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Naturaleza

¿Por qué una pala negra puede reducir la muerte de aves en molinos?

Pintar una pala de negro puede reducir los choques de aves en parques eólicos. El hallazgo promete, aunque no funciona igual en cada paisaje.

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molin eolico con una pala negra

Resumen

  • Pintar una pala de negro redujo un 71,9% la mortalidad en el ensayo noruego
  • La prueba neerlandesa no halló una caída significativa de las colisiones
  • La eficacia depende del paisaje, las especies y el diseño del aerogenerador

Pintar de negro una de las tres palas de un aerogenerador puede hacer que el rotor resulte más visible para las aves y reducir así el riesgo de colisión. La explicación está en el contraste: mientras las palas blancas pueden fundirse visualmente al girar, la negra rompe esa imagen borrosa y convierte el movimiento en una señal más fácil de detectar. Un experimento realizado en Noruega calculó una caída del 71,9% en la mortalidad anual, aunque trabajó con solo cuatro turbinas pintadas y otras cuatro de control.

La propuesta, por tanto, es prometedora. Pero no permite afirmar que una mano de pintura vaya a acabar por sí sola con la muerte de aves en los parques eólicos. Una investigación posterior desarrollada en Países Bajos no encontró una reducción significativa de los choques, lo que indica que la eficacia depende del paisaje, las especies, la luz y el tipo de aerogenerador. La ciencia, poco amiga de los milagros instantáneos, pide más pruebas antes de convertir la pala negra en norma universal.

Una pala negra para que el rotor deje de desaparecer

Cuando las tres palas blancas giran con rapidez, el ojo puede dejar de percibirlas como objetos separados. Se produce la llamada borrosidad de movimiento: el rotor parece formar un disco difuso, casi transparente sobre el cielo o el paisaje. No significa que el ave sea corta de vista; significa que su sistema visual está diseñado para otras prioridades, como seguir una presa, vigilar depredadores o mantener la posición durante el vuelo.

Muchas aves poseen una excelente visión lateral, pero un campo binocular frontal relativamente estrecho. En un espacio abierto, donde aparentemente no hay obstáculos, una estructura que gira y se difumina puede adquirir presencia demasiado tarde. La pala oscura introduce una interrupción periódica, un golpe de contraste parecido al destello de una baliza, aunque sin luces ni mecanismos electrónicos. El rotor deja de ser una mancha uniforme y vuelve a parecer un objeto sólido que conviene esquivar.

La elección del negro tampoco responde a una ocurrencia estética de diseñador escandinavo. Las pruebas de laboratorio que precedieron al experimento noruego compararon colores y patrones diferentes. La pala completamente negra ofrecía una combinación sencilla de contraste elevado, coste contenido y aplicación viable, al menos sobre el papel. Y ahí está el pequeño gran encanto de la idea: no exige rediseñar toda la turbina ni detenerla cada vez que pasa un pájaro.

El experimento noruego que puso cifra a la idea

La prueba más conocida se desarrolló en el parque eólico de Smøla, un archipiélago de la costa central de Noruega con abundante avifauna. En agosto de 2013, los investigadores pintaron de negro una pala en cuatro aerogeneradores de 2,1 megavatios. Otras cuatro turbinas próximas, sin modificar, sirvieron como referencia. No fue una observación de fin de semana con prismáticos: existían siete años y medio de datos anteriores y el seguimiento continuó durante tres años y medio después del cambio.

Las búsquedas de cadáveres se realizaron periódicamente con perros adiestrados en un radio de 100 metros alrededor de cada máquina. Tras ajustar los resultados según el esfuerzo de búsqueda y comparar las turbinas tratadas con las de control, el estudio estimó una reducción media del 71,9%, con un intervalo de confianza situado entre el 61,8% y el 79,1%. El efecto fue estadísticamente significativo, aunque las cifras variaron bastante de un año a otro.

Cuatro turbinas pintadas, un resultado enorme y una cautela necesaria

El porcentaje dio la vuelta al mundo porque era extraordinario y porque la intervención parecía casi ridículamente simple. Sin embargo, los propios autores advirtieron del principal límite: solo se habían comparado cuatro aerogeneradores pintados con cuatro sin pintar. Un seguimiento largo compensa parte de esa debilidad, pero no convierte una muestra pequeña en una ley de la naturaleza.

Antes de aplicar la pintura se habían localizado 11 aves muertas junto a las turbinas tratadas; después fueron seis, frente a las 28 que habría previsto el modelo sin efecto del tratamiento. En las turbinas de control, los hallazgos aumentaron de siete a 18. Son diferencias llamativas, aunque manejan cantidades absolutas modestas y pueden verse afectadas por cambios en la presencia local de aves, las condiciones meteorológicas o la facilidad para encontrar los cuerpos.

Por qué las rapaces parecieron beneficiarse más

La reducción resultó especialmente marcada entre las rapaces. En las cuatro turbinas que iban a ser pintadas se habían encontrado seis águilas de cola blanca antes del experimento y ninguna después. Los investigadores consideraron improbable que esa desaparición se debiera únicamente al azar, aunque tampoco aparecieron águilas en las turbinas de control durante el periodo posterior. Es un dato poderoso, sí, pero no una licencia para escribir problema resuelto con letras de neón.

Las grandes rapaces podrían aprovechar mejor el contraste debido a su agudeza visual y a la distancia desde la que detectan objetos. Otras aves, con distintos campos de visión, hábitos de vuelo o actividad nocturna, quizá reaccionen de otra manera. Bajo niebla, al amanecer o con un fondo oscuro, una pala negra también puede perder precisamente aquello que pretende ganar: visibilidad.

La réplica neerlandesa que enfrió el entusiasmo

La prueba decisiva para cualquier hallazgo vistoso consiste en repetirlo lejos del lugar donde nació. En el parque de Westereems, junto al puerto neerlandés de Eemshaven, se pintó una pala de negro en siete aerogeneradores. El proyecto incorporó cámaras de alta resolución, sensores de vibración, equipos térmicos y un radar tridimensional para observar el comportamiento de las aves y detectar posibles colisiones.

Los resultados, cerrados en 2025, no mostraron una disminución significativa de los impactos. Los investigadores apuntaron varias explicaciones. El fondo industrial y visualmente recargado de Eemshaven podía reducir el contraste de la pala negra; también es posible que la borrosidad sea menos relevante en los aerogeneradores modernos, cuyas enormes palas giran más despacio que las de modelos antiguos. Lo que en una isla noruega destacaba como una raya de tinta sobre un cielo gris podía diluirse entre grúas, edificios, nubes y estructuras portuarias.

El fracaso de aquella réplica no invalida el ensayo de Smøla. Hace algo más útil: impide convertirlo en dogma. La pala negra no funciona igual en todos los lugares, y quizá el color deba adaptarse al fondo, la luminosidad, la velocidad del rotor y las especies que frecuentan cada parque.

No basta con llegar al molino con un bote de pintura

Modificar un aerogenerador ya instalado no es tan barato ni tan cómodo como sugiere la imagen de un operario con rodillo. En Noruega fue necesario trabajar desde el buje con personal especializado y esperar condiciones de poco viento. Una parte cercana al centro del rotor ni siquiera pudo pintarse. Aplicar el color durante la fabricación sería bastante más sencillo y reduciría el coste, pero eso exige decidir el diseño antes de conocer el rendimiento ambiental real de la turbina en su emplazamiento.

También hay cuestiones técnicas. Una superficie negra absorbe más radiación solar y puede calentarse más; deben vigilarse los materiales, los recubrimientos y su envejecimiento. En Países Bajos se controlaron las temperaturas internas de las palas y se estudiaron las consecuencias para la seguridad aérea, el paisaje y la percepción de los vecinos. Porque una solución pensada para que las aves vean mejor la turbina conseguirá, inevitablemente, que también la veamos mejor nosotros.

Tampoco está demostrado que la medida proteja de la misma forma a los murciélagos, que vuelan a menudo de noche y combinan visión y ecolocalización. Un ensayo de mayor escala iniciado en Wyoming estudia por separado su efecto sobre águilas, otras aves diurnas y murciélagos. A julio de 2026, el proyecto continúa activo y todavía no ha publicado resultados definitivos.

La ciencia mira más allá del negro

Las investigaciones más recientes plantean que quizá no exista un color ganador, sino patrones distintos para situaciones distintas. Un trabajo publicado en 2026 propone diseñar las palas teniendo en cuenta cómo las aves procesan el flujo óptico, es decir, el movimiento aparente del entorno durante el vuelo. Franjas, bloques de contraste o señales inspiradas en los avisos visuales de la naturaleza podrían resultar más eficaces que una superficie negra uniforme.

La idea tiene lógica. Un ave marina que vuela sobre agua brillante no observa el mismo fondo que un buitre sobre una sierra seca o una gaviota atravesando un puerto industrial. Tampoco todas miran hacia delante del mismo modo. Los investigadores señalan que probablemente no haya una solución universal y reclaman experimentos de campo capaces de relacionar cada diseño con las especies, el entorno y el comportamiento de vuelo.

La protección eficaz seguirá mezclando varias herramientas: elegir bien el emplazamiento, evitar corredores migratorios y zonas de alimentación, vigilar las turbinas con cámaras o radar y detenerlas temporalmente cuando se aproximan especies especialmente vulnerables. El color puede ayudar, pero no sustituye a la planificación ambiental. La brocha es útil; la brocha omnipotente pertenece a otro género, más cercano al cuento.

Una buena idea que aún debe demostrar dónde funciona

Pintar una sola pala de negro es una de las medidas más interesantes para reducir las colisiones de aves porque actúa de forma pasiva, no consume energía y podría incorporarse durante la fabricación. El experimento noruego mostró una reducción superior al 70% y abrió una línea de investigación con posibilidades reales. La réplica neerlandesa, sin embargo, dejó claro que el paisaje y la tecnología importan tanto como el color.

La noticia no es que la pintura negra haya resuelto la mortalidad de aves en los parques eólicos. La noticia seria —menos redonda, bastante más valiosa— es que un cambio pequeño puede funcionar de manera extraordinaria en determinados lugares, mientras fracasa en otros. Averiguar qué patrón ve cada especie, sobre qué fondo y a qué distancia será el siguiente trabajo. La energía eólica puede ser más respetuosa con la fauna, pero no a brochazos ciegos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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