Ciencia
El terremoto de Almería tuvo su epicentro junto a Tabernas
Una sacudida nocturna cerca de Tabernas alcanzó varias provincias y estuvo seguida por numerosos temblores menores.

El terremoto de magnitud 4,3 que despertó a buena parte de Almería se originó al sureste de Tabernas, en el interior de la provincia. El Instituto Geográfico Nacional situó el epicentro en torno a las coordenadas 37,0185 de latitud norte y -2,3645 de longitud, y estimó una profundidad de 0 kilómetros. El movimiento ocurrió a las 00:55 del lunes 16 de febrero y alcanzó una intensidad máxima de IV-V.
La sacudida se percibió en distintos puntos de Almería, Granada, Jaén y Murcia. A las primeras horas no constaba un balance oficial de daños personales ni materiales, aunque el episodio tuvo un segundo capítulo: durante la noche y el amanecer se registraron al menos 14 réplicas, casi todas de baja magnitud, entre ellas una de 2,6 cerca de las 05:38. La ubicación y la escasa profundidad ayudan a explicar por qué un seísmo moderado pudo sentirse con claridad.
Un epicentro en el entorno de Tabernas
En el mapa, el punto de origen aparece al sureste de Tabernas, dentro de la provincia de Almería. No se trata de una localización en la costa ni de un temblor surgido lejos, en el mar: la referencia que dejó el registro sitúa el episodio en el interior almeriense. Esa precisión importa porque la distancia entre el origen y las poblaciones habitadas influye en cómo llega la vibración, aunque no es el único factor que determina lo que nota cada persona.
Las coordenadas publicadas —37,0185 norte y -2,3645— son una forma de fijar sobre el mapa la zona calculada por los instrumentos. En sismología, el epicentro es el punto de la superficie situado sobre el lugar subterráneo donde comienza la ruptura, denominado hipocentro. Por eso, decir que el epicentro estuvo cerca de Tabernas no significa que el movimiento naciera exactamente en el núcleo urbano: se refiere a una localización estimada en su entorno.
La cifra de profundidad, 0 kilómetros, tampoco debe interpretarse como si el terremoto hubiera empezado literalmente en el suelo o en la superficie. Es una estimación instrumental que lo clasifica como un evento muy somero; el cálculo puede redondearse y la resolución no equivale a una medición de centímetros. Lo relevante es que el origen se situó muy cerca de la superficie en comparación con un seísmo profundo, una condición que puede hacer que las ondas lleguen con menos recorrido hasta los lugares próximos.
Por qué se notó con tanta claridad
El dato de magnitud resume el tamaño del terremoto a partir de registros instrumentales. En este caso se informó de 4,3 mbLg, una medida utilizada para caracterizar terremotos regionales. La intensidad responde a otra pregunta: describe los efectos y la percepción en cada lugar. Por eso un mismo evento puede tener una magnitud única y, al mismo tiempo, aparecer con intensidades distintas según la localidad, el tipo de terreno, la distancia y las características de los edificios.
El IGN situó la intensidad máxima entre IV y V. En el entorno más cercano, una vibración breve puede hacer traquetear objetos, sacudir una cama o despertar a quien duerme; más lejos, el mismo movimiento puede sentirse como un balanceo tenue o pasar inadvertido. La hora también influye en la experiencia: en plena madrugada hay menos ruido ambiental y muchas personas están quietas, de modo que una sacudida corta destaca más que durante una jornada activa. La sensación de fuerza no depende solo del número de magnitud.
También intervienen el tipo de construcción, la altura de la planta y las condiciones del terreno. Un edificio puede responder de manera distinta a una casa baja, y algunas superficies transmiten o amplifican determinadas vibraciones más que otras. Estos factores explican por qué los relatos de una misma noche no siempre coinciden: alguien describe un golpe seco y otra persona, en otra localidad o vivienda, un movimiento ondulante. No son necesariamente versiones incompatibles, sino distintas formas de percibir la energía que llegó a cada lugar.
El alcance de la sacudida en Almería
La zona de mayor intensidad se concentró en el área almeriense próxima al epicentro. El rango IV-V se registró en Tabernas y también en Bacares, Serón y Gádor. En Alhabia, Tíjola y Olula del Río la intensidad llegó a IV, mientras que se situó entre III y IV en municipios como Abla, Albanchez, Alsodux, Benahadux, Cuevas del Almanzora, Lubrín, Fines, Íllar, Cantoria, La Mojonera, Gérgal, Huércal de Almería, Macael, Oria y Pechina.
En otros puntos de la provincia el temblor se percibió con menor intensidad, pero el área afectada siguió siendo amplia. Bayarque, Benizalón, Los Gallardos, Vícar, Níjar, Rioja, Senés, Sorbas, Turre y Vera figuraron en el rango III. Carboneras, Chercos, Arboleas y Garrucha quedaron entre II y III. La relación entre cercanía e intensidad no es una línea perfecta: el movimiento se debilita con la distancia, pero el relieve, el suelo y las construcciones pueden modificar el resultado local.
También hubo avisos de percepción en localidades costeras como Roquetas de Mar y El Ejido, además del entorno de Níjar. Que el epicentro estuviera en el interior no impidió que la onda alcanzara la costa; los terremotos liberan energía que se propaga en distintas direcciones a través del terreno. La intensidad registrada en cada sitio fue desigual, y los mapas de percepción sirven precisamente para mostrar ese mosaico, no para sugerir que todo el territorio se movió con idéntica fuerza.
El temblor cruzó los límites provinciales
La vibración también llegó a Jaén. Se consignó una intensidad de II-III en Bailén, Cazorla, Quesada, Santo Tomé y Villacarrillo, mientras que Baeza, La Carolina, La Guardia de Jaén, Linares, Mengíbar, Rus, Torreperogil, Úbeda y Villanueva del Arzobispo aparecieron con intensidad II. En algunos puntos de la capital jiennense también se registró percepción. A esas distancias, para muchas personas el movimiento pudo resultar leve, aunque suficientemente reconocible como para atribuirlo a un temblor.
En Granada se notificó percepción en Cúllar, Motril, Santa Fe de Mondújar y Líjar, con intensidades inferiores a las del entorno más próximo de Tabernas. En la Región de Murcia, el registro indicó intensidad II en Lorca, Molina de Segura, Mula y Mazarrón. Que un sismo se note en varias provincias no implica que haya causado daños en todas ellas: el alcance de la percepción y el impacto material son cuestiones distintas.
La intensidad describe efectos observados en un lugar concreto, no una propiedad fija del terremoto. Por eso no se puede tomar el dato máximo de IV-V y aplicarlo a toda Almería, Granada, Jaén o Murcia. En unas localidades el movimiento fue más claro; en otras, apenas perceptible. Ese contraste es una parte esencial del episodio: un único terremoto, con una magnitud determinada, produjo experiencias diferentes a medida que sus ondas se propagaron por el sureste peninsular.
Las réplicas mantuvieron activa la madrugada
Tras la sacudida principal, el entorno de Tabernas registró al menos 14 temblores posteriores. La mayoría tuvo magnitudes pequeñas, en torno a 1,5 y 1,9, aunque hubo eventos algo superiores. La réplica más destacada fue de magnitud 2,6 y se produjo cerca de las 05:38, varias horas después del seísmo de 4,3. Aunque estos movimientos menores no suelen sentirse todos, su repetición puede prolongar la inquietud y hacer que cualquier vibración cotidiana parezca una nueva sacudida.
Una réplica es un terremoto que se produce después de un evento principal en la misma zona y dentro de una secuencia relacionada. Tras una ruptura, el terreno puede reajustarse mediante movimientos de menor tamaño; eso no significa que cada réplica sea idéntica ni que el subsuelo se comporte como un mecanismo que pueda anticiparse con exactitud. La imagen de una estantería que termina de asentarse sirve para imaginar el reajuste, pero no sustituye la explicación geológica: cada evento libera energía y se registra por separado.
La presencia de réplicas, por sí sola, no permite establecer cuándo terminará la secuencia ni qué magnitud tendrá el siguiente movimiento. El registro de aquella noche muestra una serie de temblores pequeños después del principal, no una garantía sobre la evolución futura. En la experiencia de quienes se despertaron, sin embargo, la sucesión tuvo un efecto reconocible: el primer golpe sorprende; los movimientos siguientes mantienen la atención puesta en el suelo, incluso cuando son mucho más débiles.
El 4,3 fue una cifra revisada durante la noche
En las primeras informaciones circularon valores preliminares cercanos a 4,5 y también referencias a 4,2. La magnitud que quedó consolidada después de la revisión fue 4,3. Las diferencias entre las primeras estimaciones y el dato revisado no significan que el terremoto haya cambiado una vez ocurrido: lo que cambia es el cálculo, a medida que se incorporan y ajustan registros de las estaciones sísmicas.
Los sistemas de vigilancia suelen ofrecer una primera solución con rapidez para localizar y caracterizar el evento. Después, el análisis puede afinar la posición, la profundidad y la magnitud. En un caso como este, una variación de unas décimas en las publicaciones iniciales forma parte de ese proceso de revisión y no borra lo que percibieron los habitantes. La cifra final permite comunicar el evento con mayor precisión, mientras que los testimonios y los registros de intensidad completan el mapa de sus efectos.
Conviene no confundir magnitud con intensidad ni atribuir a una cifra preliminar más certeza de la que tenía en ese momento. La magnitud expresa el tamaño del fenómeno según los datos instrumentales; la intensidad refleja cómo se manifestó en distintos lugares. La combinación que caracterizó el episodio fue la de una magnitud moderada, una estimación de profundidad muy baja y una hora nocturna. Ese conjunto ayuda a explicar el susto sin convertirlo en un terremoto de gran magnitud.
Una actividad sísmica amplia, pero no un solo episodio
Durante esa misma franja temporal también se registraron movimientos modestos en el eje de Málaga y Cádiz, en áreas como el entorno de Cortes de la Frontera y el suroeste de Ubrique. Su coincidencia en el calendario con el terremoto almeriense puede dar la impresión de que todos forman parte de una única secuencia. Sin embargo, el episodio de Tabernas corresponde al sureste de Almería, mientras que los registros del oeste andaluz se sitúan en otra zona y responden a una dinámica local distinta.
Desde principios de febrero se había descrito, además, una serie sísmica en el extremo occidental de las Béticas, entre áreas de la Sierra de Grazalema y la costa de Estepona, con más de un centenar de microseísmos detectados y parte de ellos sentidos por la población. Ese goteo no debe sumarse automáticamente a las réplicas de Tabernas: la cercanía en el tiempo no demuestra que los terremotos compartan la misma ruptura o el mismo origen inmediato. Dos zonas pueden mostrar actividad a la vez sin constituir una sola secuencia.
En Almería había un antecedente reciente: el 12 de febrero se registró un seísmo de magnitud 3,2 en el entorno de Partaloa, percibido en varios municipios del Valle del Almanzora. La proximidad temporal hizo que ambos episodios se comentaran juntos, pero los datos disponibles no bastan para presentarlos como piezas de un mismo proceso. El sureste español tiene actividad sísmica y puede registrar temblores en distintos lugares; distinguir entre coincidencia y relación causal exige información específica sobre cada secuencia.
Qué cuenta el registro y qué no permite asegurar
La ficha del terremoto reúne una hora concreta, una magnitud revisada, una localización estimada, una profundidad calculada y una intensidad máxima. Cada dato responde a una cuestión distinta. La hora y la magnitud describen el evento; las coordenadas permiten situarlo; la profundidad estima dónde se originó bajo la superficie; y las intensidades reflejan cómo se sintió en las localidades. Leídos juntos, ofrecen una imagen más completa que el número 4,3 por sí solo.
El registro también ayuda a separar el alcance del susto de las consecuencias materiales. El movimiento fue percibido en cuatro provincias y tuvo una secuencia de réplicas, pero durante las primeras horas no constaba oficialmente un balance de daños personales o materiales. Esa precisión temporal importa: describe lo que se sabía entonces y no equivale a afirmar que cada municipio tuvo exactamente los mismos efectos o que la intensidad máxima se extendió por toda la región.
La estimación de profundidad cero merece la misma cautela. No es una prueba de que el origen estuviera literalmente en la superficie, sino una señal de que el cálculo lo situó en un nivel muy somero. En los informes sísmicos, las cifras son resultados de mediciones y modelos, sujetos a revisión; explicarlas así evita convertir una estimación instrumental en una certeza física absoluta. La precisión del dato depende también de cómo se calcula y se actualiza.
Tabernas, paisaje y un subsuelo que también se mueve
Tabernas suele evocar un paisaje árido de cárcavas y lomas, asociado por muchos a las imágenes del desierto almeriense y a los rodajes cinematográficos. El terremoto devolvió la atención a una dimensión menos visible de ese territorio: bajo la superficie hay estructuras geológicas capaces de acumular y liberar tensión. El aspecto quieto del paisaje no es una medida de su actividad; un lugar puede pasar largos periodos sin sacudidas perceptibles y registrar después un evento que se siente a kilómetros.
La actividad del sureste no convierte cada temblor en señal de un gran terremoto inminente. Tampoco permite establecer una previsión concreta a partir de un episodio aislado o de la coincidencia con movimientos registrados en otras provincias. Lo que sí muestra el evento es que el subsuelo de la región puede producir sacudidas moderadas y réplicas, y que las condiciones locales influyen en cuánto se notan. La explicación más sólida reúne geografía, profundidad, magnitud e intensidad, sin atribuir al temblor consecuencias que los datos no confirman.
Al amanecer, el episodio quedaba definido por una secuencia clara: el movimiento principal se produjo a las 00:55, tuvo una magnitud final de 4,3 y se localizó al sureste de Tabernas, con una profundidad estimada de 0 kilómetros. Después llegaron temblores menores, incluida la réplica de 2,6 cerca de las 05:38. La sacudida alcanzó Almería y se percibió en provincias vecinas, mientras el balance inicial no registraba daños confirmados. Un punto concreto en el mapa, pero una onda que dejó huella en una región entera.

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