Ciencia
¿Cómo ha logrado Curiosity seguir activo tras 5.000 días marcianos?
Curiosity supera los 5.000 días marcianos, celebra más de 14 años de misión y continúa estudiando el cráter Gale y las laderas del monte Sharp.

Resumen
- Curiosity alcanza 5.000 soles tras más de 14 años trabajando en Marte
- La NASA celebró el hito con una postal creada a partir de dos panorámicas
- El rover sigue explorando el monte Sharp pese al desgaste y a la menor energía
Curiosity acaba de cruzar una frontera que en 2012 parecía casi de ciencia ficción: 5.000 días marcianos trabajando sobre Marte. El rover de la NASA ha celebrado el hito con una imagen en la que aparece su propia cubierta frente al paisaje del cráter Gale, una suerte de postal marciana que retrata a una máquina envejecida, sí, pero todavía plenamente dedicada a la exploración científica. Son más de 5.137 días terrestres, más de 14 años desde su aterrizaje, frente a una misión principal concebida inicialmente para durar un año marciano, unos 687 días terrestres.
Y no está simplemente sobreviviendo. Curiosity continúa desplazándose, analizando rocas, estudiando la atmósfera y ascendiendo por las laderas del monte Sharp. Durante las semanas de su aniversario también superó un kilómetro de desnivel acumulado respecto al punto donde aterrizó en el cráter Gale. Mientras muchos aparatos electrónicos terrestres empiezan a mirar con nostalgia su garantía a los pocos años, este laboratorio nuclear con seis ruedas sigue trabajando a unos cuantos cientos de millones de kilómetros del servicio técnico más cercano.
Curiosity alcanza los 5.000 soles en pleno monte Sharp
Un día marciano recibe el nombre de sol y dura aproximadamente 24 horas y 40 minutos, algo más que una jornada terrestre. Por eso, alcanzar los 5.000 soles significa haber acumulado más de 5.137 días de nuestro calendario desde que Curiosity llegó a Marte en agosto de 2012.
El aniversario encontró al rover en las estribaciones inferiores del monte Sharp, una montaña de unos cinco kilómetros de altura situada dentro del enorme cráter Gale. Curiosity lleva ascendiendo por sus capas geológicas desde 2014. Es, en cierto modo, como subir por las páginas petrificadas de un libro: cada estrato conserva información sobre un Marte distinto, desde épocas húmedas muy antiguas hasta etapas cada vez más secas.
En los días alrededor del sol 5.000, el vehículo estaba trabajando junto a una cresta arenosa bautizada Chocolatal. Los científicos quieren averiguar cómo se formó, qué tamaño tienen sus granos y si pertenece a un tipo de estructura creada por el viento conocida como cresta eólica transversal. Para estudiarla, Curiosity llegó a introducir una de sus ruedas en el material y retrocedió después ligeramente, dejando expuestas capas que sus instrumentos podían examinar con mayor detalle.
El supuesto selfie es en realidad una postal marciana
La imagen difundida para celebrar los 5.000 soles tiene truco, aunque uno bastante bonito. No es exactamente un selfie tradicional como los que Curiosity ha realizado otras veces utilizando fotografías tomadas desde su brazo robótico.
En esta ocasión se combinaron dos panorámicas obtenidas con las cámaras de navegación en blanco y negro mientras el rover permanecía junto a Chocolatal. Una fue captada durante la mañana marciana del 30 de agosto de 2026, correspondiente al sol 5.000, y la segunda durante la tarde del 2 de septiembre, en el sol 5.003. Posteriormente, ambas fueron enviadas a la Tierra, fusionadas y coloreadas con fines visuales.
El azul representa la panorámica matinal y el amarillo, la vespertina. En primer plano aparece la propia cubierta del rover. Se distinguen su antena UHF, utilizada para transmitir información mediante las sondas que orbitan Marte, y las aletas del generador termoeléctrico de radioisótopos situado en la zona posterior. Detrás quedan las huellas de Curiosity perdiéndose sobre el terreno. Más lejos, casi diluido por la atmósfera polvorienta, aparece el borde del cráter Gale.
Una misión de 687 días que ya supera los 14 años
Cuando Curiosity aterrizó mediante aquella espectacular maniobra de la grúa celeste en agosto de 2012, su misión científica principal debía abarcar al menos un año marciano: 687 días terrestres, algo menos de dos años. Ese periodo bastó para alcanzar uno de sus grandes objetivos iniciales.
El rover encontró evidencias de que el cráter Gale albergó en el pasado un entorno con agua líquida y condiciones químicas potencialmente habitables para microorganismos. En Yellowknife Bay perforó antiguas rocas sedimentarias relacionadas con un lago y detectó elementos esenciales y fuentes de energía química que, en la Tierra, podrían sostener formas de vida microbiana.
Eso no significa que Curiosity encontrara vida marciana. Encontró algo distinto y científicamente crucial: un lugar donde la vida habría podido existir. La diferencia parece pequeña al leerla deprisa, pero en ciencia planetaria separa una prueba biológica de una reconstrucción ambiental basada en minerales, química y geología.
Lo extraordinario es que aquella misión primaria terminó hace más de una década. Desde entonces, Curiosity ha seguido funcionando mediante sucesivas extensiones científicas. La máquina que debía trabajar durante un año de Marte ha superado ampliamente siete veces aquella duración.
Cómo puede seguir funcionando un robot tan antiguo
Buena parte de la explicación está detrás del rover, literalmente. Curiosity no depende de paneles solares. Su energía procede de un generador termoeléctrico de radioisótopos, conocido como MMRTG, que transforma en electricidad parte del calor producido por la desintegración de plutonio.
Esta tecnología proporciona una fuente energética estable durante largos periodos y evita uno de los grandes problemas de las misiones solares en Marte: el polvo y la escasez de luz. Pero tampoco es una pila mágica. La potencia disponible disminuye con los años, de modo que recargar las baterías requiere progresivamente más tiempo y obliga a administrar cada actividad con mayor cuidado.
Ahorrar energía se ha convertido en parte de la misión
Los ingenieros han ido enseñando nuevos trucos a una máquina diseñada hace casi dos décadas. Curiosity puede realizar determinadas tareas simultáneamente y gestionar mejor sus periodos de reposo. Si termina una actividad antes del tiempo reservado, puede entrar en reposo antes y gastar menos energía. Economías de diez o veinte minutos que parecen minúsculas pero, repetidas durante meses y años, cuentan. Mucho.
El rover también ha recibido importantes actualizaciones de software. Una de ellas, instalada en 2023, introdujo alrededor de 180 modificaciones, entre ellas mejoras para procesar con mayor rapidez las imágenes utilizadas durante la conducción. Menos tiempo detenido entre movimientos significa menos electricidad consumida y más energía disponible para trabajar.
Sus ruedas están heridas, pero Curiosity continúa avanzando
Catorce años de carreteras marcianas —sin carreteras, para ser precisos— dejan cicatrices. Las seis ruedas de aluminio de Curiosity comenzaron a mostrar daños apreciables ya en 2013, especialmente después de atravesar zonas cubiertas de rocas puntiagudas capaces de perforar las partes más finas de su estructura.
La respuesta de los ingenieros fue cambiar la manera de conducir. Se modificaron rutas, se estudió con más detalle el terreno y se desarrolló un sistema de control de tracción que ajusta individualmente la velocidad de las ruedas cuando el vehículo pasa sobre obstáculos, reduciendo las fuerzas capaces de deteriorarlas.
Curiosity tampoco conserva todos sus mecanismos exactamente como salieron de la Tierra. Ha sufrido problemas en el taladro, en componentes del brazo robótico y en otros elementos. La diferencia entre una avería y el final de la misión ha sido, muchas veces, el ingenio desde tierra: cambios de software y nuevos procedimientos para aprovechar piezas que jamás podrán sustituirse físicamente.
Las ruedas muestran agujeros, abolladuras y desgaste tras decenas de kilómetros recorridos, pero siguen permitiendo avanzar al vehículo. Marte ha mordido bastante el aluminio, aunque todavía no ha conseguido detener a Curiosity.
La ciencia que hace que esos 5.000 días importen
La longevidad sería apenas una curiosidad tecnológica si Curiosity hubiese dejado de producir ciencia relevante. Ha ocurrido lo contrario. Una de sus aportaciones recientes procede, paradójicamente, de muestras recogidas varios años atrás y conservadas para nuevos análisis con su laboratorio interno SAM.
En 2025, investigadores identificaron en una muestra denominada Cumberland decano, undecano y dodecano, los compuestos orgánicos de mayor tamaño detectados hasta entonces directamente en Marte. Son moléculas de cadenas largas relacionadas con una química orgánica más compleja de la conocida previamente en el planeta.
Su existencia no demuestra que hubiese vida. Estos compuestos también pueden originarse mediante procesos no biológicos. Esa cautela no resta interés al hallazgo; al contrario, ayuda a delimitar qué clase de química pudo sobrevivir durante enormes periodos en las rocas marcianas.
En abril de 2026 llegó otro resultado. El análisis de una roca perforada en 2020 permitió identificar 21 moléculas con carbono, siete de ellas detectadas por primera vez en Marte. De nuevo, la química orgánica no equivale automáticamente a biología, pero revela que materiales complejos pueden formarse o preservarse bajo las condiciones del planeta rojo.
Mientras tanto, Curiosity continúa leyendo la geología del monte Sharp. En Chocolatal estudia sedimentos moldeados por el viento; en otras zonas analiza capas rocosas, minerales, polvo atmosférico e incluso pequeños cambios en el paisaje. La misión empezó investigando si Marte fue habitable. Más de 14 años después, sigue afinando la respuesta, roca a roca.
Cinco mil amaneceres después, Marte todavía tiene trabajo
La imagen conmemorativa tiene algo peculiar. Delante aparece un desierto inmenso, silencioso, amarillento y azul en la recreación de la NASA; abajo, un trozo de maquinaria cubierta de polvo. No hay técnicos ajustando tornillos ni un hangar al otro lado de la colina. Solo un vehículo enviado desde la Tierra en 2011 que continúa obedeciendo instrucciones desde otro planeta.
Curiosity ha sobrevivido porque fue construido con márgenes de seguridad, una fuente nuclear de larga duración y sistemas capaces de adaptarse, pero también porque el equipo que lo opera ha aprendido a envejecer con la máquina: conduce con más cuidado, ahorra electricidad, modifica programas y encuentra rodeos cuando algún componente deja de comportarse como antes.
Después de 5.000 soles, el mérito del rover no consiste simplemente en seguir encendido. Continúa haciendo ciencia en un planeta donde no existe la posibilidad de cambiar una rueda, limpiar un conector o abrir una carcasa para ver qué falla. Y esa pequeña postal desde Chocolatal, más que una fotografía de aniversario, termina pareciendo justamente eso: el parte de vida de una máquina que debía durar menos de dos años y que, más de catorce después, todavía tiene trabajo sobre la mesa.












