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Ciencia

El rastro de agua y moléculas orgánicas de 3I/ATLAS

Un visitante de otra estrella revela hielos y moléculas carbonadas, y una actividad que se intensificó después de su paso por el Sol.

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3IATLAS

El cometa interestelar 3I/ATLAS ha liberado agua y varias moléculas basadas en carbono mientras el calor del Sol activaba sus hielos. Las observaciones de distintos telescopios han identificado vapor de agua o señales indirectas de su presencia, además de metanol, metano y compuestos relacionados con el cianuro. También han registrado dióxido de carbono y monóxido de carbono, gases que ayudan a reconstruir la composición de la nube que envuelve al núcleo.

El dato más llamativo no es solo qué contiene, sino cuándo lo expulsó: algunas mediciones apuntan a que su actividad se hizo más intensa después del perihelio, el punto de mayor acercamiento al Sol. Esa respuesta tardía puede explicarse por el calor, que penetra poco a poco bajo una superficie alterada durante un larguísimo viaje interestelar. Los compuestos orgánicos detectados no son una señal de vida; son moléculas que pueden formarse mediante procesos naturales en el espacio.

Un cometa que llegó desde fuera del sistema solar

3I/ATLAS fue descubierto el 1 de julio de 2025 por el sistema de telescopios ATLAS, desde Chile. Su trayectoria hiperbólica indica que no está ligado gravitacionalmente al Sol: entra en el sistema solar, lo atraviesa y continúa hacia el espacio interestelar. Por eso se considera el tercer objeto de este tipo confirmado, después de 1I/ʻOumuamua y 2I/Borisov. El nombre técnico C/2025 N1 (ATLAS) también aparece en los registros astronómicos, mientras que el prefijo 3I señala su lugar entre los visitantes interestelares conocidos.

El descubrimiento oficial no coincide necesariamente con la primera imagen en la que aparece un objeto. Al revisar archivos astronómicos, los investigadores encontraron registros anteriores de 3I/ATLAS: el satélite TESS lo había captado en mayo de 2025, y el observatorio Vera C. Rubin lo fotografió el 21 de junio, diez días antes del anuncio de ATLAS. Ese material previo amplía el recorrido observado y permite comparar el aspecto del cometa antes de que su actividad se hiciera más evidente.

Su paso no representó una amenaza para la Tierra. En diciembre de 2025 pasó a unos 1,8 unidades astronómicas de nuestro planeta, mientras que su perihelio tuvo lugar hacia el 29 de octubre, a aproximadamente 1,36 unidades astronómicas del Sol. Una unidad astronómica equivale, aproximadamente, a la distancia media entre la Tierra y el Sol. Son separaciones enormes en términos cotidianos, aunque cercanas desde la perspectiva de los recorridos entre cuerpos celestes.

Qué revela la coma sobre el agua y los orgánicos

La coma es la envoltura de gas y polvo que rodea el núcleo de un cometa. Se forma cuando el calor transforma parte de sus hielos directamente en gas, un proceso llamado sublimación. El material liberado arrastra partículas sólidas y crea una nube que puede extenderse mucho más allá del núcleo. En el caso de 3I/ATLAS, analizar esa envoltura ofrece una manera de estudiar sustancias que, de otro modo, permanecerían ocultas en un cuerpo demasiado pequeño y distante para observar su superficie con detalle.

Los datos infrarrojos del telescopio espacial SPHEREx identificaron en la coma señales compatibles con agua, dióxido de carbono y moléculas orgánicas, entre ellas metanol y metano. En observaciones con el conjunto de radiotelescopios ALMA realizadas entre agosto y octubre de 2025 se detectaron emisiones de metanol y cianuro de hidrógeno, conocido como HCN. El HCN es una molécula concreta, no una prueba de actividad biológica, y su presencia se ha observado también en cometas del sistema solar.

La palabra orgánico puede inducir a una lectura equivocada. En química, describe moléculas basadas en carbono, no necesariamente sustancias producidas por seres vivos. El metanol, el metano y otros compuestos de este tipo pueden generarse sin vida en regiones frías del espacio, donde el gas y el polvo se mezclan y quedan atrapados en hielos. Encontrarlos en 3I/ATLAS indica que esa química también estaba presente en el entorno donde se formó, alrededor de otra estrella.

El metanol merece atención porque las observaciones de ALMA apuntaron a una proporción elevada respecto al HCN, entre las mayores registradas en un cometa. Esa comparación puede ayudar a entender cómo se liberan los gases: el HCN parece proceder directamente del núcleo, mientras que parte del metanol puede originarse en granos helados que flotan en la coma. La nube no es una muestra intacta del interior, sino una mezcla de materiales expulsados en momentos y por mecanismos distintos.

Cómo se detecta agua sin verla directamente

El observatorio Swift aportó una de las señales más reveladoras al registrar luz ultravioleta asociada al hidroxilo, o OH. Esta molécula puede aparecer cuando la radiación solar rompe el agua liberada por un cometa, por lo que funciona como una pista indirecta de vapor de agua. En las observaciones realizadas en julio y agosto de 2025, 3I/ATLAS estaba a cerca de 3,5 unidades astronómicas del Sol, una distancia a la que el hielo de agua suele sublimarse con menos facilidad que cuando el cometa está más cerca.

A partir de esas mediciones se estimó una producción de agua de alrededor de 40 kilogramos por segundo. No es una lectura directa de cada molécula que abandona el núcleo: el cálculo depende de cómo se interpreta la señal y de factores como la luz reflejada por el polvo y el fondo que debe restarse. Aun con esas cautelas, el resultado señala una liberación importante a gran distancia del Sol. El cometa no expulsaba agua líquida; liberaba vapor y probablemente partículas de hielo que podían sublimarse al quedar expuestas.

La distinción importa porque el hielo no se comporta igual en un bloque compacto que repartido en granos diminutos. Una gran cantidad de partículas pequeñas expone más superficie al calor y puede convertirse en gas con mayor rapidez. Así, la presencia de agua lejos del Sol no obliga a imaginar un núcleo con una superficie completamente activa: puede bastar con que fragmentos helados sean expulsados y se calienten en la coma. Es una explicación física plausible, aunque las observaciones por sí solas no describen cada detalle de la estructura interna.

El agua tampoco fue el único componente volátil medido. Datos del telescopio espacial James Webb indicaron que la coma estaba dominada por dióxido de carbono y agua, mientras otras observaciones registraron monóxido de carbono. Esa combinación muestra que los gases no se liberan todos de la misma manera ni al mismo ritmo. La composición que se observa cambia con la distancia al Sol y con el estado de actividad, de modo que una medición aislada no equivale a un inventario completo del núcleo.

Por qué la actividad aumentó después del perihelio

En muchos cometas, el calentamiento solar hace crecer la actividad al aproximarse al perihelio. En 3I/ATLAS, sin embargo, se observó un aumento destacado después de ese máximo acercamiento. Imágenes infrarrojas de SPHEREx tomadas en diciembre de 2025 mostraron una coma más activa y una mayor variedad de gases, incluidos agua, dióxido de carbono, monóxido de carbono y compuestos orgánicos. El cambio se produjo cuando el cometa ya se alejaba del Sol, no cuando recibía la máxima intensidad de calor.

Una explicación es que el calentamiento necesita tiempo para avanzar desde la superficie hacia el interior. Las capas externas pueden estar endurecidas y contener materiales alterados por la radiación cósmica recibida durante el viaje interestelar. Mientras esa costra actúa como una tapa, los hielos profundos quedan protegidos; cuando se calientan o se abren vías de escape, los gases empiezan a salir con más fuerza. El retraso no implica que el cometa se haya encendido de repente, sino que su respuesta térmica puede ir por detrás de la luz solar que lo calienta.

Un análisis difundido en arXiv describió un aumento de alrededor de veinte veces en la producción de agua y monóxido de carbono respecto de mediciones anteriores al perihelio. Como se trata de resultados preliminares, la cifra debe leerse con cautela hasta que el estudio complete el proceso de revisión científica. Aun así, el cambio observado encaja con la idea de que se activó una nueva zona de hielo o quedó expuesto material que antes estaba aislado. La señal es una variación de actividad, no una medida directa de cuánto hielo guarda todo el núcleo.

También cambió la forma de la coma. Antes del perihelio, las envolturas asociadas al dióxido de carbono y al monóxido de carbono parecían más simétricas; después, la distribución del material mostró una estructura distinta. En un cometa, esas formas pueden depender de la rotación, de la ubicación de las zonas activas y de cómo la presión del gas arrastra el polvo. La imagen, por tanto, ofrece pistas sobre la actividad, pero no debe confundirse con una fotografía nítida de la superficie.

Un núcleo cubierto por una costra y un interior más activo

Los cometas suelen describirse como mezclas de hielo, polvo y material rocoso, pero esa imagen no significa que sean bolas uniformes. La superficie puede haber cambiado por la radiación y por la pérdida de gases, mientras que distintas capas conservan materiales de composición diferente. En un visitante interestelar, la prolongada exposición al entorno galáctico añade otra posibilidad: que una parte externa endurecida o procesada oculte hielos más volátiles. La coma permite observar lo que el núcleo libera, no leer su interior como una sección abierta.

Las medidas espectrales obtenidas poco después del descubrimiento aportaron otra pieza. Observaciones realizadas el 5 y el 14 de julio de 2025 con los telescopios Gemini-S/GMOS y NASA IRTF/SpeX mostraron un espectro rojizo en luz visible, parecido al de algunos asteroides de tipo D, conocidos por ser oscuros y ricos en carbono. En el infrarrojo cercano, la pendiente se aplanaba de una forma compatible con grandes granos de hielo de agua en la coma. Que el polvo recuerde a ciertos asteroides no convierte al objeto en un asteroide: sus señales de actividad y su envoltura gaseosa indican que es un cometa.

El equipo que analizó esos espectros modeló la señal con una mezcla de polvo semejante al meteorito Tagish Lake y hielo de agua. El modelo que mejor reproducía los datos incluía un 70 % de polvo análogo a esa condrita carbonácea y un 30 % de hielo, con granos de unos 10 micrones. Esa proporción no debe presentarse como la receta exacta del núcleo: describe una aproximación a la composición de la coma bajo los supuestos del modelo. La materia expulsada puede representar solo una parte del cometa y no necesariamente reproduce todo lo que permanece dentro.

El polvo de 3I/ATLAS también parece incluir partículas relativamente grandes. En las imágenes se describió una cola compacta, con una forma que puede explicarse si parte del material no consiste en polvo finísimo, sino en granos más pesados que la presión de la luz solar desplaza con menos eficacia. Esos fragmentos pueden llevar hielo y seguir liberando gas lejos del núcleo. Así se entiende mejor por qué una señal de agua puede persistir a distancias en las que la sublimación directa de una superficie compacta sería más limitada.

Qué aporta cada instrumento a la historia química

Ningún telescopio obtiene por sí solo una descripción completa de 3I/ATLAS. SPHEREx observa en infrarrojo, una región del espectro que ayuda a reconocer las huellas de moléculas y materiales en la coma. Swift puede rastrear emisiones ultravioletas como la del OH, útil para inferir la descomposición del agua. ALMA detecta señales de moléculas en longitudes de onda de radio, mientras que las observaciones del James Webb permiten estudiar la composición de gases y polvo con gran sensibilidad. Son mediciones complementarias, no versiones intercambiables de una misma prueba.

También importa desde dónde se observa. El telescopio Hubble fotografió el cometa el 21 de julio de 2025 y captó una envoltura de polvo con aspecto de lágrima que salía de la región del núcleo. Esa imagen ayudó a acotar su tamaño, aunque la coma complica el cálculo porque oculta el cuerpo sólido. Las estimaciones disponibles situaban el diámetro por debajo de unos 5,6 kilómetros y admitían que podía ser tan pequeño como 440 metros. El intervalo amplio refleja un límite observacional, no una contradicción sobre una medida conocida con exactitud.

El archivo del observatorio Rubin permitió recuperar imágenes anteriores al descubrimiento oficial y seguir cambios tempranos en la envoltura. Entre el 21 de junio y el 2 de julio, una estimación del radio de la coma pasó de unos 6.520 a 9.380 kilómetros. La evolución sugiere que la envoltura estaba creciendo, aunque las medidas de una nube difusa dependen de cómo se separa la señal del cometa del fondo estrellado. Una imagen más extensa puede reflejar actividad real y también las condiciones de observación.

TESS, diseñado para observar cambios de brillo, registró el objeto antes de que se identificara y volvió a observarlo entre el 15 y el 22 de enero de 2026. En ese tramo el cometa tenía un brillo aproximado de magnitud 11,5, demasiado débil para verse a simple vista. El seguimiento puede ayudar a estudiar variaciones relacionadas con la rotación y la actividad. Vistas en conjunto, estas observaciones permiten enlazar la química detectada en la coma con la forma en que el cometa cambiaba durante su recorrido.

Moléculas orgánicas no significa vida

La presencia de metanol, metano y compuestos nitrogenados despierta interés porque el carbono y el nitrógeno participan en numerosas rutas químicas relevantes para la química prebiótica. Pero el hallazgo no demuestra que 3I/ATLAS contenga organismos, células ni vida pasada. Estas sustancias pueden formarse sin procesos biológicos y son conocidas en el estudio de cometas y nubes interestelares. Detectar ingredientes químicos no equivale a detectar el proceso que los convirtió en vida.

La distinción también se aplica al cianuro de hidrógeno. El nombre puede evocar su toxicidad en la Tierra, pero en este contexto se habla de una molécula identificada en gases cometarios, no de un peligro para las personas. En el espacio, el HCN forma parte de una química natural del carbono y el nitrógeno; su interés científico reside en que ayuda a caracterizar los materiales disponibles en el cometa. No hay indicios de que el objeto suponga un riesgo para nuestro planeta.

La presencia de agua y moléculas orgánicas sí permite plantear una cuestión más amplia: hasta qué punto los ingredientes químicos presentes en nuestro sistema solar también aparecen en otros. Si sobreviven dentro de un cuerpo que ha viajado entre estrellas, estos materiales muestran que algunas sustancias pueden formarse y conservarse fuera del entorno solar. Eso es relevante para estudiar la distribución de compuestos en la galaxia, aunque no demuestra que 3I/ATLAS haya transportado vida ni que haya sembrado un planeta con ella.

Un visitante familiar en una historia todavía incompleta

En su clasificación general, 3I/ATLAS no parece un objeto desconocido para la física cometaria. Tiene una coma, libera polvo y gases, muestra señales de agua y responde al calentamiento solar. Su mezcla de materiales puede recordar a cuerpos transicionales, situados en algún punto entre las propiedades de asteroides ricos en carbono y las de cometas helados. Lo excepcional es su procedencia interestelar: la oportunidad de comparar directamente materiales formados alrededor de otra estrella con los objetos que conocemos en nuestro vecindario.

La composición del polvo, la abundancia de dióxido de carbono y la actividad tardía podrían aportar pistas sobre el lugar donde se formó. Una hipótesis es que el cometa naciera en una región relativamente interior de su sistema planetario y que la gravedad de un planeta lo expulsara. Sin embargo, las observaciones disponibles no permiten reconstruir con seguridad su hogar original ni el mecanismo concreto de expulsión. El origen del material sigue abierto a interpretación, y el parecido con ciertos asteroides no basta para resolverlo.

3I/ATLAS pasó su perihelio en octubre de 2025 y su aproximación a Júpiter estaba prevista para marzo de 2026. Los cambios observados después del paso por el Sol, incluidos el aumento de actividad y la liberación de una mezcla más amplia de gases, forman parte de un registro valioso que no podrá repetirse con este mismo objeto una vez que continúe alejándose. Las futuras observaciones de archivo y el análisis de los datos ya recogidos pueden afinar la interpretación de sus hielos y de su polvo.

El retrato que dejan los instrumentos es el de un cometa activo, con agua y moléculas orgánicas en la envoltura y una respuesta al calor que llegó con retraso. No revela la composición exacta de cada capa ni demuestra que los materiales sean iguales en todo el núcleo. Sí ofrece una pista poderosa: el agua y la química basada en carbono no son exclusivas del sistema solar, y un fragmento llegado de otra estrella puede conservarlas el tiempo suficiente para que la astronomía las detecte.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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