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¿Cuánto costará la Fórmula 1 de Madrid? La factura que genera polémica
Madrid estrena su Gran Premio entre inversiones millonarias, previsiones de retorno, quejas por el ruido y el costoso precedente de Valencia.

Foto: PP Comunidad de Madrid / Wikimedia Commons — imagen recortada, CC BY 2.0.
Resumen
- STOP F1 cifra en 319 millones los gastos vinculados al Gran Premio de Madrid
- PwC estima 467 millones de impacto económico y cerca de 8.850 empleos
- Ruido, movilidad y el precedente de Valencia alimentan la polémica vecinal
La Fórmula 1 ha vuelto a Madrid 45 años después y lo ha hecho con un circuito nuevo, las gradas llenas y una pregunta bastante menos glamurosa que un monoplaza entrando a 300 kilómetros por hora en una curva: cuánto terminará costando realmente el Gran Premio. A pocas horas de la primera carrera del Madring, las cifras que manejan organizadores, oposición y colectivos vecinales dibujan escenarios muy distintos. La plataforma STOP Fórmula 1 Madrid calcula unos 319 millones de euros de gastos vinculados a 2026, mientras Más Madrid eleva por encima de 470 millones el coste asociado al proyecto. Ninguna de estas cantidades constituye, por sí sola, una factura pública definitiva y auditada.
En el otro lado de la balanza está el retorno. Un estudio de PwC difundido por la organización estima que el Gran Premio generará un impacto económico de 467 millones de euros, unos 8.850 empleos y cerca de 83 millones en impuestos y cotizaciones sociales. Es decir, Madrid llega a su primer domingo de Fórmula 1 con dos fotografías completamente diferentes: la del enorme escaparate económico que defiende el proyecto y la del riesgo presupuestario que denuncian sus críticos. Y todavía falta revelar la foto importante, la que solo aparece cuando se apagan los focos y se hacen las cuentas.
El coste de la Fórmula 1 de Madrid, la cifra que nadie interpreta igual
El origen de buena parte de la controversia está en qué se incluye exactamente cuando se habla del coste de la Fórmula 1 madrileña. STOP Fórmula 1 Madrid asegura haber reconstruido mediante licitaciones de Ifema una cantidad superior a 319 millones de euros relacionada con la organización y puesta en marcha del Gran Premio durante 2026. Esa cifra aparece también en el debate público al analizar las inversiones adjudicadas hasta el momento para el circuito y otros conceptos.
Más Madrid va más lejos. La formación de Rita Maestre calcula más de 200 millones en obras de carácter público vinculadas al proyecto y añade otros 270 millones asociados a la concesión, llevando su estimación por encima de 470 millones. El alcalde José Luis Martínez-Almeida, por su parte, rechaza que el Ayuntamiento esté aportando dinero público directamente a la organización de la carrera. Estamos, por tanto, ante cifras construidas con criterios distintos, no ante tres versiones de una misma columna contable.
Ese matiz importa. Mucho. Una cosa es el presupuesto directo del evento, otra son las obras permanentes, otra las infraestructuras que también tendrán usos posteriores y otra, bastante distinta, es sumar compromisos económicos repartidos durante varios ejercicios. Presentarlo todo como si fueran monedas saliendo de una misma caja resulta tentador políticamente, pero contablemente sería demasiado sencillo para un proyecto bastante más enrevesado.
También ocurre al revés con los beneficios. Impacto económico no significa beneficio neto para las administraciones. Cuando PwC estima 467 millones está midiendo actividad económica asociada al Gran Premio: alojamiento, restauración, transporte, comercio, construcción y otros sectores. No significa que esa cantidad entre directamente en la caja de Ifema, del Ayuntamiento o de la Comunidad. Conviene separar esas dos palabras, impacto y beneficio, antes de que el ruido de los motores las convierta en sinónimos.
De los 467 millones de impacto a una realidad todavía por medir
La previsión económica es, sobre el papel, potente. El estudio de PwC parte de datos de ventas e inversiones y calcula 467 millones de euros de actividad, con 8.850 puestos de trabajo relacionados con el evento. También estima cerca de 83 millones de euros en impuestos y cotizaciones sociales. Más de 80.000 asistentes procederían de fuera de Madrid y alrededor de 45.000 llegarían desde otros países.
Madrid, desde luego, ha llenado el escaparate. Para el fin de semana completo se esperaba una afluencia próxima a 345.000 espectadores, las entradas se agotaron y el circuito se ha estrenado como uno de los grandes acontecimientos deportivos del año en España. El trazado de 5,4 kilómetros y 22 curvas rodea Ifema y combina sectores urbanos con instalaciones permanentes; el contrato con la Fórmula 1 se extiende desde 2026 hasta 2035.
Hay, sin embargo, algún dato que invita a bajar un poco las revoluciones. La ocupación hotelera se situaba este fin de semana en torno al 70 por ciento, lejos del 95 por ciento que llegó a manejarse como previsión. Parte de la explicación estaría en la liberación de miles de habitaciones previamente bloqueadas por operadores vinculados al evento y en unos precios especialmente elevados. El balance económico definitivo, por tanto, tendrá que hacerse con datos reales posteriores al Gran Premio, no únicamente con proyecciones previas.
Valencia aparece en el retrovisor de Madring
Ahí entra la comparación que ha encendido el debate. Constantino Blanco, portavoz de STOP Fórmula 1 Madrid, sostiene que frente a lo que podría ocurrir en Madrid, “el agujero de Valencia va a ser calderilla”. Es una afirmación política y prospectiva, no un dato demostrado: nadie conoce todavía el resultado financiero de un Gran Premio madrileño que acaba de estrenarse. Pero la referencia valenciana no ha salido de la nada.
El Gran Premio urbano de Valencia celebró cinco ediciones entre 2008 y 2012. Años después, la Generalitat Valenciana cifró el coste total, incluyendo circuito, cánones, organización y otras partidas, en alrededor de 308 millones de euros. Solo los cánones acumulados superaron los 100 millones. Aquella experiencia quedó convertida en uno de los ejemplos españoles más utilizados cuando un gran acontecimiento prometido como motor económico termina dejando una factura muy distinta de la presentada al principio.
Madrid no es Valencia, ni el modelo financiero es idéntico, ni puede afirmarse seriamente en septiembre de 2026 que el resultado vaya a repetirse. Precisamente por eso la comparación interesante no consiste en anunciar el desastre antes de tiempo, sino en vigilar algo bastante más aburrido —y bastante más importante—: quién asume finalmente cada gasto, qué ingresos permanecen y qué inversiones conservan utilidad cuando termina la carrera.
Más de 100 decibelios: el otro conflicto está en las ventanas
El dinero ocupa los titulares, pero para miles de residentes la discusión empieza antes, literalmente al abrir la ventana. Durante los test de Fórmula 3 celebrados en agosto, STOP Fórmula 1 Madrid realizó mediciones junto al circuito y comunicó una media de 102,7 dBA, con máximos de 107,7 y picos de 109,1. Eran mediciones efectuadas por la propia plataforma y no un control acústico municipal homologado, una diferencia relevante cuando se habla de posibles acciones judiciales.
Los residentes de Canillas, Las Cárcavas, Valdebebas, Villa Rosa y San Lorenzo llevan meses denunciando obras, cambios de movilidad y contaminación acústica. La plataforma había anunciado precisamente mediciones homologadas durante los días del Gran Premio para sustentar futuras acciones legales. El ruido se ha convertido así en el frente jurídico más delicado para quienes pretenden combatir la continuidad del circuito.
El Ayuntamiento sostiene que el Madring dispone de pantallas acústicas y otras medidas correctoras, y defendió antes del Gran Premio que los actuales Fórmula 1 producirían menos ruido que los monoplazas utilizados en aquellas pruebas de F3. Los colectivos ecologistas discrepan y recuerdan que la documentación ambiental ya contemplaba posibles superaciones acústicas durante entrenamientos y carreras.
No es una discusión ornamental. El proyecto ha obligado a estudiar ruido, vibraciones, calidad del aire y efecto isla de calor, con sensores instalados para conocer el impacto real de la primera edición y plantear, en su caso, correcciones posteriores. Madrid ha construido un circuito que quiere parecer permanente durante tres días y desaparecer parcialmente después. Para los vecinos, claro, las ondas sonoras tienen la mala costumbre de no entender de marketing urbano.
Un circuito metido dentro de una ciudad que sigue funcionando
La particularidad del Madring está precisamente ahí. No se encuentra aislado a kilómetros de la ciudad, sino encajado alrededor de Ifema, Valdebebas y barrios residenciales, muy cerca del aeropuerto y conectado con Metro, Cercanías y autobuses. Esa ubicación es uno de sus grandes argumentos comerciales: llegar al circuito resulta mucho más fácil que en numerosos grandes premios tradicionales. También constituye su problema más evidente.
El Ayuntamiento ha diseñado un dispositivo específico de movilidad con refuerzos de transporte público, lanzaderas gratuitas de EMT y despliegue policial. Este domingo 13 de septiembre, el programa oficial sitúa el desfile de pilotos a las 13.00 y la carrera de Fórmula 1 entre las 15.00 y las 17.00 horas. Madrid espera alrededor de 345.000 asistencias acumuladas durante los tres días.
Y entretanto hay colegios, viviendas, trabajadores, comercios y residentes intentando mantener su rutina. La tensión entre ambas realidades explica mucho mejor la protesta que cualquier caricatura entre aficionados al motor y enemigos del automóvil. La plataforma vecinal insiste, de hecho, en que no nació contra la Fórmula 1 como deporte, sino contra su instalación en ese punto concreto de Madrid.
Ese es probablemente el fondo del conflicto: quién paga el precio cotidiano de convertir Madrid en escenario de grandes acontecimientos y cuánto de ese sacrificio queda compensado por riqueza, empleo, infraestructuras y proyección internacional.
El éxito deportivo no resolverá por sí solo las cuentas
Sobre el asfalto, el debut está funcionando. Las gradas se han llenado, el circuito ha despertado interés entre aficionados y pilotos y Madrid vuelve oficialmente al calendario mundial después de que el Jarama acogiera su último Gran Premio de Fórmula 1 en 1981. Lando Norris logró la primera pole del nuevo trazado, por delante de Kimi Antonelli y Max Verstappen. El espectáculo, en ese sentido, ha llegado con bastante menos dificultad que el consenso político.
La discusión empezará de verdad después de la bandera a cuadros. Será entonces cuando puedan compararse el gasto ejecutado, los ingresos obtenidos, la recaudación fiscal y el consumo generado, además de los costes adicionales asumidos por las administraciones. PwC ya prevé un análisis posterior que contraste las previsiones económicas con los resultados efectivos. Ese examen será bastante más útil que cualquier guerra de cifras lanzada antes de correr la primera vuelta.
STOP Fórmula 1 Madrid ya ha anunciado que su batalla tampoco termina este domingo. El colectivo pretende utilizar los datos acústicos recogidos durante el Gran Premio para continuar por la vía jurídica y mantiene sus críticas al coste económico, las obras, los cortes de tráfico y las consecuencias ambientales de un contrato pensado para mantener la carrera en la capital hasta 2035.
La carrera acaba; la factura sigue abierta
Madrid puede celebrar un gran Gran Premio y, al mismo tiempo, exigir cuentas claras. No son ideas incompatibles. Que las tribunas estén llenas demuestra interés deportivo y capacidad de convocatoria; no demuestra por sí mismo rentabilidad. Que existan inversiones públicas tampoco convierte automáticamente el evento en un fracaso. La prueba será el balance completo, y todavía no existe.
La frase sobre que Valencia acabará pareciendo “calderilla” funciona como advertencia y, qué duda cabe, como magnífico titular. Como hecho económico aún no puede darse por probado. Lo que sí sabemos es que el precedente valenciano superó los 300 millones de euros de coste según cálculos posteriores de la Generalitat y que Madrid ha entrado en su primera edición manejando inversiones de centenares de millones y previsiones de retorno igualmente enormes.
Entre esas dos cifras corre ahora el verdadero Gran Premio. No tiene curvas peraltadas ni coches a 340 kilómetros por hora. Tiene contratos, licitaciones, impuestos, vecinos y hojas de cálculo. Es menos fotogénico. Pero será el que decida, dentro de unos años, si Madring fue un gran negocio para Madrid o una carísima vuelta rápida.
Foto: PP Comunidad de Madrid / Wikimedia Commons — imagen recortada, CC BY 2.0.

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