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¿Por qué una casa cueva de Granada puede ser mejor que un piso normal?

Alan cambió Barcelona por una casa cueva de Granada: temperatura estable, silencio, menor consumo y una forma de vivienda con siglos de historia.

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una cueva de Granada

Foto: www.viajar24h.com / Wikimedia Commons — Flickr, CC BY 2.0.

Resumen

  • Alan cambió Barcelona por una casa cueva de Granada de unos 50-60 m²
  • Estas viviendas mantienen una temperatura interior cercana a 18-20 ºC
  • El silencio, el bajo consumo y la rehabilitación explican su nuevo atractivo

Alan es arquitecto, vivía en Barcelona y terminó instalándose en una casa cueva de Granada después de que una oportunidad laboral le llevara a la provincia y su familia le ofreciera una de estas viviendas. El cambio tiene algo de viaje hacia atrás en el tiempo, pero solo en apariencia: cocina, baño, dormitorio, electricidad y las comodidades habituales conviven allí con gruesos metros de tierra que hacen de climatizador natural.

En pleno agosto, mientras buena parte de España discute con el aire acondicionado y mira con cierta aprensión la factura eléctrica, Alan asegura que duerme tapado. No es una ocurrencia pintoresca. Las casas cueva de Guadix mantienen habitualmente una temperatura interior cercana a los 18-20 grados, una de las características por las que este modelo de vivienda tradicional vuelve a despertar interés.

Su historia se ha hecho viral porque reúne varias obsesiones muy contemporáneas en una estampa bastante antigua: vivienda cara, consumo energético, teletrabajo y tranquilidad. El piso urbano frente a la montaña excavada. Y, esta vez, la montaña tiene argumentos.

De Barcelona al subsuelo de Guadix

Alan vivía antes en el entorno de Barcelona. La posibilidad de trabajar como arquitecto en Granada cambió el escenario y su familia facilitó el resto: tenía una cueva disponible y decidió instalarse en ella. Su vivienda cuenta con unos 50 o 60 metros cuadrados y dispone de cocina, salón, baño y dormitorio.

No nació, además, siguiendo el plano perfectamente milimetrado que cabría esperar de un arquitecto. Estas casas se fueron haciendo de otra manera. Una estancia primero, otra después, un nuevo hueco cuando crecía la familia. Parte de la cueva donde vive Alan había sido utilizada antiguamente como establo para un burro.

Ese crecimiento casi orgánico explica buena parte del aspecto de estas viviendas. La casa convencional se levanta hacia arriba o se extiende sobre una parcela; aquí se entra en el cerro. Habitación a habitación, la arquitectura avanza hacia la tierra.

Alan sostiene que la experiencia ha terminado por convencerle hasta el punto de no plantearse regresar a un piso convencional. La comparación que hace con su anterior vivienda resulta inevitable: recuerda que un piso de aproximadamente 60 metros cuadrados en Castelldefels podía costarle más de 1.000 euros mensuales, mientras cifra en unos 300 euros determinados alquileres de cuevas de la zona. Son estimaciones personales, no una tarifa general del mercado inmobiliario, pero explican parte de su entusiasmo.

La temperatura que convierte la tierra en climatizador

El detalle más llamativo quizá sea también el menos extravagante. Una casa excavada bajo varios metros de terreno sufre mucho menos las oscilaciones térmicas del exterior. En Guadix, estas viviendas suelen mantener una temperatura situada alrededor de los 18-20 ºC durante el año.

Eso significa que cuando fuera aprieta el verano granadino, dentro permanece un ambiente considerablemente más fresco. En invierno sucede el fenómeno contrario: la temperatura cae mucho menos que en el exterior. La tierra funciona como una enorme capa de aislamiento térmico natural. Sin motores, sin unidades exteriores colgadas de una fachada y sin ese zumbido nocturno del aparato de aire acondicionado.

Los estudios realizados sobre las cuevas de la comarca han documentado también una variación térmica anual reducida, de alrededor de cinco grados en determinados casos. No significa que todas las casas cueva prescindan siempre de calefacción o refrigeración —depende de orientación, ventilación, rehabilitación y uso—, pero sí explica por qué su comportamiento térmico resulta tan singular.

Silencio, oscuridad y metros de montaña sobre el techo

El aislamiento no afecta únicamente al calor. Torcuato, fotógrafo y vecino de Guadix desde hace más de dos décadas, vive en una cueva sobre la que calcula que existen entre 15 y 20 metros de terreno en algunas zonas. La consecuencia más evidente es acústica: prácticamente desaparece el ruido exterior.

Ese silencio tiene otra cara. Las estancias más profundas pueden carecer de ventanas y necesitan una ventilación correctamente resuelta. Vivir bajo tierra no consiste simplemente en abrir un agujero y colocar un sofá. Humedad, evacuación de aguas, ventilación, estabilidad estructural y saneamiento forman parte de una vivienda que debe cumplir condiciones de habitabilidad.

Ahí desaparece parte del romanticismo de Instagram, y mejor así. Una casa cueva bien acondicionada puede ser confortable; una excavación mal rehabilitada puede convertirse en una colección de humedades, problemas de aireación y arreglos caros.

Más de 3.000 personas siguen viviendo bajo tierra

Guadix no conserva sus cuevas como una escenografía para turistas. Más de 3.000 personas viven en este tipo de viviendas y las cifras manejadas en la zona hablan de más de 2.000 casas subterráneas habitadas. El conjunto constituye uno de los grandes paisajes troglodíticos de Europa.

Las chimeneas blancas que sobresalen de los cerros producen una escena extraña para quien llega por primera vez. Desde arriba apenas se adivinan las casas. Debajo aparecen salones, dormitorios, cocinas, patios y pasillos excavados en una arcilla compacta que resulta relativamente sencilla de horadar y, al mismo tiempo, proporciona buenas condiciones de aislamiento.

Su origen tiene poco de capricho arquitectónico. El desarrollo del barrio está ligado a los cambios sociales que siguieron a la conquista cristiana y a comunidades que buscaron refugio fuera de la ciudad monumental. Durante siglos, la cueva fue sobre todo una solución de vivienda para población humilde.

De vivienda pobre a propiedad buscada

Ese pasado explica una paradoja bastante española. Lo que durante décadas fue signo de precariedad empieza a verse como privilegio cuando la vivienda convencional se vuelve prohibitivamente cara.

Torcuato compró la suya en 2002 por unos 15.000 euros y necesitó cerca de un año para rehabilitarla. Pepe, un picador de cuevas de 73 años, lleva décadas trabajando estos espacios y afirma haber intervenido en alrededor de 300. Recuerda una época en la que ser “cuevero” tenía una connotación social negativa. Algunas familias abandonaron estas viviendas precisamente porque aspiraban a una casa convencional.

Ahora parte de ese patrimonio se rehabilita, se destina a alojamiento turístico o alcanza precios impensables hace unas décadas. En el recorrido que ha devuelto estas casas a la actualidad aparecen incluso cuevas reformadas valoradas por sus propietarios o entrevistados en cientos de miles de euros. No existe, por tanto, un precio estándar: tamaño, estado, ubicación, parcela y características registrales cambian radicalmente el valor.

La ironía es fina. Primero había que salir de la cueva para demostrar que uno prosperaba; décadas después, algunos pagan bastante por volver a entrar.

Una casa cueva tampoco es un agujero barato

El atractivo energético puede llevar a una conclusión demasiado rápida. Comprar una cueva antigua no equivale necesariamente a conseguir vivienda barata. Una rehabilitación seria exige estudiar estructura, ventilación, instalaciones, humedad y accesos, además de comprobar la situación urbanística del inmueble.

Andalucía terminó incorporando una regulación específica de las casas cueva para establecer condiciones de seguridad, habitabilidad y salubridad. En Guadix existe, además, protección urbanística del paisaje troglodítico. En determinados ámbitos protegidos se permiten actuaciones de conservación, mantenimiento, restauración y rehabilitación, mientras la excavación de nuevas cuevas o la ampliación de las existentes está restringida.

Tiene lógica. El cerro no es una parcela convencional y una intervención aparentemente pequeña puede afectar a otras cuevas, caminos o evacuaciones de agua, además del propio perfil del terreno.

También existe una diferencia fundamental entre una cueva tradicional rehabilitada correctamente y un espacio excavado sin garantías. Para vivir allí cuentan la ventilación, el saneamiento y la protección frente a la humedad tanto como la temperatura agradable. La tierra aísla, pero no sustituye una buena rehabilitación.

Cuando la vivienda más antigua parece sorprendentemente moderna

La historia de Alan funciona porque pone frente a frente dos modelos. A un lado, el piso urbano, la climatización mecánica y un mercado del alquiler que pesa cada vez más sobre los ingresos familiares. Al otro, una habitación excavada donde antiguamente podía dormir un animal y que, rehabilitada, ofrece hoy unas condiciones térmicas difíciles de reproducir con una construcción corriente.

No significa que España vaya a solucionar su problema de vivienda metiéndose bajo tierra. Sería una conclusión bastante más profunda de lo necesario. Las casas cueva dependen de una geología concreta, forman parte de un patrimonio que debe protegerse y presentan limitaciones evidentes.

Pero Guadix conserva algo que la arquitectura contemporánea persigue obsesivamente con materiales, cálculos y tecnología: estabilidad térmica, bajo consumo y adaptación al entorno. Lo consiguió hace siglos perforando una montaña.

Alan llegó desde Barcelona por trabajo y acabó descubriendo ese contraste desde dentro. Cuando fuera el termómetro se acerca a los 40 grados, él cuenta que puede dormir tapado. Entre el aire acondicionado, el ruido de la calle y el precio del metro cuadrado, quizá lo verdaderamente extraño ya no sea vivir en una cueva.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.