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Salud

¿Qué se sabe del segundo fallecido por fiebre del Nilo en Extremadura?

Extremadura suma 34 casos y dos fallecidos por fiebre del Nilo en 2026 tras la muerte de un hombre de 88 años ingresado en Don Benito-Villanueva

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anciano con fiebre en camilla

Resumen

  • Extremadura suma 34 casos y dos fallecidos por fiebre del Nilo
  • El último fallecido era un hombre de 88 años ingresado en Don Benito
  • Tres pacientes siguen hospitalizados y la vigilancia sanitaria continúa

Un hombre de 88 años que permanecía ingresado por fiebre del Nilo Occidental en el Hospital Don Benito-Villanueva ha fallecido. Su muerte eleva a dos las víctimas mortales relacionadas con el virus en Extremadura durante 2026, en una temporada que acumula ya 34 casos confirmados en la comunidad autónoma.

El paciente pertenecía al área sanitaria de Don Benito-Villanueva de la Serena. Su infección había sido comunicada días atrás: el 26 de agosto se notificó el ingreso de un hombre de 88 años, vecino de Medellín, cuando el balance regional se situaba todavía en 25 casos. La evolución de la enfermedad terminó siendo fatal. En paralelo, el Servicio Extremeño de Salud ha confirmado otro positivo, un hombre de 47 años de Don Benito detectado a través del Banco de Sangre de Extremadura.

El dato obliga a mirar algo más allá del parte diario. La fiebre del Nilo Occidental suele pasar inadvertida en la inmensa mayoría de quienes contraen el virus, pero puede provocar cuadros neurológicos graves, sobre todo entre personas mayores o con determinadas condiciones que aumentan su vulnerabilidad. No hay motivo para convertir cada mosquito en una película de terror, pero tampoco para despachar el asunto como una simple picadura de verano.

Extremadura suma 34 casos y dos muertes en 2026

Con el último diagnóstico comunicado, Extremadura registra 34 infecciones por virus del Nilo Occidental desde el comienzo del año. Tres pacientes permanecen hospitalizados: uno en el Hospital Don Benito-Villanueva, otro en el Hospital de Mérida y un tercero en el Hospital Universitario de Cáceres. El SES también ha comunicado el alta de otro enfermo que estaba ingresado en Don Benito.

La cifra ha crecido con rapidez durante el tramo final del verano. El 26 de agosto se contabilizaban 25 casos; el 1 de septiembre eran ya 29 y el 3 de septiembre el balance alcanzaba los 33. Apenas un día después se ha confirmado el caso número 34 y el segundo fallecimiento.

La comparación con la temporada anterior ayuda a colocar los números en su sitio. En 2025 Extremadura notificó 39 casos y cinco fallecidos, de modo que 2026 todavía no ha alcanzado aquel total de contagios registrados, aunque la circulación del virus permanece activa y la temporada de mosquitos no puede darse por terminada a comienzos de septiembre.

El SES mantiene en alerta a las ocho áreas de salud extremeñas para reforzar la identificación de cuadros compatibles y mejorar la capacidad diagnóstica. La vigilancia tiene una dificultad peculiar: muchas infecciones nunca llegan a dar síntomas y, por tanto, ni siquiera entran en las estadísticas clínicas.

La mayoría de las infecciones no provoca síntomas

Alrededor del 80% de las personas infectadas por el virus del Nilo Occidental no presenta síntomas. Esa proporción explica una de las aparentes paradojas de la enfermedad: puede circular ampliamente sin que la mayor parte de los afectados llegue a saber que estuvo infectado.

Entre quienes sí enferman, la manifestación más habitual es la llamada fiebre del Nilo Occidental. Puede provocar fiebre, dolor de cabeza, cansancio y dolores musculares, además de náuseas, vómitos y, ocasionalmente, erupciones cutáneas o inflamación de los ganglios. El periodo de incubación suele situarse aproximadamente entre dos y 14 días, aunque puede prolongarse en personas inmunodeprimidas.

El cuadro común suele quedar ahí. El problema aparece cuando el virus afecta al sistema nervioso central y desarrolla una forma neuroinvasiva, bastante menos frecuente pero mucho más seria.

Los mayores tienen más riesgo de enfermedad grave

Menos del 1% de las personas infectadas desarrolla formas neurológicas graves, que pueden manifestarse como meningitis, encefalitis o parálisis flácida aguda. Entre los signos de alarma figuran fiebre elevada, rigidez de nuca, desorientación, temblores, convulsiones o debilidad muscular.

La edad pesa. Las personas mayores, especialmente a partir de los 50 años, y quienes tienen el sistema inmunitario debilitado presentan un riesgo superior de sufrir enfermedad neuroinvasiva. En las formas neurológicas, la mortalidad también aumenta con la edad. El fallecimiento del paciente de 88 años en Don Benito-Villanueva encaja, por tanto, dentro del grupo demográfico considerado de mayor vulnerabilidad, aunque la edad por sí sola no permite establecer qué factores determinaron la evolución concreta de un enfermo.

No existe una vacuna humana específica

A diferencia de lo que ocurre con otras enfermedades infecciosas, no existe actualmente una vacuna autorizada para prevenir el virus del Nilo Occidental en humanos, ni tampoco un antiviral específico que elimine la infección. El tratamiento se basa fundamentalmente en atender los síntomas y, en los cuadros graves, proporcionar soporte hospitalario.

Cómo llega el virus del Nilo Occidental a las personas

El mecanismo habitual de transmisión es bastante menos misterioso de lo que a veces sugieren los titulares más alarmistas: el virus llega al ser humano principalmente mediante la picadura de mosquitos infectados, especialmente especies del género Culex.

Las aves silvestres constituyen los principales reservorios naturales. Un mosquito pica a un ave infectada, adquiere el virus y puede transmitirlo posteriormente al picar a una persona o a otros mamíferos, entre ellos los caballos. Humanos y caballos funcionan generalmente como huéspedes accidentales; no son quienes mantienen de manera habitual el ciclo natural de transmisión.

Eso también significa que la fiebre del Nilo no se contagia normalmente de persona a persona mediante el contacto cotidiano. No estamos ante una infección respiratoria que vaya saltando en un bar, un autobús o una sala de espera. La prevención se concentra fundamentalmente en reducir las picaduras y controlar las poblaciones de mosquitos.

El mosquito común también merece atención

El protagonista no es necesariamente un insecto exótico llegado en una maleta desde un rincón remoto. Los mosquitos del género Culex, asociados a la transmisión del virus del Nilo, forman parte del paisaje habitual de numerosas zonas españolas. La enfermedad está integrada en los programas nacionales de prevención, vigilancia y control de infecciones transmitidas por vectores.

Las condiciones ambientales importan: temperaturas elevadas, presencia de agua donde puedan reproducirse los mosquitos y circulación del virus entre aves y vectores construyen el escenario propicio. De ahí que la vigilancia combine datos sanitarios, seguimiento de animales y análisis entomológicos. No basta con contar enfermos cuando aparecen; parte del trabajo consiste en saber qué está ocurriendo antes.

Evitar las picaduras sigue siendo la barrera principal

En ausencia de una vacuna para humanos, reducir la exposición a los mosquitos continúa siendo la herramienta preventiva más sencilla. El principio es casi doméstico: limitar los lugares donde puedan criar, especialmente pequeñas acumulaciones de agua estancada, y reducir las picaduras mediante repelentes adecuados, mosquiteras o ropa que cubra la piel cuando la presencia de mosquitos sea elevada.

Estas medidas adquieren mayor importancia para las personas de edad avanzada y otros grupos con mayor riesgo de complicaciones. No convierten una vivienda en una fortaleza inexpugnable —el mosquito siempre parece encontrar esa rendija que nadie vio—, pero disminuyen las oportunidades de contacto con el vector.

Una temporada que sigue bajo vigilancia en Extremadura

La muerte del hombre de 88 años en el Hospital Don Benito-Villanueva deja el balance extremeño de 2026 en 34 casos y dos fallecidos, mientras tres personas continúan hospitalizadas. La aparición de nuevos positivos durante los primeros días de septiembre confirma que la circulación del virus sigue siendo epidemiológicamente relevante.

La fotografía, eso sí, necesita proporción. La mayoría de las infecciones nunca produce síntomas y solo una pequeña fracción deriva en enfermedad neurológica grave. Pero esa pequeña fracción existe, y golpea con especial dureza a los grupos más vulnerables. Ahí está la razón de la vigilancia sanitaria: no alimentar miedo al mosquito, sino impedir que una enfermedad generalmente silenciosa sorprenda cuando deja de serlo.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.