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¿Cómo se ha llegado a alquilar un pasillo en Madrid por 1.000 euros?

El piso viral de Chueca se alquila por 1.000 euros: 37 metros útiles, sin dormitorio independiente y un largo pasillo bajo una cubierta inclinada.

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Resumen

  • Una buhardilla de Chueca se alquila por 1.000 euros al mes
  • Cuenta con 37 metros útiles y no tiene dormitorio independiente
  • El largo pasillo y el tejado inclinado dispararon su viralidad

Un ático de 48 metros cuadrados construidos en pleno Chueca, con buena parte del espacio bajo un tejado inclinado y una distribución dominada por un largo corredor, se ofrece por 1.000 euros al mes. Es el piso de la calle Libertad que se hizo viral durante el verano, cuando todavía aparecía anunciado por 1.150 euros y las redes lo rebautizaron, con bastante puntería visual, como el «pasillazo» de Madrid.

Conviene precisar el dato antes de que la caricatura se coma a la vivienda: no se alquila literalmente un pasillo. El inmueble es una buhardilla reformada situada en el número 11 de la calle Libertad, en Chueca-Justicia. Tiene 48 metros construidos, pero 37 metros útiles, carece de dormitorio independiente y está en una cuarta planta exterior con ascensor. El anuncio fue actualizado el 13 de septiembre de 2026 con una renta rebajada a 1.000 euros mensuales.

El piso de Chueca que internet convirtió en un «pasillo»

La historia empezó a circular con fuerza en verano a raíz de un vídeo de la creadora Laura Pato, conocida en TikTok como @le_petit_patito, que suele revisar anuncios inmobiliarios peculiares. Aquella buhardilla costaba entonces 1.150 euros al mes y su distribución hizo el resto: cocina prácticamente en la entrada, un corredor muy alargado, una mesa plegable encajada en ese mismo paso y, al fondo, salón, cama y lavabo compartiendo una zona diáfana bajo el tejado.

El propio anuncio inmobiliario confirma buena parte de esa peculiar anatomía. Describe una cocina junto a la entrada iluminada por una claraboya, un «largo pasillo» con ventanas que funciona también como zona de desayuno gracias a una mesa plegable, una pequeña estancia para la lavadora y, después, un espacio común donde conviven sofá, mesa baja, cama matrimonial y lavabo. La bañera y el inodoro quedan en una estancia separada. La vivienda no tiene una habitación como tal.

Y ahí nace el chiste, aunque tenga poco de gracioso para quien busca casa. Sobre el papel son decenas de metros cuadrados; al caminar por ellos, el tejado inclinado manda. En algunas zonas el techo baja tanto que sentarse, tumbarse o elegir el lado correcto de la cama deja de ser una cuestión decorativa. Es arquitectura con instrucciones de uso.

De los 1.150 euros virales a los 1.000 actuales

Hay otro detalle importante porque varias informaciones siguen arrastrando el precio original. La vivienda ya no cuesta 1.150 euros, al menos según el anuncio actualizado. La renta figura en 1.000 euros mensuales, con dos meses de fianza, y se comercializa como alquiler de temporada para un máximo de dos personas. También aparece anunciada para su venta por 275.000 euros.

La rebaja no cambia demasiado la impresión que provocaron las fotografías, pero sí permite entender mejor el precio. A partir de los 48 metros construidos declarados, el portal calcula 20,83 euros por metro cuadrado. Si se toma como referencia la superficie útil anunciada, 37 metros, la relación se acerca en cambio a 27 euros por metro cuadrado. No es una diferencia pequeña: en una buhardilla, contar metros y poder utilizarlos cómodamente no siempre significa exactamente lo mismo.

El precio no se explica solo por el piso: se explica por Chueca

La otra mitad de esta historia está fuera de la puerta. La vivienda se encuentra en Chueca-Justicia, distrito Centro, a pocos minutos de Gran Vía y de algunas de las calles con mayor demanda residencial, comercial y turística de Madrid. Se paga la buhardilla, sí, pero también el código postal.

Madrid alcanzó en agosto de 2026 un precio medio anunciado de 23,3 euros por metro cuadrado al mes, un 5,1% más que un año antes y el nivel más elevado de la serie publicada con la metodología actual del portal inmobiliario. Meses antes, al finalizar el segundo trimestre, la capital ya figuraba entre los mercados de alquiler más caros de España.

El dato permite contemplar el famoso pasillo desde un ángulo menos viral. A 1.000 euros, el precio calculado sobre sus 48 metros construidos no está disparado frente a la media madrileña. El problema aparece cuando entran en escena los 37 metros realmente útiles, la ausencia de dormitorio independiente y las zonas condicionadas por la pendiente del tejado. Dos viviendas con la misma superficie en una ficha pueden ofrecer, en la vida cotidiana, espacios radicalmente distintos.

El alquiler de temporada también cambia las reglas

La buhardilla no se anuncia como arrendamiento residencial de larga duración, sino como alquiler de temporada. Jurídicamente no es un detalle cosmético. Este tipo de contrato está concebido para cubrir una necesidad temporal —por trabajo, estudios u otra causa limitada en el tiempo— y no para satisfacer la residencia habitual y permanente del inquilino.

Desde 2025, además, los alquileres temporales comercializados en plataformas están sujetos al sistema estatal de Número de Registro de Alquiler, creado para mejorar el control de los arrendamientos de corta duración. La regulación obliga a identificar estos alojamientos y permite retirar anuncios que no cumplan los requisitos registrales.

Eso no significa que un contrato sea válido simplemente porque lleve escrita la palabra «temporada». Lo relevante es la finalidad real de la estancia. Precisamente esta modalidad está bajo un creciente escrutinio porque, en las grandes ciudades, puede convertirse en una vía para trasladar viviendas desde el alquiler estable hacia contratos más flexibles para el propietario. En 2026 se han planteado nuevas medidas contra el uso fraudulento de estos contratos cuando detrás existe, en realidad, una voluntad de residencia habitual.

¿Puede considerarse habitable una buhardilla así?

Las imágenes han provocado otra reacción automática: llamar «zulo» al inmueble y dar por hecho que su alquiler es ilegal. No puede concluirse eso únicamente viendo el anuncio. Las condiciones de habitabilidad dependen de elementos técnicos y administrativos que requieren comprobar la vivienda y su documentación.

Las normas madrileñas contemplan requisitos sobre superficie, ventilación, iluminación y altura. La regulación sobre condiciones de habitabilidad ha establecido también criterios específicos para los espacios con alturas reducidas, que no siempre computan de la misma manera dentro de la superficie habitable. Que una buhardilla tenga zonas muy bajas no basta, por sí solo, para determinar jurídicamente que no pueda utilizarse como vivienda.

El anuncio aporta un dato que explica mejor la sensación de estrechez: frente a los 48 metros construidos, declara únicamente 37 metros útiles. Es decir, casi una cuarta parte de la superficie construida no forma parte de la superficie útil anunciada. La inclinación del tejado hace luego el resto ante la cámara.

El «pasillazo» no es precisamente una rareza aislada

Lo singular es la forma, no tanto el precio. En septiembre de 2026 siguen apareciendo en el centro de Madrid estudios y pequeños apartamentos alrededor o por encima de los 1.000 euros mensuales, especialmente dentro del mercado temporal. El mismo entorno de Chueca ha acumulado anuncios de 20, 24 o 30 metros cuadrados alrededor de esas cifras.

Otros casos han recorrido las redes durante el año: buhardillas de 17 metros por unos 700 euros en Malasaña, apartamentos de 25 metros por 600 euros en Lavapiés o espacios diminutos que fuerzan a aprovechar cada centímetro como si se tratara del camarote de un barco. La exageración digital encuentra material abundante porque detrás existe una realidad bastante menos divertida: la vivienda pequeña ha dejado de ser necesariamente barata.

Ese fenómeno explica también por qué la localización acaba pesando tanto como las características físicas del inmueble. Quien paga por vivir en Chueca compra proximidad a Gran Vía, transporte, comercio y restauración. El mercado traduce esa localización en euros aunque, dentro de casa, haya que agachar la cabeza.

Cuando el metro cuadrado ya no cuenta toda la historia

El denominado alquiler del pasillo de Madrid resume bastante bien la extraña aritmética de la vivienda en la capital. No es realmente un corredor arrendado por 1.000 euros, sino una buhardilla completa y amueblada, con 37 metros útiles, ascensor y una dirección especialmente cotizada. Pero tampoco es un piso convencional: no tiene dormitorio separado y la geometría del tejado convierte parte del espacio en una especie de puzle doméstico.

El anuncio viral arrancó en 1.150 euros y ha bajado a 1.000. Ese último dato quizá sea tan revelador como las fotografías: incluso dentro de un mercado caro, el precio encuentra resistencias. Madrid puede convertir un pasillo en comedor, una esquina baja en salón y una buhardilla en alojamiento de cuatro cifras. Lo que todavía no ha conseguido abolir, por fortuna, es la relación entre lo que cuesta una casa y lo que realmente cabe dentro de ella.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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