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¿Cómo quiere el Vaticano hacer historia en los Óscar con Green Lava?
Green Lava lleva al Vaticano por primera vez a la carrera de los Óscar con la historia de Giacomo Mattivi, un joven con distrofia muscular grave.

Resumen
- El Vaticano busca su primera nominación al Óscar con Green Lava
- El corto cuenta la vida de Giacomo Mattivi y su distrofia muscular
- Se proyectará siete días en Beverly Hills para cumplir la elegibilidad
El Vaticano entrará por primera vez en la carrera de los premios Óscar con Green Lava, un cortometraje documental de 39 minutos que sigue la vida de Giacomo Mattivi, un joven italiano con distrofia muscular de Duchenne. La película se proyectará del 18 al 24 de septiembre en Beverly Hills antes de que sus responsables completen la inscripción para optar a una nominación en la categoría de mejor cortometraje documental.
Es un movimiento inédito en la relación entre la Santa Sede y los premios de la Academia. Pero conviene afinar el dato: el Vaticano no acudirá como país con una candidatura oficial al estilo de las películas que compiten por el Óscar internacional. En los cortometrajes documentales el procedimiento es distinto y no exige el respaldo formal de un Gobierno o de un comité nacional.
Green Lava, la película que lleva al Vaticano hasta Hollywood
Green Lava está dirigida por Lia Beltrami y Ali Aksu y cuenta la historia de Giacomo Mattivi desde un terreno bastante alejado de los grandes discursos institucionales. Aquí no hay salones pontificios, ceremonias solemnes ni cardenales atravesando mármol. Hay una familia, una enfermedad dura y las montañas de los Dolomitas.
Giacomo vive con distrofia muscular de Duchenne, una enfermedad genética que provoca una degeneración muscular progresiva y que puede afectar también a las funciones respiratoria y cardiaca. Su hermano Mattia padecía la misma enfermedad y murió antes que él. Esa ausencia atraviesa el documental, aunque la película pretende escapar de una mirada construida únicamente alrededor del sufrimiento.
El relato observa cómo Giacomo continúa su vida después de perder a Mattia, desafía algunas de las limitaciones asociadas a su enfermedad y encuentra apoyo en las personas que viven a su alrededor. Los Dolomitas, más que un bonito telón de fondo, forman parte de esa idea: naturaleza, comunidad, dependencia mutua e independencia personal conviven continuamente.
Beltrami conoce bien ese paisaje humano. Vive en el mismo pueblo que Giacomo y su familia y ha explicado que la reacción de los vecinos ante el joven, basada en una inclusión cotidiana y poco ceremoniosa, fue uno de los motores del proyecto. Precisamente ahí está uno de los argumentos centrales de Green Lava: la discapacidad aparece como parte de una vida concreta, no como un decorado sentimental colocado para emocionar al espectador.
Una historia nacida mucho antes de la carrera por el Óscar
La relación entre Giacomo y los medios del Vaticano no ha aparecido de repente porque Hollywood llame a la puerta. En 2024, Radio Vaticana ya dedicó un podcast a Mattivi, entonces de 21 años, en el que hablaba de la enfermedad, de su familia y del deseo de utilizar su propia experiencia para ayudar a otras personas.
También entonces se conocía la preparación de Green Lava. Giacomo explicaba que quería mostrar una realidad de la discapacidad que muchas veces se contempla desde fuera, casi como un continente lejano. El documental fue creciendo a partir de esa experiencia personal hasta convertirse en una producción preparada para buscar recorrido internacional.
La película ha sido producida por la compañía de Beltrami, Emotions to Generate Change, en colaboración con Vatican News, Radio Vaticana y Vatican Media. Paolo Ruffini, responsable del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, ha defendido su difusión internacional por la manera en que muestra la vida, la amistad y las relaciones construidas alrededor de una persona marcada por una enfermedad grave.
Por qué Green Lava puede entrar en la carrera de los Óscar
Aquí Hollywood se vuelve bastante menos espiritual y mucho más reglamentario. Para que una película pueda llegar a una nominación primero tiene que cumplir las normas de elegibilidad de la Academia. Y Green Lava ha elegido precisamente una de las vías previstas para los cortometrajes documentales.
Las reglas de los 99.º premios Óscar consideran cortometraje una producción de 40 minutos o menos, créditos incluidos. Green Lava dura 39. Por poco, pero dentro.
La Academia permite además que un documental corto obtenga la elegibilidad mediante una exhibición comercial de al menos siete días consecutivos en determinadas áreas metropolitanas de Estados Unidos, entre ellas el condado de Los Ángeles. Debe proyectarse al menos una vez cada día durante ese periodo. La ventana de elegibilidad de esta edición termina el 30 de septiembre de 2026.
Siete días en Beverly Hills que resultan decisivos
Green Lava estará en cartel del 18 al 24 de septiembre en el Lumiere Music Hall de Beverly Hills, dentro del condado de Los Ángeles. Son exactamente siete jornadas consecutivas. La primera proyección está anunciada para el viernes 18 de septiembre y después habrá pases diarios.
Una vez completada esa exhibición, el equipo prevé terminar la documentación necesaria para presentar formalmente el cortometraje a consideración de la Academia. Para las películas que obtienen su clasificación durante el periodo comprendido entre julio y septiembre, el plazo definitivo de inscripción en las categorías de cortometrajes termina el 8 de octubre de 2026.
Eso significa que, a fecha del 16 de septiembre, Green Lava todavía no está nominada. Ni siquiera debe confundirse una inscripción con una candidatura final. Primero necesita completar el proceso de elegibilidad, después entrar formalmente en consideración y superar las distintas votaciones de la rama documental de la Academia.
La diferencia no es menor. En temporada de premios, la distancia entre buscar el Óscar y sentarse finalmente en el Dolby Theatre puede ser kilométrica.
El Vaticano no competirá como si fuera Italia o España
La peculiaridad del caso ha provocado cierta confusión. No estamos ante una candidatura nacional semejante a las que cada país presenta para el Óscar a mejor película internacional.
En aquella categoría existe un procedimiento específico: cada territorio selecciona su representante mediante un comité autorizado. En cambio, los cortometrajes documentales pueden entrar en consideración cumpliendo directamente los requisitos establecidos por la Academia. Por eso Green Lava puede estar vinculada al Vaticano sin convertirse técnicamente en la película oficial del Estado de la Ciudad del Vaticano.
Es un matiz burocrático, sí, aunque decisivo. Lo histórico es que una producción realizada con la participación de los principales medios de comunicación de la Santa Sede entre por primera vez en el proceso de los premios Óscar.
De los Dolomitas a Beverly Hills
La elección de Green Lava también dice bastante sobre el tipo de película con la que el Vaticano ha decidido estrenarse en este territorio. No es un documental sobre un papa, un episodio de la historia de la Iglesia o los rincones secretos de la Santa Sede. Tampoco una superproducción religiosa. El protagonista es Giacomo Mattivi, y la cámara se queda cerca de su vida.
Su enfermedad impone límites físicos muy severos, pero la película busca precisamente discutir esa costumbre de definir a una persona exclusivamente a través de sus limitaciones. En ese juego aparece la comunidad que rodea a Mattivi: familiares, amigos, vecinos, montaña. Una especie de red invisible que sostiene cuando el cuerpo empieza a poner condiciones.
Hay algo casi paradójico en el viaje. Una historia nacida en una pequeña comunidad de los Dolomitas italianos aterriza en Beverly Hills, uno de los escaparates más reconocibles de la industria cinematográfica mundial. Del silencio de las montañas a la maquinaria de Hollywood; poca distancia en un mapa digital, un pequeño abismo cultural en la vida real.
La primera aventura del Vaticano en la carrera de Hollywood
El siguiente objetivo de Green Lava no es ganar un Óscar, todavía queda mucho para semejante frase, sino conseguir entrar formalmente en la competición y sobrevivir al proceso de selección de la Academia. Los 99.º premios Óscar se celebrarán el 14 de marzo de 2027 en el Dolby Theatre de Hollywood.
Antes llegará la selección de candidaturas y, bastante antes, la dura criba entre las producciones elegibles. Que el documental consiga finalmente una nominación está por ver. Lo que ya resulta excepcional es el punto de partida: por primera vez, el aparato audiovisual del Vaticano ha decidido colocar una de sus historias en el mismo circuito que alimenta la temporada de premios estadounidense.
Y lo hace sin epopeyas bíblicas ni grandes nombres. Un joven llamado Giacomo, una silla de ruedas, una familia y las montañas han terminado abriendo una puerta que la Santa Sede nunca había atravesado. Hollywood tiene esas ironías.












