Viajes
Por qué el viaje por carretera conquista a más viajeros en España
Más flexibilidad y escapadas a medida impulsan una forma de viajar que también exige calcular gastos y distancias.

Recorrer España en coche gana atractivo porque permite combinar destinos, cambiar el itinerario sobre la marcha y descubrir lugares que quedan fuera de las rutas más transitadas. A esa libertad para organizar cada etapa se suman las escapadas de proximidad, el interés por los entornos rurales y una preferencia creciente por viajes que se adaptan al ritmo de cada persona o familia.
Los datos disponibles apuntan a un cambio de hábitos, aunque no significan que el automóvil haya sustituido al tren o al avión en todos los viajes. Skyscanner sitúa a España como el destino preferido por los viajeros españoles para alquilar un coche durante sus vacaciones, y una encuesta de la plataforma indica que el 93 % de quienes alquilan un vehículo lo hacen por la libertad y la practicidad. El auge responde, sobre todo, a una manera más personal y flexible de recorrer el destino, no a una única razón.
Un viaje que se adapta al viajero
En un itinerario convencional, los horarios de transporte y las reservas marcan buena parte del día. Con un coche, el viajero puede decidir cuánto tiempo dedica a cada parada, cambiar de plan si el tiempo empeora o prolongar la estancia en un lugar que le interesa. Esa autonomía hace que el trayecto deje de ser un intervalo entre dos puntos y pase a formar parte de la experiencia: una carretera secundaria, una parada para comer o una visita improvisada pueden adquirir tanto peso como el destino principal.
La flexibilidad también explica que el coche encaje en viajes de estilos muy distintos. Hay quien prefiere avanzar cada día y quien organiza una base para explorar los alrededores sin mudarse continuamente. En ambos casos, el margen para ajustar el ritmo reduce la sensación de seguir un programa rígido. La ventaja no consiste en que todo sea espontáneo, sino en que el itinerario admite cambios sin depender de una conexión concreta.
Ese control resulta especialmente útil cuando se viaja en familia o con equipaje voluminoso. No hay que ajustarse del mismo modo a las restricciones de una maleta de cabina ni coordinar cada desplazamiento con el transporte disponible en destino. Una encuesta de Airbnb y CUPRA sobre millennials en España encontró que el 61 % prefería el automóvil para viajar, frente al 24 % que optaba por el tren y el 11 % por el avión. El estudio también señala como motivos el control de las rutas alternativas y la posibilidad de llevar más equipaje, razones citadas por el 44 % y el 39 %, respectivamente.
La proximidad favorece las escapadas por carretera
Una parte del atractivo está en poder salir durante un fin de semana o un puente sin convertir el desplazamiento en el centro de toda la planificación. El estudio de Airbnb citado en el sector registró un crecimiento del 27 % en las noches reservadas en destinos españoles de proximidad situados en un radio de 480 kilómetros durante los cinco años analizados. No es una medida de todos los viajes en coche, pero sí refleja el interés por escapadas en las que el trayecto terrestre permite llegar a lugares cercanos y repartir la estancia de otra manera.
Los destinos rurales y no urbanos ocupan un lugar destacado en esa tendencia. Según la misma investigación, el 89 % de los millennials consultados elegiría un destino no urbano y el 76 % ya hacía ese tipo de viajes con frecuencia. La búsqueda de calma, naturaleza o tiempo en familia se combina con la posibilidad de visitar varios pueblos o espacios durante una sola salida. Así, el coche funciona como un enlace entre alojamientos y actividades que pueden quedar dispersos, en lugar de limitar la visita a un único núcleo urbano.
La dispersión se observó también en las reservas estivales de 2024: más de 3.700 ciudades y pueblos españoles registraron reservas en alojamientos de Airbnb, un 6 % más que en el mismo periodo del año anterior. El dato describe la actividad de esa plataforma, no todo el turismo nacional, pero ayuda a entender la expansión de las escapadas hacia localidades pequeñas. En ese mismo ámbito, siete de cada diez noches reservadas por familias dentro de España se situaban fuera de áreas urbanas de alta densidad. El viaje por carretera se beneficia de esa preferencia por destinos repartidos y menos urbanos.
Alquilar permite viajar sin tener coche propio
La tendencia no se limita a quienes conducen su propio vehículo. El alquiler amplía las opciones para viajeros que llegan a una ciudad o a una isla en otro medio de transporte y quieren recorrer después el entorno por carretera. De acuerdo con los datos de búsqueda de Skyscanner, España encabeza las preferencias de los viajeros nacionales para alquilar un coche en vacaciones. En la encuesta de la plataforma, además, el 12 % de los usuarios reservaba el vehículo apenas 24 horas antes de iniciar el viaje, una señal de que parte de la demanda se organiza con poca antelación.
Las cifras de precios ofrecen una referencia, pero no un presupuesto cerrado. Skyscanner situaba el coste medio diario del alquiler en España en 24,98 euros; en Italia, en 27,77 euros; y en Portugal, en 20,52 euros. Son promedios recogidos en la información disponible y pueden variar según fechas, lugar de recogida, tipo de vehículo y condiciones de reserva. Tampoco representan el coste completo de un viaje: el alquiler es solo una parte del gasto, al que pueden sumarse combustible, peajes, aparcamiento, alojamiento y otros cargos.
Por eso, la idea de que conducir siempre resulta más barato necesita matices. Puede facilitar un viaje compartido entre varias personas o el acceso a destinos con menos conexiones, pero el ahorro depende de la distancia, la ocupación del coche y el precio total de cada servicio. La comparación relevante no es solo entre una tarifa diaria y un billete, sino entre el conjunto de desplazamientos y necesidades de la ruta. La percepción de un coste más competitivo ayuda a impulsar el formato, aunque la flexibilidad no garantiza por sí sola un menor desembolso.
España concentra la demanda, pero crecen otros destinos
El interés por alquilar un coche se extiende también a los viajes internacionales. Entre los países que registraron los mayores aumentos interanuales en búsquedas aparecen Albania, con un 91 %; Croacia, con un 90 %; y Canadá, con un 80 %. Son variaciones de interés de búsqueda, no necesariamente incrementos equivalentes en viajeros o reservas confirmadas. La diferencia importa: buscar más un destino indica que despierta atención, pero no permite concluir que todas esas búsquedas se traduzcan en viajes.
Portugal y Grecia sobresalen entre las opciones que ganan demanda entre los viajeros españoles. Las reservas de vehículos en Portugal aumentaron un 48 % y en Grecia, un 58 %, según los datos citados por Skyscanner; Italia registró un crecimiento del 36 %. Junto a esos países, entre los mercados con volumen de reservas figuran Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Marruecos, Alemania, Colombia y España. La combinación de ciudades, costas e interiores hace que el coche permita enlazar zonas distintas sin depender de un único punto de estancia.
Dentro de España, Madrid y Barcelona figuran entre los lugares donde más alquilan vehículos los viajeros nacionales, junto con Palma, Tenerife, Sevilla, Menorca, Málaga, Gran Canaria e Ibiza. En el extranjero, aparecen destinos como Tirana, París, Roma, Venecia, Londres, Palermo, Bucarest, Madeira, Edimburgo y Marrakech. La relación mezcla ciudades, islas y regiones con perfiles diferentes; no describe una sola clase de viaje. Lo que comparten es que el vehículo puede ampliar el radio de movimiento una vez que el visitante llega a su destino.
Las generaciones jóvenes y las familias impulsan el cambio
Los datos sobre millennials retratan una generación para la que el coche vuelve a ocupar un lugar importante en vacaciones, pese a que durante años se asociara más a la vida cotidiana que a la experiencia turística. En la investigación de Airbnb y CUPRA, el 87 % de los participantes decía viajar varias veces al año y el 56 % planeaba utilizar aún más el automóvil para viajar en 2025. Es una intención declarada en un estudio concreto, no una garantía de que ese aumento se haya producido en todos los grupos o destinos.
El formato también encaja con las necesidades de las familias: permite llevar objetos para distintas edades y evita algunos traslados con niños y equipaje. La posibilidad de hacer pausas, cambiar el horario de salida y ajustar la jornada puede resultar más cómoda que encadenar conexiones. Según el estudio, un 34 % de los millennials estaba dispuesto a conducir hasta cinco horas para llegar a su destino y un 31 % contemplaba trayectos de hasta ocho horas. Esos porcentajes muestran disposición declarada, no que esas distancias sean adecuadas para cualquier viaje.
El auge no se explica únicamente por la comodidad. La investigación señala que la mitad de los encuestados tenía muy en cuenta el impacto ambiental al elegir cómo viajar, mientras que un 30 % se planteaba utilizar vehículos más eficientes, como híbridos o eléctricos. Esa combinación revela una tensión relevante: la preferencia por el coche puede convivir con la preocupación por las emisiones, pero no la resuelve automáticamente. La evolución hacia vehículos menos contaminantes aparece como parte de la respuesta que algunos viajeros consideran, no como prueba de que cualquier viaje por carretera tenga un impacto ambiental reducido.
El itinerario también nace en las redes sociales
La planificación de rutas ya no depende solo de mapas, guías o recomendaciones cercanas. El informe de RateHawk describe cómo los contenidos de redes sociales, incluida TikTok, inspiran recorridos que incorporan restaurantes, monumentos, pequeños comercios y lugares alejados de los circuitos habituales. Una imagen puede despertar el interés por una parada concreta; el coche facilita después incorporarla a un itinerario con otros puntos de la zona.
Este modo de descubrir destinos cambia el mapa turístico de una forma gradual. En vez de viajar únicamente a una ciudad conocida y concentrar allí todas las visitas, algunos viajeros organizan jornadas con paradas variadas o buscan enclaves menos presentes en las rutas tradicionales. El atractivo no reside solo en encontrar un sitio poco concurrido, sino en poder construir un recorrido propio y conectar experiencias distintas. De ahí que la personalización sea parte central del viaje, no un detalle añadido al transporte.
La inspiración digital también puede crear expectativas que no coinciden con la realidad de una ruta. Una parada popular puede requerir tiempo, reservas o desvíos, y las distancias que parecen pequeñas en una pantalla condicionan la duración efectiva de la jornada. La libertad del coche ayuda a modificar el plan, pero no elimina el tiempo de conducción ni convierte cada lugar compartido en una visita sencilla. El viaje gana atractivo cuando la ruta se organiza con margen, no cuando se intenta reproducir al minuto una secuencia de imágenes.
Un sector que prevé seguir creciendo
Las previsiones empresariales apuntan a que el mercado mundial de los viajes por carretera podría pasar de 90.440 millones de dólares en 2025 a más de 138.000 millones en 2034, según una estimación de Sojern. Se trata de una proyección, no de un resultado ya alcanzado, y depende de cómo evolucionen la demanda, la economía y las formas de viajar. Aun así, ayuda a situar el interés actual dentro de un cambio más amplio: el sector ve oportunidades en quienes buscan autonomía y experiencias configuradas a medida.
La misma tendencia incluye tanto a viajeros jóvenes como a familias y no se limita a las vacaciones largas. Las escapadas de fin de semana, los puentes y los desplazamientos hacia entornos no urbanos amplían los momentos en los que el vehículo puede resultar útil. También explican por qué el alquiler gana protagonismo: viajar por carretera ya no exige necesariamente disponer de coche propio, y el viaje puede combinar varios medios antes de empezar la parte del recorrido que se hace al volante.
El crecimiento, sin embargo, no significa que el automóvil sea la opción adecuada para cualquier destino o presupuesto. El tráfico, el aparcamiento, los gastos acumulados y el tiempo de conducción forman parte de la experiencia tanto como la libertad para detenerse. En ciertos viajes, el tren o el avión pueden resolver mejor el desplazamiento principal; en otros, el coche permite enlazar lugares que de otro modo exigirían más coordinación. La expansión del viaje por carretera refleja, en definitiva, una demanda de más control sobre el tiempo y el recorrido, no la desaparición de las demás formas de viajar.
La libertad del recorrido también tiene límites
El coche transforma la relación con el destino porque da margen para decidir cuándo parar y qué lugares conectar. Esa ventaja explica buena parte de su atractivo en un país donde los viajeros pueden combinar paisajes, pueblos y ciudades dentro de una misma ruta. Pero la autonomía no equivale a improvisación ilimitada: las reservas, las distancias y el coste de cada etapa siguen pesando, y un itinerario demasiado ambicioso puede convertir la carretera en una sucesión de horas al volante.
Por eso, el auge de esta forma de viajar se entiende mejor como una búsqueda de equilibrio. Los viajeros valoran la flexibilidad, el equipaje sin tantas restricciones y la posibilidad de alejarse de los centros más concurridos, mientras que el mercado responde con más alquileres y una oferta que conecta destinos variados. La promesa no es que conducir sea siempre más rápido, barato o sostenible, sino poder decidir con mayor margen cómo se vive el trayecto. En esa diferencia entre trasladarse y recorrer está buena parte de la razón por la que el viaje por carretera gana terreno en España.

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