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Vietnam vuelve a la energía nuclear con Rusia: motivos y claves

Hanói retoma un plan congelado y busca electricidad estable, aunque el coste y los plazos siguen sin despejarse.

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Vietnam reactiva la nuclear con Rusia

Vietnam ha vuelto a apostar por la energía nuclear junto a Rusia porque necesita ampliar el suministro eléctrico estable y reducir la vulnerabilidad de una economía en rápida expansión. El acuerdo para desarrollar Ninh Thuan 1 prevé dos reactores rusos VVER-1200, con una potencia conjunta de 2.400 megavatios, aunque todavía no fija el coste definitivo ni un calendario cerrado de construcción.

La decisión también tiene una dimensión diplomática: una central no es una compra puntual, sino una asociación que puede prolongarse durante décadas mediante combustible, formación, mantenimiento y supervisión técnica. Hanói recupera así un proyecto que suspendió en 2016 y Moscú refuerza su presencia en el Sudeste Asiático. El regreso, sin embargo, no garantiza que las obras avancen deprisa ni que desaparezcan las dudas que frenaron el programa.

Una necesidad eléctrica que ya no admite aplazamientos

El motor principal de la decisión es la demanda. Vietnam se ha convertido en un centro manufacturero de peso en Asia y aspira a atraer más fábricas, proveedores tecnológicos y actividad exportadora. Ese crecimiento necesita electricidad abundante y previsible: las líneas de producción, los sistemas de refrigeración y la logística no pueden depender de que el suministro alcance justo en los momentos de mayor consumo. La seguridad energética se ha vuelto una condición del modelo económico, no un asunto reservado a los técnicos.

La red vietnamita ha sufrido apagones importantes en los últimos años, mientras el consumo aumenta al ritmo de la industrialización y la expansión de las ciudades. Una ola de calor, una sequía o un repunte de la demanda pueden tensar un sistema que debe atender a hogares e industrias a la vez. En esas circunstancias, disponer de más capacidad instalada no basta por sí solo: también importa que una parte de la generación pueda mantenerse de forma constante y no dependa tanto de las condiciones del tiempo.

Las renovables forman parte de la respuesta, junto con el carbón, el gas y la energía hidroeléctrica, pero cada fuente tiene límites distintos. La producción solar y eólica varía según el recurso disponible; las centrales hidroeléctricas dependen del agua; y los combustibles fósiles exponen al país a cambios de precio y a interrupciones del suministro. La nuclear ofrece generación continua y, durante su funcionamiento, bajas emisiones directas de gases de efecto invernadero. No sustituye de un día para otro al resto de la matriz, pero puede aportar una pieza de base para equilibrarla.

Una central de gran escala, todavía sin calendario firme

El acuerdo con Rusia sitúa a Ninh Thuan 1 en el centro de la nueva etapa. La propuesta contempla dos reactores VVER-1200, un diseño ruso de agua a presión, y una potencia instalada conjunta de 2.400 megavatios. Rosatom ha presentado la central como una infraestructura basada en tecnología que ya utiliza en otros proyectos y ha señalado la planta de Leningrado II como referencia. Para Vietnam, la escala prevista es suficiente para que el proyecto tenga relevancia nacional, no solo local.

Un reactor de agua a presión produce calor mediante la fisión de combustible nuclear. Ese calor se utiliza para generar vapor y mover turbinas que producen electricidad. El principio técnico es conocido, pero construir y operar una central exige mucho más que instalar los reactores: hacen falta una red capaz de recibir esa potencia, personal cualificado, sistemas de seguridad, una autoridad reguladora y planes para gestionar el combustible y los residuos. La complejidad está tanto en la institución como en la tecnología.

Por ahora, el anuncio no incluye un coste final ni un esquema financiero detallado, y tampoco establece una fecha definitiva para la entrada en funcionamiento. Esa ausencia importa porque el precio inicial de una central no representa necesariamente el coste total de un proyecto que se extiende durante años y requiere infraestructura, formación y controles. En los grandes programas nucleares, los cambios de calendario y presupuesto pueden alterar los cálculos originales; Vietnam ya vivió una revisión profunda de sus prioridades cuando abandonó el plan anterior.

La cifra de 2.400 megavatios describe la capacidad prevista, no la electricidad que la planta suministraría en cada momento desde el primer día. Antes de generar energía, el proyecto debe superar etapas de planificación, financiación, construcción y verificación. El acuerdo político abre una puerta, pero no equivale a una central en obras ni a megavatios disponibles. La distancia entre una firma y la conexión a la red es especialmente larga en la energía nuclear.

De la suspensión de 2016 a la vuelta del programa

La alianza nuclear entre Vietnam y Rusia no nace ahora. Ambos países acordaron en 2010 desarrollar una central en Ninh Thuan, dentro del primer impulso vietnamita para incorporar energía atómica. El proyecto perdió fuerza después del accidente de Fukushima, en Japón, cuando la seguridad nuclear volvió al centro del debate internacional. A esa preocupación se sumaron el aumento de los costes previstos y la necesidad de priorizar otros gastos públicos.

En 2016, Hanói suspendió el programa. Fue una decisión política y presupuestaria, no un simple retraso de obra: el Gobierno consideró que no estaban dadas las condiciones para sostener una iniciativa tan costosa y exigente. La pausa dejó en evidencia que la voluntad de diversificar el suministro no bastaba para resolver las dificultades de financiación, regulación y seguridad. La reactivación actual retoma el mismo objetivo, pero también hereda los problemas que lo detuvieron.

Vietnam volvió a abrir la vía nuclear en 2024 y la incorporó de nuevo a sus planes de expansión eléctrica en 2025. El objetivo anunciado para las primeras centrales apunta a que entren en operación entre 2030 y 2035, con una capacidad inicial de hasta 6,4 gigavatios. Es una meta ambiciosa, que incluye más de una instalación y requiere acuerdos con socios extranjeros. Las referencias temporales manejadas por las autoridades han variado, señal de que el calendario sigue condicionado por negociaciones y obstáculos técnicos.

En 2026, el Ejecutivo reconoció que el avance era más lento de lo previsto y que persistían dificultades en las conversaciones. Ese reconocimiento no significa que el proyecto haya sido cancelado, pero sí obliga a distinguir entre los objetivos oficiales y una fecha asegurada. La política puede acelerar una decisión; no puede comprimir sin más los controles y trabajos necesarios. La experiencia de 2016 hace especialmente relevante esa diferencia.

Por qué Rusia encaja en el plan de Hanói

Rosatom aporta a la negociación una propuesta tecnológica y experiencia en proyectos nucleares internacionales, pero el atractivo para Moscú no se limita a vender equipos. Una central crea relaciones que atraviesan la construcción y se prolongan en la operación: el país cliente necesita piezas, servicios, formación y un suministro organizado de combustible. Cambiar de proveedor una vez establecida esa estructura puede ser complejo y costoso. El vínculo energético se convierte también en una relación estratégica.

Para Rusia, el acuerdo ofrece una oportunidad de consolidar su posición en una región donde las decisiones energéticas tienen consecuencias económicas y diplomáticas. El proyecto refuerza la cooperación con Vietnam en un sector de largo recorrido y se suma a los compromisos bilaterales en petróleo y gas. En un contexto de tensiones entre Moscú y varios países occidentales, colocar tecnología nuclear en el exterior también permite al Kremlin mostrar que conserva capacidad para establecer alianzas fuera de su entorno inmediato.

Vietnam, por su parte, mantiene una política exterior basada en preservar margen de maniobra entre potencias. Tiene vínculos históricos con Moscú, pero también relaciones relevantes con Estados Unidos, China y otros socios. La cooperación nuclear rusa no implica necesariamente que Hanói renuncie a negociar con otros países en tecnología, financiación o energía. Más bien encaja en un esfuerzo por evitar que una sola potencia controle todas las opciones. La autonomía no consiste en prescindir de socios, sino en conservar alternativas.

El acuerdo tampoco debe leerse como una alianza exclusivamente nuclear. La relación energética entre ambos países ya comprende otras áreas, y el paquete firmado incluye cooperación en petróleo y gas. Esa combinación muestra que Vietnam busca responder a necesidades inmediatas y futuras al mismo tiempo: los combustibles fósiles siguen siendo parte del sistema actual, mientras la energía atómica se plantea como una infraestructura de largo plazo. Las distintas fuentes no compiten solo en el plano tecnológico; también expresan prioridades y dependencias diferentes.

La presión del combustible y la diferencia entre corto y largo plazo

La tensión en los mercados energéticos ha reforzado la preocupación vietnamita por las importaciones. El país depende de suministros externos y puede verse afectado por las alteraciones del comercio, los precios internacionales y las restricciones de exportación en la región. Cuando el combustible se encarece o escasea, el efecto alcanza al transporte y a la producción, además de elevar la factura energética. La exposición exterior convierte la energía en una cuestión de resiliencia económica.

El artículo original vinculaba la reactivación nuclear con medidas de ahorro de combustible adoptadas durante una crisis reciente. Entre ellas figuraban el impulso al teletrabajo para reducir desplazamientos, acciones para aliviar la presión sobre las importaciones y advertencias sobre la disponibilidad de combustible de aviación. Vietnam Airlines también recortó operaciones domésticas desde abril para contener el impacto. Esas medidas ilustran la dimensión inmediata del problema, aunque una central nuclear no pueda resolver una escasez de carburantes en cuestión de meses.

Ahí reside una diferencia esencial entre la urgencia política y la solución de infraestructura. Una central tarda años en pasar del acuerdo a la generación y no abastece directamente coches, aviones o barcos. Su aportación sería eléctrica y de largo plazo, dentro de una combinación energética más amplia. La apuesta atómica no sustituye las políticas inmediatas de ahorro ni la gestión de las importaciones; busca reducir parte de la fragilidad futura del sistema.

La experiencia también obliga a evitar una explicación demasiado simple: la energía nuclear no elimina la dependencia, sino que la cambia de forma. Vietnam podría reducir su exposición a algunas fuentes de combustible fósil, pero una instalación rusa generaría necesidades continuas de cooperación técnica y combustible nuclear. La cuestión estratégica no es alcanzar una autosuficiencia absoluta, algo que el acuerdo no promete, sino repartir riesgos entre fuentes y socios. Ese equilibrio será decisivo para valorar el resultado real.

El precedente de Fukushima y las exigencias de seguridad

La seguridad fue uno de los motivos centrales de la suspensión de 2016 y no ha dejado de ser un asunto sensible. El accidente de Fukushima mostró que una central debe prepararse para fenómenos extremos y fallos que pueden afectar a los sistemas de refrigeración y a la seguridad de los reactores. Vietnam, como país expuesto a tifones, lluvias intensas y otros episodios meteorológicos severos, tendrá que demostrar que el diseño, el emplazamiento y los planes de respuesta se ajustan a sus riesgos. La seguridad no se acredita con la tecnología anunciada: depende de todo el sistema que la rodea.

El diseño VVER-1200 se presenta como una tecnología más avanzada que la contemplada en la etapa inicial del proyecto. Aun así, el nombre del reactor no resuelve por sí solo preguntas sobre la preparación de los operadores, la independencia del regulador, la inspección de las instalaciones o la respuesta ante emergencias. También hacen falta protocolos claros para coordinar a las instituciones y comunicar información fiable. En el sector nuclear, una cultura de seguridad sostenida vale tanto como los equipos instalados.

La operación exige además personal preparado para tareas que no pueden improvisarse. Vietnam necesitará formar especialistas y construir capacidad nacional para supervisar a los contratistas y verificar que las normas se cumplen durante décadas. La participación de un proveedor extranjero puede acelerar la transferencia de conocimientos, pero no reemplaza la responsabilidad de las autoridades vietnamitas. El control final sobre una infraestructura crítica debe estar respaldado por instituciones capaces de ejercerlo.

También queda el desafío de gestionar el combustible usado y los residuos, junto con el mantenimiento de los reactores a lo largo de su vida operativa. El anuncio disponible no ofrece un plan completo sobre esos aspectos ni permite conocer cómo se distribuirán todas las responsabilidades. No es una razón para dar por inviable el proyecto, pero sí un recordatorio de que la decisión de construir una central compromete al país mucho más allá de la inauguración. El balance debe incluir tanto la electricidad generada como las obligaciones que permanecen después.

Ninh Thuan 2 y la búsqueda de otros socios

El mapa nuclear vietnamita incluye un segundo proyecto, Ninh Thuan 2, que durante años estuvo asociado a la participación japonesa. La reactivación del programa llevó a Hanói a explorar conversaciones con distintos países, entre ellos Japón, Corea del Sur, Francia, Estados Unidos y Rusia. La intención era volver a poner sobre la mesa opciones de tecnología y colaboración, en lugar de depender de un único interlocutor para toda la expansión nuclear.

Japón se retiró del segundo proyecto a finales de 2025, según el contexto recogido en el artículo original. Su salida dejó a Vietnam ante la necesidad de buscar otro socio y contribuyó a que las negociaciones avanzaran con más lentitud de la esperada. El Gobierno instó a cerrar el acuerdo con Moscú para Ninh Thuan 1, pero esa decisión no resuelve automáticamente el futuro de la otra planta. El avance de un proyecto no significa que toda la estrategia nuclear esté ya definida.

Las empresas estatales EVN y PetroVietnam han sido señaladas como actores centrales en la inversión de las primeras instalaciones. Su papel será relevante para convertir las decisiones políticas en contratos, financiación e infraestructura. El reparto concreto de responsabilidades, sin embargo, forma parte de los elementos que deben aclararse antes de que el programa pueda juzgarse como una iniciativa plenamente articulada. Una estrategia nacional requiere continuidad entre el Gobierno, las empresas energéticas y el regulador.

El interés de otros países también importa porque ofrece a Hanói capacidad de comparación y negociación. La tecnología, el coste, las condiciones financieras y la cooperación técnica pueden variar entre socios. Pero mantener varias opciones abiertas no elimina las limitaciones: la retirada de Japón demuestra que los compromisos internacionales pueden cambiar y que una negociación larga no garantiza un acuerdo final. La diversificación diplomática es útil solo si se traduce en proyectos viables.

Una decisión que vuelve a colocar la energía nuclear en Asia

El giro vietnamita forma parte de una reconsideración más amplia de la energía nuclear en Asia. En varios países, las preocupaciones por la seguridad del suministro y la volatilidad de los combustibles han devuelto esta tecnología al debate. La discusión no ha borrado los riesgos ni los costes, pero ha cambiado el peso relativo de las alternativas: para economías que necesitan electricidad firme, depender demasiado de combustibles importados también se percibe como una vulnerabilidad.

Vietnam no vuelve a la energía atómica porque haya encontrado una solución sencilla, barata o inmediata. El Gobierno parece considerar que el coste de aplazar durante más tiempo una decisión estructural puede ser superior al de asumir una obra compleja. Esa valoración responde a una economía que quiere seguir expandiendo su industria y a una red que debe sostener una demanda creciente. La apuesta refleja un cambio en la jerarquía de riesgos: la preocupación por la central permanece, pero se suma el temor a no disponer de electricidad suficiente y estable.

El resultado dependerá de factores que todavía no están resueltos: la financiación, el calendario, la supervisión, la formación de personal y el alcance definitivo de la cooperación rusa. También dependerá de que la energía nuclear se integre con las renovables y las demás fuentes, en vez de presentarse como sustituta única. Un sistema eléctrico robusto se construye con generación, redes y capacidad de respuesta; ningún reactor puede compensar por sí solo todos los problemas de planificación.

Ninh Thuan vuelve así a simbolizar una decisión sobre el tipo de economía que Vietnam quiere sostener en la próxima década. La firma con Rusia abre una vía y concede a Moscú un lugar duradero en un sector estratégico, pero la central aún no produce electricidad y sus condiciones económicas siguen abiertas. La noticia de fondo es el regreso de la energía nuclear a la planificación estatal vietnamita: el desafío será transformar esa voluntad en una infraestructura segura, financiable y compatible con las necesidades reales del país.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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