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¿Qué une a Vox, AfD, Farage y Kast con Bannon y la derecha de EEUU?
Vox, AfD, Farage y Kast coinciden en redes y foros transatlánticos donde aparecen Bannon, CPAC, Disenso, Foro Madrid, CitizenGO y el trumpismo.

Resumen
- Vox y Farage tuvieron contactos directos con Steve Bannon
- AfD comparte puentes con el trumpismo, pero rechazó The Movement
- Kast y Milei conectan con Vox mediante Disenso y Foro Madrid
La conexión existe, pero conviene dibujarla con un lápiz fino. Vox, Nigel Farage, José Antonio Kast y sectores de AfD han coincidido, en distintos momentos y con diferente intensidad, dentro de un ecosistema internacional de derecha radical, nacional-conservadora y populista que mantiene vasos comunicantes con Estados Unidos. Steve Bannon fue uno de sus grandes promotores durante la primera presidencia de Donald Trump, aunque no existe evidencia pública de que dirija una especie de internacional con mando único sobre todos esos partidos.
Lo que sí está documentado son reuniones, congresos compartidos, fundaciones, contactos personales y estrategias políticas que cruzan el Atlántico. CPAC, la Fundación Disenso, Foro Madrid, CitizenGO y el antiguo proyecto The Movement de Bannon aparecen en diferentes puntos de esa cartografía. No forman una misma organización y sería incorrecto meterlas todas en el mismo saco, pero ayudan a comprender cómo determinadas ideas amplificadas en Estados Unidos encontraron interlocutores en España, Alemania, Reino Unido y América Latina.
Bannon y Vox: aquí sí hubo un contacto político directo
El vínculo de Steve Bannon con Vox no procede únicamente de fotografías o afinidades ideológicas. En 2018, cuando la formación de Santiago Abascal todavía estaba lejos del peso electoral que alcanzaría después, el entonces dirigente de Vox Rafael Bardají mantuvo reuniones con Bannon en Washington.
La propia formación presentó aquellos contactos como un acercamiento político relevante. Bannon, que había dirigido la fase final de la campaña presidencial de Trump en 2016 y posteriormente ejerció como estratega jefe de la Casa Blanca, mostró interés por el proyecto de Vox. Se habló entonces de estrategia, comunicación y proyección internacional, también en relación con el conflicto independentista catalán.
Aquello coincidía con una ambición mucho mayor de Bannon: trasladar a Europa parte de la maquinaria política que había contribuido al triunfo de Trump. Su proyecto se llamó The Movement, una plataforma con sede europea concebida para conectar fuerzas nacionalistas, populistas y euroescépticas antes de las elecciones europeas de 2019.
Con el paso del tiempo Vox rebajó públicamente la importancia de aquella relación. Abascal sostuvo posteriormente que Bannon no podía asesorarle sobre política española y otros dirigentes minimizaron el alcance de los contactos. El detalle importa: hubo una relación política real, pero convertir al estadounidense en el cerebro permanente de Vox sería ir bastante más lejos de lo que permiten demostrar los hechos conocidos.
Farage y el trumpismo: una relación mucho más abierta
Con Nigel Farage, la conexión estadounidense resulta todavía más evidente. El dirigente británico se convirtió durante el Brexit en uno de los políticos europeos más próximos políticamente a Donald Trump. Tras la victoria republicana de 2016, Farage llegó incluso a reunirse con el presidente electo antes que la entonces primera ministra británica, Theresa May.
Su relación con Bannon tampoco fue puramente ambiental. En 2019 trascendieron conversaciones en las que Farage estudiaba la posibilidad de encabezar una alianza internacional vinculada al antiguo estratega de Trump, construida alrededor del populismo, el nacionalismo económico y el rechazo a las élites globales.
El actual Reform UK de Farage no puede describirse como una organización controlada por Bannon. El vínculo importante es otro: Farage lleva años moviéndose dentro del espacio político trumpista estadounidense y frecuentando circuitos conservadores transatlánticos. Ahí las fronteras nacionales se vuelven porosas. Discursos sobre inmigración, soberanía, instituciones supranacionales, guerra cultural y desconfianza hacia las élites viajan de un país a otro a una velocidad considerable.
AfD: puentes con Estados Unidos, pero distancia con Bannon
El caso de Alternativa para Alemania, AfD, introduce un matiz que a menudo desaparece cuando se intenta representar toda esta constelación mediante una sola línea.
Bannon quiso sumar a fuerzas europeas de este espacio a The Movement, pero en 2018 Alexander Gauland, entonces uno de los principales dirigentes de AfD, rechazó abiertamente el planteamiento. Su argumento era revelador: Alemania no era Estados Unidos y los intereses de los diferentes partidos europeos eran demasiado distintos para meterlos dentro de una única estructura diseñada desde fuera.
Eso no significa que AfD esté aislada del universo político estadounidense. Al contrario, el partido ha cultivado contactos con políticos, activistas y figuras próximas al movimiento MAGA. La diferencia está en el apellido de la relación: existen puentes con el trumpismo estadounidense, pero el hilo específicamente ligado a Bannon es bastante más débil que en los casos de Vox o Farage.
Esa distinción evita una simplificación tentadora. AfD puede compartir diagnósticos, retórica o aliados circunstanciales con otras fuerzas de la derecha radical internacional sin formar parte de una cadena de mando común. En política, como casi siempre, el mapa tiene más carreteras secundarias que autopistas.
Kast y Milei: la vía de Vox, Disenso y Foro Madrid
En América Latina la arquitectura es diferente. El gran punto de encuentro alrededor de Vox no ha sido The Movement, sino la Fundación Disenso y Foro Madrid, dos piezas fundamentales de la estrategia internacional impulsada desde el entorno del partido español.
José Antonio Kast mantiene desde hace años una relación estrecha con ese espacio. Fue uno de los firmantes iniciales de la Carta de Madrid y ha participado en iniciativas vinculadas a Foro Madrid, una plataforma creada para reunir partidos, dirigentes y organizaciones conservadoras y de derecha en el ámbito iberoamericano.
Ahí aparece también Javier Milei. El presidente argentino ha compartido actos y escenarios con dirigentes de Vox y con otros referentes de esta corriente política internacional. Su relación con Donald Trump y con el universo de CPAC añade otra conexión estadounidense, aunque por una vía distinta de la que Bannon intentó levantar en Europa años atrás.
Aparece así una segunda autopista política. Bannon trató de articular desde Estados Unidos una coordinación de movimientos populistas europeos; Vox, entretanto, construyó desde España su propia plataforma iberoamericana. Las dos experiencias no son idénticas, ni dependen una de otra, pero comparten una lógica: convertir fuerzas nacionales en participantes de una conversación política transnacional.
Milei, Kast y Abascal no necesitan recibir órdenes de Washington para coincidir. Comparten escenarios, referencias, adversarios políticos y una parte considerable del vocabulario. La llamada batalla cultural, la crítica al progresismo, el soberanismo, la inmigración o el rechazo al denominado globalismo aparecen de forma recurrente. A veces el eco es tan parecido que parece venir del mismo altavoz. No necesariamente.
CPAC, CitizenGO y Atlas: los otros nodos de la red
La Conservative Political Action Conference, CPAC, ayuda a entender por qué estas relaciones pueden parecer más coordinadas de lo que formalmente son. Nacida dentro del conservadurismo estadounidense, se ha internacionalizado hasta convertirse en un espacio donde coinciden políticos de distintas derechas nacionales, desde dirigentes norteamericanos hasta figuras europeas y latinoamericanas.
Santiago Abascal y Javier Milei han participado en encuentros de CPAC, mientras Donald Trump continúa siendo su gran referencia política. Esos congresos cumplen una función bastante más prosaica que una supuesta sala de mando secreta, pero probablemente más eficaz: dirigentes, asesores, organizaciones, activistas y comunicadores se encuentran, observan qué mensajes funcionan, comparten relaciones y exportan marcos políticos.
Una consigna probada en Estados Unidos puede aparecer meses después, ligeramente retocada, en Europa o América Latina. Inmigración, soberanía nacional, críticas al globalismo, políticas de género o rechazo del progresismo cultural: el vocabulario se parece porque esos espacios políticos mantienen contacto y aprenden unos de otros.
CitizenGO, Hazte Oír y el vínculo histórico con Vox
Otro nombre recurrente es CitizenGO, nacida en España en 2013 a partir del entorno de Hazte Oír y convertida posteriormente en una plataforma internacional de movilización conservadora.
La relación histórica de Hazte Oír con Vox ha sido estrecha. Santiago Abascal e Ignacio Arsuaga, fundador de Hazte Oír y CitizenGO, se conocían antes incluso del nacimiento de Vox; dirigentes vinculados a esos ambientes participaron después en política institucional y la organización dio visibilidad al partido cuando todavía tenía una presencia electoral mínima.
Eso tampoco permite describir a CitizenGO como una sucursal de Vox. La relación ha atravesado distanciamientos y enfrentamientos públicos, especialmente por la exigencia de posiciones más duras en asuntos como el aborto. Hay afinidades ideológicas, antiguos vínculos personales y circulación de cuadros e ideas. También hay peleas. Como en cualquier familia política suficientemente grande.
Atlas Network suele aparecer asimismo en mapas que pretenden explicar la expansión internacional de estas nuevas derechas, pero aquí es especialmente necesario evitar el salto fácil. Atlas es una red internacional nacida en Estados Unidos que conecta organizaciones partidarias del libre mercado, la desregulación y un Estado limitado. Algunas entidades y personas del universo liberal y conservador europeo y latinoamericano han tenido relaciones con organizaciones pertenecientes a esa órbita.
Eso no demuestra por sí mismo que Atlas Network coordine a Vox, AfD, Reform UK y Kast, y mucho menos que constituya junto a Bannon una estructura única de financiación o dirección política. Para sostener una acusación de ese calibre harían falta relaciones financieras u organizativas concretas, partido por partido. La coincidencia en un gráfico no sustituye a una transferencia bancaria.
Una red internacional sin un único centro de mando
Lo que emerge al juntar las piezas no es tanto una conspiración piramidal como un ecosistema internacional bastante visible. Estados Unidos ocupa un lugar central porque allí se desarrollaron o amplificaron algunas de las técnicas, organizaciones y referentes que después circularon por otros países, pero esas redes hace tiempo que dejaron de funcionar en una sola dirección.
Bannon intentó construir expresamente esa internacional mediante The Movement. Logró contactos significativos con Vox y Farage, pero encontró resistencias, incluida la de AfD, y su proyecto nunca se convirtió en la gran organización europea que había imaginado. El bannonismo dejó huella, eso sí: nacionalismo, guerra cultural, comunicación agresiva y la convicción de que partidos de distintos países podían aprender unos de otros.
Después aparecieron estructuras más duraderas. CPAC conecta el conservadurismo estadounidense con dirigentes extranjeros; Disenso y Foro Madrid enlazan a Vox con Kast, Milei y otras derechas iberoamericanas; CitizenGO ha tejido durante años redes internacionales de activismo social y religioso. AfD, mientras tanto, ha desarrollado sus propios puentes con sectores del trumpismo estadounidense.
Por eso la fotografía de conjunto engaña únicamente cuando se interpreta de forma literal. No existe una prueba pública de que Steve Bannon dirija simultáneamente a Vox, AfD, Farage o Kast desde Estados Unidos. Lo que sí existe es algo menos cinematográfico y políticamente mucho más interesante: una red de relaciones, congresos, fundaciones, dirigentes, asesores e ideas que permite a movimientos nacionales actuar cada vez menos como islas. Bannon fue uno de los primeros grandes evangelistas de esa conexión transatlántica, pero el fenómeno terminó creciendo bastante más que él.

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