Salud
¿Qué ha pasado en Filipinas tras dos ciclones y lluvias monzónicas?
Filipinas suma muertos, desaparecidos e inundaciones tras dos ciclones y el monzón, con Luzón y Manila como dos de las zonas más castigadas.

Filipinas vuelve a contar víctimas después de varios días de agua, barro y carreteras convertidas en ríos. La Oficina de Defensa Civil (OCD) sitúa en 12 los muertos, ocho los desaparecidos y 11 los heridos por los efectos combinados de los ciclones tropicales Luis y Maymay y del monzón del suroeste, conocido en el país como habagat. Los casos se concentran especialmente en Luzón, la mayor y más poblada isla del archipiélago.
El temporal ha dejado inundaciones, desprendimientos, ahogamientos y daños en infraestructuras desde las regiones montañosas del norte hasta el entorno de Manila. Y aunque Luis y Maymay han perdido protagonismo meteorológico, el problema no se ha marchado con ellos: la humedad arrastrada por el monzón continúa alimentando lluvias sobre buena parte de Luzón. Durante la tarde del 10 de agosto, las autoridades meteorológicas mantenían avisos de lluvia intensa en puntos de Bulacan, Metro Manila y Rizal, con riesgo de inundaciones graves.
Aquí está, precisamente, la parte menos intuitiva de estos episodios. Un ciclón puede desaparecer de los mapas y el desastre seguir caminando por tierra firme durante horas o días: laderas saturadas, ríos crecidos, presas bajo presión y barrios anegados. El peligro no termina cuando deja de verse la espiral de nubes.
El balance de víctimas todavía puede cambiar
La cifra comunicada por la Oficina de Defensa Civil durante la jornada del lunes es de 12 fallecidos, ocho desaparecidos y 11 heridos. Las autoridades advierten, no obstante, de que los datos continúan sometidos a comprobación, algo habitual durante las primeras horas de una emergencia que afecta simultáneamente a numerosas provincias.
Existe, de hecho, una diferencia entre organismos. La Policía Nacional de Filipinas informó de un recuento provisional de 15 muertos y seis desaparecidos, mientras la OCD mantenía el balance de 12 y ocho. No significa necesariamente que uno de los dos sea erróneo: responden a momentos, fuentes territoriales y procedimientos de validación diferentes. Hasta que los expedientes se crucen, conviene no hacer una ensalada de cifras —tentación frecuente cuando el agua aún no ha terminado de bajar— y mantener identificado qué organismo proporciona cada balance.
Los fallecimientos y desapariciones comunicados por las autoridades se reparten principalmente entre la región de Ilocos, la Cordillera y Calabarzon. Entre las causas registradas aparecen deslizamientos y desprendimientos de rocas, ahogamientos, electrocuciones y otros accidentes relacionados con las lluvias. En Baguio, por ejemplo, un corrimiento de tierra sepultó viviendas en Guisad Surong y obligó a desplegar equipos de búsqueda entre barro y escombros.
Luzón concentra buena parte del impacto
Luzón es mucho más que el escenario geográfico de esta emergencia. En esta enorme isla se encuentra Metro Manila, pero también áreas agrícolas, montañosas y costeras especialmente vulnerables cuando llegan varios días consecutivos de precipitaciones. Luis, Maymay y el monzón han ido descargando agua sobre terrenos que apenas tenían tiempo de drenar antes del siguiente episodio.
Un informe del Consejo Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres contabilizaba durante la mañana del lunes 585.993 personas afectadas, pertenecientes a 170.593 familias, repartidas por nueve regiones y 33 provincias. Al menos 32.830 personas permanecían desplazadas, dentro de centros de evacuación o alojadas con familiares. Es una fotografía tomada a primera hora y, por tanto, anterior a los posteriores balances de víctimas de la OCD.
El mismo recuento registraba 635 zonas inundadas, más de 300 viviendas dañadas y centenares de carreteras, puentes e instalaciones afectados. El coste preliminar de los desperfectos en infraestructuras superaba los 1.120 millones de pesos filipinos. La cifra económica importa, claro, pero todavía cuenta una historia incompleta: una carretera cortada en una comunidad rural puede pesar bastante más que su precio en hormigón cuando impide llegar a una familia aislada.
Manila también sufre las lluvias del monzón
Metro Manila ha vuelto a enfrentarse a calles inundadas y problemas de movilidad. El presidente Ferdinand Marcos Jr. reunió a organismos gubernamentales para revisar la respuesta ante el temporal y ordenó ampliar la asistencia a las comunidades afectadas por el habagat, Luis y Maymay.
La situación seguía siendo delicada al avanzar el lunes. La agencia meteorológica filipina mantenía para la región de la capital lluvias ocasionales, vientos de moderados a fuertes y condiciones marítimas adversas. Durante la tarde, algunas zonas de Bulacan, Caloocan —en Metro Manila— y Rodriguez, en Rizal, habían quedado bajo avisos severos por precipitaciones, con riesgo de inundaciones importantes en las áreas más expuestas.
No hace falta que el centro de un tifón atraviese una avenida de Manila para que la ciudad acabe con agua hasta las rodillas. El monzón del suroeste puede recoger enormes cantidades de humedad del entorno marítimo y descargarlas de manera persistente sobre el oeste del país. Ese mecanismo explica por qué las precipitaciones continúan incluso cuando el ciclón que inicialmente reforzó el flujo se ha alejado.
El monzón sigue siendo la amenaza principal
El habagat es el nombre filipino del monzón del suroeste, un régimen estacional de vientos húmedos que condiciona buena parte de las lluvias del país. Durante estos episodios, un ciclón tropical puede reforzar esa circulación y funcionar como una especie de enorme motor atmosférico: aumenta el transporte de humedad y permite que las lluvias castiguen lugares alejados de la propia trayectoria del ciclón.
Las previsiones mantenían durante estos días lluvias en Zambales y Bataan, mientras Metro Manila, Ilocos, la Cordillera, otras zonas de Luzón central, Calabarzon, Occidental Mindoro y Antique podían registrar cielos cubiertos, precipitaciones y tormentas asociadas al monzón. Para las jornadas posteriores persistía la influencia del flujo del suroeste en diferentes puntos del oeste de Luzón.
Es uno de los motivos por los que las autoridades mantienen la vigilancia sobre zonas montañosas aunque la lluvia afloje durante unas horas. Un suelo empapado pierde estabilidad; una ladera que resistió el aguacero puede ceder después. En los valles ocurre algo parecido con los cauces: el agua caída kilómetros arriba termina llegando, con retraso, a ríos y áreas bajas.
Miles de efectivos movilizados para rescates y ayuda
La respuesta oficial se ha ampliado mientras continúan las búsquedas. El Gobierno ha desplegado 3.841 miembros de las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y la Guardia Costera para posibles operaciones de búsqueda y rescate, junto con 14 medios aéreos y una unidad naval. Otros 4.392 efectivos y 943 equipos permanecen preparados para intervenir cuando sean requeridos.
Las autoridades habían distribuido también 39,37 millones de pesos filipinos en asistencia y más de 54.000 lotes de alimentos entre las zonas afectadas. El dispositivo no consiste únicamente en sacar personas de viviendas anegadas. Incluye despejar carreteras, trasladar suministros, restablecer comunicaciones, atender centros de evacuación y alcanzar localidades a las que los desprendimientos han dejado temporalmente aisladas.
Las dimensiones logísticas empiezan a apreciarse en los transportes. El dispositivo de emergencia contabilizaba cientos de tramos de carretera afectados, decenas de puentes con incidencias y varios puertos alterados por el temporal. También se habían registrado interrupciones eléctricas en decenas de ciudades y municipios, aunque buena parte del servicio estaba siendo recuperado.
Dos ciclones se van, pero el agua permanece
Luis y Maymay explican solo una parte de lo ocurrido. El episodio es el resultado de la combinación entre ciclones tropicales, monzón, terrenos saturados y vulnerabilidad urbana y montañosa. Esa suma convierte una secuencia meteorológica relativamente habitual en Filipinas en una emergencia humana: casas sepultadas, familias evacuadas, carreteras cortadas y equipos buscando a quienes siguen sin aparecer.
El balance de 12 muertos y ocho desaparecidos comunicado por la Oficina de Defensa Civil sigue siendo provisional y podrá modificarse a medida que se comprueben los avisos procedentes de las provincias. La existencia de un recuento policial diferente demuestra precisamente que el mapa de daños continúa recomponiéndose pieza a pieza.
Mientras tanto, el elemento más importante ya no es el nombre escrito junto al símbolo de un ciclón. Es el agua. El monzón del suroeste sigue condicionando la situación y mantiene el riesgo de lluvias, tormentas, inundaciones y desprendimientos en distintas zonas. Filipinas conoce bien este paisaje: cielo de plomo, ríos marrones y equipos de rescate entrando donde otros intentan salir. Esta vez, al menos doce personas ya no podrán hacerlo.

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