Salud
¿Cómo recuperó dos brazos 23 años después de un accidente eléctrico?
Felix Gretarsson perdió ambos brazos tras una descarga de 11.000 voltios y volvió a moverlos gracias a un trasplante médico sin precedentes.

Guðmundur Felix Grétarsson, conocido como Felix Gretarsson, volvió a tener dos brazos 23 años después de perderlos en un accidente laboral. Lo consiguió mediante el primer trasplante bilateral realizado a un nivel tan alto: el brazo derecho fue unido cerca del hombro y, en el lado izquierdo, los cirujanos tuvieron que reconstruir también la articulación completa. La intervención se practicó el 13 de enero de 2021 en el Hospital Édouard Herriot de Lyon y duró cerca de 15 horas.
No salió del quirófano moviendo los dedos como quien estrena guantes. La recuperación fue lenta, incompleta y cargada de riesgos, pero los resultados publicados tras dos años mostraron algo que al principio apenas se atrevía a prometer el equipo médico: podía flexionar ambos codos, extender las muñecas, mover los dedos y sentir los brazos trasplantados. También había ganado autonomía para comer y ocuparse de su higiene personal. No recuperó unos brazos perfectos; recuperó funciones, contacto y autonomía.
Once mil voltios y tres meses de coma
La historia comenzó durante una mañana gélida del 12 de enero de 1998. Felix tenía 26 años, trabajaba como electricista en Islandia y debía reparar una avería en una línea de alta tensión. Un error de coordinación hizo que agarrara un cable que continuaba activo. La descarga fue de 11.000 voltios.
La electricidad le atravesó los brazos, que comenzaron a arder, y lo lanzó desde la torre. Cayó unos 10 metros sobre el suelo congelado. Sufrió fracturas en el cuello y la espalda, lesiones internas y quemaduras devastadoras. Sus compañeros apagaron las llamas con agua helada transportada en sus propios cascos. Una solución rudimentaria, desesperada, de esas que no aparecen en los manuales porque los manuales suelen escribirse en lugares donde nadie está ardiendo.
Fue sedado al llegar al hospital y permaneció tres meses en coma. Cuando despertó, ya no tenía brazos. Los médicos habían amputado inicialmente por encima de los codos, pero las infecciones y el deterioro de los tejidos obligaron a realizar nuevas resecciones, cada vez más próximas a los hombros. Según contó el propio paciente, soportó 54 operaciones durante aquellos primeros años.
El accidente también dañó sus órganos y dejó una larga resaca física y psicológica. Años después necesitó un trasplante de hígado y una segunda intervención hepática. Su vida no se convirtió de repente en una edificante película de superación. Hubo alcohol, drogas y una etapa destructiva que él mismo ha explicado sin barniz. Luego llegaron la rehabilitación, la sobriedad y una idea que parecía disparatada incluso para una medicina acostumbrada a ensanchar sus límites: recibir brazos de un donante.
No fue un reimplante: fueron brazos de un donante
Conviene afinar el lenguaje porque aquí una palabra cambia por completo la operación. No fue un reimplante. En un reimplante se vuelve a unir una extremidad amputada del propio paciente, normalmente poco después del accidente. Felix llevaba más de dos décadas sin brazos y recibió los de una persona fallecida. Fue un trasplante vascularizado compuesto, una técnica que reúne en un mismo injerto huesos, articulaciones, vasos sanguíneos, nervios, músculos, tendones y piel.
La posibilidad comenzó a tomar forma en 2007. El cirujano francés Jean-Michel Dubernard, pionero del trasplante de mano, viajó a Reikiavik para impartir una conferencia. Felix fue a buscarlo y consiguió que examinara su caso. En 2011, el equipo de Lyon empezó a valorar formalmente la operación; en 2013, el islandés se mudó a Francia para prepararse y permanecer cerca del hospital. Después pasó cinco años en lista de espera hasta encontrar un donante compatible.
La compatibilidad no se limita al grupo sanguíneo. En una intervención tan visible importan también las dimensiones de los miembros, la estructura ósea, la inmunología y otras características físicas. A ello se suma una cuestión especialmente delicada: los brazos proceden de una persona fallecida y la extracción modifica de manera evidente su cuerpo. El equipo colocó prótesis estéticas al donante para preservar su apariencia y dignidad ante la familia. La cirugía avanzada también se ocupa de esos silencios.
Una operación de 15 horas al milímetro
El donante era un hombre de 35 años. Cuatro equipos quirúrgicos trabajaron de forma coordinada: dos preparaban los injertos y otros dos acondicionaban el cuerpo de Felix. Más de 50 profesionales participaron en el operativo. No bastaba con coser dos extremidades; había que integrar dos estructuras ajenas en un organismo que llevaba 23 años reorganizado alrededor de su ausencia.
El lado derecho conservaba únicamente nueve centímetros de la parte superior del húmero. Los cirujanos fijaron allí el hueso del donante y reforzaron la unión introduciendo parte de su peroné en el interior, como una viga biológica. En el lado izquierdo la dificultad era mayor: la cabeza del húmero de Felix no podía utilizarse, por lo que se trasplantó el húmero completo, incluida su cabeza, y se reconstruyó la articulación del hombro mediante ligamentos y tendones.
Huesos, sangre y nervios contra el reloj
Primero se estabilizaron los huesos. Después se conectaron arterias y venas para devolver el flujo sanguíneo a los injertos. Solo entonces llegó la parte más minuciosa: unir músculos, tendones y nervios bajo el microscopio, estructura por estructura, cable a cable. En total se reconstruyeron alrededor de 15 músculos y tendones, dos arterias, tres venas y numerosas conexiones nerviosas.
El tiempo sin circulación, llamado isquemia, era crítico. El músculo tolera mal permanecer muchas horas sin oxígeno. El brazo derecho estuvo privado de flujo durante una hora y 52 minutos; el izquierdo, dos horas y 20 minutos, muy por debajo del límite de seis horas establecido por el equipo. En una operación de casi 15 horas, la paradoja fue esa: trabajar despacio y, al mismo tiempo, correr.
La fisioterapia pasiva comenzó apenas 12 horas después de la intervención. Los brazos no podían quedar inmóviles, pero tampoco soportaban su propio peso. Se fabricaron apoyos de espuma y un corsé a medida para mantenerlos en posición sin dañar las suturas vasculares, musculares y tendinosas. La movilización activa se incorporó más tarde; después llegaron la electroestimulación, la terapia ocupacional y miles de repeticiones aparentemente pequeñas. Doblar un codo. Intentar abrir una mano. Volver a intentarlo.
La parte menos cinematográfica: rechazo y rehabilitación
La cirugía fue solo el comienzo. Al tratarse de tejidos procedentes de otra persona, el sistema inmunitario de Felix podía reconocerlos como extraños y atacarlos. Necesita tomar durante toda su vida medicamentos inmunosupresores, fármacos que reducen las defensas y elevan el riesgo de infecciones y otras complicaciones. Ya recibía este tratamiento por su trasplante hepático, aunque la llegada de los brazos exigió reforzarlo.
Durante las primeras semanas sufrió dos episodios de rechazo agudo, detectados en los días 26 y 87. Aparecieron manchas rojizas sobre la piel de ambos brazos, una ventaja diagnóstica peculiar de estos trasplantes: el rechazo puede verse antes de que el daño quede oculto en el interior. Los brotes remitieron por completo con corticoides intravenosos y tratamiento tópico. También hubo una trombosis venosa parcial, un hematoma, dolor neuropático e infecciones cutáneas que pudieron controlarse.
La regeneración nerviosa avanzó desde los hombros hacia las manos a una velocidad desesperadamente lenta. Los nervios periféricos pueden crecer aproximadamente un milímetro diario, aunque el ritmo varía y no garantiza que el cerebro logre gobernar correctamente músculos situados a decenas de centímetros. Tras tantos años sin recibir señales de unos brazos, el sistema nervioso debía aprender otra vez el mapa del cuerpo. No era únicamente rehabilitar músculos; era convencer al cerebro de que aquellas extremidades existían.
Qué recuperó realmente Felix Gretarsson
A los dos años del trasplante, los estudios médicos mostraron consolidación ósea adecuada y una articulación izquierda bien posicionada. Felix podía flexionar los dos codos y presentaba movimientos de extensión de muñeca, flexión y extensión de los dedos en ambos lados. La electromiografía detectó actividad de los pequeños músculos internos de las manos desde el octavo mes y la sensibilidad había reaparecido.
Los resultados funcionales no equivalen a la movilidad de una persona sin lesiones. La fuerza y la precisión siguen siendo limitadas, especialmente por la enorme distancia que tuvieron que recorrer los nervios hasta alcanzar las manos. Aun así, mejoró de forma notable en tareas concretas: usar el baño, comer solo, cuidar su higiene, preparar alimentos y relacionarse físicamente con su nieta. En la valoración realizada a los 24 meses, su mayor aumento de satisfacción apareció precisamente al poder cuidar y tocar a su familia.
El estudio científico destacó otro resultado menos fácil de medir con una regla: la recuperación de la imagen corporal y de la autoestima. Durante más de dos décadas, Felix había aprendido a desenvolverse sin extremidades superiores. Los brazos nuevos no sustituyeron simplemente una herramienta; modificaron el modo en que se veía a sí mismo, ocupaba una habitación o se acercaba a otra persona.
La medicina suele venderse en fotografías espectaculares, pero sus victorias reales son más domésticas. Sostener un objeto ligero. Apoyar una mano sobre un hombro. Sentir una caricia. Abrazar sin interponer una prótesis ni depender del movimiento de la otra persona. Eso, que para casi todos sucede sin pensamiento alguno, era el verdadero territorio conquistado.
Cinco años después, una hazaña todavía vigilada
En enero de 2026, los Hospices Civils de Lyon volvieron a documentar el caso durante la revisión anual realizada al cumplirse cinco años de la operación. Felix continúa bajo seguimiento de especialistas en cirugía ortopédica, dermatología, trasplantes y rehabilitación. El control no es un trámite: en este tipo de injertos deben vigilarse durante toda la vida la piel, la circulación, los huesos, la función nerviosa y cualquier señal de rechazo.
Su caso no convierte el trasplante de brazos en una solución rutinaria para cualquier amputación. Exige un donante extremadamente difícil de encontrar, una estructura hospitalaria colosal, años de rehabilitación y medicación antirrechazo permanente. El beneficio debe compararse con riesgos médicos que no son pequeños. Las prótesis, por su parte, continúan avanzando sin requerir inmunosupresión. No hay una respuesta universal; hay pacientes, circunstancias y decisiones que deben medirse sin propaganda.
Pero el precedente existe. Un hombre que cayó envuelto en llamas desde una torre eléctrica, despertó después de tres meses sin brazos y atravesó decenas de operaciones pudo, 23 años más tarde, recibir dos extremidades y volver a moverlas. Nada de magia. Cirugía, donación, ciencia y una paciencia casi inhumana. El milagro queda muy bonito en los titulares; en Lyon hicieron algo bastante más difícil.

Actualidad¿Qué se sabe hoy de los terremotos de Venezuela y cómo sigue el país?
Salud¿Por qué me duelen las piernas por dentro? Causas, síntomas y alertas
Naturaleza¿Dónde siguen activos los incendios en España este 28 de septiembre?
Economía¿Cómo funciona la nueva cuenta de Revolut al 3,51% TAE en España?
ActualidadSan Miguel 2026: fecha, día de la semana y santoral
Actualidad¿Cuánto cuesta el desfile de la Fiesta Nacional en Madrid en 2026?
Economía¿Cuándo llega Kaufland a España y qué ciudades tendrán compra online?
Actualidad¿Qué pasó con el terremoto de Colombia? Balance, víctimas y réplicas
Ocio¿Cuándo es Halloween 2026 en España y qué día se celebra este año?
ActualidadCalendario laboral 2026: ¿cuántos días festivos tendrás en España?
Salud¿Por qué mi sudor huele mal y antes no? Causas y cuándo preocuparse
Ocio¿Cómo queda la Liga Endesa? Fichajes, bajas y renovaciones 2026-27









