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¿Cómo recuperó Cuba la red eléctrica tras su octavo apagón de 2026?
El sistema eléctrico cubano vuelve a estar conectado tras 32 horas, pero el déficit de generación mantiene apagones y una red todavía muy frágil

Resumen
- Cuba reconectó todas sus provincias tras 32 horas de apagón general
- La red volvió a operar, pero siguen los cortes por falta de generación
- El país suma ocho apagones generales en lo que va de 2026
Cuba ha logrado reconectar todas sus provincias al Sistema Electroenergético Nacional (SEN) después de unas 32 horas de apagón general. La recuperación llegó durante el sábado 19 de septiembre, tras el colapso registrado el viernes, pero hay una diferencia importante entre tener nuevamente conectada la red y disponer de electricidad con normalidad: los cortes siguen siendo severos por la escasez de generación.
El origen inmediato del apagón estuvo en una avería grave en una línea de transmisión de 220 kilovoltios entre Matanzas y Cienfuegos. El fallo provocó una desconexión en cadena que terminó derribando el sistema nacional, en un escenario complicado además por la meteorología y por la falta de combustible. Ha sido el octavo apagón general de Cuba en 2026 y el decimotercero registrado en dos años.
Cuba vuelve a estar conectada, pero no vuelve a la normalidad
La expresión «sistema restablecido» puede sonar más rotunda de lo que realmente significa. Lo que Cuba ha recuperado es la interconexión eléctrica entre sus provincias: la red de transmisión vuelve a funcionar como una unidad, en lugar de quedar fragmentada en pequeños sistemas independientes.
Eso no implica que cada vivienda haya recuperado la corriente ni que las centrales estén produciendo suficiente electricidad. La Unión Eléctrica ha reconocido que continúan las afectaciones severas del servicio. Dicho de otro modo, se ha reparado el esqueleto que permite mover la electricidad por la isla, pero sigue faltando músculo para abastecer la demanda.
La diferencia es esencial para entender lo que ocurre. Un apagón general supone que el sistema eléctrico integrado se viene abajo; los apagones derivados del déficit aparecen cuando la red funciona, pero no existe generación suficiente para atender simultáneamente a todos los consumidores. Y ese segundo problema sigue ahí.
Una avería de 220 kilovoltios desencadenó la caída
La desconexión comenzó con el fallo de una línea de alta tensión que comunica Matanzas y Cienfuegos, dos puntos importantes del entramado eléctrico cubano. Una perturbación de esta clase puede alterar en segundos el equilibrio entre producción, consumo y transmisión.
Las redes eléctricas necesitan mantener ese equilibrio casi al milímetro. Cuando una línea importante queda fuera de servicio, la carga se redistribuye por otras conexiones. Si estas no consiguen absorberla o aparecen oscilaciones excesivas, actúan las protecciones para evitar daños. El problema llega cuando una salida provoca otra y después otra: aparece una desconexión en cascada capaz de extenderse por buena parte del sistema.
Eso es, en esencia, lo que ocurrió el viernes. Las condiciones meteorológicas eran inestables y la generación fotovoltaica tampoco podía ofrecer todo su potencial, una circunstancia particularmente inoportuna cuando cada megavatio disponible cuenta.
Por qué Cuba necesitó unas 32 horas para recomponer la red
Levantar un sistema eléctrico después de un colapso nacional no consiste simplemente en pulsar un interruptor. Hay que reconstruirlo poco a poco, creando zonas eléctricas estables, alimentando subestaciones y llevando energía hasta las centrales capaces de incorporarse posteriormente al sistema. La recuperación cubana tuvo que realizarse de manera secuencial, provincia por provincia.
Primero se energizaron determinadas subestaciones; después fueron uniéndose diferentes partes de la red hasta conseguir enlazar de nuevo el país. Es una operación delicada. Algunas grandes centrales necesitan electricidad para poner en marcha bombas, sistemas auxiliares, controles y otros equipos antes de comenzar a generar. Una paradoja bastante eléctrica: para producir mucha energía, primero hace falta disponer de una pequeña cantidad de energía.
Durante los grandes apagones Cuba recurre por eso a microsistemas temporales, pequeñas islas de generación desde las que se alimentan instalaciones estratégicas y se intenta arrancar progresivamente las centrales de mayor tamaño. Son piezas provisionales para reconstruir una red que, durante unas horas, deja de funcionar como un único engranaje nacional.
El combustible marca el límite de la recuperación
Esta vez hubo una dificultad añadida. El responsable de operaciones del despacho de carga de la Unión Eléctrica, Lisner Cruz, explicó que la interconexión resultó especialmente complicada porque el país no dispone de suficiente combustible para la generación termoeléctrica.
Durante la reconstrucción tuvieron así un papel fundamental los bloques térmicos capaces de funcionar con crudo cubano y gas nacional, junto con la producción fotovoltaica disponible. La solar ayuda durante las horas centrales del día, aunque su aportación disminuye cuando empeoran las condiciones meteorológicas y desaparece, naturalmente, al caer la noche.
Ahí aparece una de las grandes vulnerabilidades del sistema. Restablecer las líneas sirve de poco si después no hay suficientes megavatios que transportar. La red puede estar completa sobre el mapa y, al mismo tiempo, ser incapaz de suministrar electricidad de manera continua a todos los hogares y negocios.
Ocho apagones generales en 2026: una red sometida al límite
El último colapso no aparece como un accidente aislado. Cuba acumula ocho apagones generales durante 2026 y trece en aproximadamente dos años. A ellos se añaden desconexiones parciales y los cortes provocados por el déficit cotidiano de generación, que pueden prolongarse durante muchas horas.
Solo durante el verano se sucedieron varios episodios graves, incluidas desconexiones que dejaron sin servicio a amplias zonas de la isla y nuevas separaciones de provincias orientales del sistema nacional. El problema, a estas alturas, ha dejado de ser una excepcionalidad para convertirse en una fragilidad recurrente de la red cubana.
La vida diaria acusa cada caída. Cuando se detienen los equipos de bombeo puede faltar agua corriente; sin refrigeración se complica la conservación de alimentos y medicamentos, y mantener cargados teléfonos, baterías o equipos domésticos pasa de rutina a pequeña logística familiar. La electricidad, cuando desaparece durante demasiadas horas, se lleva otras cosas detrás.
La crisis eléctrica de Cuba no tiene una sola causa
El deterioro del SEN mezcla problemas acumulados durante años. Buena parte del parque termoeléctrico cubano tiene décadas de explotación, necesita reparaciones frecuentes y arrastra carencias de mantenimiento e inversión. Cuando varias unidades quedan simultáneamente fuera de servicio por averías o revisiones, el margen de seguridad disminuye con rapidez.
A esa fragilidad estructural se suma la escasez de combustible. Cuba depende de derivados del petróleo para una parte importante de su generación distribuida, mientras varias de sus termoeléctricas pueden utilizar crudo nacional. Cuando la disponibilidad de combustible cae, determinadas instalaciones simplemente no pueden producir toda la electricidad que técnicamente serían capaces de generar.
El resultado es una combinación especialmente incómoda: centrales envejecidas, averías, poco combustible y una demanda que continúa ahí. Una red eléctrica puede soportar uno de esos problemas durante cierto tiempo. Cuando coinciden varios, el margen para absorber cualquier avería se vuelve diminuto.
La expansión de las plantas solares fotovoltaicas intenta aliviar parte de esa presión y ha añadido capacidad durante las horas de sol. Sin embargo, una red nacional necesita generación disponible a cualquier hora y recursos capaces de compensar con rapidez los cambios de producción. Una nube puede rebajar la solar; la noche, directamente, la apaga. El viejo problema térmico vuelve entonces al centro del escenario.
Una red encendida, pero todavía sin margen
La recuperación conseguida después de unas 32 horas evita que Cuba permanezca partida eléctricamente y permite que las centrales vuelvan a trabajar dentro de una única red nacional. Es un avance importante después de otro colapso completo del Sistema Electroenergético Nacional. No equivale, sin embargo, al final de los apagones.
Mientras la capacidad de producción siga por debajo de las necesidades del país, continuará siendo necesario desconectar consumidores cuando la generación no alcance para cubrir la demanda. Esa es la incómoda fotografía del momento: las provincias están otra vez conectadas entre sí, pero disponer de una red no significa disponer de toda la electricidad que debe circular por ella.
Cuba ha conseguido encender de nuevo el tablero. El problema, bastante más profundo, está en mantenerlo encendido.

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