Síguenos

Salud

Extremadura cierra la campaña de gripe con menos presión

Menos circulación de virus y más dosis administradas dibujan el balance de la campaña extremeña.

Publicado

el

vacunación con gripe bajo mínimos

Extremadura cerró el 6 de febrero de 2026 su campaña de vacunación de otoño e invierno con la gripe en nivel bajo, el virus respiratorio sincitial (VRS) en descenso y sin presión atribuida al covid en centros de salud y hospitales. La calma de los indicadores coincidió con una campaña que, lejos de quedarse corta, administró más dosis que en el mismo tramo del año anterior: el descenso de los contagios no significa que la vacunación haya terminado bajo mínimos.

La última actualización disponible, correspondiente a la semana del 26 de enero al 1 de febrero, registró una caída de la gripe en Atención Primaria, de 21,93 a 13,98 casos por cada 100.000 habitantes. La tasa del VRS bajó de 142,56 a 69,88. En los hospitales también descendieron los ingresos graves asociados a ambos virus, una evolución que ayuda a explicar por qué el dispositivo estacional pudo cerrar después de una prórroga de varios días.

Una curva que bajó después de un enero intenso

El final tranquilo no describe toda la temporada. A mediados de enero, la tasa de gripe en Atención Primaria había llegado a 152 casos por cada 100.000 habitantes, tras triplicar el registro de la semana anterior. La caída posterior fue pronunciada: en la semana 5, el indicador se situó en 13,98. La fotografía del cierre se entiende mejor al compararla con ese pico reciente, no como si el invierno hubiera transcurrido sin circulación del virus.

Los datos de hospitalización refuerzan esa lectura. En una semana, la tasa de ingresos por gripe grave pasó de 6,20 a 1,23 por cada 100.000 habitantes. La correspondiente al VRS descendió de 9,31 a 6,13. Son tasas poblacionales, no un recuento directo de pacientes, pero reflejan una menor carga de enfermedad grave y, con ella, menos presión potencial sobre urgencias y camas hospitalarias.

La vigilancia combina lo que ocurre en las consultas con lo que llega al hospital porque ambas medidas cuentan historias distintas. La incidencia en Atención Primaria sirve para seguir la circulación de los virus respiratorios; los ingresos ayudan a observar su impacto más severo. Que las dos curvas bajen a la vez ofrece una señal más completa que una reducción aislada de los casos atendidos en los centros de salud.

El término nivel bajo describe la situación epidemiológica registrada en ese periodo, no la desaparición de la gripe. Las infecciones pueden seguir produciéndose y los indicadores semanales pueden cambiar. Por eso, el cierre de una campaña estacional no equivale a declarar que los virus han dejado de circular ni a suspender la vigilancia sanitaria.

El cierre responde a la evolución de los virus, no a una falta de dosis

La campaña estaba prevista hasta el 31 de enero, aunque podía prolongarse si la situación epidemiológica lo aconsejaba. El Servicio Extremeño de Salud la extendió hasta el 6 de febrero para mantener abierta la oportunidad de vacunarse a los grupos recomendados y dar margen a quienes todavía no lo habían hecho. El calendario se ajustó, por tanto, a una decisión de protección y organización, mientras los datos de circulación y gravedad iban cambiando.

El balance de dosis contradice la idea de una campaña con una vacunación testimonial. El 29 de enero, la Junta comunicó 272.429 dosis administradas, 15.085 más que en el mismo periodo de la temporada anterior. Al cierre de enero, el acumulado había subido a 272.893, frente a las 258.164 registradas en el mismo tramo del año previo. La diferencia entre ambos balances responde a sus fechas de corte: durante los días siguientes al primer recuento se siguieron administrando vacunas.

La campaña había comenzado el 14 de octubre de 2025 y movilizó una infraestructura que no se reduce a la compra de dosis. El Servicio Extremeño de Salud adquirió 275.300 vacunas antigripales por 3.942.303 euros. A esa previsión se suman distribución, conservación, personal y horarios, además de la coordinación de los puntos de vacunación. Es el trabajo menos visible que permite que una vacuna esté disponible antes de que los contagios alcancen su máximo.

Por eso, el título de una campaña que acaba con la gripe en niveles bajos puede llevar a confusión si se interpreta como una cifra de cobertura mínima. Los datos ofrecidos describen, por un lado, la evolución de la enfermedad y, por otro, el total de dosis administradas. Una cosa es que haya menos gripe al terminar la temporada y otra, muy distinta, que se hayan vacunado pocas personas; en Extremadura, el acumulado fue superior al del año anterior en los cortes comparables.

Quiénes estaban incluidos y por qué se vacunó también a niños

La recomendación frente a la gripe se dirigió a personas de 60 años o más, pacientes con enfermedades crónicas, embarazadas y convivientes de personas inmunodeprimidas. También incluyó a profesionales sanitarios y sociosanitarios y a trabajadores expuestos a animales. El criterio busca proteger a quienes tienen más posibilidades de sufrir complicaciones y a quienes, por su actividad o convivencia, pueden tener un papel relevante en la transmisión.

Para el covid, la recomendación de esa campaña se concentró en personas de 70 años o más y en grupos con condiciones clínicas de riesgo, como quienes han recibido un trasplante, tienen inmunosupresión o padecen enfermedades crónicas graves. También comprendió a embarazadas, residentes en centros sociosanitarios, personal sanitario y convivientes de personas vulnerables. Los grupos destinatarios no eran idénticos para ambos virus, aunque en algunas personas podían coincidir.

La campaña antigripal amplió además la vacunación infantil a niños desde los seis meses hasta los cinco años. La razón no se limita a proteger a cada menor: reducir la circulación en edades con mucho contacto cotidiano puede ayudar a disminuir cadenas de contagio en hogares y comunidades. Guarderías, colegios y reuniones familiares conectan a los niños con adultos mayores o personas vulnerables, para quienes una infección respiratoria puede tener consecuencias más serias.

La forma de administrar la vacuna también variaba con la edad. En los más pequeños se utilizó la formulación intramuscular, mientras que a partir de los 24 meses se ofreció la opción intranasal. Para las personas de 60 años o más, Extremadura implantó de forma universal una vacuna antigripal de alta carga, con el propósito de reforzar la protección frente a cuadros graves y hospitalizaciones. La campaña combinó así distintas formulaciones según el perfil de la población, en lugar de aplicar una única solución a todas las edades.

Cuando estaba indicada la inmunización frente a la gripe y el covid, ambas vacunas podían administrarse en el mismo acto. Esa posibilidad reduce la necesidad de organizar citas separadas y facilita que una persona elegible complete la protección recomendada en una sola visita. Para una nueva dosis contra el covid, la campaña contemplaba un intervalo mínimo de tres meses desde la última dosis o desde la infección, según la información facilitada para ese periodo.

Las tardes sin cita acercaron la vacunación a más personas

Una de las medidas que ayudó a elevar el número de dosis fue habilitar sesiones vespertinas sin cita previa. La Junta atribuyó a este formato 9.808 vacunas administradas. El horario amplió las posibilidades para quienes no podían acudir por la mañana o tenían dificultades para encajar una cita en su jornada. La accesibilidad también forma parte de la cobertura: una vacuna disponible resulta menos útil si el horario o el trámite impiden llegar hasta ella.

Una de esas jornadas se celebró el 22 de enero, de 16:30 a 19:30, con puntos en el hospital de Coria y en centros de salud de Navalmoral de la Mata, Plasencia, Cáceres, Badajoz, Mérida, Almendralejo, Zafra, Villanueva de la Serena y Don Benito. La distribución buscaba acercar el servicio a distintas zonas de la región. Para acudir se solicitaban el DNI y la tarjeta sanitaria o de mutualista.

En esas tardes también se facilitó la vacunación contra la gripe de niños de entre seis meses y cinco años. Para los de dos a cinco años podía utilizarse la administración intranasal, una alternativa sin aguja que puede hacer más sencilla la experiencia para algunas familias. El cambio de formato no altera el objetivo sanitario, pero sí puede influir en que la inmunización resulte más accesible para los menores y sus cuidadores.

El balance de 9.808 dosis atribuidas a esas sesiones muestra el efecto de una medida práctica, aunque no permite atribuir a un único factor todo el aumento anual. La diferencia respecto a la temporada anterior también depende de la evolución de la campaña, del acceso a los puntos y de la respuesta de las personas incluidas en las recomendaciones. La vacunación es una decisión individual dentro de una estrategia colectiva, no un resultado que pueda explicarse solo por la disponibilidad de una tarde sin cita.

El VRS también pesa en la temporada respiratoria

El VRS suele asociarse a la bronquiolitis infantil, pero su impacto no se limita a los bebés. Puede provocar cuadros graves en personas vulnerables y sumar presión hospitalaria cuando coincide con la gripe. En la semana 5, la tasa en Atención Primaria cayó de 142,56 a 69,88 casos por cada 100.000 habitantes; en los ingresos hospitalarios, bajó de 9,31 a 6,13. El retroceso simultáneo de gripe y VRS contribuyó a aliviar la carga respiratoria al final de la campaña.

En niños pequeños, una infección por VRS puede empezar con síntomas respiratorios que parecen leves y evolucionar a bronquiolitis. En los hospitales, ese tipo de complicación puede requerir atención y aumentar la demanda asistencial. Las tasas de vigilancia no permiten deducir el estado de cada paciente, pero sí ayudan a detectar si el virus está ganando o perdiendo presencia en la comunidad y en los ingresos graves.

Extremadura incorporó también una medida específica de inmunización frente al VRS para personas de 60 años o más institucionalizadas en residencias y para trasplantados de pulmón. No era una campaña general para toda la población, sino una intervención dirigida a perfiles considerados especialmente vulnerables. Su alcance más limitado no resta importancia al virus: refleja que las estrategias de prevención pueden variar según el riesgo y el grupo al que se destinan.

La vigilancia del VRS ayuda a explicar por qué el balance de una temporada no se mide únicamente con los casos de gripe. Varios virus respiratorios pueden circular al mismo tiempo y afectar a grupos distintos, aunque compartan consultas, urgencias y camas. Cuando uno baja, pero otro se mantiene alto, el alivio para el sistema puede ser parcial; en la semana analizada, ambos indicadores principales descendieron.

Menos presión por covid no significa que el virus haya desaparecido

La situación regional describía un impacto nulo del covid en centros de salud y hospitales en ese momento. La expresión se refería a la presión observada sobre la red asistencial, no a la erradicación del virus ni a la imposibilidad de nuevos casos. La diferencia importa: un virus puede seguir presente sin provocar entonces una carga comparable a la de otros periodos.

La estrategia de vacunación frente al covid se había adaptado a un escenario distinto del de los primeros años de la pandemia. En la campaña 2025-2026, la recomendación se dirigió especialmente a mayores de 70 años y personas con factores clínicos de riesgo, además de otros grupos vulnerables. También se contempló la administración en distintos momentos del año cuando correspondiera, respetando el intervalo mínimo de tres meses indicado desde una dosis anterior o una infección. El calendario se ajusta a la protección de quienes tienen mayor riesgo, en lugar de proponer la misma pauta a toda la población.

El Ministerio de Sanidad asignó a Extremadura 115.000 dosis de una formulación para adultos, además de vacunas pediátricas y minipediátricas y una cantidad de vacuna de proteína. Estos suministros forman parte de la planificación que permite mantener el programa y atender a los grupos recomendados. En paralelo, la región renovó durante una semana la recomendación de usar mascarilla en centros sanitarios y sociosanitarios, así como fuera de ellos cuando hubiera síntomas respiratorios.

La recomendación no equivalía a una obligación general. Su lógica era proteger espacios donde coinciden pacientes frágiles y personas con infecciones respiratorias, incluso cuando los indicadores generales han mejorado. Una curva descendente permite relajar la presión, pero no vuelve innecesaria toda prevención, especialmente en entornos asistenciales con población vulnerable.

El final de la campaña no apaga el radar sanitario

El cierre del dispositivo estacional marca el final de un calendario concreto, no el fin de la vigilancia. Los sistemas centinela siguen observando las infecciones respiratorias agudas, la evolución semanal de los casos y los ingresos. La temporada mostró que los indicadores pueden cambiar con rapidez: la gripe alcanzó un registro elevado en enero y descendió con fuerza antes del cierre de la campaña.

Para interpretar el balance conviene mantener juntas las cifras. En la semana del 26 de enero al 1 de febrero, la gripe bajó a 13,98 casos por cada 100.000 habitantes en Atención Primaria y sus ingresos graves descendieron a 1,23. El VRS retrocedió a 69,88 en las consultas y a 6,13 en hospitalizaciones. A la vez, hasta finales de enero se habían administrado 272.893 dosis antigripales, por encima de las 258.164 del mismo tramo de la temporada previa.

La campaña comenzó el 14 de octubre, tenía previsto terminar el 31 de enero y se prolongó hasta el 6 de febrero. Ese calendario, unido a una cifra de vacunación superior a la del año anterior y a la caída de los principales indicadores, explica el cierre más que la idea de una vacunación residual. La temporada acabó con menos presión asistencial, pero no porque las vacunas hubieran dejado de importar: la prevención y la vigilancia son parte de la respuesta que permite atravesar el invierno con más margen.

La señal más útil del balance es también la menos espectacular: los virus respiratorios ceden, los ingresos bajan y la campaña alcanza a más personas que en el periodo comparable anterior. Ese alivio no garantiza que las curvas no vuelvan a moverse, ni permite medir por sí solo la eficacia de cada dosis. Sí muestra por qué el seguimiento continúa cuando termina el calendario: la tranquilidad sanitaria se confirma semana a semana, no se da por sentada.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído