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El asesinato de Tupac Shakur llega a juicio casi tres décadas después

El juicio por el asesinato de Tupac Shakur llega casi 30 años después, con Keffe D acusado y nuevas claves sobre la noche que cambió el rap.

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El asesinato de Tupac Shakur

Casi treinta años después de que Tupac Shakur fuera abatido a tiros en Las Vegas, el asesinato que durante décadas alimentó investigaciones, documentales, libros y teorías ha entrado finalmente en una sala de justicia. El proceso contra Duane “Keffe D” Davis, de 63 años, comenzó el 10 de agosto en el Tribunal de Distrito del condado de Clark, en Nevada, con la selección del jurado. Davis, el único hombre procesado por la muerte del rapero, se ha declarado no culpable.

La acusación tiene un matiz decisivo. La Fiscalía no sostiene que Davis disparara contra Tupac, sino que fue quien organizó la represalia, consiguió el arma y puso en marcha la cadena de acontecimientos que terminó con el artista mortalmente herido dentro de un BMW la noche del 7 de septiembre de 1996. Es decir, el juicio puede establecer una responsabilidad por asesinato sin despejar necesariamente uno de los grandes interrogantes que han perseguido al caso: la identidad de la persona que apretó el gatillo.

El juicio por el asesinato de Tupac empieza casi 30 años después

El primer día estuvo dedicado a una tarea menos cinematográfica que el propio caso, aunque bastante más importante: encontrar ciudadanos capaces de juzgarlo sin llevar treinta años de opiniones metidas en la mochila. Un grupo inicial de 75 posibles jurados fue interrogado sobre sus circunstancias personales, sus conocimientos previos del crimen y sus posibles prejuicios. Más de dos docenas quedaron descartados durante la primera jornada y la selección debía continuar durante los días siguientes. El tribunal pretende escoger finalmente 16 personas para un proceso previsto para alrededor de un mes.

No será sencillo. Tupac no es una víctima anónima y su muerte tampoco es un expediente perdido en una estantería. Es uno de los asesinatos más célebres de la cultura popular estadounidense, convertido durante tres décadas en una especie de niebla donde hechos, rivalidades musicales, violencia de bandas y especulaciones terminaron mezclándose. Separarlo todo será precisamente una de las tareas del tribunal.

Y está el tiempo. Treinta años son una eternidad para un proceso penal: testigos que han muerto, recuerdos erosionados, versiones que cambian, declaraciones pronunciadas cuando nadie imaginaba que acabarían proyectadas ante un jurado. La justicia llega, sí, aunque en este caso difícilmente pueda presumir de velocidad de crucero.

Qué acusa exactamente la Fiscalía a Duane “Keffe D” Davis

Davis afronta un cargo de asesinato con arma mortal relacionado con la actividad de una banda criminal. En 1996 era una figura vinculada a los South Side Compton Crips, y los fiscales lo presentan como el hombre que tomó las decisiones después de una pelea ocurrida horas antes del tiroteo. Davis ha rechazado la acusación y podría enfrentarse a cadena perpetua si es declarado culpable.

La tesis de la Fiscalía reconstruye el crimen como una represalia. Tras un combate de Mike Tyson celebrado aquella noche en el MGM Grand de Las Vegas, Tupac y varias personas de su entorno participaron en una agresión contra Orlando “Baby Lane” Anderson, sobrino de Davis y miembro de una banda rival. La escena quedó grabada por las cámaras de seguridad del casino y se convirtió en una pieza esencial para comprender lo que sucedió después.

Horas más tarde, Tupac viajaba como acompañante en un BMW conducido por Marion “Suge” Knight, entonces responsable de Death Row Records. Al detenerse el coche cerca de Flamingo Road y Koval Lane, un Cadillac blanco se colocó a su lado y desde el vehículo se abrió fuego. Shakur recibió varios disparos. Knight resultó herido y sobrevivió; el rapero murió seis días después, el 13 de septiembre de 1996, con apenas 25 años.

Los fiscales sostienen que Davis iba dentro de aquel Cadillac y proporcionó el arma utilizada. No lo presentan como el tirador, pero la legislación de Nevada permite atribuir responsabilidad penal a quien ayuda, ordena o facilita materialmente un asesinato aunque no sea quien efectúa los disparos. Ahí está el corazón jurídico del juicio.

Las palabras de Keffe D que terminaron reabriendo el caso

La paradoja del proceso es difícil de ignorar: un crimen que permaneció sin acusados durante décadas empezó a desbloquearse, en buena medida, porque el propio Davis habló.

Durante años concedió entrevistas y acabó publicando en 2019, junto a otro autor, el libro Compton Street Legend. Allí describió episodios relacionados con aquella noche y situó su propia presencia en el Cadillac. Según la versión que los fiscales quieren presentar al jurado, Davis consiguió el arma y la pasó hacia la parte trasera del vehículo antes del tiroteo.

La defensa ha intentado reducir el valor probatorio de ese material. Sus abogados sostienen que el libro contiene elementos dramatizados o concebidos para vender ejemplares y que resulta difícil establecer qué partes redactó personalmente Davis. La jueza Carli Kierny, sin embargo, autorizó que las memorias puedan utilizarse durante el juicio al considerar que Davis asumió públicamente su contenido como propio.

También llegará al proceso una entrevista concedida por Davis a investigadores en 2008, una cuestión especialmente delicada. La defensa argumentó que habló entonces bajo un acuerdo que debía proteger sus declaraciones frente a una futura acusación. El tribunal permitió finalmente utilizar la grabación, después de que la Fiscalía defendiera que Davis había vuelto posteriormente sobre aquellos hechos de forma pública, entre entrevistas y memorias.

Ahí aparece una de esas ironías judiciales que ningún guionista necesitaría adornar demasiado: durante décadas faltaron pruebas suficientes para llevar a alguien al banquillo y, con el paso de los años, las palabras del propio acusado se convirtieron en una parte central de la acusación.

La noche de Las Vegas y la incógnita sobre quién disparó

Durante mucho tiempo, Orlando Anderson fue señalado como principal sospechoso del tiroteo, aunque nunca fue acusado por el asesinato de Tupac. Anderson murió en 1998 durante un enfrentamiento armado no relacionado con este caso. Los otros hombres que, según la reconstrucción de los investigadores, viajaban en el Cadillac —Deandrae “Freaky” Smith y Terry “Bubble Up” Brown— también han fallecido.

Eso deja a Davis como el único ocupante de aquel vehículo que permanece vivo. Pero incluso dentro de la propia investigación han aparecido versiones diferentes sobre quién efectuó realmente los disparos. Un testigo llamado Denvonta Lee, vinculado a los South Side Crips, declaró ante el gran jurado que Smith habría tomado el arma y realizado los disparos porque Anderson no tenía una posición clara. Esa versión ilustra por qué el juicio no debe confundirse con una respuesta automática al interrogante que lleva décadas flotando alrededor del caso.

La Fiscalía puede conseguir una condena contra Davis demostrando que participó conscientemente en la organización del asesinato aunque el jurado no determine quién disparó. Son dos asuntos relacionados, pero jurídicamente distintos. Y esa diferencia importa mucho más que todas las teorías que durante años han circulado alrededor del caso.

Suge Knight, un testigo que estaba sentado junto a Tupac

Entre las figuras que inevitablemente rodean el juicio aparece Suge Knight, que conducía el BMW la noche del ataque y es uno de los pocos testigos directos aún con vida. Actualmente cumple una condena de 28 años de prisión por un homicidio cometido años después y ha expresado anteriormente su resistencia a declarar sobre el caso Tupac. Su eventual participación podría adquirir un peso considerable, aunque figurar entre los nombres relacionados con el proceso no garantiza que finalmente comparezca ante el jurado.

La Fiscalía prevé llamar a entre 35 y 45 testigos, desde personas relacionadas con los movimientos de Tupac poco antes del tiroteo hasta individuos pertenecientes al entorno de Davis. La defensa, por su parte, contempla recurrir a un experto en falsas confesiones y técnicas coercitivas de interrogatorio, una señal bastante clara de por dónde tratará de erosionar el valor de las declaraciones acumuladas durante estos años.

No habrá, por tanto, una sencilla sucesión de testigos señalando a un tirador. El juicio se moverá sobre un terreno bastante más incómodo: memorias, entrevistas antiguas, testimonios indirectos, rivalidades entre bandas y versiones pronunciadas muchos años después del crimen. El jurado tendrá que decidir qué parte de todo ese material posee verdadera fuerza probatoria y qué parte pertenece al inmenso ruido que ha acompañado al asesinato desde los años noventa.

De guerra del rap a causa penal: qué puede aclarar realmente el juicio

El asesinato de Tupac quedó inevitablemente asociado a la feroz rivalidad que rodeaba entonces a determinadas escenas del rap de las costas Este y Oeste, pero reducir el crimen a una supuesta “guerra del hip hop” siempre ha resultado demasiado cómodo. Detrás de la industria discográfica había conflictos personales y conexiones con bandas callejeras, y la Fiscalía centra precisamente su caso en una represalia concreta después de la pelea del MGM Grand.

Ese matiz limpia parte de la mitología. La música proporciona el decorado histórico, pero un tribunal no juzga leyendas ni rivalidades culturales: juzga conductas individuales y pruebas. La cuestión será determinar si Davis participó deliberadamente en un plan destinado a matar a Tupac y a Suge Knight y si las declaraciones que él mismo realizó durante años demuestran esa participación más allá de una duda razonable.

También explica por qué este proceso puede acabar siendo menos espectacular de lo que promete su enorme carga cultural. Los procedimientos penales suelen funcionar así: detrás de treinta años de titulares quedan documentos, grabaciones y declaraciones contradictorias, con abogados discutiendo exactamente qué significa cada frase.

Y quizá sea mejor de ese modo.

La sombra de 1996 entra por fin en una sala de vistas

Tupac Shakur tenía 25 años cuando murió y se encontraba en uno de los momentos de mayor exposición de su carrera. Tres décadas después, su asesinato continúa ocupando un lugar extraño entre la historia criminal estadounidense y la memoria cultural de toda una generación. La diferencia es que el caso ha abandonado finalmente el territorio de las hipótesis para entrar en el de las pruebas sometidas a un tribunal.

Duane “Keffe D” Davis llega al juicio como único acusado y mantiene su declaración de inocencia. Los fiscales tratarán de demostrar que dirigió y facilitó el ataque; la defensa intentará convencer al jurado de que unas declaraciones realizadas durante años, incluidas las de su propio libro, no equivalen a una prueba fiable de asesinato.

Después de casi treinta años, esa es la verdadera novedad. No que el misterio haya quedado resuelto, porque todavía no lo está. Es que por primera vez un jurado tendrá que separar el mito de la evidencia y decidir si existe una responsabilidad penal demostrable por la muerte de Tupac Shakur. Para un caso convertido durante demasiado tiempo en materia de leyenda, no es poca cosa.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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