Síguenos

Actualidad

¿Qué revela el vídeo de Feijóo sobre los 22 millones?

Publicado

el

Qué serie citó Feijóo

España supera los 22 millones de afiliados y revive el vídeo de Feijóo que la hemeroteca ha convertido en un símbolo incómodo dentro del PP.

España ha rebasado por primera vez la barrera de los 22 millones de afiliados a la Seguridad Social, sí, pero conviene pisar suelo antes de subirse al atril. El dato oficial que cruza esa línea es el desestacionalizado, el que corrige calendario, campañas y picos propios de cada mes, y se situó en 22.010.532 afiliados en marzo. La afiliación media del mes, la cifra más reconocible para el gran público, quedó en 21.882.147. El hito existe. El matiz, también. Y en la política española, ese matiz no entra de puntillas: entra derribando la puerta.

Por eso ha vuelto con tanta fuerza aquel vídeo de Alberto Núñez Feijóo de 2023. Entonces, en plena carrera hacia La Moncloa, fijó como objetivo que España cerrara la próxima legislatura con 22 millones de afiliados. La cifra ha llegado antes, con otro Gobierno y con una hemeroteca que, como suele pasar, no olvida y tampoco perdona demasiado. Lo que en su día sonó a meta ambiciosa se ha transformado en un espejo bastante incómodo para el líder del PP. No es solo un vídeo viral: es una frase que el tiempo ha dejado a la intemperie.

El récord existe, pero no del modo en que se vendió

La clave de esta historia no está en discutir si el mercado laboral mejora o empeora, porque ahí los registros son sólidos, sino en cómo se cuenta la mejora y qué cifra se coloca en el escaparate. El dato desestacionalizado sirve para observar tendencia real, para limpiar el ruido del calendario y evitar que Semana Santa, una campaña agrícola o la temporada turística dibujen una montaña rusa engañosa. En ese terreno técnico, España ha cruzado efectivamente la barrera simbólica de los 22 millones.

Otra cosa es presentar ese número como si fuera, sin más, el total medio de afiliados del mes. Ahí el relato empieza a resbalar. Y resbala porque en el debate público se mezclan dos planos que no son idénticos: el dato útil para analizar la evolución del empleo y el dato que se convierte en titular de consumo rápido. En España, ese salto entre una cosa y la otra suele hacerse sin casco. Luego llegan los golpes.

Pedro Sánchez celebró el récord adelantándose a la publicación completa y utilizando precisamente la cifra desestacionalizada. El movimiento tenía lógica política, claro, pero también despertó críticas inmediatas por el uso del dato antes de la difusión oficial y por el modo en que se envolvió el anuncio. No cambia el fondo —el empleo sigue fuerte—, aunque sí altera la forma. Y en este país la forma nunca es solo forma; es media batalla.

Por qué reaparece ahora el vídeo de Feijóo

La frase de Feijóo importa porque no fue un comentario suelto ni una ocurrencia lanzada en mitad de un mitin. Formaba parte de su propuesta económica, de su idea de país, de su promesa de gestión. Llegar a 22 millones de afiliados era, según planteaba, la señal de una legislatura exitosa. Cuando esa misma cifra se alcanza con otro Ejecutivo, la hemeroteca hace lo suyo: no discute, no argumenta, no se enfada. Simplemente reproduce.

Una promesa que vuelve convertida en boomerang

Eso explica que el vídeo haya corrido tanto en redes y en el debate político. No necesita mucha edición ni demasiada mala leche. Basta con poner la declaración de 2023 junto al dato de 2026 para que el contraste haga el resto. La escena tiene algo casi teatral: un dirigente fija una meta pensando que la cumplirá él y acaba viéndola celebrada por su adversario. La política, a veces, tiene el humor de un funcionario con resaca.

A partir de ahí, el choque era inevitable. Desde el entorno del Gobierno y desde la izquierda se ha utilizado ese vídeo como prueba de que el PP no sabe muy bien cómo reaccionar cuando la realidad económica le estropea el discurso. Desde el PP, en cambio, se insiste en que el Gobierno cocina el relato y presenta las cifras de la manera que más le conviene. Lo interesante es que ambos bandos, a su manera, tocan una parte de verdad. El récord laboral existe. El uso político del récord, también.

Lo que cuentan de verdad los números del empleo

Si uno aparta un momento el ruido partidista, marzo deja una fotografía bastante robusta. La afiliación media subió en más de 211.000 personas respecto a febrero y el aumento interanual superó el medio millón de ocupados. El paro registrado, además, bajó en casi 23.000 personas y cerró en su nivel más bajo para un mes de marzo en muchos años. No son fuegos artificiales de un día ni una casualidad de calendario. Hay una tendencia de fondo bastante clara: más gente trabajando, más cotizantes y menos paro registrado.

El sector servicios vuelve a empujar con fuerza, como es lógico en una economía donde el turismo pesa mucho, pero no está solo en la foto. También mejoran construcción, industria y ramas de alto valor vinculadas a tecnología, logística y consultoría. Es decir, el empleo crece en los motores clásicos y también en segmentos que apuntan a un tejido productivo algo más diversificado que el de hace una década. No es una revolución industrial, de acuerdo. Tampoco es poca cosa.

El mercado laboral ya no se parece al de hace quince años

Hay otra transformación menos estridente, pero decisiva: quién sostiene ese crecimiento. La afiliación femenina marca récord y la afiliación extranjera vuelve a situarse en máximos. El mercado laboral español se ha vuelto más plural, más internacional y más resistente de lo que era en la etapa posterior a la gran crisis financiera. Aquel país que destruía empleo como quien apaga luces ya no encaja del todo con la España actual.

Eso no significa que todo esté resuelto. Significa otra cosa, más sencilla y más incómoda para ciertos discursos: que el empleo ha mejorado de forma tangible aunque persistan problemas serios. Se puede celebrar un récord y, al mismo tiempo, admitir que una parte de la población sigue atrapada entre sueldos ajustados, alquileres imposibles y sensación de fragilidad. Una cosa no borra la otra. Lo que pasa es que el debate político español prefiere casi siempre elegir una sola y gritarla muy fuerte.

El viejo choque entre cantidad y calidad del empleo

Aquí aparece el argumento que el PP lleva tiempo repitiendo: no basta con mirar el número total de afiliados porque eso no dice todo sobre la calidad del empleo. La crítica se ha centrado a menudo en los fijos discontinuos, en la parcialidad, en las horas reales trabajadas y en la idea de que parte de la precariedad ha cambiado de traje sin salir realmente de escena. No es una observación absurda. Reducir la temporalidad no equivale a convertir automáticamente el mercado laboral en un jardín bien regado.

Y sin embargo, tampoco se sostiene la caricatura contraria, esa que sugiere que todo es maquillaje. El peso del empleo indefinido ha aumentado de forma muy visible en los últimos años y la temporalidad ha caído con fuerza. La reforma laboral no ha obrado milagros, pero sí ha cambiado bastante la arquitectura de contratación. Para mucha gente, eso se traduce en algo muy concreto: menos saltos entre contratos de usar y tirar, menos incertidumbre en el corto plazo, algo más de estabilidad. No suena épico. Suele ser más útil que lo épico.

Estabilidad mayor no significa vida resuelta

El problema es que un mercado laboral mejor no arregla, por sí solo, el resto de desequilibrios sociales. Tener contrato indefinido ayuda; no convierte un alquiler de 1.200 euros en algo razonable. Cotizar más meses al año ordena una biografía; no hace que la cesta de la compra deje de morder. De ahí que el Gobierno pueda exhibir cifras sólidas y, al mismo tiempo, arrastrar desgaste social. El empleo mejora, pero la percepción cotidiana no siempre acompaña al dato macroeconómico. Ahí es donde la política se vuelve más áspera y menos estadística.

Afiliados no es lo mismo que ocupados

Otro matiz que suele desaparecer en mitad del estruendo es la diferencia entre afiliación y ocupación. La Seguridad Social trabaja con registros administrativos de personas dadas de alta y cotizando. La EPA, en cambio, mide la ocupación mediante encuesta. Son dos lentes distintas. No se contradicen necesariamente, pero no cuentan exactamente lo mismo ni lo hacen del mismo modo. Confundir ambas cifras es una costumbre nacional bastante asentada, casi un deporte de barra de bar.

Lo relevante es que ambas fotografías apuntan en una dirección compatible: la economía española ha seguido generando empleo y lo ha hecho con una intensidad superior a la que muchos pronosticaban. También el crecimiento del PIB ha acompañado. Eso no obliga a nadie a aplaudir al Gobierno con las orejas, pero sí complica los relatos apocalípticos. Presentar este momento laboral como una ficción sostenida con hilo y pegamento ya no resulta demasiado verosímil.

Lo que deja esta pelea entre datos y hemeroteca

La historia de los 22 millones de afiliados no es solo una buena noticia económica ni solo una trifulca entre Gobierno y oposición. Es, sobre todo, una escena bastante reveladora sobre cómo funciona la política cuando tropieza con sus propias palabras. Feijóo convirtió esa cifra en una meta deseable, casi en una vara de medir. El tiempo, con su mala costumbre de seguir corriendo aunque nadie le dé permiso, ha devuelto esa frase convertida en munición.

Queda una lección bastante clara. España puede exhibir un mercado laboral más fuerte, más amplio y más estable que hace unos años, y al mismo tiempo mantener abiertos problemas de precariedad, coste de vida y acceso a la vivienda que impiden cualquier triunfalismo completo. El dato firme está ahí. El malestar social, también. Y entre una cosa y la otra, la hemeroteca ha hecho lo que mejor sabe hacer: recordar que en política no hay frase inocente. Hay frases que esperan. Luego vuelven. Y cuando vuelven, suelen llegar afiladas.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído