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Vox respalda a Pérez Llorca tras arrancar compromisos al PP

El respaldo cerró la votación, aunque las discrepancias entre PP y Vox siguen sobre la mesa.

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apoyará Vox a Pérez Llorca

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Juanfran Pérez Llorca obtuvo el respaldo de Vox para convertirse en presidente de la Generalitat Valenciana después de que el candidato del PP incorporara a su discurso compromisos reclamados por la formación de Santiago Abascal. La confirmación llegó en la segunda intervención del portavoz de Vox en Les Corts, José María Llanos, tras una primera réplica en la que había enumerado exigencias sin despejar aún el sentido del voto. Los 13 diputados de Vox sumaron sus votos a los 40 del PP y permitieron que Pérez Llorca alcanzara la mayoría necesaria para la investidura.

El apoyo, sin embargo, no equivalía a un acuerdo de gobierno firmado ni borraba las diferencias entre los dos partidos. El debate dejó compromisos compartidos en asuntos como la reconstrucción tras la dana, la inmigración, la política energética y los impuestos, junto a discrepancias reconocidas sobre financiación autonómica y el papel de la Acadèmia Valenciana de la Llengua. La votación cerró la incertidumbre sobre quién presidiría el Consell; el alcance concreto de lo pactado quedaba pendiente de su aplicación.

La confirmación llegó después de una primera intervención ambigua

La secuencia del debate fue decisiva. En su primera intervención, Llanos señaló que Pérez Llorca había asumido parte de las demandas de Vox y había ratificado los compromisos que el PP había adquirido al negociar los presupuestos autonómicos de 2025. Pero añadió nuevas peticiones y no anunció entonces de manera explícita que su grupo votaría a favor. La falta de una respuesta definitiva mantuvo la atención sobre la réplica del candidato y sobre el turno posterior del portavoz de Vox.

La espera no respondía a una ausencia de negociación entre ambos partidos. Llanos presentó la relación como un diálogo que ya llevaba tiempo en marcha y destacó la capacidad negociadora de Pérez Llorca, una figura central en los acuerdos entre PP y Vox en la comunidad. Lo que estaba en juego durante el pleno era si el candidato convertía las líneas políticas reclamadas por Vox en compromisos suficientemente claros como para obtener sus 13 votos. La decisión se anunció en la última intervención de Llanos, cuando aseguró que la formación apoyaría la investidura.

El portavoz justificó el respaldo pese a las diferencias entre las dos formaciones y contrapuso la continuidad de un gobierno de derechas a la posibilidad de que la presidencia recayera en la izquierda. También sostuvo que Vox había conseguido introducir sus demandas en el discurso del candidato y recalcó que no pedía cargos ni privilegios a cambio. Esa explicación es relevante para entender el formato elegido: la negociación se hizo visible a través de compromisos políticos expresados en el debate, no mediante la firma de un nuevo pacto de coalición.

Una mayoría de 53 votos puso fin a la incertidumbre

La cámara autonómica cuenta con 99 diputados. En la votación, Pérez Llorca reunió los 40 votos del PP y los 13 de Vox, un total de 53 apoyos que superó el umbral de 50 votos necesario para ser investido en primera votación. Los representantes presentes de PSPV y Compromís votaron en contra; una diputada no participó en esa votación, según la información disponible sobre la sesión. La suma de las dos fuerzas de derechas aseguró la mayoría parlamentaria y permitió elegir al sucesor de Carlos Mazón.

La votación no se produjo en un contexto político ordinario. Mazón había presentado su renuncia el 3 de noviembre, después de la crisis desencadenada por su gestión de la dana del 29 de octubre y por las explicaciones ofrecidas posteriormente. La elección de Pérez Llorca puso fin a varias semanas de transición y abrió una nueva etapa al frente de la Generalitat, aunque el cambio de presidente no eliminaba las responsabilidades políticas ni las necesidades de reconstrucción que habían quedado en el centro de la crisis.

El candidato del PP también abordó el impacto de la riada en su discurso y se refirió a las víctimas. Durante el debate, Vox reclamó que el nuevo presidente se pusiera en contacto directo con todas ellas para conocer sus necesidades. Junto a esa petición, defendió que la reconstrucción tuviera prioridad, que se reclamaran al Gobierno central las ayudas correspondientes y que se ejecutaran obras hidráulicas para prevenir nuevas avenidas. La emergencia dejó de ser un asunto separado de la investidura: se convirtió en uno de los terrenos donde se medirán las promesas del nuevo Consell.

Los compromisos que facilitaron el respaldo de Vox

Pérez Llorca incorporó en su intervención posiciones que Vox venía planteando, entre ellas el rechazo al Pacto Verde Europeo y a la inmigración irregular, la defensa de la energía nuclear y la reclamación de obras hidráulicas. El candidato también expresó su apoyo a mantener abierta la central de Cofrentes y defendió la necesidad de reconstruir la zona afectada por la dana. Ese conjunto de señales políticas respondió a varias de las prioridades que Vox había presentado como condición para votar a favor, aunque no todas las propuestas quedaron traducidas en medidas detalladas o en un calendario de ejecución.

En materia de inmigración, Llanos pidió que la Generalitat impulse, dentro de sus competencias, planes para facilitar el retorno de personas en situación irregular y de menores a sus países de origen y con sus familias. También reclamó que se estudie la ubicación de los menores en zonas que, en opinión de su partido, reduzcan los problemas de convivencia y seguridad, y propuso que reciban clases obligatorias de español y formación en valores. El portavoz añadió la petición de publicar datos de delincuencia desglosados por origen y de ofrecer información específica sobre los delitos vinculados a la inmigración irregular.

Estas demandas convivieron en el debate con una cuestión institucional importante: una comunidad autónoma no dispone de todas las competencias necesarias para decidir sobre fronteras, expulsiones o relaciones diplomáticas con otros países. Por eso, la petición de Vox se formuló en términos de iniciativas autonómicas y de colaboración para organizar retornos, mientras que varias de las decisiones de fondo dependen de otras administraciones. La diferencia entre una exigencia política y una medida que la Generalitat puede ejecutar por sí sola condicionará cuánto de lo anunciado puede materializarse y en qué plazos.

La política energética y las normas europeas también formaron parte del intercambio. Vox reclamó oposición al Pacto Verde y ayudas para compensar los costes que atribuye a las políticas europeas, además de respaldar que Cofrentes siga en funcionamiento. Pérez Llorca coincidió con la continuidad de la central y expresó su rechazo al pacto europeo, pero la discusión no se limitó a una declaración de principios: Vox pidió utilizar recursos presupuestarios para compensar esos costes y para afrontar posibles sanciones relacionadas con la limpieza de cauces. El debate combinó posiciones ideológicas con decisiones sobre gasto público, cuyo alcance dependerá de los presupuestos y de las competencias disponibles.

Impuestos, reconstrucción y cuentas pendientes

Las rebajas fiscales fueron otra de las demandas centrales de Vox. Llanos pidió reducciones adicionales de impuestos y reclamó avanzar más en esa dirección. Pérez Llorca respondió que el alivio fiscal no podía aplicarse de golpe porque la reconstrucción era prioritaria y requería recursos. Esa respuesta mostró un límite político y presupuestario: el PP aceptaba la orientación general de reducir impuestos, pero el candidato advirtió que el ritmo dependería de las necesidades financieras de la recuperación. La prioridad declarada para la reconstrucción puede competir con el margen disponible para nuevas rebajas.

Entre las medidas mencionadas en el debate figura una reducción de un punto del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales en los próximos presupuestos autonómicos. También se planteó una rebaja progresiva del tramo autonómico del IRPF para todas las rentas, condicionada a la disponibilidad presupuestaria, además de incentivos para las familias y el emprendimiento. Estas propuestas se suman a los compromisos anteriores entre PP y Vox, pero el anuncio de una orientación fiscal no equivale por sí mismo a que todas las medidas estén ya aprobadas o tengan una fecha de entrada en vigor. Su concreción dependerá de los presupuestos y de la tramitación correspondiente.

El antecedente inmediato era el acuerdo presupuestario de 2025, que ambos partidos habían negociado antes de la investidura. Pérez Llorca garantizó que cumpliría los compromisos ya adquiridos y Vox presentó esa continuidad como una parte esencial de la negociación. Aun así, los dos partidos decidieron no firmar un nuevo documento para la investidura. Llanos explicó que su formación desconfiaba de los pactos escritos cuando, a su juicio, podían acabar sin cumplirse. El respaldo se apoyó así en acuerdos previos y en compromisos expresados públicamente, más que en un nuevo texto que detallara cada obligación.

Ese formato deja una diferencia entre el valor político del debate y la capacidad de exigir después el cumplimiento de cada propuesta. Las intervenciones parlamentarias fijan posiciones y permiten a los partidos presentar sus logros ante sus votantes, pero la ejecución de una reducción fiscal, una obra hidráulica o un programa de retorno requiere decisiones administrativas y recursos. El acuerdo presupuestario de 2025 ofrecía una referencia concreta para las medidas ya pactadas; las nuevas peticiones, en cambio, tendrían que pasar por los procedimientos que correspondan. La ausencia de un nuevo pacto escrito no anuló el compromiso político, pero dejó menos detallado su mecanismo de seguimiento.

La lengua valenciana dejó a la vista una discrepancia de fondo

La Acadèmia Valenciana de la Llengua fue uno de los puntos donde el entendimiento mostró límites claros. Vox pidió mantener una reducción del 50% en las subvenciones a la institución, a la que cuestiona por su función y por su interpretación de la lengua. Pérez Llorca no aceptó suprimirla ni asumir sin matices el planteamiento de Vox. Defendió que la institución debía recuperar el sentido con el que fue creada y abrió la puerta a modificar su ley para reordenar sus funciones. El candidato distinguió entre cambiar el funcionamiento de la Academia y eliminarla.

La diferencia no era solo presupuestaria. Vox reclamaba un recorte de las ayudas y cambios en la política lingüística; el candidato popular sostuvo que creía en la institución, aunque consideraba que en los últimos años se había desviado de sus objetivos. De ahí que hablara de revisar la normativa y ordenar la actividad, en lugar de limitarse a reducir fondos. Las dos posiciones pueden coincidir parcialmente en una revisión, pero parten de diagnósticos distintos sobre el papel de la Academia y sobre la política lingüística de la Generalitat.

El debate también incluyó la libertad educativa y la aplicación de la ley autonómica correspondiente. Vox pidió que se avance más en la elección de lengua y que la Generalitat difunda información sobre los derechos lingüísticos. El candidato mostró disposición a asumir parte de las demandas del partido, pero el desacuerdo sobre la Academia revela que el apoyo parlamentario no supone una identidad completa de programas. La nueva mayoría tendrá que traducir esas diferencias en decisiones legislativas y presupuestarias, donde las fórmulas generales del debate se enfrentan a normas concretas.

El respaldo no borra las diferencias entre PP y Vox

La financiación autonómica fue otra de las discrepancias reconocidas durante la sesión. Pérez Llorca admitió que su posición y la de Vox no coincidían en esta materia; la formación de Abascal defiende un modelo común para el conjunto de España. El reconocimiento público de esa distancia resulta significativo porque la financiación determina los recursos con los que la Generalitat sostiene sus servicios y afronta inversiones. La coincidencia necesaria para elegir presidente no resolvió el desacuerdo sobre cómo deben repartirse los fondos públicos.

En otros asuntos, el PP aceptó compromisos próximos a las posiciones de Vox, aunque la manera de expresarlos no siempre implica que exista ya una política diseñada. El rechazo a la inmigración irregular, la oposición al Pacto Verde o el apoyo a la energía nuclear dibujan una orientación; las medidas concretas requieren competencias, presupuesto y decisiones posteriores. Esa diferencia ayuda a leer con precisión el resultado: Vox obtuvo garantías políticas suficientes para respaldar al candidato, pero no un documento que cerrara todos los detalles de gobierno.

Para el PP, la investidura permitió asegurar una mayoría y dar continuidad a acuerdos con su socio parlamentario. Para Vox, la votación ofreció la oportunidad de presentar sus demandas como compromisos asumidos por el nuevo presidente. Sin embargo, ninguna de esas lecturas convierte automáticamente cada petición en una obligación ejecutada. El poder de la mayoría se comprobará en los presupuestos, las reformas legales y las actuaciones del Consell, no solo en el resultado de una votación.

La elección de Pérez Llorca abrió, por tanto, una etapa con apoyos suficientes pero también con asuntos pendientes. La reconstrucción tras la dana exige respuestas que lleguen a las personas afectadas; las rebajas fiscales deberán convivir con esa prioridad; y las diferencias sobre financiación y política lingüística seguirán marcando la relación entre PP y Vox. El respaldo parlamentario despejó quién dirigiría la Generalitat, pero la estabilidad de la alianza dependerá de cómo se gestionen esas tensiones y de si los compromisos expresados en Les Corts se convierten en decisiones verificables. La investidura fue el comienzo de esa prueba política, no su desenlace.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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