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EE.UU. e Israel golpean el núcleo militar de Irán

Los bombardeos sobre Teherán y la respuesta de Irán extienden la crisis y elevan el impacto sobre la región.

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EEUU e Israel atacan corazón militar iraní

La ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán entró en una nueva fase cuando el Ejército israelí anunció ataques en el centro de Teherán, dirigidos contra instalaciones vinculadas al aparato de seguridad iraní. La operación se produjo después de que Irán comunicara bombardeos contra bases estadounidenses en el golfo Pérsico y el Kurdistán iraquí, además de lanzamientos contra territorio israelí. La sucesión de ataques trasladó el enfrentamiento desde los objetivos iniciales en Irán a un escenario regional, con incidentes en Irak, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Baréin, Qatar y Kuwait.

Entre los objetivos señalados por Israel figura el cuartel general de las Fuerzas de Seguridad Interna, vinculado a los Basij, una de las estructuras que participan en el control y la represión de protestas dentro de la República Islámica. También fueron atacadas instalaciones militares en el oeste del país, incluido el aeropuerto de Tabriz, donde Israel afirmó haber destruido dos cazas. El alcance de los daños y el balance completo de víctimas no están confirmados de manera independiente, mientras las comunicaciones iraníes siguen gravemente interrumpidas.

Los ataques alcanzan el aparato de seguridad en Teherán

El anuncio israelí de una nueva ola de bombardeos sobre el centro de Teherán marcó un cambio de escala dentro de la campaña. Las primeras operaciones habían alcanzado distintos puntos de Irán y objetivos estratégicos; después, el Ejército israelí describió como blanco el corazón de la capital, una expresión que alude a la concentración de instituciones políticas, militares y de seguridad en la ciudad. El ataque al cuartel general de las Fuerzas de Seguridad Interna apunta a un componente del poder estatal distinto de las fuerzas armadas convencionales.

Los Basij forman parte del entramado de seguridad de la República Islámica y se han empleado para controlar movilizaciones y sostener el orden interno. Por eso, un ataque contra instalaciones asociadas con esa fuerza tiene un significado que va más allá de destruir un edificio: busca afectar la capacidad del Gobierno para organizar la seguridad en las ciudades y responder a una crisis interna. Sin embargo, la información disponible no permite establecer cuánto daño sufrió la estructura ni si sus funciones quedaron interrumpidas.

La elección de objetivos también ayuda a entender por qué Israel presenta la operación como un golpe contra el sistema militar y de seguridad iraní. Las autoridades israelíes sostienen que su propósito es reducir las amenazas dirigidas contra el país, mientras que Washington ha vinculado su intervención con la eliminación de riesgos que atribuye al Gobierno iraní y con la degradación de capacidades militares. Esas explicaciones describen los objetivos declarados por los atacantes, no una evaluación independiente de los resultados.

La campaña se desarrolla además en una zona de Teherán asociada a las principales instituciones del Estado. En los primeros ataques se registraron explosiones cerca del distrito de Pasteur, donde se encuentran instalaciones vinculadas a la residencia y la oficina del líder supremo, así como dependencias de la Presidencia. Medios iraníes informaron de impactos en el área y de una fuerte presencia de seguridad. Las versiones sobre el estado de los máximos dirigentes han variado y no todas han podido verificarse por canales independientes.

Instalaciones militares y ciudades bajo ataque

La ofensiva no se limitó a la capital. Israel confirmó ataques en el oeste de Irán y señaló el aeropuerto de Tabriz como uno de los lugares alcanzados. Según su versión, dos cazas fueron destruidos en instalaciones que servían como base militar. El aeropuerto y sus dependencias pueden cumplir funciones civiles y militares, de modo que conocer con precisión qué zonas resultaron dañadas y qué uso tenían es esencial para medir el efecto real del bombardeo. La información pública ofrecida hasta ahora no detalla el alcance de los daños en el conjunto del recinto.

Los informes reunidos durante la escalada describen ataques en varias ciudades iraníes, desde el norte hasta el sur. Entre los lugares mencionados figuran Urmia, Kermanshah, Qom, Karaj, Teherán, Isfahán, Shiraz, Minab y Chabahar. La amplitud geográfica de esos reportes dibuja una campaña que no se concentra en un único punto, aunque las imágenes y declaraciones disponibles no permiten asignar a cada ataque el mismo objetivo o confirmar con idéntico grado de certeza sus consecuencias.

En Isfahán, la agencia iraní ISNA informó de la muerte de doce miembros de la Guardia Revolucionaria en un bombardeo ocurrido en la ciudad de Kashani, dentro de esa provincia. El dato fue atribuido a medios iraníes y debe leerse con esa salvedad: en un conflicto activo, las autoridades y los medios de cada parte difunden balances que pueden cambiar y cuya comprobación resulta difícil, sobre todo cuando hay cortes de comunicaciones y restricciones de acceso.

La combinación de ataques a fuerzas de seguridad, instalaciones militares y aeropuertos revela una campaña que busca reducir capacidades distintas: la defensa aérea, los medios de combate y los mecanismos de control del Estado. Aun así, destruir objetivos concretos no equivale por sí solo a desmantelar un sistema militar. El efecto estratégico dependerá de si Irán conserva capacidad para coordinar sus fuerzas, reparar daños y continuar lanzando misiles o drones, aspectos que no pueden darse por resueltos a partir de los anuncios de una sola jornada.

Irán responde con misiles y ataques contra bases

Teherán respondió a los bombardeos con misiles contra Israel y con acciones dirigidas a posiciones militares estadounidenses en Oriente Próximo. El Ejército iraní anunció operaciones contra bases situadas en el golfo Pérsico y el Kurdistán iraquí. Entre las instalaciones mencionadas en los distintos comunicados sobre la represalia figuran Al Udeid, en Qatar; Ali Al Salem, en Kuwait; Al Dhafra, en Emiratos Árabes Unidos, y el complejo naval estadounidense de Baréin. También se informó de ataques contra otras posiciones de la región.

Las cifras sobre los blancos alcanzados y las bajas no coinciden entre las partes. Una fuente militar iraní afirmó que Teherán había golpeado 14 bases estadounidenses, mientras que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica aseguró que sus ataques habían causado al menos 200 militares muertos o heridos. Esas cifras son afirmaciones iraníes y no han sido confirmadas por Washington; por tanto, no deben presentarse como un balance verificado. La diferencia entre el anuncio de una operación y la confirmación de sus efectos es especialmente importante cuando los datos proceden de actores implicados en los combates.

En Israel, el Ejército activó la alerta general después de detectar varios misiles lanzados desde Irán, con posibles objetivos en el centro del país y el valle del Jordán. Las autoridades pidieron a la población que atendiera las instrucciones de protección y las alertas antiaéreas. Las sirenas y la búsqueda de refugio forman parte de una respuesta defensiva, pero no permiten por sí mismas saber cuántos proyectiles llegaron a impactar ni qué daños causaron.

Irán también aseguró que sus drones de combate operaban sobre Israel, al tiempo que la defensa aérea protegía el espacio iraní. En otras fases de la respuesta se describieron el uso de misiles balísticos y drones contra posiciones militares estadounidenses y objetivos israelíes. La combinación de esos sistemas amplía el número de lugares que deben vigilarse y complica la defensa de varios países a la vez, aunque la eficacia de cada lanzamiento depende de su trayectoria, de las interceptaciones y de los daños que finalmente pueda verificarse.

Víctimas, heridos y restricciones de Internet

La violencia ha dejado víctimas en distintos puntos de la región, pero los balances proceden de organismos y medios diferentes y no siempre describen el mismo periodo. En Irak, el Mando de Operaciones Conjuntas confirmó tres heridos por el impacto de dos proyectiles en la gobernación de Basora. También informó del derribo de dos drones que, según las autoridades, intentaban atacar la base aérea de Imam Ali, en la provincia de Dhi Qar. El balance general citado para el país ascendía a dos muertos y 32 heridos, aunque milicias proiraníes atribuyeron las muertes a bombardeos estadounidenses.

En Isfahán, el informe de ISNA situó en doce los miembros de la Guardia Revolucionaria fallecidos en el ataque en Kashani. Por otra parte, las autoridades iraníes denunciaron decenas de muertes en bombardeos contra objetivos civiles. Entre esas denuncias figura el ataque a una escuela primaria femenina en Minab, en la provincia de Hormozgán, donde medios iraníes informaron de al menos 85 alumnas muertas y de decenas de heridas. El balance fue presentado por autoridades locales mientras continuaban las tareas de emergencia, por lo que podía cambiar.

La magnitud de las denuncias sobre la escuela exige distinguir entre lo que comunicaron las autoridades iraníes y lo que ha podido verificarse desde fuera. Los informes describieron un edificio con alumnas en su interior y equipos de emergencia trabajando entre los escombros; también señalaron que podía haber personas atrapadas. Cuando un ataque afecta a una escuela, la protección de civiles y la investigación de las circunstancias adquieren una importancia central, pero la información proporcionada en medio de los combates no basta para determinar de forma independiente quién ejecutó el ataque ni cómo se produjo.

La conectividad dentro de Irán se redujo casi por completo durante la escalada. NetBlocks situó el acceso nacional a Internet en torno al 1% de sus niveles normales después de más de 24 horas de interrupción casi total. Un apagón de esa magnitud dificulta que la población se comunique, que los servicios mantengan su actividad y que periodistas y organizaciones puedan contrastar los acontecimientos. También crea un vacío informativo que puede favorecer la circulación de balances incompletos y versiones imposibles de comprobar.

La caída de Internet no es solo una consecuencia técnica de los bombardeos. Puede responder a restricciones impuestas por las autoridades, a daños en infraestructuras o a una combinación de ambos factores; la información disponible no permite atribuir con seguridad el corte a una única causa. Lo que sí está claro es su efecto: se vuelve más difícil conocer el estado de las ciudades, localizar a familiares y comprobar imágenes o testimonios. En una guerra, esa falta de acceso no reduce el daño, sino que hace más incierto su registro.

El conflicto alcanza a Omán y a los países del Golfo

La expansión geográfica de los ataques ha afectado a países que no son los principales contendientes. En Emiratos Árabes Unidos, las autoridades informaron de dos heridos en Dubái por la caída de restos de un dron interceptado. El balance comunicado desde el inicio de las hostilidades era de tres muertos y 58 heridos. En Baréin, al menos cuatro personas resultaron heridas en Manama; en Qatar se reportaron 16 heridos en Doha, y Kuwait confirmó un fallecido.

Estas cifras describen consecuencias diferentes y no deben sumarse sin atender a sus periodos o a sus fuentes. Algunas corresponden a incidentes recientes y otras al total comunicado desde el comienzo de las hostilidades. La caída de restos después de una interceptación también muestra que los riesgos no se limitan al lugar elegido como blanco: los fragmentos pueden alcanzar calles, edificios o instalaciones alejadas del punto de impacto. La defensa antiaérea puede evitar que un proyectil llegue a su objetivo y, aun así, no eliminar el peligro para quienes están debajo.

Omán ocupaba una posición particular antes de esta escalada por su papel de mediador entre Irán y Estados Unidos. Sin embargo, el puerto comercial de Duqm fue alcanzado por al menos dos drones y un trabajador expatriado resultó herido, según la información disponible. El incidente amplía el conflicto a un país que había intervenido en los contactos diplomáticos entre Washington y Teherán. No se ha detallado en los datos de referencia qué infraestructura concreta sufrió daños ni quién lanzó los aparatos.

Poco después, el Centro de Seguridad Marítima omaní informó de un ataque contra el petrolero Skylight, con bandera de Palaos, a cinco millas náuticas del puerto de Jasab, en la gobernación de Musandam. Los 20 tripulantes, 15 indios y cinco iraníes, fueron evacuados; cuatro sufrieron lesiones. La Marina Real de Omán coordinó el rescate junto con otras agencias de seguridad. El episodio muestra cómo una campaña militar puede extender el riesgo a las rutas marítimas y a trabajadores de nacionalidades ajenas al enfrentamiento.

La Embajada de Estados Unidos en Omán pidió a su personal y a los ciudadanos estadounidenses que permanecieran resguardados en sus hogares fuera de Mascate hasta nuevo aviso. Esa instrucción refleja la preocupación por la seguridad en el país, pero no equivale a una confirmación de que toda la capital o el conjunto de Omán estuvieran bajo ataque. En una crisis regional, las medidas de protección pueden abarcar zonas amplias mientras las autoridades evalúan amenazas que todavía no se han materializado.

Qué se sabe y qué sigue sin confirmarse

La información sobre los dirigentes iraníes también ha estado rodeada de versiones contrapuestas. En las primeras horas circularon informes sobre ataques en el entorno del complejo del líder supremo, Alí Jamenei, y sobre el estado de responsables políticos. El presidente Masud Pezeshkian fue descrito por medios iraníes como sano y salvo. Más tarde, dirigentes de Estados Unidos e Israel sostuvieron que Jamenei podría haber muerto, aunque las declaraciones citadas expresaban distintos grados de certeza y no ofrecían una confirmación independiente concluyente.

La incertidumbre sobre la cúpula no es un detalle menor: afecta a la comprensión de quién conserva autoridad y capacidad de mando en Irán. Pero una afirmación pública, incluso formulada por un jefe de Gobierno o un presidente, no sustituye a pruebas verificables. En paralelo, las autoridades iraníes comunicaron que el líder supremo había sido trasladado a un lugar seguro y permanecía con vida. Mientras no haya información comprobable y consistente, el estado de los principales dirigentes debe tratarse como no confirmado.

Algo parecido ocurre con las cifras de daños y bajas. Irán ha anunciado resultados de sus ataques contra bases estadounidenses; Israel ha descrito objetivos alcanzados en Teherán y Tabriz, e informes iraníes han comunicado muertos y heridos en varias provincias. Washington no confirmó las bajas estadounidenses que Teherán atribuye a sus bombardeos. Las comunicaciones interrumpidas y la dificultad de acceso a las zonas afectadas hacen que las versiones oficiales de cada parte deban distinguirse de los hechos corroborados.

La prudencia no significa equiparar todas las afirmaciones ni restar importancia a las víctimas. Significa identificar quién comunica cada dato, qué parte está confirmada y qué permanece bajo investigación. En una escalada que se mueve con rapidez, un balance puede quedar desactualizado en horas. La falta de verificación independiente no convierte una denuncia en falsa, pero impide presentarla como un hecho cerrado.

Una ofensiva que abre una fase más amplia

Estados Unidos confirmó su participación en la campaña después del inicio de los ataques israelíes. El presidente Donald Trump describió la operación como una acción de combate destinada a eliminar amenazas atribuidas al Gobierno iraní y anunció objetivos relacionados con el programa nuclear, la industria de misiles y la Marina de Irán. Israel, por su parte, presentó la ofensiva como una respuesta preventiva y una medida para reducir riesgos contra su territorio. Las metas anunciadas son amplias y no se limitan a un bombardeo puntual.

La operación estadounidense fue identificada por el Pentágono como Furia Épica y la campaña israelí como Rugido del León, según la información publicada por los medios de referencia. Trump también instó a la población iraní a tomar el control de su Gobierno y ofreció una amnistía a miembros de las fuerzas iraníes que depusieran las armas. Ese mensaje introduce una dimensión política explícita en una intervención que, además de atacar capacidades militares, plantea la posibilidad de un cambio en el poder.

El contexto diplomático añade otra capa a la crisis. Washington y Teherán habían mantenido conversaciones indirectas sobre el programa nuclear iraní con mediación de Omán, incluida una tercera ronda de contactos en los días previos a la ofensiva, según los informes citados. El paso de la negociación a los bombardeos deja en suspenso esa vía y plantea una cuestión de fondo: si la presión militar puede producir concesiones o, por el contrario, endurecer la respuesta iraní y ampliar el conflicto.

La guerra también se inscribe en un enfrentamiento anterior entre Irán, Estados Unidos e Israel. Los informes de referencia mencionan una campaña de doce días en junio de 2025, durante la cual ambos países atacaron instalaciones nucleares y lanzadores de misiles iraníes. Ese antecedente ayuda a explicar por qué las partes consideran que existe una disputa estratégica prolongada, pero no permite anticipar cómo terminará esta nueva fase. El precedente muestra que los ataques pueden degradar infraestructuras sin resolver por sí solos las causas políticas del conflicto.

El elemento que distingue esta escalada es la combinación de bombardeos dentro de Irán, lanzamientos contra Israel y ataques o amenazas contra instalaciones estadounidenses en varios países del Golfo. A ello se suman daños en puertos, incidentes marítimos y víctimas fuera de los territorios directamente enfrentados. Cada nuevo episodio aumenta el número de actores expuestos y reduce el margen para contener la crisis dentro de una sola frontera.

Por ahora, el alcance de los objetivos destruidos, la cifra definitiva de víctimas y el estado de algunos dirigentes siguen sin una verificación común. Lo que sí dibujan los acontecimientos es una confrontación que golpea a las instituciones de seguridad iraníes y, al mismo tiempo, somete a presión a las bases militares, las ciudades y las rutas marítimas de la región. La evolución dependerá tanto de la capacidad militar de las partes como de si los canales diplomáticos pueden reabrirse antes de que los ataques conviertan la represalia en una cadena difícil de detener.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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