0,25 puntos y cómo afecta a España y Europa?

La Fed eleva los tipos al 3,75%-4% por primera vez desde 2023. El giro encarece el crédito en EE. UU. y también tiene efectos sobre Europa y España.

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fachada edificio de la reserva federal de eeuu

Resumen

  • La Fed sube los tipos al 3,75%-4%, la primera subida desde 2023
  • El objetivo es frenar una inflación del 3,4% sin enfriar demasiado la economía
  • España lo nota por dólar, energía, mercados y condiciones financieras más duras

La Reserva Federal de Estados Unidos ha vuelto a subir los tipos de interés. Y esta vez el movimiento tiene más peso del que sugieren esos aparentemente modestos 25 puntos básicos. La Fed ha elevado su tipo de referencia desde el intervalo del 3,50%-3,75% hasta el 3,75%-4%, en la primera subida desde 2023. El objetivo es enfriar una inflación que se resiste a regresar al 2%, aunque hacerlo implica mantener más caro el crédito para familias y empresas estadounidenses.

Para un estadounidense significa, en términos sencillos, que pedir dinero prestado vuelve a ser algo más caro: tarjetas de crédito, financiación de vehículos y determinados préstamos pueden trasladar la subida con bastante rapidez. Para España el mecanismo es diferente. La Fed no fija las hipotecas españolas ni el euríbor, pero sus decisiones mueven el dólar, los bonos, las bolsas, el precio internacional del dinero y, de rebote, las condiciones financieras de medio planeta. Y ocurre justo cuando el Banco Central Europeo también acaba de elevar sus tipos.

Hay otra circunstancia que ayuda a entender el giro. La inflación estadounidense alcanzó en agosto el 3,4% interanual, lejos todavía de la meta del 2% de la Reserva Federal, mientras la energía subió un 16,3% respecto al año anterior. La gasolina fue un 27,4% más cara. No es precisamente el paisaje en el que un banco central duerme tranquilo.

Qué ha decidido exactamente la Reserva Federal

El Comité Federal de Mercado Abierto, el FOMC, aprobó la subida por unanimidad. El rango objetivo de los fondos federales queda situado en el 3,75%-4%. Dicho tipo no es, pese a lo que a veces puede parecer, el interés de una hipoteca o el de una tarjeta de crédito. Es la referencia sobre la que se construye buena parte del precio del dinero en Estados Unidos.

La decisión supone 0,25 puntos porcentuales de subida. Dicho de otra manera: 25 puntos básicos. Parece una diferencia mínima cuando se observa sobre el papel; multiplicada por hipotecas, préstamos empresariales, bonos y billones de dólares en financiación, deja de serlo.

Es también la primera subida en más de tres años. La Fed había pasado de combatir la gran oleada inflacionista posterior a la pandemia a una fase de relajación monetaria y, después, de espera. Ahora vuelve a pisar el freno.

La institución presidida por Kevin Warsh sostiene que la actividad económica continúa creciendo a un ritmo sólido, que el gasto interno se mantiene resistente y que la inversión empresarial sigue siendo robusta. El problema está en los precios. La inflación continúa demasiado alta y Warsh ha advertido de que las tendencias subyacentes no han mejorado de manera suficiente durante el verano.

Por qué la Fed sube los tipos precisamente ahora

Un banco central sube los tipos cuando quiere reducir la presión de la demanda sobre los precios. El mecanismo es bastante menos misterioso de lo que parece desde fuera: el dinero cuesta más, familias y empresas se endeudan algo menos, disminuyen ciertas inversiones y compras y la economía pierde temperatura.

No se busca provocar una recesión. Se intenta conseguir algo bastante más delicado: reducir la inflación sin romper la economía por el camino. Esa es la famosa maniobra de aterrizaje suave que tantas veces parece sencilla en un gráfico y mucho menos cuando millones de empleos, hipotecas y empresas están debajo.

En Estados Unidos el problema actual tiene varias capas. El índice de precios al consumo avanzó un 0,4% solo en agosto y mantiene una tasa anual del 3,4%. La inflación subyacente, que elimina alimentos y energía por su mayor volatilidad, se encuentra bastante más contenida, en el 2,4%. Esa diferencia importa. Buena parte del último repunte procede de la energía, castigada por las tensiones geopolíticas y el encarecimiento del petróleo.

Aquí aparece la paradoja. Subir tipos no produce petróleo ni abre una refinería nueva. La Fed no puede hacer caer directamente el precio de un barril mediante una votación en Washington. Lo que sí puede hacer es impedir que un shock energético termine extendiéndose al resto de la economía: salarios, servicios, alquileres, bienes y expectativas de inflación.

La fortaleza del consumo estadounidense, la inversión vinculada a la inteligencia artificial y otras grandes inversiones de capital también han mantenido la economía más dinámica de lo que cabría esperar con tipos elevados. A la Fed le preocupa que demasiada demanda coincida con una oferta limitada y con energía cara. Una receta conocida: más dinero persiguiendo los mismos bienes suele terminar dejando precios más altos.

Y la historia podría no terminar en septiembre. Las nuevas previsiones de los responsables de la Reserva Federal apuntan a otra subida antes de terminar 2026. La mediana de sus proyecciones coloca el tipo en el 4%-4,25% al cierre del año y sugiere después una pausa prolongada durante 2027 antes de que puedan aparecer recortes más adelante.

Qué cambia para los estadounidenses

Los efectos más visibles aparecen en el crédito. Las tarjetas estadounidenses suelen tener tipos variables muy relacionados con el prime rate, que reacciona a los movimientos de la Fed. Un cuarto de punto más puede trasladarse relativamente deprisa a consumidores que ya mantienen saldos pendientes.

Algo parecido ocurre con determinados créditos para automóviles, líneas de crédito y préstamos a empresas. Quien necesita financiación nueva se encuentra un precio algo peor; quien ya tiene contratado un préstamo a tipo fijo puede no notar ningún cambio.

Las hipotecas no dependen directamente de la Fed

Las hipotecas merecen una explicación aparte. La Fed no fija directamente los tipos hipotecarios. Las hipotecas estadounidenses a 30 años dependen mucho de la evolución de los bonos del Tesoro a largo plazo, especialmente del rendimiento del bono a diez años, y de las expectativas futuras sobre inflación y política monetaria.

Aun así, el ambiente ya era caro antes de la decisión. El tipo medio de determinadas hipotecas había alcanzado aproximadamente el 6,76%, su mayor nivel en 14 meses. Comprar una casa financiada vuelve así a exigir bastante más sueldo que hace unos años.

No todo perjudica al ciudadano. Los ahorradores pueden beneficiarse de depósitos, cuentas remuneradas y certificados que ofrezcan mejores rentabilidades. Es la otra cara del mismo billete: peor para quien pide prestado y mejor para quien ahorra.

Para las empresas, entretanto, financiar una fábrica, una adquisición o una expansión se vuelve un poco menos atractivo. Algunos proyectos que resultaban rentables con dinero barato dejan de serlo cuando aumenta el coste financiero. Esa es precisamente parte de la intención de la Fed: enfriar lo suficiente, pero no congelar.

Cómo una subida en Washington recorre la economía mundial

El dólar continúa siendo el gran engranaje financiero internacional. Materias primas, deuda soberana, financiación corporativa y enormes cantidades de comercio se negocian directa o indirectamente en la moneda estadounidense. Cuando la rentabilidad de los activos en dólares sube, el capital internacional tiene más motivos para mirar hacia Estados Unidos.

Eso puede reforzar al dólar frente a otras monedas. Antes de la decisión, la divisa estadounidense ya venía ganando terreno en un mercado que descontaba el endurecimiento monetario. Cuanto mayor sea la diferencia entre los tipos estadounidenses y los de otras economías, más atractivo puede resultar mantener determinados activos denominados en dólares.

Para los países emergentes el asunto puede resultar más incómodo. Un dólar fuerte encarece el servicio de las deudas denominadas en dólares y puede atraer capital hacia bonos estadounidenses. Bancos centrales de otras economías se encuentran entonces ante una elección desagradable: tolerar la depreciación de su moneda o mantener sus propios tipos más altos durante más tiempo.

También se mueve el mercado de bonos. Si Estados Unidos ofrece rentabilidades superiores, la referencia mundial del precio del dinero aumenta y otros emisores tienen que competir. Empresas y gobiernos europeos no viven en una isla financiera, aunque emitan sus bonos en euros.

Las bolsas tienen una relación todavía más caprichosa con las subidas de tipos. Un mayor rendimiento de los bonos reduce, al menos teóricamente, el atractivo relativo de comprar acciones, sobre todo aquellas cuya valoración depende de beneficios esperados dentro de muchos años. Tecnología y compañías muy endeudadas suelen ser particularmente sensibles. Pero una subida esperada puede provocar una reacción pequeña si el mercado ya la había incorporado a los precios. Y esta estaba ampliamente anticipada.

Europa ya tiene su propia subida de tipos

En Europa la fotografía resulta especialmente peculiar porque la Reserva Federal no está endureciendo sola. Apenas seis días antes, el Banco Central Europeo subió también sus tres tipos oficiales en 25 puntos básicos por las presiones inflacionistas derivadas, entre otros factores, del encarecimiento energético ligado al conflicto en Oriente Próximo.

Desde este 16 de septiembre, el tipo de depósito del BCE queda en el 2,50%, el de las operaciones principales de refinanciación en el 2,65% y el de la facilidad marginal de crédito en el 2,90%. Las previsiones del banco central sitúan además la inflación media de la eurozona todavía por encima de su objetivo durante buena parte del horizonte inmediato.

Así que Europa está recibiendo dos señales prácticamente al mismo tiempo: Washington considera que todavía necesita enfriar su economía y Fráncfort también ha decidido volver a apretar.

Esto puede mantener elevados los rendimientos de la deuda, encarecer la financiación empresarial y retrasar las expectativas de futuras rebajas de tipos. También influye en el cruce euro-dólar. Si la Fed subiese mucho más deprisa que el BCE, el dólar tendería a recibir apoyo; si ambos bancos avanzan de manera parecida, el efecto cambiario resulta menos evidente.

El matiz es importante porque Europa importa gran parte de su energía y buena parte del petróleo internacional se paga en dólares. Un euro débil frente al dólar puede hacer todavía más cara una subida del crudo cuando se transforma la factura a moneda europea.

Qué significa para España y para las hipotecas

Para España, la primera aclaración evita bastantes titulares engañosos: una subida de la Fed no provoca automáticamente una subida del euríbor.

Las hipotecas variables españolas dependen fundamentalmente del euríbor y este responde sobre todo a las expectativas sobre los tipos del BCE y a las condiciones del mercado interbancario de la eurozona. La decisión que afecta de manera más directa a un hipotecado de Valencia, Madrid o Sevilla es, por tanto, la tomada por el BCE, no la anunciada en Washington.

Eso no convierte a la Fed en irrelevante. Ni mucho menos. Si los tipos estadounidenses permanecen elevados y empujan al alza las rentabilidades de los bonos globales, el coste de financiación también puede aumentar en Europa. Un dólar más fuerte puede encarecer energía y materias primas importadas y alimentar una inflación que complique todavía más la tarea del BCE.

Para una familia española, el recorrido termina siendo bastante reconocible: petróleo caro, combustible y transporte más costosos, inflación resistente y un BCE menos dispuesto a abaratar el dinero. No porque Kevin Warsh decida cuánto debe pagar esa familia por su hipoteca, sino porque las grandes economías están conectadas por tuberías financieras que no aparecen en el extracto bancario.

Las empresas españolas también pueden percibirlo en sus costes de financiación, especialmente aquellas con deuda internacional o necesidades intensivas de capital. Y existe el efecto contrario: un dólar fuerte frente al euro puede favorecer a compañías europeas que venden mucho en Estados Unidos, porque sus productos resultan relativamente más baratos allí y sus ingresos en dólares valen más al convertirlos a euros.

Incluso el turismo encuentra una pequeña derivada. Un dólar más fuerte aumenta el poder adquisitivo en Europa de un visitante estadounidense. No compensará por sí solo un endurecimiento financiero mundial, claro, pero recuerda hasta qué punto el tipo de interés decidido a miles de kilómetros acaba apareciendo en lugares bastante inesperados.

El dinero barato vuelve a alejarse

La subida de septiembre no significa que Estados Unidos haya entrado necesariamente en una larga carrera de incrementos agresivos. Sí deja una señal mucho más concreta: la Fed considera que la inflación sigue siendo un problema suficiente como para volver a encarecer el dinero, aun con el coste que eso supone para prestatarios, vivienda e inversión.

El movimiento es pequeño, un cuarto de punto. El mensaje es mayor. La Reserva Federal espera que la inflación tarde más en regresar al 2% y sus propias previsiones apuntan a otra subida antes de acabar el año.

Estados Unidos intenta contener los precios reduciendo algo la velocidad de su economía; Europa hace casi simultáneamente lo mismo ante un nuevo shock energético. España queda en medio de ese tablero: su hipoteca mira principalmente a Fráncfort, mientras el petróleo, el dólar, los bonos y los mercados financieros siguen mirando también a Washington.

Y ahí está lo verdaderamente relevante de esta subida. No son solo 25 puntos básicos estadounidenses. Es una nueva confirmación de que la batalla contra la inflación, que parecía encaminarse hacia su último tramo, vuelve a exigir tipos altos durante más tiempo.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.