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Salud

La crisis del CNIO amenaza con frenar su actividad científica

El centro afronta un vacío de gestión que inquieta a investigadores y personal de apoyo y pone a prueba su estabilidad.

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El CNIO en alerta

Un total de 371 trabajadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) ha trasladado al Patronato su preocupación por la crisis de gestión que atraviesa la institución. La carta, difundida el 9 de marzo de 2026, advierte del deterioro reputacional y reclama respuestas para evitar que la falta de dirección y el vencimiento de contratos afecten a tareas esenciales. Entre quienes la respaldan figura cerca del 90% de los jefes de grupo y de unidad, además de personal predoctoral y posdoctoral y representantes de distintos colectivos.

La petición inmediata es que haya una persona con poder legal para firmar y que se aplique el plan de actuación propuesto por el gerente saliente, José Manuel Bernabé. No se trata solo de cubrir un puesto: la plantilla pide continuidad administrativa, una revisión profunda de la gestión y garantías para los equipos de apoyo cuyos contratos terminan. El Patronato, en el que participan representantes de varios ministerios, del CSIC y de comunidades autónomas, se reunía en ese contexto para abordar el futuro del centro.

Una carta respaldada por una parte amplia de la plantilla

La cifra de adhesiones da dimensión al aviso. Los 371 firmantes no pertenecen a un único departamento ni expresan únicamente una reivindicación sindical: en el escrito confluyen responsables científicos, miembros de asociaciones de investigadores en formación y trabajadores de distintas áreas. También lo suscriben integrantes del Comité de Directores de Programas, entre ellos responsables del Biobanco, de Oncología Molecular, de Investigación Clínica y del Decanato de Asuntos Académicos. Esa diversidad convierte la carta en una señal transversal de preocupación por el funcionamiento de la institución.

El texto pone en relación tres problemas que podrían agravarse entre sí: el vacío de autoridad ejecutiva, la fragilidad de algunos servicios y el daño a la imagen pública del centro. Los firmantes no presentan la situación como una disputa limitada a nombres propios, sino como una dificultad que afecta a la capacidad de trabajar con normalidad. Su petición de amparo al Patronato busca que el debate público vuelva a centrarse en la labor científica del CNIO, pero reconoce que esa labor no puede separarse de una estructura de gestión estable.

Por qué la capacidad de firma importa en un centro científico

La exigencia de designar a alguien con autoridad legal para firmar puede sonar a una cuestión administrativa menor, pero en una organización compleja es una pieza de funcionamiento diario. Los contratos, las compras, los pagos y las renovaciones requieren trámites y responsables habilitados. Si esa cadena se interrumpe, no desaparecen de golpe los laboratorios ni se apagan los equipos, pero pueden acumularse expedientes pendientes y retrasos que terminan afectando a la planificación de los grupos. La firma es, en este sentido, una condición operativa para que las decisiones se ejecuten.

El CNIO combina investigación básica y clínica con plataformas técnicas y servicios compartidos. La información institucional recogida en las referencias describe 22 grupos de investigación organizados en ocho programas científicos, cuatro unidades de investigación clínica y 17 unidades de apoyo, además de un programa de terapias experimentales con cuatro secciones. Esa estructura ayuda a entender por qué el funcionamiento depende de numerosos trámites coordinados: una incidencia en administración, informática o mantenimiento puede repercutir en equipos distintos, aunque cada línea científica conserve su autonomía.

La falta de firma no equivale por sí sola a una paralización total. El alcance concreto depende de qué decisiones requieran autorización, de las competencias que mantengan otros responsables y de cuánto dure la situación. Lo que la carta señala es el riesgo de bloqueo en procesos necesarios, no que toda la actividad científica se haya detenido. La distinción importa: una crisis de gestión puede hacer perder ritmo a un centro sin producir un cierre inmediato, y precisamente por eso sus consecuencias pueden tardar en hacerse visibles.

El vencimiento de contratos amenaza la continuidad de servicios

Uno de los puntos más urgentes del escrito es la situación del personal administrativo cuyo contrato finalizaba el 9 de marzo. Los trabajadores recuerdan que se trata de personas con años de experiencia en el centro y funciones necesarias para sostener su actividad cotidiana. A esa preocupación se añaden contratos próximos a vencer en áreas como informática, mantenimiento e instrumentación. La alarma no se limita, por tanto, a la continuidad de unas tareas de oficina: alcanza servicios que hacen posible que los grupos puedan organizar y ejecutar su trabajo con normalidad.

El personal administrativo tramita gestiones que rara vez aparecen en las noticias sobre ciencia, pero que ocupan un lugar central en la vida de un laboratorio: documentación, coordinación y apoyo a las necesidades de los equipos. Informaciones publicadas sobre la situación mencionan a nueve trabajadoras de administración cuyo contrato con una empresa externa terminaba el 10 de marzo, así como una posible dificultad posterior en informática. La carta de la plantilla situaba el vencimiento de contratos administrativos el día 9. La diferencia entre esas fechas no cambia el fondo de la alerta: varios servicios afrontaban una discontinuidad inminente.

También conviene distinguir entre la expiración de un contrato y la desaparición definitiva de una función. Que un servicio deje de estar cubierto en una fecha concreta no permite concluir, sin más información, que no vaya a ser reorganizado o sustituido. Pero la experiencia acumulada por quienes realizan esas tareas no se repone automáticamente. Si una institución pierde de forma abrupta a personal que conoce sus procedimientos, el relevo puede implicar retrasos y una carga adicional para otros equipos. En el CNIO, la plantilla advierte de que la continuidad de esos perfiles es parte de la infraestructura de investigación, no un complemento prescindible.

La salida del gerente abre un nuevo vacío en una crisis prolongada

La carta se hizo pública después de la renuncia de Bernabé, que había asumido la gerencia el septiembre anterior en sustitución de Juan Arroyo. Su salida se conoció tras trascender una denuncia por un presunto caso de acoso formulada por la ex secretaria general. La existencia de una denuncia no equivale a una determinación judicial de los hechos; la información disponible la presenta como un caso presunto. Lo que sí subraya el escrito de los trabajadores es la consecuencia institucional inmediata: el centro volvía a quedarse sin una gerencia estable en plena etapa de reorganización.

El relevo de Bernabé tampoco llegaba a una institución sin conflictos previos. En enero de 2025, el Patronato cesó a Arroyo y a la entonces directora científica, María Blasco, después de que responsables de grupos pidieran cambios y se plantearan problemas de gestión, déficit de cuentas, una caída de la producción científica y un clima laboral deteriorado, con denuncias de acoso y abuso de poder. Son elementos que describen las razones y preocupaciones expuestas en el contexto de aquella crisis; no convierten por sí solos cada acusación en un hecho probado. Desde entonces, el CNIO ha atravesado relevos y periodos de transición sin cerrar por completo la discusión sobre su funcionamiento.

La salida de un gerente puede dejar al descubierto tareas que normalmente permanecen en segundo plano: quién toma decisiones ejecutivas, quién representa legalmente a la entidad y qué equipo puede llevar a la práctica los cambios. Por eso los firmantes piden algo más que nombrar a una persona independiente. A su juicio, el nuevo responsable necesitaría capacidad para formar un equipo de gestión y reorganizar el área administrativa. La discusión de fondo no es solo quién ocupa el despacho, sino con qué autoridad y estructura podrá ejercer el cargo.

El plan de actuación reclama cambios más allá de una sustitución

La plantilla pide que el Patronato retome el plan de actuación propuesto por Bernabé. Según la carta, esa hoja de ruta contemplaba una reestructuración de calado del sistema de gestión y administración y un examen exhaustivo de las prácticas del centro. La petición revela que los trabajadores no ven suficiente una solución provisional que permita resolver trámites urgentes, pero deje intactos los problemas que, según denuncian, han contribuido a la crisis. El objetivo que plantean es recuperar capacidad de gestión y continuidad, no limitarse a cubrir una vacante.

Ese planteamiento tampoco significa que el apoyo al plan sea necesariamente un respaldo personal e incondicional al gerente saliente. La carta se centra en medidas organizativas y en la necesidad de darles continuidad, en un momento en que la marcha de Bernabé había interrumpido el proceso. Para quienes trabajan en el centro, contratar a un nuevo gerente sin permitirle formar un equipo de confianza podría dejar intacta la fragilidad administrativa. Una reorganización, además, requiere definir responsabilidades y procedimientos; no basta con anunciarla para que sus efectos se materialicen.

La importancia de ese matiz está en la diferencia entre una respuesta de emergencia y una solución de fondo. La primera puede devolver capacidad para autorizar decisiones y evitar que se acumulen asuntos pendientes. La segunda exige revisar cómo se organizan los servicios, cómo se asignan las responsabilidades y qué controles existen. Si solo se cubre el puesto, el centro podría volver a depender de una estructura que la plantilla considera insuficiente; si solo se diseña un plan, pero no hay autoridad para ejecutarlo, los cambios quedarían en papel. El escrito señala que las dos necesidades deben abordarse a la vez.

Una institución de referencia cuya actividad depende de muchas piezas

El CNIO es un centro público de investigación dedicado al cáncer, con actividad en áreas que van desde la investigación básica hasta la clínica y la transferencia de conocimiento. Su trabajo reúne laboratorios, unidades especializadas y colaboraciones que requieren coordinación. El artículo original lo describe como un centro de referencia nacional, con alrededor de medio millar de científicos y acreditación Severo Ochoa desde 2011. En una organización de esa escala, la estabilidad administrativa influye en la capacidad de atraer y conservar equipos, sostener proyectos y mantener relaciones con hospitales y otras instituciones.

La reputación mencionada por los firmantes tampoco es solo una cuestión de imagen. En el ámbito científico puede influir en la confianza de colaboradores, en la disposición de investigadores a incorporarse y en la posibilidad de competir por proyectos. La sucesión de destituciones, renuncias y denuncias puede alimentar una percepción de inestabilidad, aunque no permita por sí sola medir un daño concreto ni anticipar la pérdida de financiación. El aviso de los trabajadores apunta a ese riesgo: la credibilidad institucional también forma parte de la capacidad científica.

El tiempo es otra dimensión menos visible. Las investigaciones se desarrollan mediante equipos, calendarios, compras, mantenimiento y colaboraciones; una demora administrativa no siempre se recupera sin coste. Eso no permite afirmar que los proyectos del centro hayan quedado suspendidos, pero sí explica por qué la plantilla teme que la acumulación de trabas perjudique su ejecución. El efecto puede ser gradual: primero se aplaza una gestión, luego se reprograma una tarea y, si los retrasos se prolongan, se complica la coordinación. La continuidad es una condición práctica de la investigación, aunque no aparezca en los resultados científicos publicados.

El Patronato debe responder a la urgencia y a la gobernanza

El Patronato concentra ahora dos responsabilidades relacionadas, pero distintas. La primera consiste en atender los problemas inmediatos señalados por la plantilla: la capacidad de firma y la continuidad de los servicios cuyos contratos vencían. La segunda es definir un modelo de dirección y gestión que pueda sostener el trabajo del centro más allá de la emergencia. El órgano está integrado, entre otros, por representantes de los ministerios de Ciencia y Sanidad, del CSIC y de Baleares, Extremadura, Murcia y Castilla y León. La presencia de instituciones públicas refleja el peso de la decisión, pero no elimina la necesidad de una respuesta ejecutiva clara.

La carta pide también que se escuche a quienes conocen el funcionamiento diario del centro. Su número de adhesiones no decide por sí solo cuál debe ser la solución ni sustituye las competencias del Patronato, pero constituye una señal de alarma difícil de reducir a una discrepancia aislada. Para valorar las medidas adoptadas será importante distinguir entre anuncios y cambios efectivos: que haya una designación no garantiza automáticamente la renovación de servicios, y que se apruebe una reorganización no significa que esté ya implantada.

El reto es recuperar una dirección que pueda actuar sin dejar en suspenso las tareas cotidianas mientras se discute el futuro institucional. En un centro científico, la gestión no compite con la investigación: proporciona las condiciones para que esta ocurra. Por eso el mensaje de los 371 trabajadores apunta más allá de una crisis de nombres. Reclama que el CNIO recupere una base administrativa fiable y un marco de gobernanza capaz de sostener sus proyectos, su personal y su reputación. La ciencia necesita estabilidad para volver a ocupar el centro de la escena.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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