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¿Por qué Zelenski destituye a Syrskyi y nombra al general Drapatyi?
Zelenski aparta a Syrskyi tras las protestas y entrega el mando a Drapatyi, un general reformista forjado en el frente y la guerra de drones.

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha decidido apartar a Oleksandr Syrskyi como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y entregar el mando al general de división Mykhailo Drapatyi, uno de los oficiales con mayor prestigio entre las tropas. El relevo será formalizado el 22 de julio y llega después de varios días de protestas, reuniones con altos mandos y una crisis política provocada por el choque entre la cúpula militar y el exministro de Defensa Mykhailo Fedorov.
La decisión no responde oficialmente a una derrota concreta ni a una acusación personal contra Syrskyi. Zelenski ha presentado el movimiento como una renovación del sistema de mando, con prioridades bastante terrenales: proteger mejor a los soldados, acelerar la reforma de los cuerpos, garantizar drones y material a las unidades y preparar una estrategia defensiva actualizada. Pero la calle también ha pesado. Y mucho. Las manifestaciones reclamaban precisamente la salida de Syrskyi, identificado por sus críticos con una cultura militar rígida, vertical y demasiado anclada en otra época.
Zelenski confirma un relevo inmediato en la cúpula militar
El anuncio llegó en el mensaje nocturno del presidente, después de una ronda de consultas con responsables de cuerpos de Ejército, infantería de marina, fuerzas de asalto y otros niveles del mando ucraniano. Zelenski aseguró que había analizado con ellos las prioridades de la guerra y el camino hacia la modernización de las Fuerzas Armadas antes de escoger a Drapatyi. No fue, al menos sobre el papel, una ocurrencia entre café y café en el palacio presidencial.
La transición deberá realizarse sin interrumpir las operaciones. Zelenski explicó que había hablado con Syrskyi y con el jefe del Estado Mayor, Andrii Hnatov, para organizar la entrega de responsabilidades y estudiar qué funciones podrían desempeñar en el futuro. El presidente reconoció los resultados obtenidos por el general saliente en la defensa de Kiev, la ofensiva de Járkov y la operación ucraniana en Kursk. Una destitución, por tanto, acompañada de agradecimientos y con la porcelana diplomática cuidadosamente colocada sobre la mesa.
El nuevo comandante deberá participar en la reorganización del Estado Mayor junto al ministro interino de Defensa, Yevhenii Khmara, y al asesor presidencial Pavlo Palisa. Entre sus primeros encargos figuran una estrategia defensiva renovada, la continuidad de la reforma basada en cuerpos militares, una respuesta más clara sobre la movilización y el refuerzo de la defensa aérea frente a los ataques rusos.
Zelenski también ha exigido que las peticiones de armas, drones y equipos planteadas por los comandantes lleguen a las unidades con mayor rapidez. La orden parece obvia, casi de manual, pero en una guerra de desgaste la logística decide tanto como la épica. Un dron retenido en un almacén es una herramienta inútil; una batería antiaérea mal situada, un agujero en el cielo.
Por qué cae Syrskyi tras más de dos años al mando
Syrskyi había sido designado comandante en jefe el 8 de febrero de 2024, en sustitución del popular Valerii Zaluzhnyi. Zelenski lo eligió entonces por su experiencia en operaciones defensivas y ofensivas, especialmente en Kiev y Járkov, y le encargó renovar la gestión de un Ejército sometido al desgaste de una guerra cada vez más larga, tecnológica y difícil de alimentar con nuevos soldados.
Dos años y medio después, varios de aquellos problemas continuaban abiertos. La movilización militar seguía siendo un asunto políticamente tóxico, las unidades reclamaban material con mayor rapidez y parte de la sociedad pedía un mando menos burocrático, más permeable a la innovación y más atento a la preservación de vidas. Syrskyi conservaba apoyos dentro del Ejército, pero acumulaba críticas por su estilo jerárquico, su formación soviética y su tendencia, según sus detractores, a mantener operaciones demasiado costosas en hombres.
Conviene precisar algo: esas acusaciones proceden de adversarios internos, veteranos, activistas y militares críticos. No existe una admisión oficial de negligencia ni una investigación que atribuya a Syrskyi una responsabilidad penal por las bajas. En una guerra, la distancia entre una decisión equivocada y una decisión imposible suele medirse desde un despacho, lejos del barro.
Su figura también arrastraba la sombra de Bajmut, una batalla prolongada y sangrienta cuya defensa dividió durante meses a analistas y militares. Para sus defensores, Syrskyi consiguió desgastar al Ejército ruso y ganar tiempo; para sus detractores, mantuvo posiciones demasiado caras cuando la retirada parecía inevitable. Esa discusión nunca terminó. Simplemente fue acumulando capas, como polvo sobre un mapa de campaña.
La ruptura con Fedorov convirtió el malestar en crisis
El detonante político fue el enfrentamiento entre Syrskyi y Mykhailo Fedorov, ministro de Defensa durante seis meses y símbolo de la apuesta ucraniana por los drones, la robotización y la gestión digital. Fedorov sostenía que el alto mando frenaba reformas, protegía inercias burocráticas y distribuía recursos sin premiar suficientemente los resultados de las brigadas más eficaces.
Syrskyi rechazó esa imagen y defendió que el Estado Mayor cooperaba con el ministerio y cumplía las órdenes del poder civil. El conflicto ya no era una diferencia técnica sobre compras o estructuras: enfrentaba dos formas de entender la guerra. De un lado, la cadena de mando tradicional, centralizada y prudente ante los experimentos. Del otro, una cultura tecnológica que exige decisiones rápidas, autonomía para las unidades y toneladas de datos circulando mientras vuelan los proyectiles.
Zelenski reconoció que la relación entre ambos se había roto y, en un primer momento, optó por destituir a Fedorov. La jugada provocó el efecto contrario al buscado: manifestaciones en Kiev y otras ciudades, dimisiones dentro del aparato militar y una oleada de mensajes que exigían recuperar al ministro y reemplazar a Syrskyi. El presidente había elegido un lado; pocos días después tuvo que cambiar también al otro. La política posee ese refinado sentido del humor.
Las concentraciones comenzaron el 16 de julio y se prolongaron durante varios días. Participaron civiles, veteranos y familiares de soldados, con pancartas que reclamaban una nueva generación de mandos y una gestión menos opaca de los recursos militares. El movimiento resultó especialmente delicado porque Ucrania permanece bajo la ley marcial y las protestas contra decisiones presidenciales han sido poco habituales desde el comienzo de la invasión rusa a gran escala.
Zelenski respondió multiplicando las consultas con comandantes desplegados en sectores sensibles del frente. La salida de Syrskyi aparece así como una mezcla de corrección política, contención de la crisis y búsqueda de un perfil capaz de reconciliar la innovación tecnológica con la experiencia de combate. El presidente, eso sí, ha evitado presentar el relevo como una capitulación ante la presión de la calle.
Quién era Oleksandr Syrskyi y qué legado deja
Oleksandr Syrskyi nació en 1965 y se formó en la Escuela Superior de Mando Militar de Moscú. Desarrolló parte de su primera carrera dentro de las estructuras soviéticas antes de convertirse en uno de los oficiales esenciales de la Ucrania independiente. Durante la guerra del Donbás ocupó puestos de responsabilidad y más tarde asumió el mando de las Fuerzas Terrestres ucranianas.
Su gran carta de presentación fue la defensa de Kiev en 2022, cuando las tropas ucranianas impidieron que Rusia capturase la capital durante las primeras semanas de la invasión. Meses después desempeñó un papel central en la ofensiva de Járkov, que recuperó amplias zonas ocupadas y obligó a las fuerzas rusas a una retirada apresurada. Esos éxitos explican por qué Zelenski recurrió a él para reemplazar a Zaluzhnyi.
También dirigió la estrategia ucraniana durante la incursión en la región rusa de Kursk. El balance de su mandato queda así partido en dos mitades que no encajan con facilidad: por un lado, un general asociado a algunas de las operaciones más importantes de Ucrania; por otro, un jefe cada vez más cuestionado por las pérdidas, la centralización de las decisiones y su aparente dificultad para convivir con los reformistas.
No es un villano de cartón ni un héroe sin grietas. Syrskyi deja un Ejército que ha resistido a una potencia militar superior, pero también unas tropas cansadas, problemas de reclutamiento y una estructura obligada a reinventarse mientras combate. La guerra de Ucrania no concede balances limpios. Tampoco jubilaciones tranquilas.
Zelenski ha planteado que Syrskyi pueda seguir sirviendo al Estado en otro formato. Esa fórmula permite preservar parte de su experiencia, reducir la sensación de purga y evitar que el relevo se convierta en una batalla entre facciones. En Kiev saben que Rusia observa cada fisura con lupa y champán.
Quién es Mykhailo Drapatyi y por qué ha sido elegido
Mykhailo Drapatyi tiene 43 años y pertenece a una generación de generales cuya carrera se ha construido casi enteramente durante el conflicto con Rusia. Nació en Kamianets-Podilskyi, en el oeste de Ucrania, se formó como oficial de carros de combate y comenzó su trayectoria en la 72.ª Brigada Mecanizada. A diferencia de Syrskyi, no procede de la vieja jerarquía soviética: su escuela principal ha sido el frente.
Su nombre comenzó a circular en 2014, cuando encabezó una columna blindada que entró en Mariúpol para rescatar a policías y defensores territoriales cercados por fuerzas prorrusas. Una barricada bloqueaba el avance; el vehículo que lideraba la columna la superó acelerando, una escena grabada en vídeo que terminó convirtiéndose en una pequeña leyenda del Ejército ucraniano.
Meses después, Drapatyi dirigió la salida nocturna de cientos de soldados y decenas de vehículos atrapados cerca de la frontera rusa. Aquella operación consolidó su reputación como comandante práctico, capaz de tomar decisiones bajo presión y asumir riesgos medidos. Nada particularmente cinematográfico desde una oficina; bastante distinto cuando el motor ruge y el horizonte está lleno de humo.
Durante la invasión iniciada en 2022 ocupó responsabilidades en las Fuerzas Conjuntas, participó en la defensa de Kryvyi Rih y en las operaciones de Jersón, y organizó la respuesta frente a una nueva ofensiva rusa en Járkov. A finales de 2024 fue nombrado comandante de las Fuerzas Terrestres.
Drapatyi presentó posteriormente su dimisión tras un ataque ruso contra un centro de entrenamiento que causó numerosas bajas. Alegó que sus órdenes de seguridad no habían sido aplicadas y denunció resistencias internas frente a las reformas. Zelenski no aceptó que desapareciera del tablero y lo recuperó como comandante de las Fuerzas Conjuntas.
Ese episodio ayuda a comprender su elección. Drapatyi proyecta una imagen de responsabilidad personal, mando de campo y escasa paciencia con la burocracia. También ha defendido que algunas transformaciones del Ejército se lograron a pesar del sistema, no gracias a él. Es exactamente el tipo de frase que agrada a una sociedad cansada de despachos, aunque luego los despachos sigan allí, con sus sellos, sus pasillos y su proverbial resistencia a desaparecer.
Su nombramiento representa también un cambio generacional. Syrskyi pertenece a una escuela moldeada por la doctrina soviética; Drapatyi ha crecido militarmente entre la guerra híbrida, los drones baratos, las comunicaciones digitales y los ataques de precisión. Una cultura no sustituye mágicamente a la otra, pero el lenguaje del campo de batalla ha cambiado. Y Ucrania necesita hablarlo sin acento del siglo pasado.
Los posibles sucesores que quedaron fuera
Antes de confirmarse el nombramiento, el abanico de candidatos incluía a Oleh Apostol, comandante de las Fuerzas de Asalto Aéreo; Andrii Biletskyi, jefe de uno de los cuerpos más eficaces; y Denys Prokopenko, conocido como Redis, comandante de Azov y figura destacada de la defensa de Mariúpol.
También fueron consultados otros oficiales con experiencia reciente en el frente y responsabilidades dentro de la estructura de cuerpos. Zelenski buscaba medir apoyos, escuchar diagnósticos y evitar que el relevo pareciera una decisión cocinada por un grupo reducido de asesores. La guerra se libra con munición, sí, pero la legitimidad interna también cuenta.
Drapatyi aparecía como el favorito de buena parte del estamento militar, aunque algunas voces señalaban que su franqueza podía incomodar al poder político. Al final, precisamente esa franqueza ha terminado convirtiéndose en credencial. Zelenski necesita un comandante que reforme el sistema sin romperlo y que obedezca al poder civil sin limitarse a asentir. Equilibrio fino. Casi funambulismo con artillería de fondo.
El frente decidirá si el cambio fue algo más que un gesto
Drapatyi recibe unas Fuerzas Armadas inmensas, agotadas y obligadas a adaptarse a una guerra donde un dron barato puede destruir un vehículo millonario y donde cada retraso administrativo termina oliendo a tierra removida en alguna posición del Donbás. Deberá coordinar operaciones sin pausa, mejorar la defensa aérea, racionalizar la movilización, extender la estructura de cuerpos y conseguir que armas, drones y equipos lleguen a las unidades que realmente los necesitan.
Su nombramiento también busca recomponer la confianza entre la Presidencia, el Ejército y una sociedad que ha demostrado no estar dispuesta a aceptar cualquier decisión en nombre de la unidad nacional. Zelenski ha escuchado la protesta y ha sustituido al hombre que, apenas unos días antes, había preferido conservar frente a Fedorov. Es una rectificación evidente, aunque el presidente la presente como una evolución meditada de la estrategia militar.
El nuevo comandante deberá además responder a una pregunta que no admite propaganda: cómo preservar vidas sin regalar terreno. Ucrania mantiene un frente de enorme extensión, afronta problemas de personal y soporta ataques rusos constantes contra ciudades, infraestructuras y posiciones militares. La superioridad tecnológica puede reducir parte de esa desventaja, pero no sustituye por completo a los soldados.
Ahora comienza la parte menos vistosa. Reorganizar el Estado Mayor, convivir con el poder político, mejorar el reclutamiento, acelerar los suministros y demostrar que modernizar un Ejército significa algo más que añadir drones a una estructura antigua. Los organigramas pueden cambiar en una noche; las costumbres, no tanto.
Drapatyi ya no es un posible sucesor. Es el responsable de convertir las expectativas en órdenes, material y resultados. Rusia, mientras tanto, seguirá atacando. El calendario de una guerra no concede periodos de cortesía.

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