Síguenos

Salud

¿Por qué la crema de almendras sabe tan dulce incluso sin azúcar?

La crema de almendras puede saber muy dulce por el tostado, sus aromas o el azúcar añadido. La etiqueta muestra la diferencia en cada tarro.

Publicado

el

la crema de almendras

La respuesta suele estar en la letra pequeña del tarro. Algunas cremas de almendras saben muy dulces porque contienen azúcar, jarabe de glucosa u otros edulcorantes; otras están elaboradas únicamente con almendras y apenas conservan los azúcares propios del fruto seco. Comparten nombre, color y textura, pero nutricionalmente pueden parecerse lo mismo que una almendra tostada y un pedazo de mazapán.

Una crema compuesta al cien por cien por almendra no debería tener el dulzor intenso de una crema de cacao o de un relleno de pastelería. Sí puede resultar agradable, ligeramente dulce y casi acaramelada por el tostado, la molienda y su textura grasa. Cuando el sabor recuerda claramente a un postre, sin embargo, la explicación rara vez exige una investigación de laboratorio: lo habitual es que lleve azúcar añadido.

No todas las cremas de almendras son el mismo producto

Bajo la expresión crema de almendras se venden alimentos bastante distintos. Por un lado está la pasta obtenida al triturar almendras tostadas hasta que liberan sus propios aceites, una elaboración similar a la crema de cacahuete. Su lista de ingredientes es casi aburrida, lo cual aquí constituye una virtud: almendras y nada más.

Una crema comercial de almendra cien por cien puede contener alrededor de 2,5 a 3,6 gramos de azúcares por cada 100 gramos, dependiendo de la variedad utilizada y del proceso de fabricación. Es una cantidad modesta. Como referencia, una cucharada de mantequilla de almendras suele aportar cerca de un gramo de azúcar, junto con grasas, fibra y proteínas. La almendra no es una golosina disfrazada de fruto seco.

En la otra orilla están las cremas dulces destinadas a untar, preparar bebidas, rellenar bollería o elaborar postres. Algunas presentan el azúcar como primer ingrediente, incluyen jarabe de glucosa y reducen la proporción de almendra a una fracción de la receta. En esos casos, llamar crema de almendras al producto puede generar una impresión bastante generosa sobre el protagonismo real del fruto seco. La almendra pone el apellido; el azúcar gobierna la casa.

Esta diferencia explica buena parte de la duda sobre el sabor excesivamente dulce de algunas cremas. A menudo se están comparando dos categorías distintas sin advertirlo: una pasta de fruto seco y una preparación azucarada con almendra.

El azúcar de la almendra existe, pero es escaso

Las almendras contienen hidratos de carbono y una pequeña proporción de azúcares propios. No son completamente neutras. Al masticarlas despacio aparece un fondo suave, levemente dulce, que normalmente queda escondido detrás de la piel, el tostado y esa sensación seca tan característica.

La mayor parte de su energía procede, sin embargo, de las grasas insaturadas, no del azúcar. También aportan proteínas y fibra, dos componentes que ayudan a construir una textura densa y saciante. De ahí que una crema pura pueda superar las 600 kilocalorías por cada 100 gramos pese a contener pocos azúcares. Las calorías no siempre vienen envueltas en sabor dulce; el aceite de oliva podría declarar como testigo.

La expresión almendra dulce tampoco debe interpretarse como una declaración nutricional. En botánica y agricultura sirve para diferenciar las variedades comestibles de las almendras amargas, cuya amargura está relacionada con una mayor presencia de amigdalina. Dulce significa aquí no amarga, no cubierta de azúcar invisible.

El tostado cambia el aroma y engaña al paladar

El calor transforma el sabor. Durante el tostado aparecen compuestos aromáticos asociados a frutos secos, pan horneado, caramelo y notas amaderadas. Intervienen las reacciones de Maillard, la degradación de algunos azúcares y distintos cambios en las grasas. No se crea una montaña de azúcar dentro de la almendra, pero sí un paisaje aromático que el cerebro relaciona fácilmente con alimentos dulces.

Entre los compuestos presentes en las almendras tostadas figuran pirazinas y furanos. Algunos ofrecen aromas percibidos como tostados, almendrados o similares al pan recién hecho. Por eso una crema elaborada únicamente con almendras tostadas puede parecer más golosa que las almendras crudas, aunque su contenido de azúcar siga siendo bajo.

La textura también participa en la sensación dulce

Al triturar las almendras desaparece el crujido y aparece una pasta untuosa que permanece más tiempo en la boca. Esa textura distribuye el aroma de forma uniforme y suaviza parte de la astringencia de la piel. El resultado es redondo, persistente, casi de confitería. Casi.

El tostado modifica la percepción del sabor a almendra, la amargura y la astringencia, con diferencias según la variedad y el tratamiento térmico. La vista y la textura también pesan en la aceptación del producto. El gusto nunca trabaja solo; llega acompañado por la nariz, la memoria y las expectativas que despierta una cucharada cremosa.

La asociación con el mazapán añade otra capa de confusión. Durante generaciones, buena parte de los españoles ha conocido el sabor de la almendra mezclado con cantidades importantes de azúcar: turrón de Jijona, mazapán, peladillas, tartas y almendrados. El cerebro aprende esa pareja y acaba anticipando dulzor cuando reconoce un aroma almendrado intenso.

No es una fantasía, sino una expectativa sensorial construida a golpe de Navidad, obrador y bandeja metálica. Una crema pura puede activar ese recuerdo aunque no tenga azúcar añadido. Después llega la lengua y matiza el asunto, pero la nariz ya ha presentado su informe.

La etiqueta revela de dónde procede el dulzor

La parte frontal del envase sirve para seducir. La trasera, para enterarse. Los ingredientes deben aparecer ordenados de mayor a menor peso, de manera que el primero es el que más presencia tiene en la receta. Si la lista comienza por azúcar, el producto contiene más azúcar que almendra. Si solo figura almendra, no queda demasiado margen para el suspense.

Conviene mirar también la tabla nutricional y localizar la línea de hidratos de carbono, de los cuales azúcares. Una crema cien por cien almendra suele declarar pocos gramos de azúcar por cada 100 gramos. Una elaboración dulce puede elevar notablemente esa cifra, aunque el envase muestre almendras, hojas verdes y promesas mediterráneas.

La expresión sin azúcares añadidos tampoco equivale a sin azúcar. Significa que no se han incorporado azúcares ni otros alimentos utilizados por sus propiedades edulcorantes. El producto todavía puede contener los azúcares presentes en sus ingredientes, aunque en el caso de la almendra la cantidad sea reducida.

Hay otros disfraces. El jarabe de glucosa, la miel, el sirope de agave, el azúcar de coco o determinados concentrados siguen cumpliendo una función semejante, por muy bucólico que suene su nombre. Cambia el relato; el sabor dulce permanece.

Una crema pura puede separarse, y no es un defecto

En las cremas elaboradas solo con almendras es normal que el aceite ascienda hasta la superficie mientras la parte sólida queda debajo. Basta con remover. La separación no significa que el producto se haya estropeado, sino que carece de emulgentes o grasas añadidas destinadas a mantener una textura idéntica desde el primer día hasta la última cucharada.

También puede aparecer cierta variación entre lotes. Influyen la variedad de almendra, el grado de tostado, el tiempo de molienda y la proporción de aceite. Una pasta más tostada puede recordar a una galleta; otra, más clara, conservará notas vegetales y una astringencia ligera. La uniformidad absoluta requiere más intervención, aunque esa intervención no sea necesariamente perjudicial.

La crema de almendras es intensa y energética. No hace falta demonizarla ni concederle un pasaporte diplomático por llevar un fruto seco en la etiqueta. Una ración moderada encaja mejor que varias cucharadas tomadas directamente del bote, ese pequeño deporte doméstico que siempre comienza con una cata y termina con una excavación arqueológica.

El tarro no miente cuando se lee bien

La crema de almendras resulta muy dulce por dos razones posibles. La primera es evidente: contiene azúcar o ingredientes utilizados para endulzar. La segunda es más sutil: el tostado, los aromas y la textura cremosa hacen que una pasta de almendra pura parezca más golosa de lo que indican sus pocos azúcares.

La diferencia se resuelve leyendo dos datos: los ingredientes y la cantidad de azúcares por cada 100 gramos. Cuando el tarro contiene únicamente almendras, el dulzor será moderado y procederá del propio fruto y de su procesamiento. Cuando el azúcar encabeza la fórmula, la almendra deja de ser la protagonista y pasa a interpretar un papel secundario. Elegante, quizá. Pero secundario al fin.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído