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Economía

¿Cómo ganó Trump 1.400 millones con sus negocios de criptomonedas?

Trump cobró más de 1.400 millones con negocios cripto en 2025, mientras sus políticas reavivaban el debate sobre poder, dinero y conflictos.

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Trump ganar el Nobel de la Paz

Resumen

  • Trump declaró más de 1.400 millones de dólares ligados a negocios cripto
  • World Liberty y su memecoin concentraron casi todos esos ingresos
  • El auge reaviva el debate sobre poder político, regulación y conflictos

Donald Trump declaró más de 1.400 millones de dólares en ingresos vinculados a los negocios de criptomonedas de su familia durante 2025. Dos operaciones explican casi toda la cifra: cerca de 800 millones procedentes de World Liberty Financial y otros 635 millones relacionados con la memecoin de Trump, la moneda digital que utiliza su nombre, su imagen y, de paso, la formidable potencia comercial de la Presidencia estadounidense.

La documentación financiera publicada el 30 de junio de 2026 dibuja una transformación bastante rotunda. El presidente de Estados Unidos, conocido durante décadas por las torres doradas, los hoteles y los campos de golf, obtiene ya buena parte de sus ingresos de activos digitales. El ladrillo continúa ahí, pesado y reconocible; el dinero nuevo, en cambio, circula por cadenas de bloques y carteras virtuales. Cambia el envoltorio, no el instinto.

La fortuna de Trump ya habla el idioma cripto

La declaración anual presentada ante la Oficina de Ética Gubernamental contiene 927 páginas de sociedades, cuentas, inversiones, licencias y operaciones. No ofrece una fotografía sencilla del patrimonio neto del presidente, porque muchas propiedades aparecen valoradas mediante amplias horquillas y algunos ingresos se distribuyen entre empresas, fideicomisos y familiares. Sí permite, no obstante, seguir el rastro del dinero recibido en 2025.

El salto respecto al ejercicio anterior es considerable. En la declaración difundida un año antes, Trump había consignado 57,35 millones de dólares por la venta de tokens de World Liberty. En el nuevo informe, esos ingresos se multiplican por nueve. No es una evolución empresarial corriente: coincide con su regreso a la Casa Blanca y con el giro favorable a las criptomonedas impulsado por su Administración.

Las empresas relacionadas con Trump recibieron casi 800 millones de dólares de World Liberty Financial. Más de 520 millones procedieron de la venta de tokens y más de 250 millones llegaron mediante operaciones sobre participaciones en el negocio. El dinero no pertenece íntegramente al presidente, pues se reparte con miembros de su familia y otros socios, pero desemboca en estructuras de las que Trump continúa siendo beneficiario.

World Liberty, una máquina de vender tokens

World Liberty Financial fue cofundada por Trump, sus hijos y varios socios durante la campaña presidencial de 2024. Su producto más conocido es un token de gobernanza, una ficha digital que permite participar en determinadas decisiones del proyecto, aunque no concede al comprador una porción directa de sus beneficios ni los derechos habituales de un accionista.

El modelo resulta sencillo, incluso elegante en su descaro: la familia aporta el apellido, la visibilidad política y una capacidad promocional planetaria; los compradores aportan el capital. La declaración oficial registra más de 526 millones de dólares en distribuciones por ventas de tokens a través de distintos activos digitales, entre ellos dólares virtuales, USDC, ether, bitcoin y otras criptomonedas.

El entramado incluye DT Marks Defi, una empresa participada por el fideicomiso revocable de Donald Trump y por otros miembros de la familia Trump. Ese fideicomiso administra buena parte de sus inversiones y mantiene al presidente como beneficiario. Sus hijos supervisan los negocios, según la Casa Blanca, pero semejante separación no equivale a un fideicomiso ciego: Trump conoce los activos, conserva el interés económico y sabe de dónde llega el dinero.

La familia Trump habría obtenido al menos 2.300 millones de dólares mediante varios proyectos cripto desde el regreso del republicano al poder. Parte del atractivo comercial procede del propio ecosistema político que rodea al presidente. No se vende únicamente una tecnología o una expectativa financiera; se comercializa proximidad simbólica con el hombre que dirige Estados Unidos.

Eso no significa que cada comprador pierda dinero ni que cualquier operación sea fraudulenta. Algunos inversores entraron pronto y recogieron ganancias cuantiosas. Otros llegaron cuando el precio ya estaba inflado por la euforia, el ruido político y las redes sociales. En las criptomonedas siempre hay alguien que abandona la fiesta con los bolsillos llenos. El problema suele ser averiguar quién pagó la música.

La memecoin de Trump dejó 635 millones en regalías

La segunda gran fuente de ingresos fue la memecoin de Trump, una criptomoneda cuyo valor depende mucho más de la popularidad de la marca y de la especulación que de una actividad económica subyacente. Estos activos son, por decirlo sin corbata, cromos digitales subidos a una montaña rusa.

La declaración financiera no describe los 635 millones de dólares como una ganancia directa por vender personalmente monedas. Registra 635.068.835 dólares en regalías derivadas de un acuerdo de licencia con Celebration Coins. La operación aparece dentro de CIC Digital, la sociedad utilizada para explotar licencias relacionadas con tokens no fungibles y memecoins.

La precisión importa. Trump no necesitó sentarse ante varios monitores para comerciar con tokens ni financiar una infraestructura tecnológica especialmente compleja. Cedió su nombre, su imagen y su potencia política a cambio de una parte sustancial de los ingresos. Es el viejo negocio de las regalías, utilizado antes con edificios, corbatas, perfumes o colchones, adaptado a una mercancía que cabe en un teléfono y puede multiplicar su precio durante la noche.

La declaración también muestra carteras con bitcoin, ether y USDC, además de recompensas por mantener criptomonedas depositadas para validar operaciones. Solo una de esas recompensas por ether alcanzó los 510.808 dólares. Son cantidades secundarias al lado de los 635 millones, aunque ayudan a comprender hasta qué punto el patrimonio presidencial se ha internado en el ecosistema digital.

El presidente que regula el mercado del que cobra

La cuestión política aparece justo en ese cruce: Trump no es únicamente un empresario que gana dinero con las criptomonedas. Es también el presidente que dirige la Administración encargada de regular ese mercado, nombrar a sus supervisores y determinar el grado de presión que ejercen el Departamento de Justicia y la Comisión de Bolsa y Valores.

El 23 de enero de 2025 firmó una orden ejecutiva que convirtió el apoyo al desarrollo de los activos digitales en política oficial de Estados Unidos. El texto promovía el acceso a redes de cadenas de bloques, el crecimiento de las monedas estables respaldadas por dólares y una regulación más favorable a la innovación. También desmanteló parte del enfoque restrictivo aplicado durante el mandato de Joe Biden.

En julio de 2025, Trump firmó la Ley GENIUS, el primer marco federal específico para las monedas estables. La norma exige reservas líquidas, respaldo equivalente a los tokens emitidos y divulgaciones periódicas. La Comisión de Bolsa y Valores creó, por su parte, un grupo especializado para sustituir parte de la estrategia basada en sanciones por otra centrada en aclarar las reglas.

Varias investigaciones y litigios contra empresas del sector fueron revisados, suavizados o abandonados. La industria recibió el cambio como una liberación después de años de incertidumbre jurídica. También los mercados celebraron el nuevo clima. Las políticas pueden defenderse como una apuesta económica legítima; millones de estadounidenses poseen activos digitales y las empresas reclamaban normas comprensibles desde hacía tiempo.

El conflicto aparece porque el presidente obtiene beneficios extraordinarios de ese mismo sector. La frontera entre el interés público y el privado se vuelve fina, casi transparente. No hace falta demostrar que cada decisión se tomó para enriquecer a la familia para advertir la anomalía: quien coloca las señales de tráfico también posee uno de los vehículos más veloces de la carretera.

La Casa Blanca niega cualquier conflicto de intereses. Su posición sostiene que ni Trump ni su familia han participado o participarán en actuaciones incompatibles con el cargo y que las decisiones del Gobierno responden al interés de los estadounidenses. La Trump Organization presenta la extensa declaración como una demostración de transparencia financiera. Publicar las cifras, sin embargo, permite contemplar el problema; no lo vuelve invisible.

Una legalidad con un agujero presidencial

El caso resulta aún más llamativo por una peculiaridad de las leyes estadounidenses. El presidente y el vicepresidente no están sometidos al principal estatuto penal sobre conflictos financieros de intereses, que sí obliga a otros empleados del Ejecutivo a apartarse de asuntos capaces de afectar a su patrimonio.

Ambos cargos quedan fuera de varias restricciones contenidas en el Código de Estados Unidos. Eso no significa que un presidente pueda cometer fraude, aceptar sobornos o vender decisiones oficiales sin consecuencias. Significa que conservar inversiones beneficiadas por sus propias políticas no constituye automáticamente una infracción del régimen habitual de incompatibilidades.

Desde la etapa posterior al escándalo Watergate, los presidentes habían tratado generalmente sus finanzas como si esas normas también les afectaran. Vendían activos, los colocaban en estructuras independientes o evitaban participar en decisiones demasiado cercanas a sus intereses. No siempre de forma perfecta, desde luego, pero la costumbre funcionaba como una valla. Trump ha retirado la valla y ha dejado el cartel: propiedad privada.

El antiguo responsable interino de la oficina federal de ética Don Fox considera que estas operaciones refuerzan la necesidad de una reforma legal que limite los tipos de inversiones permitidos al presidente y al vicepresidente. La discusión ya no gira únicamente alrededor de Trump. Afecta a una arquitectura institucional diseñada cuando nadie imaginaba que un inquilino de la Casa Blanca podría lanzar activos globales, comercializarlos entre seguidores y beneficiarse mientras modifica las reglas del mismo mercado.

Los campos de golf continúan, pero ya no mandan

Los negocios tradicionales de Trump siguen produciendo cifras importantes. Sus campos de golf y complejos turísticos declararon algo más de 500 millones de dólares en ingresos, un 15% más que durante 2024. Conviene hablar de ingresos y no de beneficios: el documento no detalla todos los costes necesarios para mantener propiedades, empleados, seguridad, restauración y eventos.

Mar-a-Lago pasó de unos 50 millones de dólares a 77,48 millones en ingresos relacionados con el complejo. El club de West Palm Beach avanzó un 27%, mientras que el campo de Los Ángeles registró una caída. Los mayores aumentos se concentraron precisamente en propiedades frecuentadas por Trump desde su investidura.

Cuando el presidente visita un club, la televisión, los donantes, los dirigentes extranjeros y los socios potenciales suelen llegar detrás. El efecto escaparate no necesita campaña publicitaria. Mar-a-Lago no es solo una residencia o un establecimiento privado: funciona también como escenario político, punto de encuentro y escaparate de una marca inseparable del hombre que ocupa la Casa Blanca.

El inmobiliario comercial, que construyó la imagen pública de Trump, mostró un comportamiento bastante más discreto. La declaración utiliza intervalos para los alquileres de edificios como la Trump Tower y, en muchos casos, las horquillas de ingresos son iguales o inferiores a las registradas hace una década. El imperio de mármol dorado envejece; el digital, de momento, corre.

También aparecen más de 80 millones de dólares procedentes de acuerdos alcanzados con empresas tecnológicas y medios de comunicación, así como unos 52 millones por licencias de la marca Trump para proyectos inmobiliarios internacionales, especialmente en Oriente Próximo. Entre los negocios menores figuran Trump Watches, los ingresos del libro Save America y cantidades relacionadas con zapatillas, fragancias y una guitarra promocional.

La Presidencia es una institución; la marca, un bazar bastante surtido. Ese catálogo permite a Trump monetizar públicos muy distintos: socios de clubes privados, lectores, compradores de relojes, inversores inmobiliarios y seguidores dispuestos a adquirir una moneda digital con su rostro. La política proporciona audiencia. La empresa coloca el producto.

Una presidencia convertida en activo financiero

Los 1.400 millones de dólares declarados no prueban por sí solos que Trump haya incumplido una ley ni que cada decisión favorable a las criptomonedas fuese adoptada para aumentar su patrimonio. Sí acreditan algo menos jurídico y quizá más incómodo: el poder político y el negocio familiar avanzan por el mismo carril.

World Liberty vende productos asociados a la familia presidencial. La memecoin depende del valor simbólico del nombre Trump. Las políticas de la Administración impulsan la legitimidad y la expansión del mercado cripto. Y el presidente sigue siendo beneficiario de las estructuras que reciben los ingresos. Separar cada pieza es posible sobre el papel; contempladas juntas, forman una imagen bastante nítida.

La magnitud de las cifras también cambia la naturaleza del debate. No se trata de unos derechos de autor modestos ni de una inversión pasiva perdida en una cartera. Hablamos de centenares de millones de dólares generados en un mercado que depende directamente de decisiones regulatorias, nombramientos públicos y mensajes pronunciados desde la Presidencia.

Trump prometió convertir Estados Unidos en la capital mundial de las criptomonedas. Durante 2025 también convirtió las criptomonedas en la principal fuente de ingresos de su universo empresarial. El eslogan político y la cuenta de resultados terminaron hablando el mismo idioma. Y, esta vez, la letra pequeña ocupa 927 páginas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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