Economía
¿Cómo repartirá Francia más de 1.000 millones por la sequía histórica?
París activa más de 1.000 millones en ayudas por la sequía: indemnizaciones, rebajas fiscales, forraje, semillas y apoyo directo a las granjas.

Resumen
- Francia moviliza más de 1.000 millones para auxiliar al campo
- Unos 520 millones cubrirán pérdidas causadas por la sequía y el calor
- El plan incluye forraje, semillas, alivio fiscal y apoyo para 2027
Francia ha puesto sobre la mesa más de 1.000 millones de euros para sostener a su agricultura después de un verano que ha dejado cosechas mermadas, pastos secos, reservas de forraje bajo mínimos y miles de explotaciones con problemas de tesorería. El Gobierno de Emmanuel Macron quiere utilizar el dinero para indemnizar daños, evitar quiebras y, sobre todo, conseguir que los agricultores puedan volver a sembrar y alimentar al ganado de cara a la próxima campaña.
No es una ayuda aislada ni un cheque uniforme para todo el campo. El paquete presentado el 4 de septiembre por la ministra de Agricultura, Annie Genevard, combina indemnizaciones directas, alivios fiscales, fondos para comprar semillas y forraje, apoyo para cotizaciones sociales y otras medidas destinadas a reducir los costes de las explotaciones. La urgencia es considerable: entre 30.000 y 35.000 granjas atraviesan dificultades financieras y las pérdidas de producción agrícola superan los 10.000 millones de euros.
520 millones para indemnizar las pérdidas provocadas por el clima
La pieza principal del plan francés será la movilización del sistema de Indemnización de Solidaridad Nacional, conocido por sus siglas francesas ISN. Las primeras estimaciones sitúan esta partida en unos 520 millones de euros, prácticamente la mitad del paquete anunciado por París.
El Gobierno pretende acelerar los pagos para que el dinero llegue a las explotaciones antes de que los problemas de liquidez terminen contaminando la siguiente campaña. En el caso de los agricultores asegurados, el límite de los anticipos de las indemnizaciones se ha elevado del 70 % al 80 % de la cantidad prevista.
Hay una razón bastante terrenal detrás de tanta prisa. Una explotación puede sobrevivir a una mala cosecha; mucho más difícil resulta hacerlo cuando, además de perder producción, tiene que comprar pienso y semillas porque no hay pastos, adquirir material para volver a plantar y seguir afrontando combustible, salarios, créditos e impuestos. El campo funciona con estaciones, no con tiempos administrativos.
A estos pagos se sumarán 30 millones de euros mediante el régimen francés de calamidades agrícolas para pérdidas no asegurables que afecten tanto a cultivos permanentes, incluidas viñas, como a animales de explotaciones bovinas, ovinas o avícolas.
Más de 300 millones en rebajas del impuesto sobre la tierra
La factura fiscal también entra en el paquete. Francia contempla más de 300 millones de euros en reducciones locales del impuesto sobre propiedades no edificadas, una figura que afecta directamente a numerosas explotaciones agrícolas.
La medida no devuelve una tonelada de cereal al silo ni hace crecer la hierba, claro, pero sí reduce gastos inmediatos en un momento en el que muchas cuentas agrícolas están en rojo. El propio Ejecutivo admite que la sequía amenaza la continuidad de parte del tejido productivo, especialmente allí donde los rendimientos han sufrido desplomes muy superiores a los habituales.
Cambia también la forma de calcular futuras indemnizaciones
La crisis ha abierto otra discusión menos vistosa pero importante. A partir de la campaña de 2027, Francia ampliará de cinco a ocho años el periodo de referencia utilizado para calcular determinadas pérdidas de rendimiento.
La lógica es sencilla. Cuando las sequías, olas de calor y otros episodios extremos se repiten en pocos años, utilizar campañas recientes dañadas como referencia puede rebajar artificialmente la producción considerada normal y, con ella, las indemnizaciones futuras. París ha impulsado esta modificación para adaptar el sistema a un clima que cada vez se parece menos al que sirvió para diseñarlo.
Otros 235 millones para volver a sembrar y alimentar al ganado
Indemnizar lo perdido es solo la mitad del problema. Francia necesita que las explotaciones puedan volver a producir. Sin semillas, alimento para el ganado o liquidez para afrontar la próxima campaña, la sequía de un verano puede convertirse fácilmente en la crisis del año siguiente.
Para ello se crea un fondo de reactivación agrícola dotado con 235 millones de euros y gestionado territorialmente por los prefectos. Podrá financiar compras de alimentos para animales, forraje, semillas, plantas y otros insumos necesarios para iniciar la próxima campaña. También contempla ayudas para explotaciones afectadas por los incendios que acompañaron a las condiciones extremas de este verano.
El forraje merece atención especial. En varias regiones francesas las existencias se encuentran más de un 50 % por debajo de los niveles habituales. Cuando un prado se convierte prácticamente en paja antes de tiempo, la explotación ganadera debe recurrir al mercado para mantener a sus animales. Y si buena parte del país busca alimento al mismo tiempo, los precios sienten enseguida la presión.
París facilitará por ello los intercambios de forraje entre territorios y deja abierta la posibilidad de recurrir a socios europeos para garantizar el suministro allí donde resulte necesario. Una medida poco espectacular, quizá, pero esencial para explotaciones que no pueden esperar a que vuelva a llover para alimentar a sus animales.
Cotizaciones, fertilizantes y combustible completan la ayuda
El paquete entra también en gastos menos fotogénicos que un campo reseco, pero decisivos para cualquier agricultor. El Gobierno destinará 20 millones de euros adicionales a ayudar con las cotizaciones sociales agrícolas y permitirá calendarios de pago individualizados para las explotaciones con mayores dificultades.
También se prolongará hasta el 31 de diciembre de 2026 el mecanismo extraordinario de apoyo para la compra de fertilizantes nitrogenados, con un volumen de 145 millones de euros, de los que 38 millones corresponden a créditos nacionales. La sequía ha retrasado determinadas siembras y ha trastocado calendarios agrícolas que normalmente funcionan con bastante menos margen para la improvisación.
A ello se añade la prolongación hasta octubre del apoyo al gasóleo agrícola, con una subvención de 15 céntimos por litro y un coste total previsto de 106 millones de euros. Es una ayuda pensada especialmente para los trabajos del otoño, cuando muchas explotaciones necesitan volver al campo pese a llegar a esa fase de la campaña con una tesorería particularmente castigada.
Las distintas cifras no deben sumarse sin más como si todas fueran nuevas transferencias idénticas. El dispositivo mezcla indemnizaciones, fondos de recuperación y desgravaciones fiscales con prolongaciones de programas ya existentes. De ahí que el Gobierno presente el conjunto como un esfuerzo superior a 1.000 millones y no como una única partida presupuestaria depositada en una gran caja con la palabra sequía escrita encima.
Francia acaba de vivir su verano más caliente desde 1900
La dimensión del plan se entiende mejor mirando el termómetro. El verano de 2026 ha sido el más cálido registrado en Francia desde 1900, con una temperatura media de 24 °C, unos 3,6 grados por encima de los valores de referencia y por delante de veranos tan excepcionales como los de 2003 y 2022.
Francia contabilizó 53 días de ola de calor repartidos en tres episodios durante la temporada. El 90 % del territorio alcanzó al menos una vez los 35 °C y el 45 % llegó o superó los 40 °C. Julio dejó una media nacional de 24,9 °C, superior incluso a algunos de los grandes precedentes históricos que permanecían grabados en la memoria agrícola del país.
El problema no fue únicamente el calor. Las precipitaciones del verano quedaron alrededor de un 40 % por debajo de lo normal, convirtiendo la temporada en una de las menos lluviosas de las últimas décadas. Junio acumuló un déficit próximo al 50 % y julio rondó el 70 %. Mucho sol, sí; demasiada poca agua para un campo que no vive precisamente de las postales.
Los suelos terminaron acusándolo. A comienzos de agosto, la sequedad del terreno alcanzó niveles excepcionalmente altos y, a mediados de mes, alrededor del 77 % del país estaba afectado por una sequía de intensidad muy poco frecuente. Las lluvias de la segunda mitad de agosto ofrecieron cierto alivio, pero insuficiente para recuperar la normalidad.
Una factura agrícola que no termina en 2026
El problema ha dejado de ser exclusivamente rural. Los sectores ganadero y de grandes cultivos estiman cada uno más de 5.000 millones de euros en pérdidas. Es decir, más de 10.000 millones entre ambos antes de sumar otros segmentos de la agricultura francesa. Frente a esa magnitud, el paquete estatal funciona como un colchón importante, no como una compensación integral de todo lo perdido.
El golpe del calor y la sequía podría restar alrededor de 0,1 puntos porcentuales al crecimiento económico francés durante 2026 debido, principalmente, a la pérdida de ingresos agrícolas. La cifra parece pequeña escrita en una décima, pero adquiere otra dimensión cuando se proyecta sobre una de las mayores economías europeas y sobre el principal productor agrícola de la Unión Europea.
También emerge una cuestión de fondo: la soberanía alimentaria. Si las explotaciones pierden una cosecha pero disponen de dinero para sembrar la siguiente, el daño puede ser temporal. Si la falta de liquidez obliga a reducir hectáreas cultivadas, cabezas de ganado o inversiones, el problema salta de una temporada a la siguiente.
Ese es precisamente el riesgo que París intenta contener. No solo pagar el destrozo de 2026, sino impedir que la sequía deje una segunda factura escondida en 2027. El dinero debe sostener explotaciones que necesitan volver a comprar, sembrar, alimentar animales y asumir costes cuando todavía no se han recuperado del golpe anterior.
Francia sale así del verano con una paradoja difícil de ignorar. Moviliza más de 1.000 millones para amortiguar unas pérdidas agrícolas que ya multiplican varias veces esa cantidad. Es una red de seguridad considerable, especialmente en un contexto presupuestario complicado, pero sigue siendo una red: no sustituye la producción desaparecida ni reconstruye por sí sola las reservas de agua y forraje.
La cuestión que queda flotando sobre el campo francés es más profunda que la cifra del paquete. Las indemnizaciones fueron concebidas para acontecimientos excepcionales; el problema aparece cuando lo excepcional empieza a visitar con demasiada frecuencia el calendario. Francia ha encadenado calor récord, déficit de lluvias, suelos extremadamente secos e incendios. Y el Estado vuelve a pagar parte de la cuenta.
Los más de 1.000 millones de euros servirán para ganar tiempo, evitar cierres y preparar la siguiente campaña. Pero también dibujan, casi sin querer, la dimensión económica de un clima cada vez más extremo en Europa: primero falta el agua, después cae la producción y, unos meses más tarde, la factura termina llegando al presupuesto público.

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